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Primeros convidados a la Mesa

Para el mundo pirineísta, el pico de los Tres Reyes arrancó sus memorias en 1883. Tal y como hemos comprobado en la entrada anterior, lo hizo de la mano de Édouard Wallon. Eso, en el supuesto de que no aparezca un texto más antiguo, lo cual tampoco sería extraordinario. Porque fue el sector que rondaron geodestas franceses y españoles desde finales del siglo XVIII.

Antes de enrolarnos en la (por el momento) primera visita documentada a la Mesa de los Tres Reyes, nos detendremos un poco con estos eruditos del Siglo de las Luces. Por ahora, resulta difícil precisar si las campañas de Reinhard Junker o Vicente de Heredia los situaron sobre alguno de los vértices de los Tres Reyes. No sería tan extraño. Sin embargo, los escritos supervivientes son escasos y la toponimia que emplean en ellos parece confusa.

Al menos se puede añadir una pieza más al puzzle gracias a Henri Béraldi, quien revela la existencia de otra Table en el valle de Aspe…, no demasiado lejos de la de los míticos puntales de los Tres Reyes. Nada como traducir en extenso al historiador antes citado en su texto sobre Balaïtous et Pelvoux (1907-1910). De este modo nos descubría la otra Mesa de Aspe:

”Gran campaña, la de 1790. Comienza más tarde: las montañas son más altas y el preciso dejar que se fundan las nieves. [El teniente Reinhard] Junker va a vivir y recorrer al menos durante dos meses en los fondos de Aspe y de Ossau. El 18 de julio se estaciona en Peyrenère.

”Al día siguiente, en un punto que denomina Cotte de Maille, mal escrito, aunque bien pronunciado. Es el Cot de Mail, al norte de Estaens [Estanés]. Junker es el primer explorador que conocemos de dicho lago, puesto que no podemos situar aquí ni a la brigada topográfica de Roussel, ni a los ingenieros de Cassini. Chausenque vendrá unos veinte años después exactamente, pero no lo publicará sino cuarenta y cuatro más tarde…

”El mismo día el Lastières, desde donde avista, entre otros, el punto descrito como le Tron (¿Turon?) de Peyrenère.

”Después hizo el Cotjarroy de Couec, el Banassole, de nuevo La Gaillasse, y después Lestaro de Couec (Coig-Arroy de Couèque del mapa del Estado Mayor; Banassole, cerca del pic d’Arlet; la Gaillasse, o pic de Labigouen; Estarou, cota 1.517 del Estado Mayor).

”El 26, Bessata, cerca del Somport, avistamientos desde la señal de la Table d’Aspe y sobre un gran punto español provisionalmente llamado por Junker señal del pico de Canfranc. El 29, la Espélungue de Lazaque, y avistamientos sobre la Thès de Goet-Solo y sobre el Etron Noir […]”.

Dejo para otros que elucubren dónde podría situarse la Mesa de Aspe de las inmediaciones del Somport… A cambio daremos un salto de ciento cuatro años en el calendario para curiosear por el más temprano artículo con una subida a la Mesa de los Tres Reyes que se conoce. La de las llamadas Montañas de Petrechema, se entiende. Se publicaba en el libro sobre la Famille Cadier con sus Trois carnets de courses (2004). Una obra que recoge los resúmenes ascensionistas entre 1889 y 1940 de este clan asentado en Osse-en-Aspe. Quienes acudan al décimo carnet, descubrirán esta “Mesa de los Tres Reyes (2.434 m), Pène Blanque (2.342 m) y pico de Anie (2.504 m)”. Participaron en ella los hermanos George y Albert Cadier, artífices de un segundo estudio militar del valle de Lescun, realizado los días 11 y 12 de septiembre de 1894. Vayamos sin más al sector que hoy nos atañe junto a dos de los célebres Cinco Hermanos. De la mano de unas notas que parecen redactadas por Albert:

“Son las 2:00 h y la noche envuelve al vallecito. Todo duerme. Solo George y yo partimos con paso rápido, con la mochila a la espalda y llevando provisiones para dos días. En dos horas llegamos a Lescun, de donde salimos a las 6:30 h hacia el pico de Anie. Después de una hora de marcha rápida, nos encontramos en la confluencia del Lauga con el Anaye. Almorzamos y, cambiando de dirección, salimos hacia la Mesa de los Tres Reyes. Pero como el tiempo no es seguro, preferimos hacer primero este pico, pues George ya conocía el Anie.

”Marchamos durante dos horas por unos caminos imposibles del circo de Larrangus y, tras haber recorrido toda la porción sureste del Gran Billare, arribamos ante el circo de Lhurs. El panorama resulta espléndido. Se percibe al fondo de la comba abierta entre los dos Billare el bello macizo de la Mesa de los Tres Reyes, rodeado por unos abismos que aturden. A la derecha, las dentaduras de la Pène Blanque, que alza su cumbre virgen sobre unos desfiladeros formidables. A la izquierda, las murallas verticales del Petit Billare perdiéndose en el cielo. Estas bellas cumbres, recubiertas con una nieve recientemente caída, se miran en el azul profundo del lago de Lhurs.

”A las 11:00 h llegamos a la orilla del lago después de haber tratado de destruir, en vano, haciendo rodar unas rocas, el puente de nieve del fondo del barranco.

”Tras un buen bocadillo, atacamos la Mesa, que no resulta de las más cómodas. En mitad de su pedriza, tres sarrios que pasan a menos de cincuenta metros hacen rodar unas piedras que apenas logramos evitar. Más allá, a unos quinientos metros a la izquierda, otros tres descansan tranquilamente.

”Nos hundimos en la nieve hasta las rodillas sobre una ladera muy inclinada. Finalmente alcanzamos la cresta y, allí, dejando nuestras mochilas y bastones, escalamos la punta de los Reyes [en algunas guías se denomina sin el Tres]. Dicha montaña, situada en España, es la verdadera cima de la Mesa, pues la domina por unos dieciocho metros. El frío resulta intenso. Los cubitos de hielo cuelgan por todos los resaltes de la roca, y cada brizna de hierba tiene como una flor de escarcha. A las 14:30 h llegamos a la cima. Aunque las brumas permanecen en los valles, el pico de Anie nos domina con toda su masa aplastante, separado de nosotros por el Anaye. Es lo más bonito que vemos. Más cerca, la Pène Blanque, tan escarpada que allí la nieve no se sustenta, domina una cresta en el extremo de la cual se ve lo más alto del Gran Billare. Al sur, los precipicios del Ansabère y de las Tajeras. A lo lejos, el Alano, el Bisaurín, la Collarada y todo el caos grandioso de las montañas españolas. Al oeste, el desierto.

”Estamos transidos de frío y comienza a nevar. Así, dejando que George dibuje el pico de Anie, bajo con paso gimnástico hacia la Mesa de los Tres Reyes, donde le espero, golpeando las suelas contra un roquedo. No tarda en reunírseme y, tras recuperar nuestras mochilas, nos comemos un bocadillo y bebemos nieve fundida con vino.

”A las 15:30 h, nos ponemos en marcha hacia la Pène Blanque, reputada de inaccesible. Lo cual no impide que, una hora después, hollemos su cima, acaso virgen. Una sólida pirámide de piedras cuya construcción logra el buen efecto de calentarnos, queda como el monumento que contará a las generaciones futuras el éxito de sus antecesores. Lanzamos hacia los abismos del Anaye gruesos bloques que ruedan con el estrépito de una descarga de artillería. Habiendo dejado la cima a las 17:00 h, destrepamos unas pedrizas espantosas, a veces hundidos hasta las rodillas en la nieve. En tres cuartos de hora estábamos en el Anaye, cerca del col del Insole. Durante el descenso, nos fijamos en un bello eco que repetía muchas veces un nombre y, tras un largo silencio, lo repetía una última vez muy claramente.

”La noche cae. Partimos, cada uno por su lado, en busca de un abrigo. Al cabo de veinte minutos lo encontramos bajo un roquedo. Hecho esto, tratamos de hacer fuego con leña húmeda para calentarnos y secar nuestra ropa mojada por la nieve. Renunciamos al cabo de media hora: no hemos logrado sino llorar con grandes lágrimas a fuerza de soplar en la humareda. Así pues, nos descalzamos y, forrando nuestros pies con las mantas, cenamos sin sopa. Es decir: que nos dormimos.

”Hacia la 1:00 h nos despertamos con un tiempo furioso. Llueve, y se escucha las rocas arrastradas por el viento, cayendo con estruendo por los precipicios que nos rodean […]. A las 5:30 h nos ponemos las mochilas y trepamos osadamente por la pedriza del Anie. Hace mucho viento y las nubes corren de sur a norte con una velocidad espantosa […]. La subida es ruda y nos detenemos con frecuencia para resoplar.

”Cuando alcanzamos la chimenea del Anie, se pone a granizar con una tal violencia que nos vemos obligados a refugiarnos en la misma chimenea. Estoy helado y mis dedos se niegan a aferrarse al roquedo. Sí no puedo continuar, por lo que dejo a Albert la descubierta del camino. Envuelto en las dos mantas trato de calentarme en tanto aguardo el regreso de George. De repente resuena un trueno formidable seguido por la caída de varias rocas. Nadie sabría reflejar el momento de angustia que atravesé y los pensamientos terribles que asaltaron mi espíritu: pensé en George, que debía de estar allí arriba, y en el trueno, echándome a temblar. Finalmente llamé con toda la fuerza de los pulmones: ¡George, George! Y, ¡oh, ventura!, enseguida escuché a George que me gritaba: ¡Espera, espera! Respiré tranquilo y, casi al mismo instante, percibí muchas piedras formidables que caían desde arriba. ¿Qué hacer? La chimenea era demasiado estrecha como para evitarlas. Entonces me arqueé contra las dos paredes de la muralla y aguardé. Las piedras me golpearon las piernas, se detuvieron y me hicieron una silla confortable. Entre tanto, George llegó sano y salvo, feliz de hallarse bajo el roquedo.

”Permanecimos todavía un momento en el mismo lugar y, aunque la tormenta redoblaba su furor, juzgamos que sería oportuno dejar nuestro asilo de una hora, y en un cuarto de hora encontramos nuestro comedor. Desde entonces, no dejamos de marchar a pesar de los torrentes de agua con los que nos gratificó el cielo. A las 20:05 h alcanzamos las cabañas del Anaye. Allí nos secamos e hicimos un gran hueco en nuestras provisiones.

”Como la lluvia no cesaba, partimos a las 8:40 h, bien caldeados y con el vientre contento. A pesar del peligro de rompernos el cuello, atravesamos corriendo los terrenos esquistosos situados entre el Anaye y el Lauga, convertidos en deslizantes por la lluvia.

”A las 9:40 h cruzamos el Lauga y, después de veinte minutos de marcha rápida bajo el bosque, llegamos a los Baños de Labérouat, donde George tomó un panorama [¿fotográfico?] para su trabajo. Descendimos hasta Lées a buen paso y finalmente ganamos Osse a las 12:40 h, felices por encontrarnos allí con una garbure tradicional [sopa de cocido local]”.

Así se podrían redactar las crónicas iniciales de nuestra montaña hasta 1894. En el terreno pirineísta, se entiende, que no en el montañés. Los urbanitas, nunca o casi nunca fueron los primeros en las cimas.

Para rematar esta mini monografía en tres partes, dejaré una suerte de apéndice, una curiosidad cartográfica que puede servir de colofón. Tal y como vengo mostrando gráficamente desde mediados de mayo desde mi muro de Facebook, existe una notable contradicción sobre el emplazamiento exacto de la línea fronteriza en la zona del Pico y la Mesa de los Tres Reyes. Según se consulte un mapa u otro, la muga discurre por el Pico, por el colladito entre ambas cimas o por la Mesa. En los dos primeros casos, podrían determinar un triangulillo de terreno que no pertenecería a nadie. A imitación del que hubo en la región del Bachimala, podría designarse como el Estado Libre de la Mesa de los Tres Reyes. O de los dos monarcas y el vizconde, vamos…

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Comentario

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    • Sí; cuando paso algún tiempo sin echármelos a la cara, me parece como si me faltase algo… Lo cual me recuerda que, en cuanto pueda, tengo que pasar al valle de Aspe, su «feudo», para subir alguno de los montes de su colección… Más saludos, José…

  1. Creo que me repito Alberto. En tres actos has desbrozado la historia de la montaña mas alta de Navarra. Donde tanto montañero hay. Lo has hecho como si nada. Creo que me repito si digo que con tus Comentarios muchos harian un libro. Solo siento que acabes con la Mesa de Tres Reyes.

  2. Respecto al baile del Pico-Mesa de los Tres Reyes en la cartografía moderna, se puede comprobar curioseando, por ejemplo, entre estos pliegos…
    Los que sitúan la confluencia triple (Aragón, Béarn, Navarra) sobre el PICO de los Tres Reyes:
    Prames 1:40.000 Ansó-Echo Aragüés-Jaca (2002).
    Pirineo 1:40.000 Valles de Ansó, Echo y Aragüés (2002).
    Prames 1:50.000 Valles de Ansó-Echo-Aragüés (1993).
    Hoja a 1:50.000 “Ansó-Hecho” del Institut Cartogràfic de Catalunya y Rando Éditions (2001).
    Hoja a 1:25.000 “Dosmiles del Pirineo aragonés occidental de Ansó a Canfranc” de Beturián Ara (2004).
    Alpina 1:25.000 Valles de Ansó y Hecho (2006).
    Alpina 1:25.000 Valles de Belagua y Roncal (2007).
    Los que sitúan la confluencia triple (Aragón, Béarn, Navarra) sobre la MESA de los Tres Reyes:
    Prames 1:25.000 Valles Occidentales Ansó-Echo (2011).
    Sua a 1:35.000 Belagua-Ansó-Echo (2000).
    Alpina a 1:40.000 «Ansó» (1984).
    Sua 1:25.000 Belagua y Zuriza (2015).
    Institut Géographique National 1:100.000 Pau Bayonne (1991).
    Hoja Aspe-Ossau a 1:25.000 Institut Géographique National.
    Hoja Béarn a 1:50.000 Institut Géographique National.