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Rumbo al Parque de Ordesa

En ocasiones parece como si el pirineísmo hispano inicial no se hubiera enterado de nada. Como si las noticias que hubiesen tenido que interesar al colectivo no terminaran de publicarse entre las páginas de sus primitivos boletines de los clubs de montaña.

Y, sin embargo, desde los tempranos números de la revista Peñalara se fue reflejando perfectamente la actualidad de, pongamos el caso, ese primer Parque Nacional pirenaico cuya apertura al público acaba de cumplir cien años. Así, resulta más que recomendable que, para comprobarlo, busquemos algún detalle de lo que sucedía en torno al río Arazas por los diversos números del órgano del club madrileño.

Una madrugadora “Nota” sobre el tema que hoy nos ocupa aparecía en la revista Peñalara número 9 (septiembre de 1914). Llegaba de la mano del activísimo Alberto Oettli, un helvético que el 16 de agosto de 1913, tras su travesía en torno al Monte Perdido informaba a los lectores de su Club:

“Después de escribir este artículo tuve, gracias a Beltrán Rózpide, conocimiento de un libro precioso: Las bellezas del Alto Aragón, escrito por Luciano Briet y traducido del francés al castellano por Manuel Conrotte, conteniendo una infinidad de magníficos fotograbados y detalladísimas descripciones. Recomiendo lo lea todo el que tuviera la intención de hacer una excursión al Alto Aragón y especialmente al valle de Ordesa, ese paraíso de España, que sería digno de conservarse como Parque Nacional”.

Las nuevas sobre el futuro Parque del hoy río Arazas (o Ara, como entonces se llamaba), se iban filtrando para quien desease estar informado… Habría otras muchas, claro está. Por ejemplo, en la revista Peñalara del mes de agosto de 1916 se publicaba un trabajo anónimo mucho más extenso. De esta forma se daba referencia sobre los “Parques Nacionales” para un público madrileño esencialmente, tomando grandes párrafos del gran impulsor del proyecto:

“Un gran amigo nuestro, el primero de los socios honorarios de esta Agrupación [de Alpinistas Peñalara], el marqués de Villaviciosa de Asturias, ha presentado en el Senado, y ha sido aprobada, una proposición de ley acerca de la fundación de Parques Nacionales. El espíritu de dicha proposición entra dentro de los fines a cuya consecuencia tienden los esfuerzos de esta Agrupación, y por serlo y por tratarse de una iniciativa digna de la ayuda de todos los buenos españoles, Peñalara da cuenta de ella en este número, prometiendo dedicarse más adelante a la propaganda y difusión de idea tan patriótica.

“Dice así la referida proposición: Son Parques Nacionales, para los efectos de esta Ley, aquellos sitios o parajes excepcionalmente pintorescos, forestales o agrestes del territorio nacional que el Estado consagra declarándolos tales y haciéndose cargo de ellos con el exclusivo objeto de favorecer su acceso por vías de· comunicación adecuadas y de respetar y hacer que se respete la belleza natural de sus paisajes, la riqueza de su fauna y de su flora y las .particularidades geológicas o hidrológicas que encierren, evitando de este modo con la mayor eficacia todo acto de destrucción, deterioro o desfiguración por la mano del hombre. El Ministro de Fomento reglamentará los Parques Nacionales que vaya creando, y consignará en sus Presupuestos las cantidades necesarias para vías de comunicación y sostenimiento de los mismos.

”El marqués de Villaviciosa de Asturias, en apoyo de su proposición de ley, ha pronunciado un discurso lleno de brío y entusiasmo, que ha sido escuchado con agrado por el Senado en pleno y que ha valido a nuestro ilustre consocio los plácemes de los que le oyeron y el elogio unánime de la Prensa.

”Recordaba que si un castillo, una torre, una muralla, un templo, un edificio se declara Monumento Nacional para salvarlo de la destrucción, ¿por qué un monte, excepcionalmente pintoresco, con sus tocas de nieve, sus bosques seculares, su fauna y sus valles paradisíacos no ha de declararse Parque Nacional para salvarlo de la ruina…? ¿No hay santuarios para el Arte? ¿Por qué no de haber Santuarios para la Naturaleza, para la Madre Naturaleza?

Los Parques Nacionales –decía– tuvieron su origen en los Estados de América del Norte, fueron la gran concepción genial del pueblo americano. El general Grant, vencedor en la guerra de secesión fue el creador del primer Parque Nacional de América y del Mundo, del Yellowstone o “País de los Prodigios”. Y, primero, no solo en el orden de tiempo, pues se creó el año 1872, sino en el orden de la extensión, pues tiene cien kilómetros de largo por ochenta de ancho. Allí se abrigan los últimos rebaños de búfalos de América, los bisontes; los ciervos monumentales, llamados wapitis; el alce, el mosa, los carneros salvajes, el antílope de las Montañas Rocosas, el puma, los osos negros, los pardos y los grises.

Un hotel rústico de proporciones gigantescas, hecho con troncos de árboles y piedras toscas, verdadero Palacio del Bosque, está al pie de los geysers, y resulta tan original, fantástico y encantador, que constituye el orgullo legítimo de los americanos.

Cuando el sol empieza a perderse en el horizonte, los turistas abandonan los geysers y se van derechos a las traseras del hotel, allí donde se arrojan los desperdicios del mismo, para contemplar un espectáculo curioso y emocionante: la llegada de los osos, que van saliendo poco a poco, asomando misteriosamente por diversas partes del bosque hasta llegar al lugar de los desperdicios, donde rebuscan y se solazan a la vista de todos.

También en la América española hay ya un gran Parque Nacional: la República Argentina, posee el imponderable de las tremendas cataratas del lguazú, las mayores del mundo, de setenta metros de altura, veinte metros más altas que las del Niágara, y que se desarrollan en una extensión de cuatro kilómetros, mientras las del Niágara lo hacen en una de kilómetro y medio.

Suiza fue la primera nación europea en dar ejemplo al viejo Continente. En Suiza ya empezaba a declinar la fauna, a desaparecer las especies animales, sin las cuales el paisaje no resulta completo, interesante, y la Naturaleza aparece mutilada. Aquí no se corta un árbol, y aquí no se pega un tiro, es el lema del Parque Nacional. Y de este modo, Suiza creó la Liga para la protección de la Naturaleza, que contaba, hace poco, con 25.100 miembros, y constituyó, en 1909, el primer Parque Nacional suizo, en los valles Cluoza y Tantermozza, de la Baja Engadina.

En Alemania se constituyó en Stuttgart, en 1910, una Sociedad para la creación de los Parques Nacionales en Alemania y Austria, creándose el parque natural protegido de los Alpes de Styria, y el Parque Nacional de la selva virgen de Hasbruch, en el Oldemburgo, en que las encinas tienen más de mil años.

En Francia, en 1909, se abrió el primer Congreso internacional para la protección de la Naturaleza, con delegados oficiales de seis naciones, y ya en 1906, por iniciativa de Beauquier, diputado, presidente de la Sociedad para la protección de los paisajes, se había instituido la ley que organiza para los sitios pintorescos un régimen análogo al establecido el año 1889 para los monumentos históricos.

En España, la idea de los Parques nacionales corresponde íntegra a Su Majestad el Rey Don Alfonso XIII, que, noticioso de la próxima desaparición en la fauna nacional de la célebre cabra montés, en la Sierra de Gredos, emitió la idea de constituir un parque nacional en el grupo central de dicha Sierra, si bien, para salvar la especie de momento, porque la protección urgía, y había que prescindir de tramitaciones burocráticas, resultó más práctico y hacedero el que Su Majestad se encargase personal y directamente de la protección, amparando la Sierra con su nombre y sufragando los gastos de guardería con su peculio. Alta misión realizada, notable ejemplo de cultura, que valió a Su Majestad entusiastas plácemes de los Soberanos extranjeros y la condecoración, personalmente efectuada por el actual presidente de la República francesa, Monsieur Poincaré.

Otra feliz iniciativa de S. M. el Rey Don Alfonso XIII fue la creación de la Comisada Regia del Turismo, entre cuyas atribuciones figuran las esenciales consignadas en el Artículo 2º del Real decreto creador, de 19 de 1911, de Vigilar la conservación eficaz y procurar la exhibición adecuada de la España artística, monumental y pintoresca.

”De todos es conocido el desinterés y competencia con que el ilustre señor marqués de la Vega Inclán, Comisario Regio de Turismo, nuestro estimado amigo, lleva a cabo su cometido y forma con el Museo del Turismo, el Catálogo de la España Artística, Monumental y Pintoresca.

”La Agrupación Peñalara felicita al entusiasta marqués de Villaviciosa de Asturias por el desarrollo de tan gran iniciativa, a la que otro consocio nuestro, Alberto Oettli, dedicó algunos párrafos al hablarnos en esta Revista de una de sus interesantes expediciones a los Pirineos”.

El proyecto del Parque Nacional altoaragonés iba llegando a buen puerto. De esta forma se daba cuenta de sus fases finales desde el número 41 de la revista Peñalara (mayo de 1917) sobre “La Junta Central de Parques Nacionales” a través de una apostilla de su Redacción:

“Por Real decreto de 13 del pasado abril [de 1917] ha quedado constituido de esta suerte el nuevo organismo creado por iniciativa del señor marqués de Villaviciosa de Asturias:

”Presidente: el director general de Agricultura, Minas y Montes.

”Vicepresidente: marqués de Villaviciosa de Asturias.

”Vocales: Luis Palomo, Manuel Argüelles, Luis Fatás, Eduardo Hernández Pacheco y Andrés Avelino Armenteros.

Peñalara, que tiene en esta Junta a uno de sus miembros honorarios más distinguidos, el marqués de Villaviciosa, y a un tan sincero amigo como el sabio geólogo Eduardo Hernández Pacheco, se congratula de tan acertados nombramientos, confiada en la sabia dirección que sabrán imprimir a la obra”.

Será cuestión de que aprovechemos la presencia on line de la revista de la Real Sociedad Española de Alpinismo Peñalara para seguir buceando por esta herencia cultural del montañismo español. Una página no tan aireada como debiera…

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Comentario

cuatro × tres =

  1. De Madrid a Barcelona, alguna ventaja nos llevaban a los aragoneses en estos menesteres de promocionar nuestros queridos montes. Por suerte, a la hora de patearlos todo cambió muy pronto. Pero eso, la cercanía, no debiera suponer ningún derecho a la hora de sentirnos más «dueños» de lo que, en verdad, pertenece a todos.

  2. Es un gusto ver que desde antes ya se preocupaban en los clubes de montaña españoles por hacer seguimiento de Ordesa. Desde el Peñalara de Madrid al menos, que seguro hubo mas. O me equivoco Alberto.

    • Sí, sí: con algo de retraso, pero desde los clubs españoles pronto se pusieron las pilas… Fíjate, que yo diría que hacia mediados de los años treinta del siglo pasado, casi habíamos alcanzado a las naciones punteras en eso del montañismo…

    • En todo caso, ahora somos un pelín olvidadizos con todo lo que hay editado por ahí, por la prensa de la época. Por suerte, cada vez de digitalizan más publicaciones, y con los motores de búsqueda, pillas cosas que no veas, Luis…