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¿En busca de una Comisión perdida?

No tengo la menor duda de que la Lista Soro es un cadáver ambulante. Lo más sensato hubiera sido que sus patrocinadores y artífices hubiesen optado por mantenerla en el limbo de los gatillazos políticos. O, mejor aún, que todos ellos olvidaran por completo esa colección de sinsentidos. Ahorrándose incluso un penoso sepelio, dado que durante los tres años transcurridos no ha dejado de desprender sino tufillos sospechosos. Porque, en todo ese periodo de tiempo, ¿dónde han estado los expertos, que no los jerarcas, del Proyecto Tresmiles? ¿Qué ha sido de las 160 razones, una por cada montaña afectada, que se les solicitó desde toda suerte de conductos, tanto públicos como privados? Misterios para el programa de Iker Jiménez.

El tema se reactivó a raíz de esa oficialización del Nomenclátor Geográfico de Aragón un tanto de tapadillo, efectuada por fases a lo largo del verano de 2020. Es este un truco que conocen bien los zorrillos de la política, que suelen aprovechar para las legalizaciones de sus proyectos controvertidos los meses vacacionales o la existencia de noticias de mayor calibre. Como, pongamos, toda una señora pandemia…, todavía en curso, por cierto. Pues bien, como quien dice ayer mismo, algunos mandamases de nuestra Autonomía andaban entretenidos con sus juegos florales lingüísticos, cuando todos los imaginábamos ocupando el cien por cien de sus energías, el cien que no el noventa y nueve, en asuntos de asistencia hospitalaria, ayudas sociales o economía productiva. En ese tipo de gestiones que realizan, en un contexto similar, los gobiernos responsables.

En realidad, se diría que en la Consejería de Vertebración del Territorio, Movilidad y Vivienda fueron bastante sigilosos y no airearon este ascenso hacia las glorias excelsas del BOA de cuanto aprobó el Consejo Geográfico de Aragón el 29 de mayo de 2017 para las “Cimas de más de 3.000 metros del Pirineo aragonés”. Muy prudente por su parte, la verdad. Y una actitud no menos reveladora.

Pero, ¡ay!, la entrada en servicio de este listado para uso burocrático se exteriorizó a partir de esos festejillos que, seguidamente, le montaron quienes disponían de esta información, acaso debido a su cercanía con Chunta: un político de dicho partido de Espierba y cierta editorial sociopolítica de Zaragoza, voluntariosos altavoces en favor de la Lista Soro de los que ya se han dado unas pinceladas aclaratorias. Quizás resulte forzoso volver la vista hacia donde puede radicar el epicentro mismo del problema: la Comisión Asesora de Toponimia.

Como aragonés que soy, hubiera preferido que los implicados en estos sucesos lamentables, haciendo gala de un mínimo de lucidez, hubiesen dado por extinto lo que ya lo estaba de facto. Es decir: que aparcaran en vía muerta un listado con 160 montañas que, muy probablemente, pocas veces trascenderá fuera de las páginas de humor del pirineísmo, no demasiado lejos de las ascensiones imaginarias de Jubinal al Aneto o las fanfarronadas de Gavín en el corredor de Gaube.

Sin embargo, a tenor de los últimos movimientos a tres manos con el Nomenclátor oficialista de estas montañas, parece un sano ejercicio de transparencia ofrecer algún tipo de orientación sobre los creadores de la Lista Soro. Siempre en el plano de lo constructivo, abordando ciertos asuntos incómodos de la forma más respetuosa posible hacia sus protagonistas. Como dice el dicho popular, no se trata de “darle una patada a la cabeza de un perrillo decapitado que estaba tirado en mitad del asfalto”. Ni, mucho menos, señalar o demonizar a nadie.

Para un primer acercamiento hacia estos Asesores de Toponimia, pleno siempre de comprensión e incluso de cariño ante la complicada tarea que les asignaron, se puede brindar algún escorzo. Solo por compensar el exceso de modestia por parte de unos caballeros que han firmado pintorescos cambios en los nombres de los Techos de Huesca. Un trueque espectacular completado a espaldas de una crónica montañera de más de dos siglos de existencia y de las viejas tradiciones montañesas que los primeros pirineístas recogieron entre sus textos.

Rebobinemos. Los, por ahora, misteriosos parteros de la Lista Soro han favorecido que se haya entronizado esa relación propia del Aragón Imaginario con los 160 nombres, ya oficiales en el ámbito burocrático (que no en el privado), de los Tresmiles oscenses. Insistiré desde el más sincero de los afectos hacia el estamento gubernamental: unos topónimos con originalidades de grueso calibre que fueron reunidos en lo que bien hubiera podido denominarse Lista Palacín, e incluso Lista Susín. De hecho, el discutible honor le cayó a quien más compareció por los medios para darle difusión, aunque evitara siempre entrar en la más mínima labor didáctica. Para quienes anden verdes en este tipo de asuntos, aclararé que desde los años treinta del siglo pasado se han sucedido otras compilaciones tresmileras, como la Lista Almarza, la Lista Joffre, la Lista Izard o la Lista Buysé, por solo citar las más conocidas.

No me extrañaría que en algún recoveco de cualquiera sabe qué boletín de la Administración aragonesa aparezca un índice con los apellidos de quienes tanto se han afanado en su tentativa desde las alturas del Poder para cambiar a su gusto el nombre de las más importantes montañas de Huesca. No ha sido así en los comunicados que se han difundido en prensa local, nacional e incluso internacional sobre el controvertido Proyecto Tresmiles. Nadie, salvo la tríada de políticos de Chunta antes citados, ha querido decir ni mú. Un fenómeno tan inquietante como significativo para una conciencia en verdad democrática.

En los primeros meses, a alguno de los toponimistas seleccionados para este proyecto se le pudo más o menos identificar. Básicamente a partir de ese par de fotos que facilitaron desde la Comisión Asesora. Con cierta dificultad, pues la mayoría de los allí presentes eran unos perfectos desconocidos en el ámbito de los, sin duda, principales usuarios de los Tresmiles: los montañeros. Sin embargo, al final se ha logrado, de un modo algo alambicado, la obtención de los catorce nombres de esos caballeros aglutinados bajo la sombrilla en colorines del Gobierno autonómico…

Con el permiso previo del poseedor del documento, es posible desvelar este pequeño enigma, acaso tan apasionante como el de las Caras de Bélmez. A partir de un comunicado procedente del Justicia de Aragón del 3 de noviembre de 2017. Porque hasta dicha Institución tuvo que acudir el infatigable Eduardo Sánchez Abella en demanda de alguna explicación, aunque fuera mínima. Gracias a sus gestiones, aquí va la “Composición de los vocales de la Comisión Asesora de Toponimia de Aragón” al completo:

“Presidente: José Luis Soro Domingo (consejero de Vertebración Territorial, Movilidad y Vivienda [entonces presidente de Chunta Aragonesista]).

”Vicepresidente primero: Joaquín Palacín Eltoro (director general de Política Territorial [actual presidente de Chunta Aragonesista]).

”Vicepresidente segundo: José Ignacio López Susín (director general de Política Lingüística).

”Vicepresidente tercero: Sergio Pérez Pueyo (director general de Administración Local).

”Vocal: Fernando López Martín (director del Instituto Geográfico de Aragón).

”Representante de la Universidad de Zaragoza: Javier Giralt Latorre (profesor del departamento de Lingüística General e Hispánica).

”Representante del Instituto de Estudios Altoaragoneses: Jesús Vázquez Obrador (asesor del área de Lengua y Literatura).

”Representante del Instituto de Estudios Turolenses: Francisco Javier Sáenz Guallar (secretario general del Instituto de Estudios Turolenses).

”Representante de la Institución Fernando el Católico [de la Diputación de Zaragoza]: José María Enguita Utrilla (catedrático de Lengua).

”Experto: Chesús Casaus Parrilla (autor de publicaciones sobre toponimia).

”Experto: José Antonio Saura Rami (autor de publicaciones sobre toponimia).

”Experto: Sergio Monteagudo Latorre (jefe de sistemas de Información Territorial del Instituto Geográfico de Aragón).

”Experto: Pascual Miguel Ballestín (autor de publicaciones sobre toponimia).

”Secretario: Francho Beltrán Audera (jefe de servicio de Cooperación Cultural)”.

Pero un simple apilamiento de nombres y cargos nada resuelve. A falta de un linternazo mejor, se puede vislumbrar un poco el quién es quién de estos catorce nombres buscando mínimamente entre las páginas de Internet y, sobre todo, por las de bibliografía dedicadas a los Tresmiles de Huesca. Porque tal es el asunto que nos ocupa, que no otros temas relacionados con elucubraciones políticas o idiomáticas. A falta de averiguar ese detallito importante de quién y cómo conformó el grupo (ya imagino que no sería el Espíritu Santo), conozcamos en lo posible la trayectoria investigadora de los caballeros que ha amparado con un amor maternal digno de elogio la Consejería de Vertebración del Territorio, Movilidad y Vivienda…

Entre estos presuntos toponimistas, pues andan inscritos en una relación que así ha querido denominarse, resulta evidente que predominan los políticos profesionales que, o bien dirigen Chunta (insisto en que hay dos presidentes de dicha formación metidos en el ajo), o bien han ido desfilando por diversos destinos de la Administración autonómica. Lo cual, en un principio, podía considerarse incluso prometedor.

Así, figura en el listado del Justicia de Aragón cierto caballero que ha ido pasando por cargos, muy dignos todos ellos, que iban desde una concejalía del Ayuntamiento de la localidad zaragozana de Ainzón hasta la presidencia de la no menos zaragozana Comarca del Campo de Borja. Hay otro más que evolucionó desde un departamento de la Justicia aragonesa hasta el de Lingüística. Un tercero que transitó desde los asuntos medioambientales hasta los geográficos. Sin olvidarse de quien antes de ayer estaba destinado en Medio Ambiente y Agricultura, para andar hoy por Cooperación Cultural… Y que conste que esta capacidad para ir viajando por las Administraciones locales, conociendo nuevos paisajes de paso que se llevan las lentejas a casa, me produce una sana envidieta. En fin; imagino que quienes los pusieron a organizar hace no demasiado los nombres de los Tresmiles, quienes quiera que fuesen esas mentes designantes, sabrán de su efectividad laboral. De la sintonía política con Chunta y sus allegados no creo que exista gran duda, dado que una Lista tan controvertida salió adelante por unanimidad. Que ya es decir, dado el carácter furiosamente rupturista de algunos nombres de montañas, antes jamás conocidos. ¿O se incluían previamente, en alguna en bibliografía seria, topónimos como la tuca de la Crus o la Maladeta de Corones?

Podría decirse que existe, cuanto menos, otra suerte de subespecie de sabios dentro de la Comisión de marras. Es la de quienes bucean entre las aguas procelosas de las Lenguas de Aragón. Al menos, el de las nominaciones para las zonas bajas de nuestra Comunidad, que en la región de las cotas altas no parecen tener trabajo alguno publicado con fecha anterior a esta iniciativa. Que vaya un poco más allá de las consabidas citas de Mallada y Briet, quiero decir. No me cabe la menor duda de que tales individuos serán muy eficientes en filologías varias y dichos populares salteados, aunque estos queden bastante lejos del territorio de los sarrios. Una verdadera pena.

También se puede destacar la curiosa, curiosísima participación entre estos Hombres de Soro de varios representantes de instituciones tan a propósito para el tema de los Tresmiles de Huesca como la Diputación de Zaragoza o la de Teruel. Tierras ambas con montañas que sobrepasan los tres mil metros de cota…, como podría creer un marciano recién aterrizado entre nosotros tras observar dichas inclusiones. A algún espíritu crítico acaso le suenen a humorada. Pero reír, y más en este tiempo de incertidumbres, siempre sienta bien.

En el mundillo montañero quizás sorprenda la desmesurada sobrecarga de políticos y funcionarios en una Comisión que muchos creyeron de trabajo, que no de adoctrinamiento. Con integrantes a quienes, en su mayoría, resulta difícil que se puedan asociar previamente con asuntos de alta montaña, que es lo que ellos decían abordar. ¿Hacía falta tanto personaje extraño al pirineísmo para tratar de darle algún peso a sus afirmaciones? ¿Acaso se pretendía impresionar a los tipos levantiscos del populacho montaraz? ¿O tranquilizar a cierto tipo de prensa con tendencia a buscar la sombra del Poder…?

Para no perder el tiempo con elucubraciones tontas, lo más acertado será conjeturar un poco sobre la autoría real de esa colección de nombrecitos raros que acaba de ser oficializada. ¿Quizás hayan sido sus padres auténticos esos caballeros descritos en el documento del Justicia de Aragón como expertos? Y, en tal caso, ¿en qué son exactamente expertos, si no es mucho preguntar? ¿De verdad, de verdad de la buena, que han acreditado con anterioridad un mínimo de conocimientos a través de publicaciones de enjundia en el campo de las montañas que sobrepasan la línea de los tres mil metros? Recuérdese que, ahora mismo, no estamos hablando de colgarle el verdadero nombre, el que se usaba desde tiempos de las Invasiones Filisteas, a lugares tan apasionantes para un filólogo como el “hortal de la tía Petaca” o a la “cequia del yayo Josete”. No: se trata de esclarecer en lo posible el nombre, o mejor los nombres, de unas elevaciones ascendidas y estudiadas desde finales del siglo XVIII, que disponen de una cartografía y bibliografía apabullantes.

En fin; aunque en este terreno nadie haya afirmado nada de forma oficial, no resultaría descabellado suponer que quienes verdaderamente se han ocupado de poner sus nombres a las montañas altoaragonesas han sido los expertos. Así, yo apostaría por una paternidad más que viable de Chesús Casaus Parrilla, José Antonio Saura Rami y Pascual Miguel Ballestín. Probablemente también se haya apuntado a eso de elucubrar con los topónimos Jesús Vázquez Obrador. Y tengo mis dudas, en vista de cierto antecedente literario, sobre cómo catalogar a Francho Beltrán Audera.

Vamos, que, de ser reales semejantes conjeturas, hubiera quedado una Comisión efectiva de entre tres y cinco personas. Los restantes acaso compondrían una especie de bloque político-burocrático-idiomático dominado, bastante verosímilmente, desde la cúpula de CHA. Una suerte de club exclusivo donde incluso se tomaron la molestia de establecer, como cargos internos, una presidencia y tres vicepresidencias nada menos. Quién sabe si lo hicieron de este modo para asegurar que nadie sacara el pie de alguna línea ideológica trazada previamente. Por lo demás, que casi dos tercios de sus integrantes parezca estar allí para dar relumbre al Proyecto Tresmiles, con toda sinceridad, no sé si es una medida adecuada para lo que en sus inicios olía a trabajo de investigación entre documentos del catastro, mapas antiguos y testimonios montañeses de la crónica histórica o de los actuales moradores…

¿No sería interesante, al menos para los practicantes del montañismo, que, alejando cualquier consideración personal, se valorase de algún modo la aptitud auténtica de tales expertos? Disponer de algo con mayor enjundia que esa etiqueta ambigua de capacitación que figuraba sobre el papel descrito. Pues, para este cometido meramente esclarecedor, acaso se podría recurrir, justo, justo, al papel. Pero al de los textos “firmados por ellos mismos”, según sugería un magnífico historiador del pirineísmo que nos dejó hace no demasiado…

El repaso de la bibliografía moderna sobre Tresmiles quedará para otras entradas. A modo de anticipo, cerraré esta con una cita que creo oportuna para aportar un poco de luz entre tanta niebla. Se trata de un texto en absoluto relacionado con los Techos oscenses, pero que tal vez pueda descubrir la intencionalidad de quienes han favorecido, desde bien temprano, unos cambios en las denominaciones tan extraños como, en apariencia, saturados de politización. Se materializaba, ¡vaya casualidad!, desde un libro de la jovencita editorial PRAMES de 1993: Por los valles de Ansó, Echo y Aragüés. Una magnífica obra coral donde, ¡otra casualidad!, se indicaba que el encargado de su toponimia era un tal Chesús Casaus. Nada como curiosear dentro del capítulo sobre “El idioma aragonés” para maravillarse con lo que el responsable de dicho apartado afirmaba tan ufano:

“Como se decía anteriormente la resistencia [al castellano] si bien tenaz ha tenido su tributo. Se ha ido castellanizando [el cheso]. El Grupo de Triballo de lo Cheso, compuesto en su mayoría por chesos adoptivos [¿por gentes de fuera del valle?], está realizando una encomiable labor. Han editado una gramática de lo Cheso que ha levantado polémica dentro y fuera del Valle. En la actualidad componentes de este grupo trabajan en la elaboración de un Diccionario Cheso. Dentro de sus planteamientos está la recuperación de las formas más genuinas chesas en la actualidad perdidas o en desuso. La sistematización de actuaciones como esta son difíciles. El hecho de reconocer que han castellanizado un vocablo o, incluso, que a la gente le indiquen que está empleando un término castellano, usado por éste durante toda su vida, es motivo de controversia”.

Traduciré para quienes se hayan despistado: ya por entonces, en 1993, un grupo foráneo trataba de imponer a los montañeses los nombres correctos de su propia Lengua. Lo mismo, lo mismo que se está intentando hacer ahora, en 2020, con las Cúspides de Huesca, catequizando a esos montañeses y montañeros que no andan metidos en las fantasías del nacionalismo local. Quién sabe si dirigidos por la misma batuta.

A veces, los seres ultra politizados producen gran inquietud en los ciudadanos de a pie cuando irrumpen en sus vidas con estos tipos de veleidades mesiánicas. Pero también generan unas ganas enormes de oponer una resistencia racional y democrática a los intentos por implantar desde el Poder algún tipo de ideología, sea la que sea. Incluso en ese terreno, un tanto frívolo en tiempos de mortal pandemia, de los Tresmiles de Aragón.

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13 Comentarios

  1. El caso es que esos cambios suponen babelizar el lenguaje y los topónimos que se vienen utilizando desde hace 200 años.
    Y si esas modificaciones impiden que nos entendamos, que no sepamos de que hablamos….. entonces pues, están suponiendo una perfecta defecación lingüistica.
    Al menos ya sabemos los nombres de los «protas»

    • Imagino que te refieres a los que se fueron filtrando desde la tradición pirineísta, sencillamente mediante el uso de lo que preguntaban a los montañeses, cuando existían, y bautizando al uso de la época, ante su carencia… Un proceso con cierto consenso, pues si algún topónimo de resaltes innominados no cuajaba entre los principales usuarios, los montañeros, pues desaparecía: véase lo sucedido con el pico Russell (que sí perduró), frente a lo que aconteciera con la punta Russell del grupo del Medio, que nadie empleó… Saludos cordiales, Amable…

  2. Los chicos de Soro I el Vertebrador siempre se han desecho en vaguedades, léase verborrea política inerte #tirarbalonesfuera, pero, como ya sabéis, nunca han contestado a las 160 famosas preguntas #dondeestaelderechodeaudiencia, y tampoco se identificaban adecuadamente #tirolapiedrayescondolamano.

    Ciertamente sí, fue lamentablemente penoso tener que «molestar» a D. Fernando (pues tenía cosas mucho más importantes que resolver) con las zarandajas de estos individuos de sillón giratorio. Pero bueno, solo así conseguimos la composición de la plantilla. Aunque, como en todo asunto político, hay más gente por detrás…

    Una de las tácticas para poner nervioso al «enemigo» (toponímicamente hablando, por supuesto) es airear lo que niegan. Por lo tanto, ya que no vamos a trepanar sus cráneos para sacar las 160 respuestas (si las tienen), conozcamos abiertamente quienes son los autores de tal despropósito.

    Gracias a todos por alusiones y saludos cordiales.

    • Y, de nuevo (vaya, ¡cómo me repito en este terreno!), gracias a ti, Eduardo, por molestarte en acudir, por los tediosos conductos reglamentarios, al Justicia de Aragón en busca de respuestas. Como puede hacer todo buen demócrata que disiente, si lo juzga necesario. Porque todavía vivimos en una democracia-democracia, ¿no? Al menos eso espero: que no hayamos traspasado, en nuestra Comunidad Autónoma, la línea del «ordeno y mando». Si me equivoco, será entonces que actualmente nos hallamos en una de esas «democracias orgánicas» de, al menos para mí que la viví varias añadas, infausto recuerdo.
      De cualquier modo, si no es por Eduardo Sánchez Abella, todavía andaríamos esperando (sentados) la relación oficial de los artífices de la Lista Soro. Será cuestión de seguir conociendo a sus «expertos» un poco mejor a través de sus pasadas realizaciones…

        • De nuevo, del todo de acuerdo contigo. Eduardo ha cargado sobre sus espaldas la responsabilidad de dar salida a la indignación de no pocos colegas ante la alucinógena Lista Soro. Por no hablar de sus iniciativas ante el Justicia de Aragón que han permitido, por ejemplo, que esta entrada pueda, con su permiso, esclarecer al menos uno de los misterios del Proyecto Tresmiles, el de sus tímidos participantes…