Blog de
Alberto Martínez

¿Y los “expertos” del Aneto?

Venga: que abrimos esta nueva ronda por la toponimia contemporánea aragonesa con unos chascarrillos ligeros. Más que por otra cosa, para romper el hielo en plan divertido y que haya así buen rollito entre todos. Porque la verdad es que algunos pirineístas veteranos se están tomando demasiado a pecho la política, acaso un tanto impositiva y un pelín oscurantista, de ese Proyecto Tresmiles patrocinado desde la Consejería de Vertebración Territorial, Movilidad y Vivienda del Gobierno de Aragón. Mejor nos tranquilizamos para estudiar sus posibles valores creativos o artísticos. Saboreándolos incluso con una cervecita y un pincho de tortilla a mano, ¡qué caramba!

Tampoco es para tanto. Seguramente sucederá con la Lista Soro lo mismo que pasó con la desafortunada Lista Morales, un versionado tardío de esa Lista Almarza de los años treinta que propició auténticos disparates allá por los setenta. Con la mejor intención del mundo, lo mismo que se le puede suponer a la estrambótica relación de Tresmiles que acaba de oficializarse durante el verano de 2020. Esas cosas pasan de vez en cuando: ciertos políticos se montan saraos con el dinero del Presupuesto (nunca con el de sus cartillas de ahorro) que luego muestran un recorrido cero.

Pues al ruedo ya con los chistecillos. Porque durante los tres años largos transcurridos desde que José Luis Soro y sus vicepresidentes presentaran a los medios ese listado con los pintorescos nombres para los 160 Tresmiles de Huesca, por el mundillo pirineísta circularon divertidas conjeturas sobre cómo pudo materializarse semejante despliegue de maravillas ante nuestros ojos de mortales. Todo dios estaba poco menos que alucinado con muchos de los topónimos. Y, claro, ciertas mentes enfebrecidas buscaron explicaciones no menos peculiares al fenómeno. No todas eran amables o aptas para oídos de menores, que conste…

Me encantó especialmente esa tesis que sostenía que el Gobierno de Aragón había emprendido unas excavaciones por debajo de cada montaña de más de tres mil metros dentro de su competencia, hasta llegar así al lugar, justo por debajo de cada pico, donde el Sumo Creador inscribió con letras de fuego el topónimo real de cada una. Explicación mística a tope, ¿eh?

Pero si de elucubraciones sobrenaturales se trata, añadiré la que aducía que la Comisión Asesora envió dentro de un tonel sellado a uno de sus integrantes a través de esa fuente de Santa Elena que, como todo hijo de vecino sabe, conecta directamente con el río Jordán, para llegar de ese modo directo hasta cierta gruta de Palestina donde el pueblo arameo talló sobre roca los nombres de las Cumbres Sagradas del Orbe. Los 160 Techos oscenses incluidos (ni uno más), como era de esperar. Porque nuestros sabios autóctonos la clavan siempre.

Finalmente, otra hipótesis un tanto esquizoide suponía que la Lista Soro había sido obtenida en los mismos Archivos Vaticanos, a modo de apéndice secreto del acuerdo con la Santa Sede por los llamados Bienes de la Franja Oriental…, a cambio de quién sabe qué cantidad procedente del llamado Fondo de Reptiles. Si es que dicha fuente de financiación oscura existe.

En fin; meros divertimentos de nuestro colectivo con los que compensar la ausencia de razones serias (o como sean) respecto al Proyecto Tresmiles. ¡Caray!, entonces tendremos que tratar de obtenerlas en el mundo real, con toda la predisposición y cariño del universo hacia nuestros estamentos autonómicos en pleno…

Así pues, retomando el hilo del artículo previo, volveremos a la carga con la densa bibliografía que Pascual Miguel Ballestín incluyó en su oportunísimo texto sobre la Toponimia Mayor de Aragón (2015). En este punto haré un inciso para felicitar calurosamente, aplaudiendo con las dos manos y las orejas, a quien se molestó apilando en cincuenta páginas de papel las 1.237 referencias utilizadas para apoyar sus 1.700 disquisiciones etimológicas. Aunque (¿una carencia sin apenas peso?) solo incluyese allí a un Tresmil. Uno, muy solitario y triste, el pobrecillo. Da igual: siempre me han chiflado este tipo de listados, que reviso con cuidado en busca de algún libro o revista de interés que incorporar a mi lista de caza sobre el pirineísmo. Tengo ya censados unos 13.000 del primer género, por lo que se comprenderá mi ansiedad de friki de las bibliotecas…

Para mi desgracia, poco de valía o mínimamente novedoso hallé entre los títulos de las publicaciones de donde se extrajeron los datos de la voz “Aneto”. Para no lastrar en exceso el discurrir de este artículo, las he incluido aquí abajo, entre los Comentarios. Si os apetece, mirad a ver si alguna denota una relación, aunque sea residual, con los asuntillos nuestros de las máximas cotas altoaragonesas. Se diría que, salvo un par que luego repasaremos, ni de coña. Alguna incluso sonaba a cachondeo.

Creo que sufrí la frustración del Milenio. Todavía me lamento porque la biblio del Rey del Pirineo no me aportara esos tesoros que esperaba, rebosantes de informaciones inéditas. ¡Ay!, bien que me lo olía antes de empezar: ningún trabajo sobre los apelativos de la Cúspide oscense vale, en mi modesta opinión, lo que un pimientillo pocho, si no incluye la siguiente referencia:

LE BONDIDIER, Louis, “Néthou ou Aneto. Quel est le nom du point culminant des Pyrénées?”, en…

Pues, bien, este magnífico trabajo de investigación fue servido en dos porciones, aún en vida del autor, dentro del nada anodino Bulletin Pyrénéen: en el número 238 (1942), páginas 121 a 149 (es decir, 28); y en el número 239 (1942), páginas 222 a 236 (o sea, 14 más). El texto se remató, ya como obra póstuma, dentro de la misma publicación: en su número 240 (1942-1945), páginas 275 a 308 (que incrementarían en 33 más dicho artículo). En total: un cuerpo de 75 páginas, yo diría que obligatorio en cualquier estudio toponímico con un mínimo de seriedad sobre el Aneto. Si se dan muestras de desconocer esta obra, mucho me temo que se acredita una clamorosa inclusión dentro del noble campo del amateur voluntarioso. O una escandalosa tendencia al chiste.

Pero este “Néthou ou Aneto” no se presta a ninguna chirigota. La monografía sobre el Techo de Aragón se la curró durante decenios cierto lorenés que, además de fundar y regir durante largos años el Museo Pirenaico, instalando allí la mejor biblioteca que existe sobre nuestra cordillera, fue Socio de Honor de Montañeros de Aragón. Un estudioso con una obra de investigación sólida a quien, como premio, los artífices de la Lista Soro le eliminaron ese Tresmil que tenía otorgado en su honor desde 1921, a falta de otra denominación autóctona, según decidieron sus primeros ascensionistas. Entre ellos se encontraba un cartógrafo e hispanista de primer orden, asimismo socio de Montañeros de Aragón: Raymond d’Espouy. Va un nuevo eslógan para nuestro Turismo autonómico: “Aragón, Tierra de Grandes Desagradecidos”. Lo cedo gratis, que no lo tengo registrado…

Lo dicho: chasco tremendo por parte de quien esperaba el maná de los manjares selectos entre esas fuentes, en apariencia inconmensurables, que ha manejado con arte Miguel Ballestín. Por no hablar de la desfavorable impresión que me produjo que tampoco admitiera entre “sus 1.237” otros textos de referencia, yo diría que esenciales, como el estudio sobre la cartografía de los Montes Malditos de Saint-Saud, socio igualmente de Montañeros de Aragón. O los diversos trabajos de Escudier en torno al “Aneto y sus Hombres”…, o a cierta “Gran Montaña”, pongamos el caso. Es difícil que incluso el más progubernamental de los analistas pueda deleitarse con esa colección de datos tan escasos en especialidades de altura.

Se entenderá ahora que me preocupe profundamente que la bibliografía para la voz “Aneto” que facilitó este toponimista mayor pueda parecer a las mentes más críticas como “de baratillo”, a tenor de los extraños títulos que acogía. Alguno de esos textos referenciales para conocer la más adecuada nominación para el pico de Aneto (¿o tuca d’Aneto? ¿o Maladeta de Corones?) era más asequible que otros. Así, se impone un curioseo entre las páginas de los pocos, muy poquitos, que parecían orientados hacia los Montes Malditos.

Pues al tajo. Porque con el número 320 se materializaba la, para mí, obra más prometedora en la que Pascual Miguel Ballestín pudo ilustrarse. Se trataba del libro bilingüe (fabla/español, en ese orden) sobre el Pirineo aragonés. La magia de sus nombres. A maxia d’os suyos nombres. Autoeditado en 1996 por su propio autor, Francho Beltrán Audera, actual secretario del Proyecto Tresmiles. Sin el menor deseo de hacer sangre, diré que me lo compré en su día y que me pareció una obra encantadora, una suerte de texto con los sueñecillos oníricos y la poesía de alguien con, ¡ay!, unos conocimientos bastante flojetes sobre pirineísmo. Eso sí: muy valiente, dado que se adentraba por estos territorios complejos del todo ligero de equipaje. Lo guardo con gran cariño en mi biblioteca, perfectamente clasificado junto a las no menos simpáticas novelas sobre mitos de George Sand…

¿Y qué escribió sobre el Aneto el futuro Hombre de Soro que le hiciera acreedor de figurar en la biblio sobre la voz “Aneto” de Miguel Ballestín? Tranquilos, que acabamos pronto:

“Por fin, Netón, el olvidado dios celtibérico será recordado siempre que veamos al pico d’Aneto [que no tuca] descollar entre las boiras, elevándose majestuoso por encima de todas las demás cimas de los Pirineos…

“[…] Otras veces han aparecido versiones más o menos afrancesadas de algunas montañas como el nombre de Néthou para designar al Aneto, o Niscle para Añisclo”.

Hay que ver. La inteligentzia aragonesa lleva años protagonizando auténticos numeritos ante los verdaderos expertos de fuera. Donde los hay, y de verdad. ¿Es que a ninguno de nuestros toponimistas institucionales se le ha ocurrido, por ejemplo, consultar las Sesiones de Trabajo de la Société Ramond del 3 de mayo de 1918 sobre “Le dieu Nethou”?: allí donde explicaban que “el señor Le Bondidier estudió y desmontó una leyenda según la cual el dios Néthou habría dado su nombre al punto culminante de la Maladeta”. Al menos audacia sí que tienen por acudir tan desnudos a semejantes ruedos. ¿Será que cuentan, por cualquiera sabe qué extraños motivos, que nadie les va a indicar que van en pelotas…?

¡Hale! Que cambiamos de pantalla para escudriñar otra de las referencias que se proporcionaban desde esa Toponimia Mayor de Aragón (2015) tan a propósito para encarrilar nuestros intentos por percibir algo, lo que sea, entre la niebla gubernativa. Con el número 194 figuraba un texto muy hermoso que guardo con afecto desde hace largos años, firmado por Ángel Ballarín Cornel. Un benasqués ilustrado que, por ejemplo, ya nos anticipaba el tema de los nombres del Techo de su municipio desde ese Vocabulario de Benasque tirado por la Institución Fernando el Católico de Zaragoza en 1971. Seguro que este hombre enamorado de su tierra conocía la Maladeta de Corones. ¡A que sí!:

“Anéto, m.: Nombre del pico [¿y no tuca, f.?] más elevado de los Pirineos, que se encuentra en el término municipal de Benasque”.

No: parece que no sabía de ella. Si es que vamos de chasco en chasco… Pues nada, hagamos caso a la bibliografía de Miguel Ballestín y extractemos las referencias al Aneto que se servían dentro del libro de Ballarín Cornel sobre la Civilización pirenaica. Vestigios ancestrales, toponimia, leyendas, refranes, adivinanzas y dichos, autoeditado en 1972. Desde el número 194 del listado de la Toponimia Mayor, avanzaba ya “algunos topónimos del valle: Anéto (pico)”. ¡Y esa condenada Maladeta de Corones sin aparecer! ¡Ni tampoco su puñetera Tuca! Bueno, no hay problema. Acudamos ahora a su capítulo dedicado a “El Aneto”, donde de este modo extenso se explicaba nuestro benasqués:

“No más feliz ha sido nuestro pico [¿que no tuca?] en lo referente a su nombre.

”La más remota tradición suponía que el Aneto era la residencia de un dios, cuyo nombre sirvió para designar su altar, es decir, el pico.

”Todos los pueblos primitivos han hecho de las montañas la morada de los dioses y de los héroes. Y esto en todos los países […]. El Aneto, con su aspecto magnífico cuando el sol ilumina sus nieves, la espantosa grandiosidad de sus tormentas, no podía ser una excepción. Fue lógico pensar que una fuerza misteriosa, una divinidad, tenía allí su mansión.

”Por otra parte, todo lo que se refiere a la montaña, no solo los topónimos o nombres de lugares y accidentes, sino hasta los nombres comunes, es lo que mejor se ha conservado. Montanha, pouy, cap, turon, sarrat, estiva, pla, coma, scala, lits en la norte, como montaña, tusál, turón, sarráu, estiba, pllána, cóma, escáleta, llit en la vertiente sur, se encuentran usados con la misma significación y casi sin variación en la forma, en los más antiguos documentos. Esto induce a creer que el nombre del pico también se conservó.

”Mas un día, el conde de Saint-Saud [si hubiera consultado a Le Bondidier, sabría que fue el oscense Mallada] afirmó que Nethou, como los franceses llaman al Aneto, no es cosa que la transformación, más pronunciada, de la palabra Aneto, “nombre del pueblo sobre el territorio del cual se encuentra el pico”.

”El error comprobable de parte de esta afirmación nos autoriza a dudar de la veracidad del resto […]. Hagamos constar en primer lugar que ningún otro pico del valle lleva el nombre de un pueblo situado en su falda [olvidaba aquí los picos de Eriste o el pico de Cerler]. Gallinero no se llama Cerler; ni Turbón, Vilas; ni Cotiella, Barbaréns; no Poséts, Plan. Solo Aneto habría cambiado su nombre por el de un pueblo, y no de los más importantes entre los vecinos, como Benasque, Viella o Luchon, sino por el del pequeño Aneto.

”Habrá que convenir que cuando el pueblo nació, el pico ya “peinaba canas de muchos siglos”, como diría Costa, y que, dada la persistencia de los topónimos, no se explica por qué razones las gentes pudieron cambiar el nombre del majestuoso Aneto, heredado de sus antepasados, divinidad antiquísima, por el de un humilde grupo de chozas, que sería el pueblo de Aneto en sus principios.

”Recientemente, recurriendo a la etimología –cosa difícil y resbaladiza, al decir de los doctos–, se supone [atentos aquí a la serie de datos que le tomara prestados Miguel Ballestín] que Aneto derivado de amnetu, que a su vez procedería de amnis, río en latín. En este caso Aneto podía ser, divinidad o no, padre de las numerosas corrientes que del macizo nacen.

”Otra evolución da asinetum, asnetum, ainet, a(i)net(o), lo cual estaría en relación con asinus, que significa asno; tal vez por la forma del macizo a dos vertientes, como el lomo del animal.

”O aún procedería de asinus en la acepción de tablilla delgada, como las hojas de las pizarras, y que los yacimientos de assinos, pudieron recibir el nombre de assinetuo. Pero Aneto no es de pizarra, sino de granito, y cuando el latín llegó a lo alto de los Pirineos, hacía siglos que el pico tenía su nombre (también podría suponérsele derivado del anethum, anethus, que dio aneth, sinónimo de fenouil en francés, y de aneldo en castellano, planta umbelífera. Según el lingüista Dauzat, Anet, Anetum, que se escribía ya Anetho en 1076, procede del galo ana y el sufijo diminutivo –itum; ana significa marais, pantano, lo cual no conviene al pico).

”Permítasenos agregar, por nuestra cuenta, una hipótesis más.

”En el mismo macizo de la Maladeta, del que el pico de Aneto forma parte, tenemos la montaña forcanada, la Forcanada, y la montaña maladeta, la Maladeta.

”Se cree que para los íberos el sol era el dios Neto. Según esto, los íberos de Benasque pudieron tener la montaña Neto, la Neto, l’Aneto, como decimos los benasqueses.

”Piénsese en el efecto del sol sobre el manto de hielo y nieve del Aneto. ¿Qué mejor altar para ese dios?

”No podemos probar que Aneto sea el nombre de un antiguo dios, pero sí afirmar que lo dicho en contra no parece muy convincente”.

Por mi parte, le doy un diez. El benasqués había investigado y expresaba con toda corrección las diversas opciones que le salieron al paso entre esas etimologías “difíciles y resbaladizas”. O sencillamente tan absurdas. Sin pontificar ni imponer. Al uso de esos toponimistas de antaño que no buscaban el cobijo entre las faldas del Poder político. ¡Qué tiempos aquellos!

A modo de propinilla, añadiré la cita de otro autor local que, curiosamente, no se incluía dentro de la Toponimia Mayor de Aragón (2015). No lo consigo entender, pues Vicente Juste Moles, desde esa Aproximación a la historia de Benasque editada desde dicho núcleo por Antena del Pirineo en 1991, tras la consecución de un Premio Villa de Benasque, supo sintetizar perfectamente los avatares del nombre de nuestra cumbre. Veamos cómo lo hizo este, asimismo, meritorio socio de Montañeros de Aragón (y van cuatro):

“El topónimo Aneto también padeció las consecuencias de las especulaciones y dudas antes de ser utilizado como ahora se hace; por ejemplo, es curioso reseñar algunos de los hombres que a lo largo de su historia ha recibido según las épocas en que se ha tenido en cuenta: Arethon, Anetou, Anethou, Nethou y Netou. Definitivamente se olvida o deja de considerarse el afrancesamiento de la palabra y queda para siempre igualado o identificado al topónimo Aneto, pueblo vecino del Ribagorza oriental del macizo. La probable causa de las tergiversaciones aludidas en el nombre o nombres utilizados sea debida a que en el año 1817 el sabio físico Reboul realizó un intento de medición de los picos y le llamó Néthou, nombre del pueblo citado más arriba; esta mala traducción debió dar origen a los subsiguientes errores”.

No son las 75 páginas del estudio sobre los nombres del Aneto de su consocio Le Bondidier, desde luego, pero Moles Juste resumía bastante bien lo esencial del asunto. Para ser un texto encauzado hacia todos los públicos y del siglo pasado, se entiende. Cuando apenas circulaba información entre nosotros, los aragoneses, y no existía nada medianamente parecido a Internet. Salvo los viajes hasta esa Biblioteca Pirenaica que fundara en Lourdes Le Bondidier, claro…

Aún queda bastante camino por recorrer en pos del conocimiento (nunca en el sentido del Antiguo Testamento) aceptable de la obra esa Comisión Asesora de Toponimia tan discreta y silenciosa. A falta de nada mejor, rastrearemos qué es lo que sus miembros transmitieron a través de sus escritos previos. Siempre con las mejores intenciones posibles, aguardando con paciencia cartuja esa grata sorpresa que arranque ovaciones cerradas hacia su hija putativa, la Lista Soro. No en vano, hablamos, nada más y nada menos, de una de las Consejerías del Gobierno de Aragón, apuntalada en este asunto tresmilero por las más variopintas instituciones regionales, en plan todas a una…

Por hoy dejaremos aquí estas pesquisas sencillitas, de las de andar en pantuflas por casa. En tanto tienen en gracia servir alguna explicación sobre el Proyecto Tresmiles, habrá que pensar que quizás no sea una boutade eso de que excavaran túneles bajo las 160 montañas de su listado y que, ahora, modestos ellos, no lo quieran reconocer para que no los aclamen por las calles. O acaso fuese cierto lo del viaje en un tonel desde Santa Elena hasta Tierra Santa… Mayores prodigios se han podido ver, por ejemplo, en una serie televisiva tan real-real-real como la del Ministerio del Tiempo. Quién sabe si, digan lo que digan los más recelosos, estamos ahora ante una Comisión similar, pero en versionado autonómico. Y, con nuestros magros Presupuestos, mérito ya tiene.

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Por Alberto Martínez

Alberto Martínez Embid practica el montañismo desde que era un crío. Últimamente llama la atención su faceta divulgadora, que se podría glosar como firmante de veinticinco libros y participante en veinticuatro colectivos, sin olvidarse de sus más de mil setecientos artículos. Casi todos, de temática pirenaica. Aunque se ha hecho acreedor de tres galardones de narrativa, seis de investigación histórica y siete de periodismo, se muestra especialmente orgulloso del Premio Desnivel de Literatura de Montaña de 2005.

15 respuestas a «¿Y los “expertos” del Aneto?»

¿Alguien le apetece acudir por su cuenta a las fuentes? Pues vaya por aquí la bibliografía que alude al pico de Aneto, según la facilitara Pascual Miguel Ballestín en 2015:
113 (celtiberia.net. Consultado el 17-6-2015), 194 (Ballarín Cornel, Ángel, Civilización pirenaica. Vestigios ancestrales, toponimia, leyendas, refranes, adivinanzas y dichos, Zaragoza, La Editorial, 1972), 252 (Zapater, Alfonso, Aragón pueblo a pueblo, Zaragoza, Aguaviva, 1986), 254 (Pla Cid, Antonio, “Notas sobre religiosidad en Sobrarbe”, Sobrarbe. Revista del Centro de Estudios de Sobrarbe, 6, 2000), 264 (Pla Cid, Antonio, “Escaparate de onomástica con raíces indoeuropeas, principalmente del Sobrarbe”, Treserols, 1, 1997), 320 (Varios autores, Itinerarios geológicos de Aragón, Zaragoza, PRAMES, 2009), 348 (Aydillo San Martín, Julián, Pueblos y apellidos de España. Diccionario etimológico, San Vicente (Alicante), Club Universitario, 2006), 440 (López-García, Ángel, “Toponimia benasquesa”, Actas del Séptimo Congreso Internacional de Estudios Pirenaicos, Jaca, CSIC, 1976), 502 (Martín de las Pueblas, J, e Hidalgo, M.A., Toponimia de Ribagorza. Municipio de Castejón de Sos, Lleida, Milenio, 2002), 516 (Vázquez Obrador, Jesús, Toponimia de Ribagorza. Municipio de Torre la Ribera, Lleida, Milenio, 2009), 662 (Moran, J., Batlle, M., y Rabella, J. A., Toponimia catalans. Etimologia i pronúncia, Barcelona, Abadia de Montserrat, 2002), 684 (García Pérez, Guillermo, “Redundancia toponímica. España y Portugal”, El Nuevo Miliario, 2, 2006), 917 (Griera, A., “Les paroisses de la diocèse de Lleyda”, Blok, Proceeding of the Eight International Congress of Onomastic Sciences, The Hague, Mouton & Company, 1966), 981 (Harris, Emma Louise, “Topònims d’origen basc”, Butlletí Interior de la Societat d’Onomàstica, 98, 2004), 1140 (Rueda García, Francisco, “Historia inédita de España. Compendio de etimología, historia antigua y toponimia”, http//www.historiainedita.es. Consultado el 19-6-2015)”.

Los más animosos pueden echarle otro vistacillo a la bibliografía del “pueblo” de Aneto, ya que en dicho apartado se alude con frecuencia al “pico” (que no tuca):
17 (Benito, Manuel, Pueblos del Alto Aragón. El origen de sus nombres, aragob.es. Consultado el 17-6-2015), 98 (Bordas Pallás, Ana, Toponimia de Ribagorza. Municipio de Montanuy, Lleida, Milenio, 2002), 121 (Martín de las Pueblas, Jesús, Toponimia de la Ribagorza. Municipio de Benasque, Lleida, Milenio, 2006), 151 (Cambra Penalba, Pilar, “Toponimia altoaragonesa”, http.//www.aragob.es. Consultado el 17-6-2015), 194 (Ballarín Cornel, Ángel, Civilización pirenaica. Vestigios ancestrales, toponimia, leyendas, refranes, adivinanzas y dichos, Zaragoza, La Editorial, 1972), 226 (Mascaray Sin, Bienvenido, De Ribagorza a Tartesos, Pamplona, Elena Mascaray, 2002), 348 (Aydillo San Martín, Julián, Pueblos y apellidos de España. Diccionario etimológico, San Vicente (Alicante), Club Universitario, 2006), 440 (López-García, Ángel, “Toponimia benasquesa”, Actas del Séptimo Congreso Internacional de Estudios Pirenaicos, Jaca, CSIC, 1976), 488 (Moner y Siscar, Joaquín Manuel, Clave onomástica de los apellidos de los pueblos del Alto Aragón, hoy provincia de Huesca, Zaragoza, De Comas Hermanos, 1895), 498 (Pla Cid, Antonio, “Julio César. El Ésera. La Solana. Fanlo. Buisán”, Sobrarbe. Revista del Centro de Estudios Sobrarbe, 13, 2012), 499 (Turull, Albert, “Una caracterización de la toponimia pirenaica catalana”, Pirinioetako hizkuntzak. Oraina eta lehera, Euskaltzindiaren XVI, Biltzarra, 2011), 502 (Martín de las Pueblas, J, e Hidalgo, M.A., Toponimia de Ribagorza. Municipio de Castejón de Sos, Lleida, Milenio, 2002), 516 (Vázquez Obrador, Jesús, “Aragón”, García Arias X, Toponimia hispánica. Origen y evolución de nuestros topónimos más importantes, Valencia, Denes, 2011), 551 (López-García, Ángel, “Toponimia benasquesa”, Actas del Séptimo Congreso Internacional de Estudios Pirenaicos, Jaca, CSIC, 1976), 662 (Moran, J., Batlle, M., y Rabella, J. A., Toponimia catalans. Etimologia i pronúncia, Barcelona, Abadia de Montserrat, 2002), 710 (iberiasegunmascaray.es. Consultado el 17-6-2015), 735 (Sendino Martín de Valmaseda, Baldomerto Enrique, “Badavia, Babia, Fadevo, Favia, Avia”. elmeduliopelayoyotrosasuntos.blogspot. Consultado el 17-6-2015), 824 (Moret oso, Hèctor, “Onomástica aragonesa al Diccionari Català-Valencià-Balear”, Alazet, 7, 1995), 917 (Griera, A., “Les paroisses de la diocèse de Lleyda”, Blok, Proceeding of the Eight International Congress of Onomastic Sciences, The Hague, Mouton & Company, 1966), 981 (Harris, Emma Louise, “Topònims d’origen basc”, Butlletí Interior de la Societat d’Onomàstica, 98, 2004), 985 (Pita Mercé, Rodrigo, “Los nombres de possessores premusulmanes en la toponimia del país ilergete”, Argensola, 31, 1957), 1212 (Miguel Ballestín, Pascual, Nuevas hipótesis etimológicas para la toponimia mayor aragonesa, inédito).
Insistiré también por aquí: es curioso que un bibliotecario de profesión se haya saltado las obras más que especializadas sobre el Aneto de Le Bondidier, Saint-Saud o Escudier. Pero, vaya, esto es lo que hay.

Excelente lección que, me temo, no será apreciada por alumnos tan displicentes como los de la lista Soro. ¡Qué le vamos a hacer!
Mi enhorabuena.

No te preocupes, José, que ya cuento con ello. En realidad, estos intentos por descubrir alguna pista que explique las motivaciones o el «modus operandi» que han seguido para la confección de la Lista Soro, van dirigidos hacia el colectivo montañero. Sobre todo el aragonés, ya esté politizado o no. Que dispongan de datos objetivos, cuanto menos… Saludos…

Vaya. Alberto no se si tienes la impresión de que el «Toponimia Mayor Aragón» Ballestin ha entrado a saco en lo escrito por Ballarin Cornel del Aneto. No se si ha sido así.

Fácil que sí, Makako. Nuestro buen bibliotecario no parecía tener en 2015 un gran bagaje tresmilero. De hecho, en su tocho no aborda ningún otro pico (o Tuca, o Tuquetica, o Tuqueta) de más de 3.000 metros de altitud del Pirineo aragonés…

Bien traído el artículo de L. Le Bondidier, Alberto.

Me imagino que si levantara la cabeza iba a correr a «beretazos» a los de la Comisión Soro hasta sacarlos de Aragón: «¿Maladeta de Corones? ¡Anatema!». ¡Qué fiera!

En el fondo lo que le picaba al francés era que el nombre del punto culminante del Pirineo se españolizara en Francia. Gran parte de su exposición se dedica a defender el uso de «Nethou» en su país y que en España se llame como queramos, o como quiera Mallada, que a él ni le va, ni le viene. Su principal razón se basa en el uso fonológico del vocablo del nombre del pueblo con preferencia al uso ortográfico. Lo mismo que le había pasado a Roussel con su «Nethou» le pasó a Monet en 1857 con su «Neto».

Cualquiera sabe qué hubiera hecho este gran erudito. Louis Le Bondidier era un hombre valiente. Durante los años previos a su fallecimiento, a pesar de su enfermedad, no se cortó en denunciar públicamente los desmanes de los nazis que ocupaban su patria…
Mira, aprovecharé esta visita para recomendar que quienes de verdad quieran manejar datos veraces sobre los Tresmiles del Pirineo, se pasen por esta Web del todo rigurosa:
http://cazafantasmas3000es.blogspot.com/

Eso de buscar «expertos» tiene su mérito Alberto. Mejor que empieces a buscar las bocas de tuneles de debajo de las montañas de mas de 3.000 metros. Aunque a mi me gusta mas lo del «experto» dentro de un tonel hacia el Jordán.

Ya lo pienso, ya, Makako, que tentado estoy de buscar, mejor que por los anaqueles de las bibliotecas, por las bocas de las minas abandonadas del Formigal, de Liena, de Parzán… Aunque tal vez sea mejor esperar hasta que Aragón Televisión saque la correspondiente serie, no sé si con médiums, OVNIS, toneles rumbo al Jordán… ¡Seguro que está muy bien! Tú prepara el vídeo…

Pues si te tomas la cañita con un cacho hermoso de tortilla (con cebolla), verás cómo se ve todo de otro color. De todas formas, no está todo el pescado vendido, Luis. Espera un poco más, que en las siguientes entregas igual logro arrancarte una sonrisa. Y, en el peor de los casos, todo cuanto no tenga nada que ver con la sanidad, las ayudas sociales o la recuperación de la economía productiva…, hay que buscarle su lado cómico. Que siempre lo tiene.

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