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¿Por sus obras los conoceréis?

Nada hay nuevo bajo el sol. Y tampoco es esta la primera vez que se politiza la cartografía del Pirineo. Así, hacia 1941 la Werhmacht editó unos pliegos de nuestro sector fronterizo a escala 1:50.000 con indisimulados ánimos de expansión hacia el sur. Planeando acaso el meternos por el ojo (derecho) sus panzerdivisionen, pillaron unos mapas gabachos de principios de siglo y otros hispanos de los años treinta para componerlos con un arte dudoso. Las cosas de los nazis.

En los años cincuenta fue el turno del Departamento de Defensa de los Estados Unidos. Se agenciaron sus propias cartas del norte de Huesca, igualmente a 1:50.000 de escala. Pensando quizás en contener por las cercanías de la muga a esas hordas rojas que, según se temía, iban a bajar en tromba hacia el Ebro con sus carros de combate. Se ve que los gringos se tomaban muy a pecho la salvaguarda de nuestra Reserva Espiritual de Occidente. Las cosas de la CIA.

Ahora llegan otros mapas que, a mi corto entender, llevan su intencionalidad política particular (que no bélica). Procedentes de cierta empresa orientada hacia los “Proyectos y Realizaciones para la Montaña, Escalada y Senderismo”. O sea: PRAMES, una Sociedad Anónima sometida a la Ley de Sociedades de Capital que fue fundada el 29 de julio de 1988. Vamos a ver si estos chicos se dejan conocer mejor…

Como se constatará con algo de paciencia, nuestra siempre respetada PRAMES se fue consolidando como una expendedora progresiva de topónimos que, a simple vista, parecían ir en notable concordancia con esa ideología “nacionalista y socialdemócrata” de la que se hace gala, con todo el derecho del mundo, desde algún partido aragonesista. Porque en esos asuntos del querer platónico lo de guardar por el bolsillo (o no) un carnet tampoco es significativo. Y a la hora de establecer afinidades, las mentes simples como la mía se fijan no en las declaraciones de los implicados, sino en los resultados finales. En plan: ¿pero se ha dado noviazgo tormentoso, amancebamiento apasionado o bodorrio por todo lo alto? Como quizás haya podido acontecer en el terreno de alguna nomenclatura tresmilera

Desde hace la tira de años se llevan produciendo los más variopintos jueguecillos con la toponimia de los Techos de Huesca. Por ejemplo, a la firma empresarial con sede en Zaragoza le gustaba proclamar machaconamente desde sus productos cartográficos que en dicho ámbito seguían cierta “filosofía editorial”. Sin cortarse un pelo. Así, desde bien temprano se dedicaron a plasmar sobre el papel unas “correcciones toponímicas” que se dirían en pugna, al menos para los espíritus ingenuos, con esos otros nombres de cumbres que, según la propia PRAMES relata, han “inventado o mal interpretado”. Se refería aquí a los montañeros, desde luego. No extrañará, pues, que más de uno haya interpretado las actuaciones de esta Sociedad Anónima como una suerte de declaración de guerra contra el estamento pirineísta. ¿Una opinión quizás un tanto exagerada? No sé qué pensar.

El proceso me resulta del todo absurdo: ¿a golpe de nomenclátor se pretende ahora “preservar” la herencia cultural de un Alto Aragón Irredento? ¡Rediez, eso huele a empanada mental de las gordas! Porque mucho me temo que, ante la estrategia un pelín opaca que se ha fomentado desde PRAMES SA durante una treintena de añadas (o así), el invento idiomático cuaje poco. A no demasiado tardar, sus Realizaciones cartográficas pueden constituir unas codiciadas piezas de colección. Como los mapas pirenaicos de los nazis o los de la CIA. Ya lo siento por el tiempo y el esfuerzo perdido en lo que, en mi humilde entender, ha discurrido en una mala dirección. ¡Wrong way!, como exclamaron los primeros escaladores que se enfrentaron con la Norte del Vignemale a finales del siglo XIX.

¡Y menudos son los colectivos montañeses o montañeros! Los no politizados, se entiende. Ni los unos están formados por seres débiles que se han dejado pisotear, ni los otros por unos personajes despóticos que machacaban las tradiciones locales. Se diría que, en el emporio empresarial y multi tentacular hoy felizmente instalado en el camino de los Molinos número 32, desconocen este percal. O que fingen no saber cómo terminará una película…, ¿de marcianitos toponimistas?

Al tajo. ¿Revisamos un poquillo las, podríamos decir, crónicas pramesianas de primera hora? Siguiendo la cita bíblica de “por sus obras los conoceréis” (Mateo 7, 15-20). En tal caso, tendremos que rebuscar por su opus inicial, cuando la empresa se ubicaba en la calle Santa Cruz de Tenerife número 5. ¡Caray!, espero no fatigar en exceso, pues para el repaso (abreviado) del recorrido vital de esta Sociedad Anónima por el terreno cartográfico-toponímico, pleno siempre de cariño y comprensión hacia sus artífices, necesitaré redactar una porrada de artículos. Como poco, tres o cuatro, ya que estos buenos mozos han sido bastante fértiles en sus Proyectos, pero mucho más en sus Realizaciones.

Antes de centrarnos en una actividad nominadora, yo diría que frenética, puede que resulte oportuno que veamos qué sucedió durante ese mismo añito en que PRAMES irrumpió por el panorama montaraz. Porque justo en 1988 la Federación Aragonesa de Montañismo tuvo en gracia editar una obra de referencia: Pirineo aragonés. 105 itinerarios de esquí de montaña, de Agustín Tomico Alique. Ese libro de 152 páginas llegaba al mundo acompañado de nueve croquis de aristas a 1:60.000 de escala. Tendríamos que echarles un vistazo para efectuar un recuento de Tresmiles oscenses que luego justificaré:

[1, 2] Las Frondiellas 3.069 m.

[3] Balaitus 3.151 m.

[4] Gran Faixa sin cota [en el texto sí que venían las altitudes].

[5, 6] Infiernos sin cota.

[7] Carmo Negro [Garmo en el texto] sin cota.

[8] Algas sin cota.

[9] Argualas sin cota.

[10] Pique Longue de Vignemale [Viñemal en el texto] sin cota.

[11] Montferrat sin cota.

[12] Tapou sin cota.

[13, 14] Los Gabietos sin cota.

[15] Taillon [Taillón en el texto] 3.144 m.

[16] Casco 3.006 m.

[17] La Torre sin cota.

[18] Marboré 3.253 m.

[19, 20] Astazus sin cota.

[21] Cilindro 3.328 m.

[22] Monte Perdido 3.355 m.

[23] Soum de Ramond sin cota.

[24] Punta de las Olas sin cota.

[25] La Munia 3.134 m.

[26] Troumouse sin cota.

[27] Robiñera 3.003 m.

[28, 29] Batouas sin cota.

[30] Abeille sin cota.

[31] Pequeño Bachimala sin cota.

[32] Gran Bachimala sin cota.

[33] Punta Sabre sin cota.

[34] Posets 3.375 m.

[35] Diente de Llardana [solo en el texto] sin cota.

[36] Bardamina sin cota.

[37] Espadas sin cota.

[38] Tucón Royo 3.121 m.

[39] La Forqueta 3.007 m.

[40, 41] Eriste o Bagueñola [Eriste central y Beraldi o Eriste Norte en el texto] 3.053 m.

[42] Clarabide sin cota.

[43] Gias [Gías en el texto] sin cota.

[44] Gourgs Blancs 3.129 m.

[45] Arlaud [Jean Arlaud en el texto] sin cota.

[46] Cap de la Baquo 3.097 m.

[47] Portillón de Oo [Oó en el texto] 3.050 m.

[48] Perdiguero 3.221 m.

[49, 50] Cabrioules [Cabrioles en el texto] sin cota.

[51] Maupas sin cota.

[52] El Boum sin cota.

[53] Alba 3.118 m.

[54] Pico [Le] Bondidier [solo en el texto] sin cota.

[55, 56] Maladeta Occ. [1 y 2 en el texto] 3.254 m.

[57] Maladeta [Oriental en el texto] 3.308 m.

[58] Maldito sin cota.

[59] Coronas sin cota.

[60] Aragüells 3.037 m.

[61] Aneto 3.404 m.

[62] Tempestades 3.310 m.

[63] Margalida sin cota.

[64] Russell sin cota.

[65, 66] Vallibierna [y pico Culebras en el texto] 3.067 m.

[67] Mulleres 3.010 m.

¿Nos hallamos ante una suerte de, permítaseme la licencia, Lista FAM-Sensata? Aunque confeccionada a partir de los croquis de unos itinerarios de esquí de montaña, esta colección de topónimos muestra hoy un gran valor. Revela cómo se contabilizaban grosso modo los principales Tresmiles oscenses desde la Federación Aragonesa de Montañismo hacia 1988. Sin esas chorradas posteriores que, bien se ve, nadie por entonces conocía. Será porque aún no se había contactado con los extraterrestres del fondo del ibón de Cregüeña…

Así y todo, resulta doloroso para un pirineísta de esta región que dicho trabajo, en absoluto de corte histórico o lingüístico, se tenga que utilizar como base para una hipotética auditoría…, de cuanto se iba a plasmar sobre las cartas de PRAMES SA a no mucho tardar. Suponiendo que jamás lleguen unas explicaciones, necesariamente tan claras como extensas, sobre la posterior lluvia de topónimos que nos han ido arreando. Nunca es tarde para rectificar: soy un optimista impenitente que de vez en cuando mira hacia el cielo esperando que caiga el maná. El de la sapiencia de nuestros toponimistas, en este caso.

Sin pretenderlo, Agustín Tomico Alique brindó una relación de los Techos de Huesca limpia, clásica y, como dice un amigo, “sin contaminación”. Ni más ni menos que desde cuatro ediciones. No está claro quién pudo encargarse de la tarea toponímica, si bien en la página 2 figuraba como responsable de los “Mapas” el geógrafo zaragozano Fernando Lampre Vitaller.

Por lo demás, acudí al texto sobre los 105 Itinerarios para buscar, dentro de sus páginas introductorias y de rutas, alguna alusión a los nombrecitos que luego colearían por la Lista Soro y las, pronto lo veremos, distintas predecesoras… Nada: ni Moros, ni Treserols, ni mucho menos, Maladeta de Corones. Solo había Tres Sorores, Brecha de Rolando, Lago Helado y cosas así. Con leves deslices en cuanto a la historia pirineísta, como el de la Ruta Real [Calle Real, según la designó Brulle] o el del Paso de Mahoma [Puente de Mahoma, según lo denominó Franqueville]. Junto a esa posible confusión con cierto Dosmil al que llamaron Culfreda…

¡Caramba! Aquellos eran otros tiempos. A la montaña se iba, justamente, para subir montañas y no para endilgarle arengas políticas a nadie. Los salva-patrias quedaban todavía lejos. Y si de algún nombre no se conocía su etimología con certeza, pues se dejaba como estaba. Que es siempre lo sensato.

Fueron años bastante convulsos por cuenta de esos líos suscitados por otra recopilación de Tresmiles: una Lista Buyse que, a partir de 1990, no tardaría en tirar varias ediciones de su Estudio Enciclopédico, e incluso obtendría en Ginebra el placet de la Unión Internacional de Asociaciones Alpinistas… Con polémicas tremendas por el tema de esos bautizos personalizados de las cotas más anodinas del catálogo, muy probablemente sin nominación previa. La mayoría, que no todas, era poco más que una tachuela alzada a 3.000 metros sobre el mar. Se hubieran podido corregir estos errores vanidosillos con algo de buena voluntad entre todos.

Ignoro si, como me ha sugerido un pramesólogo que desea seguir en el anonimato, en la génesis del largo camino que, pasito a pasito, ha ido conduciendo hasta la Lista Soro, pudo estar cierta misiva del 24 de enero de 1994 remitida por el entonces gerente de la Sociedad Anónima de marras. Según anotaba Jan/Juan Buyse en la página 16 del “Inventario de los Archivos del Equipo de los Tresmiles de los Pirineos”, resultó “claramente ofensiva e insultante”. ¡Pues sí que se caldearon aquellos debates…!

Dejaré para los historiadores del futuro aquella curiosidad de la literatura epistolar contemporánea. El caso es que, desde mucho antes de esa fecha referencial, PRAMES había desembarcado en el mundillo de la cartografía tresmilera a través de cierto pliego a 1:40.000 de escala: “Ribagorza. Mapa excursionista. Aneto-Maladetas, Llardana-Posets, Perdiguero, Gallinero”. Un trabajo parco en indicaciones que, por lo reseñado en el Catálogo de la Cartoteca del Instituto Geográfico Nacional, dependiente hoy del Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, fue una manufactura de 1990. No estoy seguro de que no fuera algo más tardío. En cualquier caso, comparecía sin autor a la vista, aunque en otro catálogo editorial de los años noventa observé que varios mapas de aquella época los firmaba cierto “Colectivo Aragón y Montañismo”. ¡Vaya con las sociedades secretas!

Como quiera que fuese, de este modo tan discreto, casi-casi convencional, figuraban por allí los 36 Techos que velaban sobre la vega del Ésera. Habrá que estar al loro con sus topónimos más chocantes:

Los Gemelos 3.118 m.

Tuca de Bardamina o Posets 3.068 m.

Tuca de la Paúl sin cota.

Tucón de la Canal sin cota.

Posets o Tuca Llardana 3.369 m.

Llardaneta o Les Espades 3.321 m.

Tucón Royo 3.111 m.

Tuca la Forqueta 3.110 m.

Tuca de Grist o Bagüeñola 3.009 m.

Tuca d’Alba sin cota.

Morrón de las Maladetas sin cota.

Maladeta Occidental 3.218 m.

Tuca de la Maladeta 3.308 m.

Pico Maldito 3.270 m [donde el pico Abadías].

Tuca d’el Medio 3.266 m.

Aneto 3.404 m.

Agullas de l’Aneto sin cota.

Tempestades 3.295 m.

Tuca del Cap de la Vall o Russell 3.205 m.

Tuca d’Aragüells 3.030 m.

Tuca de Ballibierna o de les Culebres 3.062 m.

Tuca de Mulleres 3.010 m.

Tuca Clarabide 3.020 m.

Pico de Gias sin cota.

Tuca Gorgues Blanques 3.104 m.

Tuca de O sin cota.

Tuca Sellán de la Baca 3.096 m.

Sellán de la Baca sin cota.

Tuca d’el Portillón de O sin cota.

Perdiguero 3.221 m.

Pico Royo de Lliterola 3.143 m.

Tuca Lliterola sin cota.

Tuca de Crabiules sin cota.

Punta es Arenals sin cota.

Tuca de Malpás sin cota.

Tuca de Bun sin cota.

He avanzado antes que los enigmáticos expertos de nuestra siempre reverenciada Sociedad Anónima censaron del modo clásico los Tresmiles benasqueses allá por los años noventa, ¿no? Como habrán observado los más despiertos, no fue exactamente así, pues por allí colaron, sin la menor explicación, topónimos hasta entonces inéditos como la punta d’es Arenals (¿la Tusse de Remuñé?), el Morrón de las Maladetas (¿el pico de Le Bondidier?) o la tuca del Cap de la Vall (¿el pico de Russell?). ¡Ay, la leche! Como se aprecia, llegaron bien arropados por verdaderas profusiones de tucas y más tucas, encasquetadas donde antes solo había mares de picos.

Lo dicho: nada nuevo bajo el sol…, al menos, en la toponimia altoaragonesa comprendida entre los años noventa y la actualidad. Sí que es de destacar que, desde sus tempranos pasitos por esta Tierra de Lágrimas, la editorial con sede en Zaragoza comenzó a meter sus originales cambios en la nomenclatura de las montañas de Huesca. Con un par de bemoles, desde luego.

Aquí, justamente aquí, parece que se inició el sendero paciente que conduciría hasta las recientes imposiciones de la Lista Soro. Sin explicaciones, sin siquiera señalar con claridad, en un primer momento, al responsable de tales hallazgos, o creaciones, o lo que fuera que aquello fuese. A través de unas variaciones que se dirían muy dosificadas, como si aún no hubiesen descubierto (¡oh, milagro!) esos otros topónimos que, a no demasiado tardar, les colgarían a los Gemelos, a los picos de Crabiules, al pico de Gías o al de las Tempestades. Con los prontamente habituales cambiazos en grafías, de un modo u otro aragonesizadas, como fue en el caso del Sellán de la Baca, de la tuca de Malpás o de la tuca de Bun. Acaso, adaptaciones en plan casero de sus nombres históricos. Sin olvidarnos de esos primeros artículos determinados con pinta de ser locales, pero que más tarde variarían por otros. Sí: andando la vida, los trueques y bailes en un sentido u otro iban a ser lo habitual en estos pliegos del primitivo PRAMES. Los guardo con mucho cariño, la verdad. Casi hasta con ternura.

Es posible añadir otro detallito curioso: nuestro “mapa excursionista” llegaba amparado, en cierto modo, por toda esa retahíla de entidades que figuraba en su contraportada. Vale la pena reproducirla: Secretaría de Estado de Comercio, Turismo y PYME del Ministerio de Economía y Hacienda; Dirección General de Turismo del Gobierno de Aragón; Ayuntamiento de Benasque; Ayuntamiento de Chía; Ayuntamiento de Laspaúles; Ayuntamiento de Sahún; Ayuntamiento de Sesué; Ayuntamiento de Villanova; Asociación Turística del Valle de Benasque. Imagino que, más que liarse con un repaso toponímico riguroso, las citadas corporaciones pusieron la pasta y punto.

Existe al menos un versionado de esta carta, ya fuese en lote de seis junto con una topo-guía (2/6), ya en forma separada dentro de un cuadernillo verde fosforito: “Ribagorza. Mapa excursionista. Aneto-Maladetas, Llardana-Posets, Perdiguero, Gallinero”. Comparando ambas, no hay duda de que se trata de pliegos hermanos a 1:40.000 de escala. En los cuadernos de este “Pirineo aragonés. Maladetas. Excursiones y ascensiones” se indicaba que era de 1998. Por lo demás, no se apreciaban por allí variaciones toponímicas en los Tresmiles. Se ve que en la editorial sociopolítica tenían unas ideas idiomáticas bien asentadas.

En este segundo caso llaman la atención los anagramas del pliego: de la FAM, de la Mancomunidad del Alto Ésera, de Sobrarbe-Ribagorza y de Ribagorza Oriental. ¿A nadie, en estas entidades locales, le había mosqueado que, en esencia, los Tresmiles de su tierra lucieran casi todos los nombres montañeros de siempre? ¿No quedamos en que eran “invenciones y mal interpretaciones” por parte de nuestro horrendo gremio? Entonces, ¿cómo permitieron los ribagorzanos una reedición con esos topónimos tan malignos aportados por PRAMES? O, buscando por el otro lado, ¿a nadie en el Alto Ésera se le ocurrió pedir explicaciones a la referida editorial por la irrupción de un puñadito de denominaciones de nuevo corte? En fin: bien que lo sé, así es mi tierra…

Esta aproximación hacia una toponimia exótica iba a tener su segundo aldabonazo en los años noventa, con al menos una reedición en 1998. De la mano de otro pliego a 1:40.000 de escala: “Pirineo aragonés. Sobrarbe. Mapa excursionista. Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Bielsa, Broto, Fanlo, Fiscal, Gabarnía, Laspuña/A Espuña, Puértolas, Tella-Sin, Torla”. Muy significativa alguna de estas últimas denominaciones del título, ¿eh? Ignoro si la revisión de nombres también fue por obra y gracia del “Colectivo Aragón y Montañismo”. Ellos sabrán. De cualquier forma, resulta imprescindible el extracto de cotas por encima de los tres mil metros, que llegaban huérfanas del correspondiente toponimista que las garantizara. Porque, de que alguien con nombre y apellidos detalle sus razones para cambiar tan campanudamente las denominaciones cimeras de dicha carta, mejor ni hablamos, ¿no?

Aquí llega, pues, la siguiente ristra de pintoresquismos aragonesinianos. Materializados, para sorpresa de buena parte de la familia montañesa y montañera, sobre un mapa con las pegatinas de PRAMES, Sobrarbe-Ribagorza y FAM:

Cabieto Occ. 3.034 m.

Cabieto Or. 3.031 m.

Taillón/punta Negra 3.144 m.

Corral Ziego/Casco 3.007 m.

Torre de Marmorés 3.011 m.

Pics de la Cascade/punta d’as Crepazas 3.098 m.

Pico Plan de Marmorés 3.252 m.

Marmorés d’el Cul Chicot sin cota.

Marmorés del Cul Gran/Astazu 3.071 m.

Zilindro Marmorés 3.335 m.

Mon Perdito/Monte Perdido 3.355 m.

Pico Añisclo/Soum de Ramond 3.254 m.

Punta da Escaleta sin cota.

Punta d’as Solas 3.002 m.

Punta Rabadá 3.045 m.

Punta Nabarro [con b, no con v] 3.026 m.

L’Almunia/La Munia 3.134 m.

Punta Sierra Morena sin cota.

Punta Tormoseta 3.089 m.

Pico Rubiñera 3.005 m.

¿A que muchos de esos nombrecitos suenan que no veas después de haber protagonizado una verdadera apoteosis en la Lista Soro? Y resulta que, ¡oh, sorpresa!, ya estaban en circulación desde hacía, más o menos, la friolera de unos veintitantos o treinta añitos. Pues aunque no se tenga clara la secuencia exacta de cuanto sucediera entre 1990 y 1998, eso tampoco importa tanto. Lo verdaderamente significativo es que llegaron al público sin explicación alguna sobre su origen o paternidad. ¡Igual recurrieron a una guija para obtenerlos…! En especial fue muy comentado eso del “Mon Perdito”, palabreja con aires aragonesistas carente de cualquier pasado. Bien que se hubiera podido indicar: “Mon Perdito, año cero”. Un eslógan pistonudo.

Sin embargo, tengo que romper una lanza en defensa de alguno de esos topónimos que, aunque poco o nada usuales, alguna vez se habían asomado por los registros antiguos. Tampoco eran muchos: Cabieto, Marmorés y Solas. No obstante, un verdadero experto hubiese explicado las poderosas razones por las que se decantaba por tales nombres y no por los clásicos. Cambiar una denominación sobre un pliego debiera de ser un asunto serio, no una gracieta que se ejecuta al buen tun-tún, según el aire que le da a un determinado individuo. ¿O es que la cartografía aragonesa funciona a base de caprichitos personales?

Sigamos un poco más… Respecto a las dobles designaciones para el Taillón/punta Negra o el Casco/Corral Ciego, pues decir que ya estaban presentes desde hacía tiempo en el nomenclátor montañero. Y para ese Soum de Ramond/pico Añisclo del que otro día hablaremos en extenso, lo mismo.

Esta lista de Cúspides del Sobrarbe, a falta de datos (serios) por parte de PRAMES SA, no merece un análisis en profundidad. Sin embargo, no puedo evitar unos comentarios de corte humorístico, para quitarle un poco de hierro al asunto y que el personal esboce alguna sonrisa amarga. Así, al célebre escalador Ernesto Navarro le aragonesizaron su apellido por el contundente procedimiento de meterle una b. Buen modus operandi, muy respetuoso… Y el pico en honor de Jean Bazillac, por lo demás un Dosmil, lo trocaron en la “Peña d’a Brecha”, lo cual daba una pista del rigor del sistema práctico utilizado…, hasta que permutaron este por el otro nombrecito de “Picalayuala”, que les debió de gustar más. Tampoco dejaba de tener su gracia que, por lo que fuera, los ingeniosos artífices de este mapa del entorno de Ordesa se decantaran por llamar “Es Tetons” a unas cumbres cercanas a los picos de Astazu que el pirineísmo tradicional, algo más poético, bautizó en memoria de los mitológicos pastores Cástor y Pólux. Cuestión de estilo.

Este mapa del Sobrarbe, digamos de corte autóctono, parecía ser una actuación de la misma persona (o personas) que se ocupó del de la Ribagorza. A partir de esa mano misteriosa, la tarea de la futura Comisión Asesora de Toponimia de 2016-2017 andaba medio encarrilada. En cuatro mangazos y sin necesidad de justificar de nada. Se había instaurado toda una forma de ser y de operar.

Observando estos mapas pramesianos de finales del siglo XX uno queda anonadado. No se sabe qué pensar de una editorial que realiza trueques que ni el Gran Houdini. Sin brindar a su clientela la menor aclaración sobre tales nombres. Cuando la rehabilitación, o recuperación, o lo que sea que creyeron hacer, de un topónimo de los Techos de Huesca hubiera tenido que ser portada en la prensa local. O, como poco, disponer entre las páginas deportivas de un rinconcito con las explicaciones pertinentes. Máxime, teniendo a su disposición las carretadas de páginas y más páginas alegremente tiradas por PRAMES durante estos tres decenios y pico. No fue así, ni mucho menos.

Por lo demás, algo me dice que, de haber dispuesto de la documentación de archivos irrebatible junto con una serie de encuestas entre los locales, tan fiables como abundantes, lo hubieran aireado a bombo y platillo. Tales descubrimientos se hubiesen vendido muy bien en los periódicos, radios o teles. No solo en los de Aragón, sino también en los medios nacionales. Sin duda que la pequeña familia de las montañas en pleno les hubiera aplaudido. Fijo que todo el mundo.

En resumidas cuentas: entre 1990 y 1998 la editorial sociopolítica de Zaragoza había puesto sobre el tapete, limitándose a los sectores del valle de Benasque y de Ordesa, ciertos topónimos alienígenas. Alguno de ellos, antes nunca visto ni oído por quienes frecuentaban sus cotas altas. Se los encasquetaron a los compradores sin brindar el menor detalle de su autoría o las fuentes a las que se había recurrido. Sumando los de ambos decorados, contabilizaban un total de 56 nombres de Tresmiles. En realidad, fue alguno más. Solo hay que rastrear ciertas guías de estos balbuceos pramesianos, como haremos en la entrega siguiente…

¡Ay, madre! ¡A ver si va a resultar que la Lista Soro está injustamente nombrada! Igual, en espera de que comparezcan nuevos personajes por esta obrita de teatro moderno y se pueda añadir algún apellido al casting, lo más justo sería que cuanto fue aprobado hace pocos meses pasara a llamarse, por ejemplo, la Lista de la Sociedad Anónima. Pero, en fin, con la intensidad de los debates abiertos durante estas tres añadas, me da que tal apelativo seguirá unida a su gran promotor, el político de Chunta.

Paciencia, pues. Habrá que insistir en esta línea de pesquisas a lo largo de los próximos artículos. No sin desearles a los actuales gestores de PRAMES, en el más puro estilo germánico, mil años de Proyectos y Realizaciones. ¡Qué menos!: es lo que pueden necesitar, si sacan adelante dicha Sociedad Anónima, para brindar las explicaciones válidas de cuanto han hecho durante unos tres decenios con los nombres de los Tresmiles de Huesca…

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Por Alberto Martínez

Alberto Martínez Embid practica el montañismo desde que era un crío. Últimamente llama la atención su faceta divulgadora, que se podría glosar como firmante de veinticinco libros y participante en veinticuatro colectivos, sin olvidarse de sus más de mil setecientos artículos. Casi todos, de temática pirenaica. Aunque se ha hecho acreedor de tres galardones de narrativa, seis de investigación histórica y siete de periodismo, se muestra especialmente orgulloso del Premio Desnivel de Literatura de Montaña de 2005.

8 respuestas a «¿Por sus obras los conoceréis?»

ACERCA DE NUESTRO COLOSO

Pues mira por donde, hoy me han entrado ganas de tocar un poco las pelotillas. En consecuencia voy a poner una carta sobre la mesa a ver si alguien quiere jugar:

D. José de Viu y Moreu, el ilustre torlense, en su obra del año 1832 «El Pirineo» cita individualmente al coloso calcáreo como «Monte Perdido» en su aproximación por la vertiente francesa de Héas (página 121 del manuscrito* original, por supuesto).

Conclusión: Si un torlense denominaba así a la montaña no encontrada por sus vecinos de la vertiente norte, es evidente que no tenía otro nombre.

¿Alguien da más?

*Existe por ahí una chapuza desvirtuadora editada por cierta empresa que aparece citada en su soberbio texto.

Compartido en mi blog personal y expandido en los foros habituales de Ordesa y Mendiak:
https://www.facebook.com/elmacizocalcareo
https://www.ordesa.net/foro
https://www.mendiak.net/viewforum.php?f=1

Saludos cordiales.

Muchas gracias, como siempre, Eduardo. Te voy a dar más trabajo en estos meses, ya sabes: hasta el siguiente capítulo de este serial penoso…

Pues, Luis, son artículos que hubiera preferido no editar jamás.
Hace tres años que tenía sobre la mesa el grueso de los datos que ahora aireo, pero me producía un bochorno enorme darles difusión. Preferí tirar por el terreno de lo constructivo y, sencillamente, hablar del origen pirineísta de varios de los topónimos en conflicto… Es decir: que vista su aceptación en el colectivo montañero, di a la Lista Soro por extinta de forma natural. No hacía falta hacer sangre.
Pero, bien se ve por los movimientos de sus artífices durante este «verano de la pandemia», que me equivoqué en mis apreciaciones…

Enhorabuena Alberto. Sobresaliente. Pero hay algo que no me encaja. Hasta ahora las listas de Tresmiles iban con apellido. Entonces no me encaja que aqui hables de la «Lista FAM Sensata» o de la «Lista Sociedad Anónima». ¿Eso es que no te animas a poner apellidos o no?

Gracias, hermano Simio. Muy buen ojo: en efecto, no he querido poner ahí donde dices unos apellidos que, sin duda, todo el mundillo montañero tiene en mente. De hecho, estoy minimizando el empleo de nombres propios, limitándome a los implicados en la Comisión Asesora de Toponimia, dado que son los «protas» de esta película, y los estrictamente necesarios por su papel, digamos, técnico dentro de esta historia. No es preciso extenderse más…

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