Blog de
Alberto Martínez

¿Los mapas de “sus” montañas?

Como tenemos pendiente un viaje entretenido por la nomenclatura de nuestros Tresmiles, arrancaré con una anécdota rápida. Que nos espera alguna sorpresilla político-toponímica en esta décima entrega del serial sobre la Lista Soro. Pero, antes de eso, esbocemos una sonrisa…

Hay lugares en el Pirineo donde prácticamente cada hijo de vecino utiliza su propia denominación para las montañas circundantes. Lo pude comprobar hace dos o tres años en cierto valle donde dejé aparcado el coche. Más en concreto, en la cuneta de una pista donde el Dosmil que quería subir quedaba justo sobre mi cabeza. No di demasiada importancia a unos troncos enormes que se apilaban al lado del vehículo.

Cuando regresé horas después, vi que junto a aquel depósito de madera habían montado una serrería al aire libre. Sus dos operarios me acogieron con un comentario simpático sobre si “había llegado justo a tiempo, pues ya les tocaba cortar en lonchas mi automóvil”… Como resultaron muy sociables y parecían con ganas de charla, me quedé un rato con ellos. Incluso hice unas fotos de recuerdo que luego les envié por Internet.

Mis interlocutores habían nacido en aquel valle, lo mismo que sus padres y abuelos. Me señalaron con el dedo sus casonas de piedra musgosa, que quedaban casi al lado. Desde algunas ventanas de aquellas viviendas se veía sin problemas la montaña de marras. Uno de ellos, el de mi edad, era cazador, y el otro, un vecino más joven, le arreaba al BTT. Ambos habían visitado varias veces la cima de la que yo bajaba. Les pregunté entonces por su nombre: el uno me dijo que A; el otro que B. Sin pestañear ante sus flagrantes contradicciones, sin plantear el mínimo esbozo de discusión entre ellos. Con total naturalidad: dos montañeses, dos designaciones. A mí tampoco me extrañó: así funcionan estos asuntos en la cordillera pirenaica. Sin esas controversias que, al parecer, solo interesan en las Tierras Llanas.

¡Caray!, tenemos que sumergirnos para un nuevo repaso, lo más amistoso y objetivo posible, de esa serie de “Proyectos y Realizaciones” que tuvo lugar hace unas 18 añadas. A resultas, o a la par (que ellos sabrán), de que se materializase ante nosotros, los torpes seres del gremio montaraz, una exótica colección de 87 topónimos tresmileros por gentileza de El Periódico de Aragón. Una Sociedad Anónima con sede en Zaragoza los había recreado a través de cuatro mapas tirados en 2002. En plan desenfadado y coleguil se le podría designar como la Lista Casaus. Porque de alguna manera hay que llamarla, lo mismo que tuvo que hacerse con esas puntas secundarias del Pirineo que solo interesaban a los escaladores, ¿no?

En nuestro emporio empresarial, instalado ya en el camino de los Molinos, marchaban por aquel entonces como motos. Así, para celebrar a su modo el Año Internacional de las Montañas, se arrejuntaron con la Federación Aragonesa de Montañismo (¿tanto monta, monta tanto?) con el fin de sacar adelante otro pliego, esta vez a 1:200.000 de escala. Desde algún estamento montañero se le denominó enseguida Mapa Casaus en alusión al responsable de su “corrección toponímica”. Que como tal figuraba el zaragozano por dicho desplegable.

En realidad, aquel engendro FAM-PRAMES no era sino un panfleto auto promocional que llegó a nosotros con un título más pomposo: “O nombre d’as nuestras tucas-El nombre de nuestros picos”. Seguido de las traducciones del eslógan al catalán, occitano, vasco, francés e inglés. Lo cual estaba muy bien, salvo por una pega: les faltaba el esperanto, puestos a buscar la universalidad de sus mantras. Que lleguen incluso al Dalai-Lama.

La iniciativa publicitaria en favor de las toscas aragonesizaciones en la toponimia pramesiana debió de salirles por una pasta gansa, pues aquella carta grandota y en colorines volvería a editarse en 2008. Pero no hay duda de que en nuestra Sociedad Anónima la consideraban como un instrumento propagandístico de vital importancia. Un escaparate del Pirineo Imaginario que estaban tratando de fabricar en nuestras propias narices.

¡Hala! Rebusquemos entre sus curvas de nivel para extraer los 64 Tresmiles de esa especie de trabajo resumido. Donde, creo yo, no nos empapuzaron los 23 restantes topónimos de la Lista Casaus por la falta de espacio:

[1] Pico dera Frondella 3.049 m.

[2] Punta Barrada 3.058 m.

[3] Pico os Moros (Balaitús) 3.146 m.

[4] Pico Bachimaña (Gran Faxa) 3.005.

[5] Punta Garmo Blanco de Pondiellos 3.075 m.

[6] Punta Garmo Blanco 3.083 m.

[7] Pico deros Arnals (Arnales) 3.002 m.

[8] Punta Garmo Negro 3.066 m.

[9] Señal dera Estibiecha 3.028 m.

[10] Pico de Algás 3.033 m.

[11] Pico deras Argualas 3.046 m.

[12] Punta dero Clot dera Fuen 3.289 m.

[13] Punta Comachibosa (Vignemale) 3.299 m.

[14] Punta os Musarez (Pic Central) 3.235 m.

[15] Pico Monferrato 3.219 m.

[16] Punta Tapón Gran 3.151 m.

[17] Garmo dera Blanquera (Pic du Milieu) 3.131 m.

[18] Cabietos (Gabietos) 3.036 m.

[19] Punta Negra (Le Taillón) 3.146 m.

[20] Punta Corral Ziego (El Casco) 3.012 m.

[21] Punta Faixón (La Torre) 3.015 m.

[22] Pico Plan de Marmorés 3.252 m.

[23] Punta Tres Serols (Monte Perdido) 3.348 m.

[24] Zilindro Marmorés (Cilindro de Marboré) 3.325 m.

[25] Pico Añisclo (Soum de Ramond) 3.259 m.

[26] Punta deras Solas (Pico las Olas) 3.022 m.

[27] Marmorés d’el Cul (Astazus) 3.071 m.

[28] Rubiñera 3.005 m.

[29] L’Almunia Gran (La Munia) 3.134 m.

[30] L’Almunia Chica 3.099 m.

[31] Punta Tormoseta (Pic de Troumouse) 3.089 m.

[32] Pico Batoba 3.032 m.

[33] Punta Culfreda 3.031 m.

[34] Punta la Pez 3.019 m.

[35] Punta l’Abella (Pic de l’Abeille) 3.030 m.

[36] Punta l’Ibón Chico 3.054 m.

[37] Punta Bachimala (Pico Schrader) 3.174 m.

[38] Punta las Mardaneras-Gemelo Norte 3.134 m.

[39] Gemelo Sur 3.176 m.

[40] Tuca Llardana (Posets) 3.368 m.

[41] Llardaneta 3.325 m.

[42] Les Espades 3.332 m.

[43] Tuca de la Forqueta 3.011 m.

[44] Tuca de Posets-Bardamina 3.068 m.

[45] Tuca de la Paúl 3.083 m.

[46] Tuca de Clarabide 3.009 m.

[47] Tuca de O (Gías) 3.002 m.

[48] Tuca de Gorgues Blanques 3.114 m.

[49] Tuca d’el Puerto de O 3.048 m.

[50] Tuca Sellán de la Baca 3.088 m.

[51] Tuca del Portillón de Molsero (Oô) 3.029 m.

[52] Tuca Perdiguero 3.203 m.

[53] Pico Royo de Lliterola 3.115 m.

[54] Punta Lliterola 3.115 m.

[55] Tuca de Crabiules 3.116 m.

[56] Tuca el Cabo es Arenals 3.045 m.

[57] Tuca de Malpás (pic de Maupas) 3.096 m.

[58] Tuca d’el Bom (Pic de Boum) 3.006 m.

[59] Tuca de la Maladeta 3.308 m.

[60] Aneto 3.404 m.

[61] Tuca del Cap de la Vall 3.205.

[62] Tuca Cullebres 3.051 m.

[63] Tuca Ballibierna 3.056 m.

[64] Tuca Mulleres 3.006 m.

Apenas nos detendremos por estos andurriales sino para mostrar algún detalle chocante. Como la prodigiosa desaparición de los picos del Infierno. ¡Zas-zas, atrás Satanás! Intenciones exorcistas aparte, se trataba de un nombre que, como explicó Henry Russell en 1866, era un apodo local. Por no hablar de la risa que provocaba la tonta adaptación del “Monferrato”, muy similar a la de ese Clot de la Hount que ahora sería “de la Fuen”. O la de cierto “Abella” que inicialmente fuera Abeillé. También chirriaba lo suyo que en su estudio toponímico de 1927 por el Alto Ara, un vicerrector de la Universidad de Zaragoza como Pascual Galindo no hallase ni rastro de «Blanquera» alguna… ¿Pero es que estos chicos tan inquietos habían vuelto a tirar de guija? Aunque, ¡caramba!, las almas en pena del Más Allá a las que quizás recurrían para obtener sus topo-chachis aún no se habían enterado de la existencia de tucas como las del “Estraperlo” o la de la “Crus”.

De esta forma tan original disponíamos desde 2002 de lo que cualquier observador riguroso hubiera podido definir como el gran monumento a la fantasía de un individuo. Con un censo de Tresmiles que, asomándose desde el correspondiente mapa, parecía llegar envuelto en una Señal de Aragón. Al parecer, una bandera exclusivamente suya. Y aquello no era sino el habitual cargamento de topónimos enrarecidos, huérfano de cualquier explicación. Una iniciativa desafortunada de la Sociedad Anónima PRAMES que muchos montañeros vieron como una especie de ascenso del politiqueo hasta los decorados de alta cota. Así, bastantes colegas dieron la espalda a sus pretensiones de hacernos tragar “o nombre d’as nuestras tucas”. Las suyas, vamos. Porque el jactancioso titulito del pliego sobraba. ¡Ay, la vanidad, qué mala es…!

Uno no deja de preguntarse qué tipo de persona puede arrogarse, en el terreno de la crónica pirenaica, con el derecho a elegir según sus gustos, para luego soñar con imponer sus nombres a los colectivos montañés y montañero. O la clase de elementos que, seguidamente, favorecen y aplauden unas iniciativas tan discutibles como arbitrarias. No consigo sintonizar con sus mentes, hay mal karma.

Ante semejante cúmulo de insensateces, alguna protesta oficial se alzó desde el estamento montañero. Al menos en su edición de 2008, el presidente de cierto club zaragozano con mucha solera se quejó por carta ante su homólogo en la Federación Aragonesa de Montañismo. Desde allí se limitaron a observar que ya se había publicado previamente el controvertido mapa. Y listo. Aquella joyita ideologizada originó, de hecho, un tímido intento de conformar desde las asociaciones deportivas regionales una comisión pluridisciplinar de toponimia. Que no llegó a buen puerto. Raro, ¿verdad?

Sin el menor ánimo de abordar aquí una historiografía de PRAMES SA rebuscando entre sus prolíficos manuales, avanzaremos por sus más destacadas “Realizaciones” cartográficas rumbo a 2009. Que es cuando dicha editorial comenzó a tirar varios mapas que iban a resultar esenciales en el devenir toponímico de los Tresmiles de Huesca. Aunque en aquellos momentos nadie se percatara de que llegaban a nosotros con la indisimulada vocación de alcanzar la Inmortalidad. O casi.

La tanda de pliegos Top-25 abandonó los tonos verdosos habituales hasta entonces, para situar sus cotas de nivel en un escenario tirando a marroncete. Por añadidura, también eliminaron los denostados “itinerarios con pasitos” del pliego del Monte Perdido del año 2000, sustituyéndolos por otros trazos más convencionales. El resultado visual era bastante agradable a la vista.

Pero, ¡leñe!, los revisores que rondaban por aquella Sociedad Anónima no iban a cambiar sus costumbres tan fácilmente. Aunque ahora prefiriesen el anonimato y una mayor discreción. Estos “mapas excursionistas” a 1:25.000 de escala se conocerían en medios montañeros como los Naranjitos, dado que se vendían dentro de un cuadernillo con las tapetas en dicho color. Sin embargo, en ningún lugar de aquellas páginas, ni tampoco de sus correspondientes cartas, identificaron al responsable de su nomenclatura. ¿Acaso se encargaron de sacar adelante aquellos extraños nombrecitos entre la Princesa Culibillas, la Mora del ibón de Plan y las Encantadoras de los Boums? Dados los antecedentes, todo el mundo tuvo en la cabeza a ciertos amateurs de la toponimia nacidos no en el corazón del Pirineo, sino en la orilla del Ebro…

En PRAMES SA no pensaban reducir aquí sus empentones idiomáticos. De hecho, creo que a pocos extrañó que siguiesen insistiendo en dicha difusión desde otro lote de originalidades que constituían ya la marca de la casa. Ahora, mediante los cinco Naranjitos que englobaban cimas de más de 3.000 metros de altitud, ofrecidos al público entre 2008 y 2015. Coincidiendo, en esta última añada, ¡muy oportuno!, con la llegada a la entonces Consejería de Fomento, Vivienda, Ordenación del Territorio y Turismo de cierto político “nacionalista y socialdemócrata”. Justo un añito antes de que ese mismo personaje, José Luis Soro, pusiera en marcha la Comisión Asesora que tanto debate encendido iba a provocar.

Vamos a ponernos cómodos en el mejor sillón de casa. Casi recomendaría que con una cañita de cerveza con limón y un platito de avellanas a mano. Respiremos hondo y disfrutemos de este nuevo listado que prácticamente anunciaba, lo mismo que los profetas del Antiguo Testamento, el advenimiento de la Era Soro. Una suerte de legado a la Humanidad de esos revisores de PRAMES SA, pronto convertidos en expertos, que estaban a punto de ascender, ¡lo que son las cosas!, hacia las mismas alturas del Olimpo autonómico. Me he tomado la libertad de extractar los nombrecitos que fueron endosando en plan “porque yo lo valgo”, para disponerlos aquí de este a oeste. Que no se os atraganten los frutos secos, amigos:

“Valle de Tena” (2013):

[1, 2] Picos dera Frondella 3.004 y 3.049 m.

[3] Aguja Cadier/punta Barrada 3.058 m.

[4] Balaitús/pico Moros 3.146 m.

[5] Gran Faixa/pico Bachimaña 3.005 m.

[6, 7, 8] Picos de l’Infierno/Quijada de Pondiellos 3.075, 3.083 y 3.079 m.

[9] Pico deros Arnals 3.002 m.

[10] Punta Garmo Negro de Pondiellos 3.066 m.

[11] Pico d’Algás 3.033 m.

[12] Pico deras Argualas 3.046 m.

“Ordesa y Monte Perdido I” (2015):

[13] Comachibosa/Vignemale 3.299 m.

[14] Punta dero Clot dera Fuen/Pic du Clot de la Hount 3.291 m.

[15] Punta Zerbillonar/pic de Cerbillona 3.248 m.

[16] Punta Biñamala/pic Central 3.227 m.

[17] Pico Monferrato/Montferrat 3.217 m.

[18] Tapón Gran/Grand pic de Tapou 3.151 m.

[19] Pic du Milieu 3.128 m.

[20] Cabieto S 3.035 m.

[21] Cabieto Norte 3.031 m.

[22] Punta Negra/Taillón 3.144 m.

[23] Corral Ziego/Casco 3.011 m.

[24] La Torre/punta Faixón 3.012 m.

[25] Peña Portiella 3.073 m.

[26] Pico dera Ula 3.098 m.

[27] Picos de la Cascada 3.111 m.

[28] Punta deras Crepas 3.161 m.

[29] Pico Marboré/pico Plan de Marmorés 3.251 m.

[30] Picos de Astazu/Marmorés d’el Cul Chicot 3.013 m.

[31] Marmorés d’el Cul Gran/Astazu 3.071 m.

[32] Cilindro de Marboré/el Mallo Marmorés 3.325 m.

[33] El Dedo 3.185 m.

[34] Monte Perdido/Mon Perdito 3.348 m.

[35] Pico Añisclo/Soum de Ramond 3.257 m.

[36] Punta las Olas/punta deras Solas 3.022 m.

[37] La Repunta las Neberas/P. Esparrets 3.078 m.

[38] P. Tormosa/Rabadá/Baudrimont NW 3.048 m.

[39] P. Tormosa/Navarro/Baudrimont SW 3.023 m.

“Ordesa y Monte Perdido II” (2015):

[40] L’Almunia Gran/La Munia 3.132 m.

[41] L’Almunia Chica 3.094 m.

[42] Punta Tormoseta 3.083 m.

[43] Pico Robiñera 3.005 m.        

“Posets/Llardana” (2009):

[44, 45, 46] Culfredas o Batouas 3.034, 3.031 y 3.033 m.

[47] Punta el Puerto la Pez 3.022 m.

[48] Punta l’Abella 3.025 m.

[49] Punta l’Ibón Chico 3.051 m.

[50] Bachimala Chicot 3.052 m.

[51] Punta l’Ibón Gran 3.096 m.

[52] Punta Ledormeur 3.107 m.

[53] Punta Bachimala 3.176 m.

[54] Punta Sabre 3.134 m.

[55] La Montañeta o Gemelo Norte 3.134 m.

[56] Gemelo Sur 3.176 m.

[57] Tuca de Bardamina 3.068 m.

[58] Tuca de la Paúl 3.083 m.

[59] Tuca de la Collada 3.081 m.

[60] Tucón de la Canal o Dien de la Llardana 3.094 m.

[61] Tuca d’el Forau de la Neu 3.079 m.

[62] Tuca Llardana o Posets 3.369 m.

[63] Tuqueta Roya 3.273 m.

[64] Les Espades o Llardaneta 3.332 m.

[65] Tucón Royo o Pavots 3.124 m.

[66] Dien Royo sin cota.

[67] Tuca la Forqueta 3.011 m.

[68] Eriste N 3.031 m.

[69] Tuca de Bagüeñola o Eriste 3.056 m.

[70] Eriste S 3.041 m.

[71] Tuca Clarabide 3.019 m.

[72] Pico Clarabide Or. 3.017 m.

[73] Tuca de O/pico de Gías 3.013 m.

[74] Punta [¿Lourde-?] Rochebrave 3.105 m.

[75] Tuca Gourgs Blanques 3.128 m.

[76] Pico Jean Arlaud 3.064 m.

[77] Pic Audoubert 3.044 m.

“Aneto-Maladeta” (2009):

[78] Cap de la Baca 3.097 m.

[79] Tuca d’el Sellán 3.104 m.

[80] Sellán de la Baca 3.108 m.

[81] Tuca d’el Portillón de O 3.044 m.

[82] Perdiguero 3.219 m.

[83] Fita de Perdiguero 3.171 m.

[84] Tuca Lliterola 3.097 m.

[85] Pico Royo 3.122 m.

[86] Punta Lliterola 3.133 m.

[87] Pico de Crabioules Oc. 3.102.

[88] Pico de Crabioules Or. 3.107 m.

[89] Tusse de Remuñe 3.038 m.

[90] Pico de Malpás 3.111 m.

[91] Pico d’el Boum 3.005 m.

[92] Tuca d’Alba 3.107 m.

[93] Diente 3.120 m.

[94] Muela 3.111 m.

[95] Morrón de Cregüeña o de las Maladetas 3.146 m.

[96] Punta Delmás 3.158 m.

[97] Maladeta Occidental 3.211 m.

[98] Pico Cordier 3.263 m.

[99] Pico de la Rimaya 3.256 m.

[100] Tuca de la Maladeta 3.308 m.

[101] Pico Abadías 3.271 m.

[102] Pico Maldito 3.350 m.

[103] Tuca d’el Medio 3.340 m.

[104] Pico de Corones 3.298 m.

[105] Tuca del Collado de Corones 3.278 m.

[106] Aneto 3.404 m.

[107] Espalda de Aneto 3.338 m.

[108] Tempestades o Tuca Gran de Llosás 3.278 m.

[109] Agulles d’Ixalenques/Salenques 3.145 y 3.110 m.

[110] Margalida o Tuca d’el Cabo Barrancs 3.239 m.

[111] Russell o Tuca del Cap de la Vall 3.205 m.

[112] Punta Russell Oriental 3.042 m.

[113] Ag. Argarot 3.027 m.

[114] Ag. Tchihatcheff 3.031 m.

[115] Ag. Franqueville 3.046 m.

[116] Tuca d’Aragüells 3.044 m.

[117] Ag. Juncadella 3.005 m.

[118] Ag. Cregüeña 3.039 m.

[119] Ag. Haurillón [con tilde] 3.081 m.

[120] Tuca Culebres 3.051 m.

[121] Tuca de Ballibierna 3.056 m.

[122] Tuca de Mulleres 3.013 m.

Si alguien dispone de tiempo y sigue con cerveza fría en su jarrote, recomiendo que compare entre sí los diversos topónimos surgidos desde las profundidades abisales pramesianas. Sobre todo, fijándose en las recientes irrupciones por el Macizo Calcáreo de “Ulas”, “Crepas”, “Mallos Marmorés”, “Repuntas Neberas” y “Tormosas”. Luego, ya puestos, que pase a la Lista Soro para completar el panorama. Puro despiporre.

Desde aquel quinteto de Naranjitos se daban unos bandazos memorables. Por ejemplo, tomando un sector de Maladeta-Aneto…, que ya no era de “Maladetas”, como hasta entonces. Donde se añadía que el antes “Morrón de las Maladetas” ahora se llamaba también “Morrón de Cregüeña”. Un trabajo poco provechoso, pues será difícil que se deje de hablar del pico de Le Bondidier, el Último Tresmil. Todo un hito en nuestro gremio montañero desde 1921.

Sin embargo, ¿a nadie mosqueaba que de repente desapareciera uno de sus Techos benasqueses, la “tuca d’es Arenals”? ¿Acaso la habían borrado del mapa los extraterrestres de Cregüeña con sus pistolas desintegradoras? Pues ahora había vuelto al redil de la Lista Buyse como Tusse de Remuñé… Para reaparecer, cuan Garona de las montañas divisorias, desde la Lista Soro de 2017, otra vez como los “Arenals”. ¿Y esa gente nos metía en todos aquellos pantanos para marear o por puro desbarajuste? Llegados a este punto, hay que romper una lanza en favor de los partidarios (¿aragonesianos?) de unos cambiazos que se producían, sin saber por qué caprichoso motivo, en listados supuestamente autóctonos. Verdaderamente, tenían que volver locos a sus pobrecitos defensores.

No me resisto a dejar por aquí otros añadidos humorísticos. Porque se diría que nuestros anónimos revisores no tenían la menor idea de que ciertos topónimos como el Diente o la Muela de Alba, junto con el pico de las Tempestades, fueron bautizados por Henry Russell durante el último tercio del siglo XIX. No eran nombres de procedencia montañesa, sino montañera. Pero esas denominaciones clásicas incluso pasaron con éxito el corte de la Lista Soro, previo proceso alquímico de aragonesización. Vamos, que con un diccionario básico de fabla se hicieron ribagorzanos puros en un plis-plas.

Como hemos avanzado, la editorial del camino de los Molinos se volvió más críptica que nunca a partir de 2009. Ya no informaba en sus Naranjitos, ni en cartas ni en cuadernillos, del responsable de sus correcciones idiomáticas. Una verdadera lástima: esa falta de transparencia nos priva hoy de ponerle apellido a otro listado de Tresmiles oscenses… ¿Como Lista Naranjita quedaría guay? Sin embargo, dentro del librillo de “Ordesa y Monte Perdido. I Ordesa-Monte Perdido/II Añisclo-Pineta” (2015), sí que se animaron a plantear sus conocidas opiniones “sobre toponimia”, aunque fuese sin firma (ni tampoco razón alguna) a la vista:

“Tradicionalmente el Pirineo aragonés ha sido cartografiado por gentes foráneas que desconocían la toponimia o la fonética de la lengua aragonesa. Por eso ha habido multitud de errores en las transcripciones realizadas en los mapas y que se han arrastrado de uno a otro. Por filosofía editorial y a petición de los ayuntamientos de la zona, hemos empleado el auténtico nombre local, junto al topónimo que la cartografía ha inventado o mal interpretado. Aquí reflejamos una pequeña muestra de las correcciones toponímicas que aparecen en el mapa y que responden a la triple faceta de recuperación cultural, rectificación de errores y al deseo expreso de los moradores de estas tierras”.

Las monsergas de siempre. Que lo mismo hubieran podido proclamar, ante la falta de datos técnicos esgrimida, que el nombre de los Techos de Huesca se obtuvo mediante sicofonías en las que se convocó a unos espíritus de montañeses neolíticos. Puestos a echarle imaginación a la cosa, se hace a lo grande. Esperemos que, en adelante, los nuevos chicos de PRAMES o faciliten pruebas en extenso de lo que proclaman con entusiasmo, o eliminen esos párrafos lacrimógenos de todas sus “Realizaciones”. Que siempre está uno a tiempo de rectificar. Más aún, cuando ha habido cambios en el equipo.

Sería tan largo como aburrido el análisis detallado de los apelativos surgidos en todos aquellos listados pramesianos. Porque sus silenciosos artífices no quisieron informarnos sobre, pongamos, si los célebres marcianitos de la base secreta de OVNIS que, según dice algún libro de mitos pululan por el fondo del gran ibón, fueron quienes añadieron las nuevas piezas a su puzle toponímico. No suele ser lo habitual: como reconociera el estudioso Jesús Martín de las Pueblas Rodríguez a tenor de sus trabajos ribagorzanos acometidos entre 1994 y 2002, tras una recolecta importante de nombres sobre el terreno, no aparece nada significativo con el paso de los años. Lógico: los informantes de mayor edad suelen fallecer… Salvo en este caso milagroso de una Sociedad Anónima PRAMES que, tanda tras tanda, iba engrosando unas aportaciones que parecían no tener final. Lo mismo que sucedería con su presunta sucesora, la Lista Soro.

Hablando del Rey de Roma: ¿a nadie extraña que ni siquiera los pramesianos de 2009-2015 hubieran oído hablar de los topónimos más delirantes del Proyecto Tresmiles de 2017? Ya se sabe: la “tuca de l’Estraperlo”, la “tuca de la Crus”, el “Cap de la Tartereta”, la “agulla de la Solaneta”… Ni siquiera de mi favorita, esa “Maladeta de Corones” de nombrecito tan resultón. Y, sin salir de valle, ¿alguien sabe qué pasó con lo del trueque trabalenguas “del Mir al Mur”? Cuentan por Benasque que pudo deberse a que alguien entregó a la Comisión Asesora un amplio dossier sobre el tema, acaso la única alegación que por aquellos barrios se recibiera. Que la referida asamblea de eruditos dio por buena en 2017, tan ricamente. Sin embargo, nada se sabía de este Neo-Tresmil, el ahora “pico Mur”, en la Ribagorza Imaginaria de 2009.

Cambiemos ya de tercio, pues andar tras las meteduras de pata de unos mocetes tan dinámicos, aunque inicialmente divierte, con el tiempo comienza a parecer un pelín sádico. Incluso huele un poquillo a necrofilia. Y no es el caso, dado que uno sueña que sus políticos, instituciones y, sobre todo, sabios regionales nos hacen quedar bien ante la Aldea Global. Sin protagonizar bochornos a nivel internacional, como me temo que está siendo el caso. No olvidemos que muchas Cúspides son compartidas con otra nación, donde alucinan en colorines con esas habilidades autonómicas en el terreno de la investigación histórico-lingüística. Palabra.

Existe un apéndice curioso de estas batallitas que bien pudiera titularse: “Poderoso caballero es don dinero”. Que es lo que algún malpensado supondría si estudiara otras creaciones relacionadas con los Naranjitos. Como esa serie sobre recorridos en torno a los refugios de la FAM. Así, en 2010 se editó un plano a 1:25.000 de escala y en plegado cuadrado que promovía cierta “Travesía alrededor del Monte Perdido”. Esta vez, en bilingüe sorprendente: ¡español-francés! Y donde el apellido Casaus no aparecía por ningún lugar… Aunque allí nada decían de su extraña actitud en cuanto a toponimia, la sombra del futuro Hombre de Soro se intuía: en efecto, los nombres de estilo autóctono de los Tresmiles seguían presentes, aunque se conservara el grueso de las denominaciones clásicas. Imagino que querían tomar al asalto el mercado gabacho

Pero no perdamos el hilo del argumento principal. Así, podría suponerse que la base de la Lista Soro quedó prácticamente esbozada entre 2009 y 2015. Tras un proceso que acaso arrancó hacia 1990-1998 y que se aceleró de un modo galopante desde 2002. Con un responsable evidente y, quizás, varios colaboradores necesarios en la cúpula de la Sociedad Anónima PRAMES. Todos a una pusieron sobre el tapete los 122 Tresmiles de sus montañas. Las de Casaus & Friends, se podría decir.

Todo el pescado parecía vendido justo antes de que la Federación Aragonesa de Montañismo, cuyo papel en este proceso resulta de lo más nebuloso, pidiese ayuda a los “nacionalistas socialdemócratas” del Consejero de Fomento, Vivienda, Ordenación del Territorio y Turismo. Como poco, hacía falta ser canelo. Aunque, dado el historial federativo de tragar con lo que llegase desde la editorial maña y justificar de modo indirecto unos nombrecitos que jamás se explicaron…

Lo dicho: el trabajo toponímico andaba casi listo en 2017, a falta de unos retoquitos creativos. Sobre todo, en la zona de Benasque, donde cierto experto local (¡¿en Tresmiles?!) parecía dispuesto a desmelenarse a base de bien. Tras la famosa “petición de socorro” de la FAM, no se sabe si algo tontita o del todo cómplice, la Chunta Aragonesista quiso hacer suya la mercancía que tan gentilmente le ofrecían. Imagino que por ver si arañaban unos votitos de aquí y allá, que para eso están las estrategias victimistas. ¡Que llegan los foráneos…! Aunque tampoco me extrañaría que desde dicha formación (perfectamente respetable) hicieran un seguimiento desde antiguo (perfectamente legal) de cuanto se iba cociendo por la olla de PRAMES.

Un parto de los montes se entiende como la llegada de algo “insignificante y ridículo” cuando se había anunciado como “grande e importante”. Que es lo que estaba a punto de montarse a partir de una Comisión Asesora de Toponimia que, por lo que dijeron en los Medios, reorganizaría a las mil maravillas el nomenclátor de los mapas oficiales de Aragón. Con todas las complicidades del mundo, a tenor de las instituciones que aportaron a sus expertos, o lo que fuesen. Todo estaba listo para que se alzara el telón.

Flota en el aire cierto asunto de índole moral: uno se pregunta si una empresa con tantos intereses en juego como PRAMES podía ver con buenos ojos que se convocase para el Proyecto Tresmiles a uno de sus empleados, autor de revisiones análogas para dicha Sociedad Anónima desde tiempos atrás. Acaso con la inclusión de Chesús Casaus Parrilla en la Comisión Asesora de Toponimia, esta quedaba bastante tocada desde el punto de vista ético. Por no hablar del juego que hubieran podido brindar en su seno otros colegas de las huestes pramesianas, como alguna vez fueron Pascual Miguel Ballestín o Francho Beltrán Audera. No sé si en una democracia asentada este hecho, más o menos oculto durante cinco años, hubiese pasado los trámites de una verdadera comisión de transparencia. O la auditoría de un examen del Parlamento autónomo. Aunque, a la vista de lo que estamos viviendo estos días a nivel nacional con lo del “comité de expertos del coronavirus”…

Como quiera que fuese, todo apunta a que desde hacía cinco añadas estaban prácticamente cocidos los ladrillos para la fabricación y montaje de la Lista Soro. Desde donde, seguidamente, tratarían de imponernos unos nombres tan pintorescos como inexplicables. Por cuenta de unas leyes autonómicas que han demostrado su funcionalidad real: quienes tienen los votos o son imprescindibles para gobernar, hacen y deshacen a su antojo. Luego ya saldrán como setas los palmeros capta-subvenciones o los abducidos por los mensajes victimistas. Sin ningún problema.

Una cosa es que alguna vez le tomen a uno el pelo cuando pregunta a un montañés por el nombre de una montaña. Puede ser socarronería o confusión toponímica, que de todo hay. Otra muy diferente que desde las instituciones autonómicas se rían de uno a la cara. Aunque igual resulta que también a ellos les han engañado…

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Por Alberto Martínez

Alberto Martínez Embid practica el montañismo desde que era un crío. Últimamente llama la atención su faceta divulgadora, que se podría glosar como firmante de veinticinco libros y participante en veinticuatro colectivos, sin olvidarse de sus más de mil setecientos artículos. Casi todos, de temática pirenaica. Aunque se ha hecho acreedor de tres galardones de narrativa, seis de investigación histórica y siete de periodismo, se muestra especialmente orgulloso del Premio Desnivel de Literatura de Montaña de 2005.

13 respuestas a «¿Los mapas de “sus” montañas?»

Lo triste es el devenir de una buena idea, Prames, que se ha transformado en un bunker opaco con extrañas pretensiones. Ya no me gusto nada lo de Buyse, que también parecía inicialmente una buena idea, pero, de verdad, no nos merecíamos esta catástrofe toponimista.

Me sumo a tu comentario al cien por cien, José. La Lista Buyse, a la que tanto debe el turismo pirenaico de montaña, fue una idea excelente con un remate que dejaba que desear en varios nombres puntuales. Creo que ya he dicho que ese listado se arreglaba en una tarde, sustituyendo los nombres personalistas por otros geográficos, previa consulta en los Ayuntamientos y tiempo holgado de «exposición pública» sin imposiciones, a título de sugerencia… Todo parece apuntar a que PRAMES hizo lo mismo, en diversas tandas, con tintes políticos evidentes y opacidad completa, desde luego. Con la agravante de que luego se ha pretendido una imposición de un versionado ampliado. ¿El resultado?: la Lista Buyse, con todas sus imperfecciones, perdurará… La Lista Casaus y la Lista Soro se irán por el sumidero, eso seguro. Lo mismo que pasó con el mallo de Francisco Franco en Riglos, por cierto…

Por fin ponemos el dedo en la llaga, Alberto.
Has documentado de un modo rotundo el origen, nacimiento y evolución de la lista Casaus, hasta mudarse en lista Soro. Esperemos que en un futuro se pueda documentar su defunción.
Desde luego que las fechas que señalas no son hitos inocentes en el devenir de este penoso asunto: 1990 es el año en que se publica la primera edición del libro de Buyse «Los Tresmiles del Pirineo». Está más que claro de donde nace esta carrera toponímica y quienes son los autores materiales y ayudantes necesarios de ella.
El autor de esta simpleza ha querido poner a los montañeses al mismo nivel que los montañeros en el conocimiento de las altas cotas del pirineo: ayer 87 nombres, hoy 120, luego 160… mañana ya veremos… Según alguien vaya señalando algo irán saliendo nuevos topónimos del terruño. ¿No se dan cuenta que están haciendo el ridículo?

Ha costado un tocharraco, que no quería divulgar por pura vergüenza, pero por ahí parecen ir estas, en realidad, conjeturas. Apoyadas en hechos, o mejor dicho, en publicaciones… Bien que lo intuyeron desde antiguo quienes, como tú mismo, llevan largos años estudiando este tema. Que a los aragoneses debiera de provocar un bochorno inmenso. Tan grande, tan grande, como la «Maladeta de Corones», desde luego…

Oye Alberto que lo he mirado. Resulta que el ultimo mapa TOP25 que he comprado no hay ni cuadernillo ni mapa con revisor toponímico ni con la monserga esa del «Tradicionalmente». Es el de los Mallos de Riglos del año pasado. Eso es que los marcianitos de Cregueña se han vuelto a Marte.

Pues loado sea el «Criador», que eso significaría que alguien, tras ver un resplandor en el cielo, se ha caído del burro cuando iba camino de Damasco… No, fuera de explicaciones bíblicas: ya, ya lo había visto, Makako, que también tengo ese pliego de «Reino de los Mallos. Sierras de Loarre, Caballera y Gratal», me los compro todos… Y aunque en el mapa hay alguna «cosilla pintoresca» en cuanto a temas idiomáticos, aunque no conozco a fondo la zona, tampoco me parece terrible lo visto. Por ejemplo, en la zona de Riglos ha habido como una suerte de compromiso entre lo autóctono-turístico que, salvo a los fanáticos de ambos extremos, no disgustará gran cosa. Algo es algo.

Aunque pienso que tu mensaje no es para mí, Luis, he de darte la razón hasta cierto punto: por un tiempo, los «revisores» o «expertos» (o lo que sea) de PRAMES estarán más tranquilitos… Me extrañaría mucho que repitiesen su «manifiesto sociopolítico» de este mes de septiembre pasado. Pero hasta que no se les haga una verdadera auditoría a las cuitas toponímicas que han plasmado por todos-todos-todos sus mapas desde 1990, el daño no habrá sido evaluado del todo… Que, con tranquilidad y ante taquígrafos, deberían explicar de dónde has sacado lo que han metido en sus producciones, vamos… Entre tanto, temo que su prestigio ha quedado por el barro. Y ya lo siento, no te creas…

Fantastico alberto. Lo tenias que haber troceado en varias entregas pero gustará igual. Pones luz en medio de la oscuridad. A ver si ahora todos tus «quizá» y «acaso» se vean completados por otros testimonios. Entonces sabremos lo que de verdad ha pasado por Prames durante sus treinta años. Pero no se si saldrán a la luz los «marcianitos toponimistas de Cregüeña». Sigue así.

Bueno, Makako, son solo unas conjeturas construidas a partir de las obras pramesianas. No es un texto histórico en sentido estricto. Pero, a falta de nada mejor, creo sinceramente que los tiros fueron por ahí. Más o menos, que seguro que en algún dato tontito he resbalado. En cuanto a la presencia, o no, en esta evolución toponímica de los tripulantes del OVNI del ibón benasqués, o del viaje en tonel desde la fuente de Santa Elena y Tierra Santa… En fin: espero que buceando entre los mitos pirenaicos, se favorezca el turismo, que esas cosas siempre tienen tirón…

Veo que sigues aferrado a la teoría del tonel de Santa Elena. Entonces sin dejar ese «mundo imaginario de prames», no se si piensas que para elegir al toponimista de los «Hombres de Soro» que metieron dentro lo pudieron «insacular» o no antes.

Mono malo, mono malo… Alguien va a pensar cosas raras. Y, sí: pudiera ser que «insacularan» a los expertos del Proyecto Tresmiles para decidir a quién metían en el tonel para el viaje (de ciencia ficción) desde Santa Elena hasta el Jordán. Puestos a hacer caso del mito, y a falta de otra explicación… Es decir: meter sus nombres en un saco y elegir uno, una técnica montañesa muy usual para sorteos de otros tiempos…

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