Blog de
Alberto Martínez

¿Pero existe algún toponimista sensato?

Por algún tiempo seguiremos hablando de toponimia altoaragonesa. Más que nunca resulta preciso buscar explicaciones en este terreno espinoso y resbaladizo como pocos, allí donde tantos personajes quieren imponerse como una suerte de gurús indiscutibles. Poseedores, o es lo que tratan de vendernos con un desparpajo pasmoso, de verdades lingüísticas absolutas. Pues nada de eso: que al menos queden al descubierto cuando intentan endosarnos un burro cojo. De pura-purísima raza autóctona, claro está.

Durante las siguientes entregas daremos unos garbeos muy entretenidos por esos barrios donde se airean los nombres de Tresmiles oscenses. Para constatar la existencia de otros textos de indudable calidad que delatan las maniobras de unos individuos que pretenden reordenar las montañas según su ideología política particular: “nacionalista y socialdemócrata”, como ellos mismos se definen. No queda otra: hay que aprender a distinguir a los campeones de esas aragonesizaciones toscas que chirrían lo suyo en unos escenarios que, en realidad, siempre han conformado el país de la diversidad. Donde jamás han existido las verdades categóricas…, salvo para quienes concurren por tales ruedos con los humos de un déspota babilónico.

En las cuatro entregas previas acabamos de padecer la penitencia de tragarnos esas originalidades, aún sin explicar, de los nombrecitos que nos endosaron desde las antecesoras de la exótica Lista Soro: la fabulosa Lista Casaus y la no menos sorprendente Lista Naranjito. Sus alucinógenas colecciones de Tresmiles se vendían dentro de un cuadernillo donde el apartado toponímico comenzaba con una monserga campanuda: “Tradicionalmente…”. Y bla-bla-bla. Un párrafo donde los revisores de cierta Sociedad Anónima orientada hacia los “Proyectos y Realizaciones de Montaña, Escalada y Senderismo” afirmaban, con frases prepotentes, que eran algo así como la voz de los montañeses…

¿Seguro que fue así, mis siempre admirados toponimistas de PRAMES SA? En tal caso, ¿esos nativos de los valles altos a quienes se consultó disponían de nombres y apellidos? ¿O su identidad era un secretillo más, como el de la composición de los miembros del Proyecto Tresmiles de 2017? ¿Se molestó alguien en redactar actas de esas hipotéticas entrevistas a los altoaragoneses? ¿Y nadie las vio dignas de una exposición pública previa al encaje de sus dictámenes en mapa o texto alguno? ¡Qué caramba!: se ve que los interrogantes van a predominar en esta serie de artículos que arrancaron en el mes de octubre pasado.

Ante la escandalosa falta de aclaraciones por parte de los revisores lingüísticos de la editorial zaragozana del camino de los Molinos, será preciso rastrear las voces de los montañeses de Huesca. Las de verdad, no las que les adjudican, tan ricamente, las cuadrillas politizadas. Sigamos tirando del hilo por ver si desenredamos la madeja…

Ya le dimos unos cuantos repasillos a esa Toponimia Mayor que nos obsequiara en 2015 Pascual Miguel Ballestín, uno de los expertos de nuestro siempre respetado consejero de Vertebración, Movilidad y Vivienda, José Luis Soro. Así, entre la retahíla de 1.237 referencias citadas al final del referido tocho se descubría un septeto de libritos que aludía a varias poblaciones del Alto Ésera. Firmados por Jesús Martín de las Pueblas Rodríguez y su esposa, María Asunción Hidalgo Arellano, constituían una serie sobre Toponimia de Ribagorza para la editorial Milenio de Lleida. Unos textos que estudiaban los nombres del terreno en estos municipios: [502] Castejón de Sos (2002), [67] Villanova (2003), [487] Sahún (2003), [505] Chía (2003), [503] Sesué (2004), [121] Benasque (2006) y [467] Bisáurri (2008).

Curiosamente, alguno de estos trabajos, digamos municipales, había sido utilizado como fuente en los apartados que Pascual Miguel Ballestín consagró al pico (y pueblo) de Aneto: más en concreto, los numerados como 121 y 502. A la vista de la escasa enjundia de lo destinado al Monarca del Pirineo, dudo que aporten algo novedoso a su toponimia; de momento, desconozco el contenido de estos siete textos. Mayor recolecta de datos prometía cierto artículo en solitario de Jesús Martín de las Pueblas Rodríguez: [397] “Estudio lingüístico de la toponimia del valle de Benasque”, en Alazet, 15, 2003.

Un bien documentado colega de Bilbao me pasó dicho texto junto con otro más, acaso olvidado por el recopilatorio de Miguel Ballestín. Unas obras del toponimista llegado desde Tomelloso (Ciudad Real) que constituían un resumen de su tesis doctoral, presentada en la Universidad de Lleida el mes de noviembre de 2001. Desde el primer vistazo resultaba evidente que eran unos trabajos lingüísticos serios que merecía la pena rastrear en sus incursiones más allá de los 3.000 metros…

Pues al tajo. Quién sabe si Jesús Martín de las Pueblas Rodríguez, actuando en el mismo tiempo y lugar que Chesús Casaus Parrilla, uno de los rastreadores de nombres para PRAMES y futuro experto del Proyecto Tresmiles, logró encontrar alguna de las maravillas de las Listas antes citadas (Casaus, Naranjito y Soro). Como, pongamos, las tucas ya míticas del Cap de la Vall, de la Crus y del Estraperlo, el Morrón e incluso la mismísima Maladeta de Corones, el nuevo Sangri-La ribagorzano.

¡Bingo! El filólogo al que en las dos próximas entradas vamos a atender, proporcionaba desde esta pareja de trabajos unos cuantos ramalazos de nombres de la alta montaña ribagorzana. Por la duración de sus rastreos, método y explicación de los mismos, yo diría que a años luz de las iniciativas autóctonas que hasta ahora hemos revisado. Con una acreditación impecable: no en vano, el caballero de la Mancha comenzó a escrutar topónimos por la comarca altoaragonesa desde 1994.

En esta entrega nos centraremos únicamente en el “Estudio lingüístico de la toponimia del valle de Benasque” de 2003. Publicado en Alazet, revista donde fue servido como “el primer trabajo con pretensiones de exhaustividad y rigor sobre la toponimia del valle de Benasque”. Rebusquemos, pues, entre sus 113 páginas, para comprobar la atención que le prestó a las Cúspides de la zona. Confiando que las grandes montañas de este territorio interesaran, aunque fuera mínimamente y desde abajo, a esos moradores que entrevistó a la caza de sus nombres autóctonos…

Antes de acudir a las cimas, resulta forzoso atender a la introducción del “Estudio lingüístico” en liza. Donde, además de hablar de las encuestas orales en zonas regularmente pobladas con una densidad de topónimos “verdaderamente asombrosa”, Martín de las Pueblas Rodríguez explicaba también su “revisión de fuentes documentales antiguas y modernas”. Lamentándose de la “escasísima documentación histórica” de ciertas zonas de la Ribagorza, por cierto… Curiosamente, se podría añadir, no se producía semejante fenómeno en el sector de los Tresmiles, rico en textos desde finales del siglo XVIII y, sobre todo, durante todo el XIX. En fin: nos tendremos que conformar con alguien que no recurría a los testimonios recolectados por los pirineístas del pasado entre los montañeses. Una pena.

Por lo demás, respecto a las encuestas orales que realizara entre 1994 y 2002 nuestro puntilloso toponimista, decir que detalló a la perfección sus fuentes y sistemas de trabajo. Pongamos como muestra, los de la villa de Benasque:

“José Antonio, de Casa Bringasort, agricultor y ganadero, de 60 años (4-1-97).

“Miguel Plana, de Casa Paulica, pastor y ganadero, de 72 años (16-7-98).

”Pepe Llibrada, propietario del Camping Chuise, de unos 70 años (15-7-98).

”Antonio Laperal, jubilado, de unos 65 años (agosto de 1996 y 17-7-98).

”Manuel Banderas Llobera, de Casa Tomás, de 87 años (17-7-98).

”Manuel Ballarín, de Casa La Morena, de 77 años (17-7-98).

”Luis, de Casa Bllanco, de 82 años (17-7-98)”.

Desgraciadamente para el asunto que nos trae por estos andurriales, parece que en dicha relación no había nadie relacionado con el montañismo. Es decir: alguien que contemplase la vida desde la perspectiva del mulero, del guía o del guarda de refugio, por ejemplo. Que haberlos en Benasque, bien que los había. Aunque hay que reconocer que quizás supiera algo de las cotas altas de la Vall algún cazador de Anciles al que incluyó en otro listado de colaboradores.

Hecha esta leve salvedad, hay que reconocer que Martín de las Pueblas Rodríguez denotaba un modo de sacar adelante su rastreo toponímico que se diferenciaba de un modo positivo de todo cuanto se realizaba por entonces a través de, por ejemplo, los mapas y libros de PRAMES SA. Prescindiendo de esa falta de respeto a la inteligencia de sus lectores que, se diría, han mostrado al mundo los artífices de la actual Lista Soro.

Pero volvamos con al artículo de Alazet y sus, para mí, meritorios acopios documentales del año 2003. De este modo los justificaba este doctor en Filología Hispánica con una honestidad y talante que son muy de agradecer:

“En la realización de trabajos sobre la toponimia de un determinado lugar es fundamental la revisión de las fuentes documentales, no solo para extraer datos sobre topónimos que han desaparecido o que no han sido recogidos en las encuestas orales sino también para afianzar o facilitar la explicación etimológica de cada topónimo. La documentación es, por tanto, fundamental; y cuanto más antigua mejor […]. En el Ayuntamiento de Benasque extracté, a pesar del frío y de la falta de luz, la mayoría del contenido del todavía inédito Libro Lucero de Benasque, pero las escrituras ahí transcritas datan solamente de los tres o cuatro siglos últimos y solo tienen verdadera importancia para el estudio de la toponimia local menor, con algunos raros apelativos también locales. Adonde haya ido a parar la documentación antigua de los valles de Benasque y del Ésera medio, resulta para mí un misterio”.

En efecto: este toponimista había acudido a fuentes de documentación inéditas. Entre otras, las de ese Archivo Nacional…, que un servidor recomendaría humildemente a los expertos del Proyecto Tresmiles, si es que no lo conocen ya. De esta manera puntualizó otros registros el estudioso cuyo texto revisamos:

“En el Archivo Histórico Provincial de Huesca encontramos, en la sección de Hacienda, los amillaramientos de todos los pueblos estudiados por nosotros, a partir de 1862. Se trata de documentos catastrales, escritos a mano, que van refiriendo las posesiones, tanto rústicas como urbanas, de los distintos cabezas de familia de cada municipio con expresión de su valor catastral. La toponimia presente es muy abundante, aunque está muy deformada y castellanizada”.

Bien: es hora de que vayamos adquiriendo altitud. Porque, por suerte, Martín de las Pueblas Rodríguez abordó el marco geográfico general de su estudio lingüístico empleando las siguientes designaciones de corte clásico para las montañas:

“Los límites vienen marcados por las cumbres que lo rodean, como gigantes esculpidos en piedra que flanquean y vigilan el valle: Perdiguero (3.221 metros), Posets (3.395 metros), Cotiella (2.912 metros), Turbón (2.492 metros), Gallinero (2.728 metros), Macizo de la Maladeta con el Aneto (3.404 metros), Maladeta (3.308 metros) y otros tantos tresmiles”.

Por mí, perfecto: el investigador afincado en la provincia de Ciudad Real no desdeñaba los nombres tradicionales de las cumbres benasquesas. Y, más importante aún, toponimista en labores de campo como era, tampoco se dedicaba a endosar nombrecito exótico a cima alguna. Parecía respetar la nomenclatura de los textos pirineístas.

También resulta interesante comprobar cómo dividía su estudio por zonas. Sobre todo, para ver una vez más cómo citaba en su obra a los Techos ribagorzanos:

“Sector de Benasque. Es el más abrupto. En el lugar donde se asientan Eriste, Benasque, Anciles, se abre una explanada de 5 kilómetros de longitud. A ella llegan un buen número de valles secundarios rematados por las cumbres de mayor altura del Pirineo. A Eriste llega el valle de su mismo nombre con El Posets (3.375 metros) coronándolo. A Benasque por el este el valle de Cerler, donde se asienta este pueblo, el más alto del Pirineo aragonés, a 1.530 metros de altura […].

”Municipio de Benasque. Está situado al norte del valle, a orillas del Ésera, a 1.031 metros de altura. Limita al norte con la frontera francesa y es el núcleo de población más importante y que da nombre al valle. Con Ayuntamiento desde 1834, se le añaden en 1845 las aldeas de Anciles y Cerler. La superficie de todo el término es de 233’17 kilómetros cuadrados y en ella se encuentran las cimas más altas de todo el Pirineo, el macizo de Maladeta con el Aneto (3.404 metros) al este y el Perdiguero (3.221 metros) al norte, entre otros muchos […].

”Eriste es un lugar situado a 8 kilómetros al norte de Sahún y limítrofe con Benasque, al oeste de la carretera y a orillas del pantano de Llinsoles. En 1996 tenía una población de 157 habitantes. Su altitud es de 1.118 metros, aunque en el mismo término municipal está el pico Posets (3.375 metros), uno de los más altos del Pirineo. Allí nace el amplio valle de Eriste, con los circos de Llardaneta y la Vall dels Ibons, plagada de lagos”.

¡Por San Marcial! Uno tiene la impresión de que los estudiosos de las lenguas que acudían con el mínimo decoro hasta la Ribagorza no padecían ninguna tendencia a sacar la vena inventiva. Y que sus entrevistados en las diferentes localidades desconocían esos topónimos a los que, desde la Sociedad Anónima PRAMES, se aludía con su sonsonete del “Tradicionalmente”. ¿Tradicionalmente?, vale, ¿pero dónde? ¿En los sueños de las mentes más tomadas por cierto Aragón tan Imaginario como Minoritario? Otra explicación razonable sería que Martín de las Pueblas Rodríguez no tuvo acceso, el pobrecillo, a esos marcianos toponimistas cuya base (dicen) se halla en el fondo del ibón de Cregüeña…

Se ve que hay mucho que analizar dentro de la obra de los investigadores serios. Remataremos esta primera entrega con los resultados del rastreo entre las diferentes páginas del “Estudio ligüístico de la toponimia del valle de Benasque”. En busca de alusiones a esos Tresmiles tan extrañamente nombrados desde esas Listas Casaus, Naranjito y Soro. Se encuentran aquí extractados de sus respectivas referencias para un mero censo de nombres. Indicando por delante el núcleo poblacional donde se había recogido dicha denominación; alguna de ellas repetida profusamente:

“Cerler: Vallibierna (hiberna).

”Benasque: Fuens de Alba.

”Benasque: Lliterola (lactariola).

”Benasque: Ubago de Lliterola.

”Eriste: Grist.

”Sahún: Grist.

”Villanova: Poset.

”Castejón de Sos: Poset.

”Cerler: Perdiguero.

”Cerler: Bom (ibón) [¿?].

”Eriste: Bagüeñola (opaca).

”Sahún: Bagüeña (opaca), Bagüeñola (baconia).

”Benasque: Espades [¿?].

”Cerler: Llosars.

”Eriste: Llardana (ilerdana), Llardaneta.

”Sos: Espada [¿?].

”Benasque: Paúl.

”Chía [y otros más]: Paúl.

”Benasque: Cllaravida.

”Benasque: Craba Esportegada (sporta) [¿?].

”Benasque: Portillón.

”Cerler: Posets (puteu).

”Benasque: Posets.

”Eriste [y otros]: Posets.

”Sahún [y otros]: Pusets.

”Erestué: Tuconet Royo [¿?].

”Benasque: Libón de Coronas.

”Cerler: Aragüells (arboreos, arboleos?).

”Cerler: Culebres (culubreum, lucubrem).

”Benasque: Forau de O (foratu) [¿?].

”Cerler: Corones.

”Benasque: Corones.

”Benasque: Gorgues [¿?].

”Benasque: Libón de Coronas.

”Benasque: Mulieres.

”Cerler: el llibón de Coronas.

”Otros términos citados: Craberet [¿?], Tuconet Royo [¿?], Portillón Superior [¿?]”.

Quizás haya que revisar esa especie de Sermón de la Montaña pramesiano: el “Tradicionalmente”, vamos… Porque, según se deduce de esta relación, durante sus pesquisas de 1994-2003 el doctor Jesús Martín de las Pueblas Rodríguez no descubrió ningún rastro de esas tucas dedicadas al Estraperlo, a los Arenals, a la Crus, al Morrón, a la Solaneta, al Cap de la Vall, al Cabo de la Tartera, al Mich… Ni, muchísimo menos, a esa Maladeta de Corones que, lo que son las cosas, resulta que ahora dicen que es el neo-nombre del Techo del Pirineo.

Al menos para un servidor, cualquier denominación que se sitúe fuera del listado de aquí arriba resulta sospechosa. No me atrevo a decir que sea falsa, pues el Sumo Hacedor aún no me ha concedido el don de leer en las mentes de los miembros de esa Comisión Asesora de Toponimia presidida por el consejero de Chunta, José Luis Soro. Tiempo al tiempo.

Todavía podremos constatar nuevos ejemplos de cómo se comportan los toponimistas decentes y trabajadores a los que tanto se echa de menos en estos tiempos de politización a toda costa. Por desgracia, vivimos años de trágala de cuanto nos arrojan a la cara desde ciertos partidos políticos.

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Por Alberto Martínez

Alberto Martínez Embid practica el montañismo desde que era un crío. Últimamente llama la atención su faceta divulgadora, que se podría glosar como firmante de veinticinco libros y participante en veinticuatro colectivos, sin olvidarse de sus más de mil setecientos artículos. Casi todos, de temática pirenaica. Aunque se ha hecho acreedor de tres galardones de narrativa, seis de investigación histórica y siete de periodismo, se muestra especialmente orgulloso del Premio Desnivel de Literatura de Montaña de 2005.

8 respuestas a «¿Pero existe algún toponimista sensato?»

Empezamos por caer en un error grave: la existencia de una lengua aragonesa unívoca, cuando eso solo podía tener cierto valor de verdad en la tierra llana y bien comunicada. Cada valle pirenaico tenía su propia lengua o dialecto, con una enorme distancia entre lo que se hablaba en Ansó y Benasque. Cualquier neobautizo basado en ese carácter unívoco nace pervertido desde su origen. Todo ello, sin perjuicio de otros patentes errores de las nuevas listas, que tan bien estás documentando y poniendo de relieve. ¡Ánimo y no rebles!

El endemoniado tema de las lenguas aragonesas da para una enciclopedia. Dicho esto con todo mis respetos para las variedades «verdaderas» que han logrado pervivir hasta ahora, sin intervención política alguna, gracias sobre todo a la resistencia de los moradores de las montañas. El asunto idiomático es un pozo oscuro de despropósitos que, por desgracia, han subido desde los despachos del llano hasta las montañas.
Tengo mis dudas: me consta que ellos mismos, los Hombres de Soro, contaban con que no se aceptaría su pintoresca Lista y que se seguirían utilizando mayoritariamente las «denominaciones clásicas». Sin embargo, algo me dice que no contaban con una contestación tan intensa ni prolongada en el tiempo. Creo que, viendo la pasividad generalizada de los aragoneses, pensaban que los montañeros, simplemente, les darían la espalda y que podrían colgar en sus mapas «autóctonos-puros-purísimos-oficialistas» esos nombrecitos destalentados. No sé si les hará muy felices esta nueva fase de la resistencia, mostrando por escrito por dónde pueden ir sus intenciones y detallando las diversas etapas que han ido quemando desde hace años, antes incluso de que metieran mano al poder por una carambola política. Hasta ellos tienen que ver que la intencionalidad ideológica de toda esta sinrazón debe de estar muy en entredicho…
Saludos, José… En efecto: hay material de sobra para tratar de vislumbrar un poco de luz entre la boira…

Para quienes quieran seguir esta serie desde el principio:
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/10/05/una-lista-soro-zombie/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/10/19/una-editorial-sociopolitica/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/10/30/en-busca-de-la-comision-perdida/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/11/09/existen-las-160-razones-no-mentirosas/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/11/17/y-los-expertos-del-aneto/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/11/26/entre-toponimistas-y-ufologos/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/12/01/por-sus-obras-los-conocereis/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/12/04/esas-cosicas-de-prames/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/12/07/una-lista-casaus-en-cuatro-cachos/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/12/10/los-mapas-de-sus-montanas/

Y para quienes no hayan localizado esa especie de fabulilla victimista que colocaba PRAMES SA en muchos de los cuadernillos de sus mapas “Naranjitos”:
“Tradicionalmente el Pirineo Aragonés ha sido cartografiado por gentes foráneas que desconocían la toponimia o la fonética de la lengua aragonesa. Por eso ha habido multitud de errores en las transcripciones realizadas en los mapas y que se han arrastrado de uno a otro. Por filosofía editorial y a petición de los ayuntamientos de la zona, hemos empleado el auténtico nombre local, junto al topónimo que la cartografía ha inventado o mal interpretado. Aquí reflejamos una pequeña muestra de las correcciones toponímicas que aparecen en el mapa y que responden a la triple faceta de recuperación cultural, rectificación de errores y al deseo de los moradores de estas tierras”.
¿El Sermón de la Montaña?

Como de costumbre este blog es demoledor. «Tradicionalmente». Nos abren los ojos. «Tradicionalmente». Espero que sean muchos. «Tradicionalmente».

¿No te ha gustado la Tregua de Navidad? Ya sabes que en esas fechas la gente, muy justamente, desconecta de todo. Tranqui, Luis, que esta nueva serie estaba lista para su difusión desde hacía ya tiempo…

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