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¿Subimos al pico de Yristi, Eristi, Grist o Heriste?

Como avanzaba en el artículo previo, aquí llega esa segunda entrega dedicada a dos de los trabajos ribagorzanos de Jesús Martín de las Pueblas Rodríguez. Un doctor en Filología que, desde Tomelloso (Ciudad Real), nos legó un estudio lingüístico del Alto Ésera que, para cualquier pirineísta sensato, sería más que válido. Todo un ejemplo de que existe la toponimia seria. La que recupera voces con una actitud de moderación y honradez encomiables.

Antes de entrar en materia, vamos con una anécdota ligerilla, ambientada en el Benasque de finales de los años ochenta. Época en la que, en torno a dicha población, existía un activo núcleo de mozos de entre veinte y treinta añadas que practicaba diversos deportes de montaña. Unos eran nacidos allí, otros urbanitas que trabajaban en la Vall, también los había con casona vieja o apartamento en la zona, sin olvidarse de quienes, sencillamente, subían para pasar los fines de semana o vacaciones rodeados de Tresmiles.

Al grano. Ese grupo de deportistas más o menos autóctono abordó en 1989 un ascenso al Aneto por el corredor Estasen. Pues bien: a uno de los cuatro chicos participantes, aficionado igualmente al tenis, le dio por denominarlo el “corredor Nastase”. Como un simple chistecillo sin pretensiones, fomentando de paso una especie de homenaje al campeón rumano de la raqueta, Ilie Nastase. Dado que era un mocete muy popular en Benás, el chascarrillo circuló por la Villa durante un tiempo.

No creo que la distorsión del nombre de ese acceso noroeste al Techo del Pirineo hiciera fortuna, la verdad. Acaso porque no lo escuchó uno de esos rastreadores de etimologías raras. ¡Quién sabe!: igual lo hubiera hecho evolucionar hacia “nastasé” o “nastasét”, tras imaginar alguna derivación de “nastá” (aniquilar, en benasqués), más o menos relacionada con los abetos desmochados de Vallibierna o las boñigas pisoteadas por las vacas en los últimos herbazales de Coronas… Ya lo dijo Ángel Ballarín: “Si te bóches, te násto” (si te mueves, te doy una leche).

¿Una posibilidad desquiciante? Tras constatar con pasmo el trueque del collado tensino en honor a Jean-Marie Sarrettes, un guía de Henry Russell, por el engendro del “cuello Saretas”, no sabría qué decir. Nada resulta imposible en los mapas puros-purísimos y autoctonísimos, bien que se ha visto. En este caso, la víctima cultural sería Lluís Estasen i Pla, ese gran pionero barcelonés al que tanto debe el turismo verde de Benasque. Conocido, entre otros apodos, como el Russell Catalán, por cierto. Existe un Tresmil secundario en su memoria, la Forca de Estasen (3.028 metros), que igual tendría que cambiar su denominación por otra que sonara más a aragonesizoide: la Forca Nastasé (o del Descorromoñe). Como quiera que sea que tuvieran a bien prescribir los asombrosos expertos del Gobierno de Aragón.

Lo he comentado en otras ocasiones: en tanto se deroga cierto Nomenclátor ideologizado, no hay que tomarse demasiado a pecho las excentricidades que nos sirven esos individuos que pretenden designar a su gusto a las montañas oscenses. Hagan lo que hagan durante sus actuaciones ególatras, que jamás arrinconemos del todo el sentido del humor. Pero, ahora, pasemos sin tardanza al tono riguroso…

En el artículo anterior quedaron en el tintero, para no sobrecargar la primera entrega, varios matices interesantes del “Estudio lingüístico de la toponimia del valle de Benasque” (2003) firmado por Jesús Martín de las Pueblas Rodríguez. Los retomaré ahora, antes de proseguir con otra de sus obras.

Por ejemplo, me pareció de lo más significativo un detallito que se asomaba por el apartado sobre los “topónimos en los que el segundo elemento hace referencia a un antropónimo o a un oicónimo”. Hablaba allí de ciertos Tresmiles benasqueses bien conocidos en nuestro gremio: “Punta Delmás, punta Mir, punta Sayó”. Curiosamente, la cumbre central de estas Maladetas Occidentales se ha visto cambiada en la Lista Soro de 2020, sin que se alegue motivo alguno, por el de “punta Mur”. Olé con las actitudes diáfanas de los expertos del Comité Asesor de Toponimia a quienes debemos este y otros trueques no menos curiosetes.

También chocaba del estudio publicado en la revista Alazet que, entre las “bases indoeuropeas prelatinas”, su autor citase tanto a “Ixalenca” como a “Salencar” y “Salenques”. Quizás estas multiplicidades para un solo nombre lo expliquen todo. Para quien quiera entender algo de la nomenclatura real, que no hacer política y practicar las imposiciones gubernativas al estilo de los pretores romanos. De hecho, me encantó descubrir que, entre las conclusiones del investigador de Tomelloso, se leyera: “Hemos de reconocer que en toponimia la exhaustividad es solo un ideal hacia el cual se tiende”.

Vamos con otro apunte llamativo. Esta vez, lo que parecía ser una crítica hacia otro de los caballeros interesados en eso de buscarle explicaciones al tremendo arcano de los nombres del Pirineo:

“En el año 2000, [Bienvenido] Mascaray publica su obra El misterio de la Ribagorza. Orígenes, historia y cultura a través de la toponimia, que parte del supuesto de que lo vasco constituye la esencia de la cultura ribagorzana, una cultura que ha ido degradándose a través del contacto con las personas venidas de fuera. Este axioma es el que guía a su autor en la explicación de los nombres de lugar. Llevado por la imaginación, todo encaja, cada topónimo se va dilucidando gracias a los supuestos conocimientos vascos de este erudito local. De esta manera descubre el autor en Anciles, mirando las formas de la sierra, una cabra despeñada, o en Buyelgas una zona extraordinaria de higos, aunque actualmente no haya ni una sola higuera ni los habitantes tengan idea de que las haya habido, etcétera”.

A resultas de este párrafo, uno se pregunta el tipo de reproches que se les podría destinar, por parte de un investigador que realmente hubiese rebuscado entre la documentación de antaño y los pobladores actuales, a esos trabajos que se limitan a pontificar sin dar la menor explicación. Fuera de la socorrida cantinela de que “se ha llamado de ese modo desde siempre”. A saber qué piensan de las Listas Casaus, Naranjito y Soro los eruditos externos a todo este carnaval. Pongamos, los estudiosos de esos territorios en torno a unos Techos de la Ribagorza donde han aflorado de golpe topónimos que…, ¿nadie había tenido a bien revelar sino hasta tiempos recientes? Ignoro si los filólogos con una reputación que cuidar sospecharán de esta suerte de materializaciones de nombres del todo misteriosas, concretadas solamente para los oídos de ciertos elegidos, que no para el resto de sus colegas. Casi, casi, llegadas en plan Apariciones Marianas.

No supuso esfuerzo alguno dar varios repasillos en busca de los topónimos serios (calificativo que remarco) de unas montañas admirables, alzadas sobre las testas de unos moradores dignos de todo el respeto del mundo. En el caso particular de Martín de las Pueblas Rodríguez, entre las páginas de su excelente trabajo figuraban unas tres mil denominaciones, ampliadas con nuevas encuestas en 2002. Estas últimas, “con el resultado de que apenas ha aparecido ningún topónimo nuevo”. Al menos en lo servido en este primer resumen de 110 páginas que ahora repasamos…, confiando que asomasen la oreja ciertas tucas del Estraperlo, la de la Crus o del Cap de la Vall. Por citar solo a tres de las maravillas recientemente descubiertas (y prontamente impuestas en el plano oficialista) por los partidarios del Aragón Imaginario.

Por fortuna, se puede seguir junto al filólogo de la Mancha gracias a otro artículo “Sobre la toponimia del valle de Benasque”, editado en el número 17 de Alazet (2005). Esta vez eran 48 páginas que, sumadas a las de la entrega previa, daban un total de 166 páginas. Con toda suerte de explicaciones razonables en torno a la toponimia ribagorzana. Una zona que bien puede presumir de su densidad de picos por encima de los 3.000 metros de cota…, aunque en estos dos trabajos a los que aludimos las cumbres mostrasen una presencia bastante residual. Lástima.

Cuanto menos, Jesús Martín de las Pueblas Rodríguez le destinó un parrafito al Techo del Pirineo a través de un topónimo que no llegó a mencionar en su artículo de 2003. Lo hizo de refilón, cuando abordaba el término “Ansils”:

“Finalmente, existen topónimos paralelos en la zona en cuanto a la motivación semántica: Aneto, el pueblo que da nombre a la montaña más elevada de los Pirineos, procede seguramente de asinetum “lugar de cría de asnos, paraje donde hay muchos asnos”. Ballarín (1972: 117)”.

Lo de siempre: los entrevistados por nuestro estudioso no parecían conocer ni la “tuca d’Aneto” ni la “Maladeta de Corones”. Por muy locales ni de edad avanzada que fueran dichos montañeses. ¡Vaya sorpresa! Pero sigamos avanzando… Bien se ve que, en su síntesis para Alazet, este trabajo no estaba orientado hacia las regiones superiores de la Ribagorza. Sin embargo, alguna línea más sí que se podía hallar en torno al reino del ixarso:

“Culebres, Tuca les (Ce). [Ángel] Ballarín (1974: 23) describe este lugar así: “Se llega al extenso y soleado valle de Valliviérna, que se alarga desde los 1.369 metros de su palanca, hasta el pie de las cumbres del macizo de La Maladeta, doblando su cabecera por detrás de Cregüéña hasta el oriente de Aneto. En él se encuentra el caprichoso pico llamado en el país Tuca de les Culebres, numerosos lagos y, más abajo, unas antiguas minas de hierro y el mejor pinar del término municipal de Benasque”. Ballarín (1974: 259), más adelante, afirma: “Sus capas tienen, a veces, disposición tan caprichosa, que la imaginación de pastores y cazadores ha podido ver en los estratos ondulados de la Tuca de les Culebres, enormes culebrones petrificados atravesando la ladera”. Ahí podría estar la motivación del nombre. [Ángel] López García (1976: 59) señala este topónimo en el apartado “Animales” y, de acuerdo con esto, propone como étimo el lat. colubra, “culebra”. En el OnCat, s. v. Llubriqueto, V, 102b34-49 señala el autor la existencia de una forma latina lucubretum, colectivo en -etum del lat. lucubrum, nombre de la planta denominada científicamente Cochicum autumnale. Podría ser que en Culebres hubiera un plural toponímico de una forma lucubrem que hubiera sufrido una metátesis, culubrem. Esta hipótesis se ve reforzada por el hecho de que se utilice el nombre culebrera para designar distintos tipos de plantas en muchos lugares del Altoaragón”.

En fin; nada que salga de la ortodoxia de lo que se advertía por cualquier mapa anterior a la irrupción en el mercado de las exóticas denominaciones de los productos de PRAMES SA. Es como para pensar mal, pero que muy mal. A despecho de mi acreditada admiración por este emporio empresarial con sede en Zaragoza.

Todavía podemos estirar este repaso con un tercer topónimo tresmilero, si bien con la sospecha de que, aunque aparece citado al comienzo del párrafo, se refería esencialmente al núcleo poblacional:

“Grist, Grist, monte de (Sa), Grist, pico de (Sa). En las Décimas de Castejón de Sos, Iristi (l. 17), a principios del siglo XI. Entre 1043 y 1045, Eristi, en el Cartoral de Obarra. Heristi, en una donación hecha al monasterio de San Victorián, en un doc. que es una copia del siglo XIII, “uno homine in uilla Heristi, nomine Barone, cum uxore et filiis et filiabus”. En unas tasas de principios del XIV hemos leído en dos ocasiones “Ecclesia de Erist”. En El Lucero siempre aparece con las formas Eriste o Heriste. Juste (1991: 20) cita la forma Erist en un documento de 1586. Juste (1991: 33), Erist en “Los fuegos agrupados en la sobrecullida de Ribagorça”, de 1495. Arpayón, en sus protocolos notariales, escribe casi siempre Eriste, en el a. 1614, f. 101v, escribe: “Monsserrad Sarrado, vezino del lugar de Eriste”, o también 1615, f. 140v; 1593, f. 116v; 1587, f. 174, etcétera); en 1575, en una página sin numerar, “Pedro Riba major de dias vezino del lugar de Eriste”. De todas formas, en 1573, entre ff. 66r y 72r, aparecen numerosas menciones de Yristi. Posiblemente procede de Iristi, relacionado con el vasco Ira “helecho”. Actualmente pervive este topónimo Grist (en benasqués), Eriste (en castellano) para designar un pueblo situado en la carretera unos 4 km antes de llegar a Benasque. Ballarín (1972: 93) señala inequívocamente que Grist es el nombre local. Coromines, en el OnCat, IV, s. v. Grist, realiza un difícil e incierto artículo intentando encontrar un étimo que nos explique las dos variantes existentes. Señala que la documentación es escasa. Encuentra una forma Eristi en una colección de los documentos de Obarra, del año 1043. Este autor cree que la variante oficial, Eriste, es la propia del lenguaje más castellanizado de los infanzones y gentes letradas del valle de Benasque. Nos parece una suposición bastante arriesgada porque en la documentación solamente nos aparece esta segunda forma y es bien sabido de todos que los notarios al escuchar los topónimos con frecuencia intentaban transcribirlos tal y como los oían, especialmente si les resultaban opacos en cuanto a su etimología. [Joan] Coromines propone la etimología gerest-/gerist-, que “en la forma A (Grist) perdés la E entre G i R, quedant Gr-; i que en la forma B (Eriste) seguís la via de la fonètica castellana, quedant Yerz reduït a Er-”. Las Décimas de Castejón nos dan una primera documentación importantísima de Grist en torno al siglo X, en la cual no aparece la g- inicial que postula Coromines. Toda la documentación antigua atestigua este hecho. Esto parece conducirnos de modo natural hacia una etimología de tipo vasco, quizá con la base era “helecho”. Desde el punto de vista semántico es factible pensar en esta planta presente en una zona llena de fuentes y de con cavidades (Madoz, 1847: s. v.). El étimo entonces sería el colectivo iristi. [José Antonio] Saura (2000: 110-111) también advierte que la forma Grist no es la originaria y muestra que es posible que esta forma, la utilizada en benasqués, responda “a un proceso de velarización consonántica ulterior”. Propone este autor la base vasca (h)aritz “roble” con el sufijo de colectivos vegetales ti, forma presente en el vasco actual. Mascaray (2000: 97) da como étimo girizi + t “resguardar, proteger, abrigar” + suf. verbal t que se une a los verbos y los nominaliza: “lugar resguardado”, pero ya hemos indicado que no es posible un étimo con la consonante velar sonora inicial ya que no explica las menciones antiguas”.

En este punto, duda cateta: entonces, ¿quién decide si el monte de marras será, según el Nomenclátor oficialista, la tuca de Yristi, la de Eristi, la de Grist o la de Heriste? Y, ya puestos a retrotraernos hasta el Neolítico en busca de antecedentes puros-purísimos, ¿por qué no decantarse por el de pico de Haritz, e incluso de Girizi? No sé si alguno de los magníficos expertos en Tresmiles que proliferan por los pliegues de nuestro Gobierno autonómico decide en estas encrucijadas mediante la lectura de los posos en el té o arrojando los dados a la luz de la luna. Si lo hace a través de una pitonisa, por favor, que facilite su número de teléfono…

Poco más hay en estos resúmenes de tesis doctoral que resulte de utilidad para la grey montaraz. Apenas otros párrafos destinados al Gallinero o, un tanto de pasada, al pico Cerler. Y, puestos a explorar alguna ubicación de alta cota, al mismísimo ibón de Cregüeña. En este caso, desde un parrafito donde parecían ignorarse los pintoresquismos de la Lista Soro en cuanto a las cimas que lo rodeaban:

“[Ángel] Ballarín (1974: 23) afirma: “pasando por las fuentes termales de los Baños, se llega al accidentado valle de Cregüéña, con buen pinar, escasos pastos, extenso libón, de más de 100 hectáreas, y grandes morenas de granito. Este valle ofrece un paisaje impresionante, en particular hacia el Cuello Maldito, por el dislocamiento de las rocas y los amontonamientos inconcebibles”.

¡Venga!, que resumo un poco estos dos trabajos de Martín de las Pueblas Rodríguez antes de pasar a otro recuperador sólido de la toponimia de las altas montañas de Benasque. Lo dicho: los extractos de su tesis doctoral de 2001 obtuvieron los datos de unos rastreos por fondos documentales y encuestas sobre el terreno efectuadas desde 1994 que luego estiraría hasta 2002. Aunque no parecían demasiado orientadas hacia las cumbres, al menos llegaban con los nombres y apellidos de los entrevistados. Ni que decir tiene, no descubrieron ninguno de esos nombrecitos tan imaginativos que ya llevaban un tiempo coleando por los mapas y guías de la Sociedad Anónima PRAMES. Menos aún, las denominaciones más exóticas de la actual Lista Soro… Acaso, unas novedades obtenidas siguiendo procedimientos que bien pudieran oficializar el “corredor Nastasé” (antes, Estasen), en la ruta noroeste hacia la “Maladeta de Corones” (antes, Aneto). Si se me permite el chistecillo facilón y amable ante esta falta total de explicaciones válidas.

A modo de cierre de esta humilde búsqueda de la voz real de los ribagorzanos, vayan unos últimos comentarios aclaratorios: Alazet es la revista de Filología del Instituto de Estudios Altoaragoneses. Dirigida, al menos desde los años noventa, por un viejo conocido: Chesús Vázquez Obrador. Eso es: uno de los miembros de la Comisión Asesora de Toponimia que terminaron saliendo a la luz a través de una petición realizada por Eduardo Sánchez Abella al Justicia de Aragón. ¡Caramba!: siempre comparecen por estos andurriales los mismos protagonistas…

Porque, ¿quién dirigió la tesis de José Antonio Saura Rami?: pues José María Enguita Utrilla. Ambos, dos respetables caballeros que igualmente se hallaban, hasta hace nada, en esas zonas de sombra del misterioso “Proyecto Tresmiles” organizado desde la Consejería de Vertebración Territorial, Movilidad y Vivienda del Gobierno de Aragón. Vamos, que el Sumo Criador los hizo y ellos se chuntaron

Comienzo a estar francamente preocupado. Cuanto más sondeo por fuentes externas de solvencia, más parece como si ese invento de los nombres de las Cúspides oscenses, divulgado a todo bombo desde la Consejería controlada por Chunta, hubiera surgido de alguna chistera. Por arte de birla-birloque, ya se sabe. Quizás recurriendo al siempre apañado sim-sim-saladím con la varita mágica.

Se impone rebuscar un poco más por ver si se descubre de dónde sale el conejo. A lo mejor, la Lista Soro no es cosa ni de excavaciones bajo montañas a lo Indiana Jones, ni de viajes en tonel desde Santa Elena hasta Palestina, ni de Encuentros en la Tercera Fase a orillas del ibón de Cregüeña… Igual es que han convocado desde el Más Allá al ectoplasma de Harry Houdini, el ilusionista y escapista. Sería una pasada.

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Por Alberto Martínez

Alberto Martínez Embid practica el montañismo desde que era un crío. Últimamente llama la atención su faceta divulgadora, que se podría glosar como firmante de veinticinco libros y participante en veinticuatro colectivos, sin olvidarse de sus más de mil setecientos artículos. Casi todos, de temática pirenaica. Aunque se ha hecho acreedor de tres galardones de narrativa, seis de investigación histórica y siete de periodismo, se muestra especialmente orgulloso del Premio Desnivel de Literatura de Montaña de 2005.

11 respuestas a «¿Subimos al pico de Yristi, Eristi, Grist o Heriste?»

Buyseando, que es gerundio. No parece que los señores de Prames entiendan que cualquier neobautizo, si es que fuera necesario o, al menos, conveniente, debiera basarse, antes que nada en un consenso tan generalizado como fuera posible (y debiera serlo mucho). A este y al otro lado de la frontera, que los Pirineos no son patrimonio de nadie.

Hasta donde sé, el cabreo mayor está en que la revisión de los Tresmiles fronterizos (medio «suyos», medio «nuestros» administrativamente) se ha realizado sin dejar al menos una doble nominación: la toponimia «clásica» (no la «francesa», como erróneamente se dice en algún sitio) y la que ha propiciado la Consejería donde gobierna CHA. Eso, en primera instancia. Más adelante, se han sulfurado más al comprobar a través de expertos auténticos como Aymard para «Pyrénées», cómo se ha realizado la torpe «aragonesización»… Tú lo has dicho: han comprendido perfectamente que se trata de una operación ideológica en plan «quita esos nombres que pongo los míos» (porque yo lo valgo), con una carga xenófoba importante de por medio… Y fíjate que en la vertiente norte nadie sabe quién es Lambán…, ¡ahora, que Soro es ya más famoso que el Tato!

Muy bien, Alberto.
Un apuntillo. Es que a la Forca de Estasen sí le han cambiado el nombre, es ahora el Cap d’Ixalenques.
Mira tú por donde, un tresmil secundario que ya tenía nombre hace cien años: la Fourche du Vallon Bleu. Así llamado por Jean Arlaud en los años 20 del siglo pasado a resultas de los primeros recorridos de la Cresta de Salenques. Vallon Bleu viene de Russell que llamó así a la parte superior del Valle de Salenques. Topónimos que Buyse respetó, así figura en la lista publicada en la revista Pyrénées nº154 en 1988. Sin embargo, consciente de que ese nombre no tenía tradición ninguna en España, hizo uso de una segunda denominación en nuestro idioma a sugerencia de Félix Masachs: la Forca de Estasen. En recuerdo de la primera nacional a la Cresta realizada por Lluis Estasen, Josep Rovira y Jofre Vila en 1927.
¿Crees que alguno de la Comisión se ha preocupado de estas cosas?
Saludos.

Sí, sí; ya lo creo que lo sabía: solo deseaba jugar un poco con lo del «Caso Nastase». Que igual están a tiempo de cambiar el nombre de esa Forca otra vez, pues si recientemente se inventaron el neo-topónimo (como todo parece apuntar), pues desde ahora dispondrían de otro «autóctono» documentado en 1989 (puedo dar nombres y apellidos, e incluso fotos). Con una traducción al español chula: la «Forca del Descorromoñe», o la «del Descuajeringue», por si gusta más esta segunda acepción…
Lo del Vallon Blue no tiene futuro alguno en estos listados xenófobos, como bien sabes. Ya, ya; me consta que tu duda era igualmente retórica, pues ha quedado bien claro que se trataba de eliminar a todo cuando huela a «forano». Salvo alguno que se les ha escapado por pura ignorancia…
Que Henry Russell dotara a la zona de un nombre tan poético en el siglo XIX y así lo indicara en sus obras… Que Jean Arlaud difundiera en el XX dicho nombre desde su propia casa en Toulouse… Eso les importa un pimientillo pocho…
A nadie de la Comisión de marras le interesa nada relacionado con la historia del pirineísmo. Solo se ocupan de seguir tratando de empedrar su «Aragón Imaginario».
Veremos si consiguen avanzar tan fácilmente como hasta ahora, dado que a muchos aragoneses se les ha caído la venda de los ojos…

Como de costumbre, os paso los enlaces de toda la serie completa, para quienes tengan curiosidad por reunir datos sobre el tema y, sobre todo, tiempo libre:
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/10/05/una-lista-soro-zombie/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/10/19/una-editorial-sociopolitica/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/10/30/en-busca-de-la-comision-perdida/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/11/09/existen-las-160-razones-no-mentirosas/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/11/17/y-los-expertos-del-aneto/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/11/26/entre-toponimistas-y-ufologos/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/12/01/por-sus-obras-los-conocereis/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/12/04/esas-cosicas-de-prames/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/12/07/una-lista-casaus-en-cuatro-cachos/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/12/10/los-mapas-de-sus-montanas/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2021/01/21/pero-existe-algun-toponimista-sensato/

ya podian haberte encargado a ti solo poner nombres nuevos a las montañas alberto que nos habriamos reido mas y la lista seria mas divertida

Bueno, creo que en tal caso hubiera sido más creativo, desde luego, aunque para darle un barniz aragonesizoide a un topónimo, tampoco hacen falta muchas neuronas… Quizás hubiera sido mejor dar nombres en plan «pico Lenin» o «pico Comunismo», destinando los nuevos nombrecitos a las instituciones y políticos hoy en el Poder regional… Así hubiésemos salido en los telediarios de medio mundo y, quizás, se hubiera reactivado el turismo de montaña aragonés, que falta hace… Dejo a tu imaginación elucubrar que nombres hubiera ido endosando a los Tresmiles oscenses con la misma alegría que ellos mismos han hecho con su colección de supuestas denominaciones autóctonas, Luis…

Vaya por Dios. Ahora resulta que esa monserga de los mapas de PRAMES (SA) del «tradicionalmente» y del «bla-bla-bla» con los montañeses dicen esto y los montañeses llaman lo otro pues resulta que no era asi exactamente. Que segun contaban los toponimistas serios sus nombres no aparecían por ningun lugar. Ahora entiendo la fuerte oposición a la «Lista Soro» en el Ayuntamiento de Benasque. Salio en la prensa y no lo invento.

Que no se me pase. Genial lo de las multi propuestas de nombre para el pico de Eriste. Si se me permite aportar mi granito de arena, diria que para colgar sus nombres no tiran de pitonisa ni de posos de te ni de nada. Para mi que lo hacen segun les da. Como creo que escribiste una vez en plan «monumento egocéntrico» o algo asi.

Hola, Makako… En efecto: con frecuencia pienso hasta qué punto están ideologizados como para ponerse el mundo por montera y cambiar nombres sin dar la menor explicación… No consigo sintonizar con mentes así, tan tomadas por su «Aragón Imaginario».

Mi gran duda es si esos caballeros que se han dedicado a cambiar nombres a diestro y siniestro, cargándose los que llevaban un, digamos, «recorrido histórico», creen verdaderamente que los suyos, huérfanos de razón alguna, se perpetuarán con el paso del tiempo. Seguro que contaban con la tradicional pasividad en el grueso del gremio montañero, eso fijo. Pero ya dudo más de que estuvieran hechos a que desde Internet quedaran tan al descubierto sus vergüenzas… En fin, ellos sabrán, Makako.

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