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¿Buscamos “pedazos de monte” por Benás?

Nuestras pequeñas pesquisas en torno a la “voz de las montañas” rondarán un poco más el Alto Ésera. Un lugar de privilegio para el montañismo. No en vano, la Vall atesora la mayor riqueza tresmilera del Pirineo. Es de suponer que habrá quedado algún poso de estos Techos en la lengua de los habitantes de sus faldas…, en otro tiempo. A fin de cuentas, solo una decena de los municipios de Huesca se alzan por encima de la cota 3.000 metros. Y muchos los consideran como una especie de joyas de la corona. Lo mejor de lo mejor de la orografía aragonesa.

Estas batidas en busca de los antiguos nombres autóctonos hay que efectuarlas sin perder de vista cierta advertencia de los lingüistas del siglo XIX: los testimonios de los habitantes del Pirineo se tienen que manejar siempre con extrema prudencia. Reunir todos los topónimos que se encuentren, lo mejor documentados que sea posible, desde luego. Pero no limitarse a insertarlos por las bravas en mapa o guía alguna, al estilo de esa Sociedad Anónima que dice ocuparse de los “Proyectos y Realizaciones Aragonesas de Montaña, Escalada y Senderismo”. Pongamos el caso de los abanderados de este proceso poco edificante.

Pero no nos fijemos en lo que bien podría considerarse como una pésima praxis… Insistamos: los estudiosos de antaño recomendaban no tocar lo que había perdurado en los mapas en curso sin antes cruzar los datos recopilados sobre el terreno con la crónica histórica, los nombres del catastro y otros documentos añejos. Con un estudio analítico y una exposición pública razonada de por medio antes de servir sus conjeturas como meras sugerencias, habría que añadir. Bien salpicado todo ello de los acaso, quizás y otras expresiones reveladoras de una actitud prudente, objetiva y comedida. Justo, justo, justo lo que parece que tampoco se ha realizado con las conclusiones de los más que dignos caballeros del “Proyecto Tresmiles” del Gobierno de Aragón. Porque en eso de imponer topónimos oscuros sin dar explicaciones detalladas, mejor no me extiendo, que el modus operandi gubernativo comienza a producir ya bastante melancolía…

Antes de entrar en materia, va una cita curiosa. De esas con las que ciertos eruditos gustan abrir sus publicaciones. Por ejemplo: ¿cómo se tomaba en el mundo islámico la diversidad idiomática de los siglos pretéritos? Pues circulaba por Siria un cuentecillo con reminiscencias medievales que decía algo parecido a esto:

“Allah, en Babel, dividió el mundo en setenta y dos lenguas. Pero los hombres, para no ser menos que Allah, dividieron cada una en otras setenta y dos maneras de expresarse”.

Es decir: hace unos novecientos años se pensaba que la Humanidad se expresaba en las setenta y dos lenguas principales y en las cinco mil ciento ochenta y cuatro derivaciones de estas. Semejante proliferación babeliana hace meditar en las tendencias actuales, que parecen ir justamente en sentido contrario… Porque, en la época del Internet y de las grandes migraciones, uno se pregunta cuántas variantes de las lenguas principales quedarán en activo de aquí a cien años. Cuando hay expertos que dudan incluso de la viabilidad, dentro de dos siglos, de un idioma no excesivamente extendido como el alemán… ¿Sobrevivirá la Lista Soro y demás realizaciones politizadas en la Aldea Global? Sinceramente, comienzo a dudarlo.

Dejemos tanto el mundo árabe como las profecías lingüísticas agoreras. Porque tenemos por delante un documento interesantísimo a partir del cual se podría establecer una colección de designaciones benasquesas fechadas en los años sesenta del siglo pasado. Dada la talla de su autor, ofrece unas indiscutibles garantías de buen hacer y veracidad. Se difundía desde cierta “Relación de topónimos ribagorzanos” que fue entregada hace casi un par de años en el Departamento de Política Lingüística del Gobierno de Aragón. Es decir: en los mismos dominios del hoy archi popular consejero, José Luis Soro, y en plena apoteosis del exótico Nomenclátor de los Tresmiles de Huesca que patrocinaba. Eran 82 páginas que firmaba Lucía Fernández Ferreres y que terminaban de un modo contundente que merece la pena destacar antes de acudir a su contenido:

“Este trabajo se terminó de elaborar el 9 de abril de 2019 en Saúnc. Deseo dedicarlo a todas las personas que aman la lengua aragonesa y ponen su empeño en aportar soluciones científicas, constructivas, honestas y aunadas para su reconocimiento, salvaguarda, normalización y dignificación, lejos de fines ególatras o ideológicos”.

Nada, no voy a comentar nada de este párrafo tan acertado. Que cada cual piense lo que desee respecto. Realmente ignoro su, o sus destinatarios, pero mi imaginación vuela ya en busca de las diversas candidaturas…

Sigamos avanzando. El trabajo en cuestión sacaba a la luz, al menos para los profanos en temas lingüísticos, esas recolectas de topónimos efectuadas por un erudito del calibre de Joan Coromines i Vigneaux. Con no pocas alusiones a un buen lote de topónimos benasqueses de alta cota desde su “Libreta XLVII, Ribagorça Aragonesa, Sobrarbe, 1965”.

Eran datos que, por fortuna, incluían diversos Tresmiles del entorno de Benasque. Por ello sus recolectas tienen gran valor, entre otros colectivos, para el montañero. Al menos, en lo que se refiere al catálogo de los topónimos que se fijaban sobre este territorio, allá por los años sesenta. Los de verdad, vamos: los usados por guías, arrieros, pastores o cazadores en trasiego por la zona. Lo cual quizás desenmascarara ciertas actuaciones “ególatras o ideologizadas” más o menos contemporáneas. Creo que es lo que denunciaba Fernández Ferreres, señalando hacia las actuaciones de quienes andan alejados de “soluciones científicas, constructivas, honestas y aunadas para su reconocimiento, salvaguarda, normalización y dignificación” de la lengua aragonesa. Y sirve un tesoro de nombres para el pirineísmo, pues esa recolecta del toponimista barcelonés daba pistas sobre cuánto había en circulación entre los montañeses de entonces. También delataría esos otros nombres que, muy posiblemente, eran inexistentes para los locales.

En dicho documento no se servían croquis que señalaran directamente hacia las cumbres. Una pena. Algunas cimas se lograban identificar con claridad, pero otras no tanto. Lo dicho: en esos últimos casos, la designación solo revelaría su mera constancia entre los nativos por un sector determinado, sin más. Con este texto tampoco llegaba la relación de informantes, ni el menor comentario sobre su idoneidad: de hecho, ciertos pirineístas del siglo XIX daban más datos en el terreno lingüístico. Sin embargo, por el mero hecho de que algunos benasqueses aludieran a las montañas que hoy nos interesan, se puede suponer que rondaban por su entorno inmediato. Y aunque, por suerte, Coronimes pareció contar con esa familia tan montañera de los Abadías-Sayó, acaso el resto de entrevistados contemplara las grandes cimas desde abajo o en la lejanía, sin hollarlas. O sea: sin soñar siquiera con la existencia de vértices secundarios y puntales dobles. Lo que entonces (¿y ahora?) solo interesaba a los deportistas, vamos.

Por lo demás, estamos ante trascripciones fonéticas. Como en el caso de esos topónimos originados en el seno del pirineísmo galo que hay que leer en francés y no en español, esta “Relación de topónimos ribagorzanos” estaba pensada esencialmente para ser verbalizada. Lo repito: como las de esos ancestros del montañismo de otros tiempos a quienes tanto se ha criticado por asuntos de grafía o por deslices leves más que explicables.

Había más peros sobre el tapete, tal y como indicaba Lucía Fernández Ferreres en su “Introducción”. Ciertas abreviaturas estaban poco claras, e incluso se suponía algún “lapsus” en el estudio, junto con la constatación de denominaciones hoy perdidas. Con otras complicaciones: esos nombres que mostraban una gran variedad de grafías, lo cual destrozaría las tesis unificadoras que practica ahora mismo la Consejería de Soro. Y acaso exoneraría de culpa a muchos pirineístas que también surtieron de versiones diversas para un mismo lugar… Sin embargo, es innegable que este trabajo, publicado inicialmente en 1965, obsequiaba un generoso repertorio de nombres de montañas benasquesas. Para quien lo quiera recibir verdaderamente.

Vamos ya con esos topónimos obtenidos por Coromines i Vigneaux: nos quedaremos solo con los que suenen a Tresmiles, esperando no haber olvidado ninguno de esta particular selección. Y lamentando que, al menos en dicha entrega, llegasen sin cota ni ubicación exacta, ni siquiera con el nombre o filiación de los informantes. Así pues, veámoslo únicamente como una especie de catálogo “fonético” de las posibles existencias de grandes cúspides dentro del nomenclátor montañés real. Que no es poco.

De esta forma se ha extractado cuanto nombre evoque a algún Tresmil, aunque fuese de forma un tanto peregrina, dentro de la “Libreta XLVII, Ribagorça Aragonesa, Sobrarbe, 1965” de Joan Coromines:

Folio 1, Benasc 20-VIII-1965, Mapa Fonda Sayó:

“Posets (Grist); Coma de Paüls; Tuca de Posets; Puerto de Cllarabides; Cllarabida; Lago de Bardemina (cf. Bardamina); Fuente de Posets; Puerto de Padergues (?); Lago de Gias/Chias (l.e.i.); Pico de Perdiguero; Pico de Crabiules; Barranco de Remuñe; Pico de Maupás; Torre de Maupás; Pico Mullieres; Pico les Salenques; Valle de Barrancs; Pico de Tempestades; Pico Aneto; Pico de Coronas; Punta Astorg (l.e.i.); Cuello Maldito; Pico de la Maladeta; Pico Alba; Pico Aragüells; Vallibierna”.

Llinde B: B. Berot año 1660 [¿1866?]:

“Vallibierna; Pic Russel (sic)”.

Folio 4:

“Vallibièrna”.

Folio 5:

“Lliteròla; El Perdiguèro; El Séll de la Bàco; La Paúl”.

Folio 6:

“Les Bànques de Puséts (Grist); La Túca Poséts (Grist); Llardàna (Grist); Llardanéta (Grist); Gúrks a Blàns (nom francès); La Túca de Ò; Túca de Bardamína o de Poséts”.

Folio 7:

“Aragüélls (no Eroueil)”.

Folio 8:

“(Ll)ibón de Vallibierna; Aragüéllch; Llosàs; Corónes; Faldes de l’Anéto; Cabàna de Llosàs; Chuminèra del Anéto”.

Folio 9:

“Turonét de Àlba; Dién de Àlba; Pico de Margarída”.

Folio 11:

“El Perdiguèro; Puénte de Ò; Poséts; Bardamina (duda de si pertenece a Saúnc); Vallibiérna; Túca les Culèbres; Creuéña; Collàda de Ixalénca; Píco Maldíto; La Maladéta; Molières; El Píco d(e)’Alba; Corónes (de Vallibiérna)”.

Folio 12:

“Túca les Culèbres; L’Aigüéta des Corónes”.

Folio 16:

“Les Bànques des Poséts (son feixas); Ibón de Bardamína; L’Ibón de Ò (No Sias l.e.i.) (cf. Tuca Roya); Vallibierna; Aragüéllx; Les Corónes; Yosàs”.

Folio 17:

“Túca les Culèbres; Creuéña (sic); Es Barràncs; La Ixalénca (en p.44: Salenca)”.

Folio 18:

“Túca Les Culèbres; Llosàs; Aragüéllch; El Vall Cregüéña; Còll Maldíto; Àlba”.

Folio 19:

“El Píco d’Àlba; El Tucón d’Àlba; La Dién d’Àlba; La Maladéta; Es Glasié(r)s (?) d’Anéto; Anéto; Vàll de Barràngs (sic); Libón de Barràngs (sic); La Ixalénca (és un portiello) (en p.44: Salenca); Mulières; Puérto del Bóm; Malpàs (cf. Maupàs); Tuca de Lliteròla; Píco de Lliteròla; El Perdiguero”.

Folio 20:

“El Perdiguéro; Puérto de Ò; Puérto de Cllarabíde/Cllarabída; Túca Ròya (Sias l.e.i) (cf. L’Ibón de O); Es Poséts; Palànca de Vallibièrna”.

Folio 22:

“Pic Astorg”.

Folio 27:

“Bagüeñòla; Bagüéña (cota 3013)”.

Folio 28:

“Barrànco de Gríst; La Pléta Llardàna; Llardanéta (pedaso de monte); Píco Llardàna (por Llardana se sube bien pero los de Benàs le han puesto Es Puséts però per allí no es puja); El Libón (sic) de Llardanéta; La Forquéta; Els Libóns (sic) de Llardàna”.

Folio 31:

“Cobàrcho Llardàna; Les Espàdes; Forau de la Neu; La Forqueta; Tuca de Llardana; P. (Pico?) de Tourets (l.e.i)”.

Folio 38:

“La Cuesta de Eriste”.

Folio 43. Llista de Partides dictada al Dr. Sánchez Costa pel guarda, que ye fillo de Benàs (idem folios 44 y 45):

“Corones; Aragüells/Aragüellx; Tuca de les Corones o Tuqueta Bllanca [¿?]; Puerto de O; Les Banques des Possets/Bànques de Poséts”.

Y eso es todo. Creo que nada más se recopiló en 1965 con aroma a Cúspide por los “pedazos de monte” de la Vall. Bien se ve: hay una ausencia clamorosa de los nombrecitos más curiosones de las Listas Casaus, Naranjita o Soro. Que manda narices la cosa.

Quienes estudien los topónimos arriba reseñados acumularán no pocas dudas a la vista de un documento, para muchos pirineístas, tan esclarecedor como indispensable. Yo diría que la mayor parte de los topónimos son los hoy llamados “clásicos”, los que se habían manejado desde siempre, con leves variaciones y alguna evolución lógica. Con versionados incluso… Una recolecta que no deja de resaltar la belleza fonética de los nombres de las montañas de Benasque. Vaya siempre por delante.

Más de uno habrá buscado en vano por la obra de Joan Coromines esas tucas, que no picos, de la Crus, del Estraperlo, del Cap de la Vall y largo etcétera. Las misteriosas materializaciones obtenidas, cualquiera sabe dónde, por expertos de la Comisión Asesora del Gobierno de Aragón como Chesús Casaus y, muy probablemente, José Antonio Saura. Es de suponer, pues la bruma sigue imperando por estos andurriales de un modo tal que invita a creer en esa teoría tan heterodoxa sobre los marcianitos toponimistas del fondo del ibón de Cregüeña. La base subterránea alienígena de la que se habla en Benás, ya se sabe…

¡Venga!, que aunque suene a sarcasmo, nada para cerrar este artículo como, con los nombres del filólogo, lexicógrafo y etimólogo barcelonés a la vista, volver a recordar ese sonsonete que los voluntariosos mozos de PRAMES SA gustaban colgar en buena parte de los cuadernillos de sus mapas:

“Tradicionalmente el Pirineo Aragonés ha sido cartografiado por gentes foráneas que desconocían la toponimia o la fonética de la lengua aragonesa. Por eso ha habido multitud de errores en las transcripciones realizadas en los mapas y que se han arrastrado de uno a otro. Por filosofía editorial y a petición de los ayuntamientos de la zona, hemos empleado el auténtico nombre local, junto al topónimo que la cartografía ha inventado o mal interpretado. Aquí reflejamos una pequeña muestra de las correcciones toponímicas que aparecen en el mapa y que responden a la triple faceta de recuperación cultural, rectificación de errores y al deseo de los moradores de estas tierras”.

Ya. ¡Caramba con el Sermón de la Montaña…! Quién sabe si, antes de que nos caigan encima las siguientes elecciones autonómicas, desde el emporio empresarial con sede en Zaragoza se editará (por si acaso) una nueva edición de “Los mapas de nuestras montañas”. Las de ellos, claro está. Con la pegatina de la Consejería de Vertebración Territorial, Movilidad y Vivienda bien ostentosa. Que vertebrar el Pirineo al estilo de Chunta es imprescindible, incluso en estos tiempos convulsos que hoy vivimos.

Bien se ve lo que les importa la “voz de las montañas”. La de verdad.

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Por Alberto Martínez

Alberto Martínez Embid practica el montañismo desde que era un crío. Últimamente llama la atención su faceta divulgadora, que se podría glosar como firmante de veinticinco libros y participante en veinticuatro colectivos, sin olvidarse de sus más de mil setecientos artículos. Casi todos, de temática pirenaica. Aunque se ha hecho acreedor de tres galardones de narrativa, seis de investigación histórica y siete de periodismo, se muestra especialmente orgulloso del Premio Desnivel de Literatura de Montaña de 2005.

7 respuestas a «¿Buscamos “pedazos de monte” por Benás?»

En fin, confiemos en que esta locura, en bien de todos, no dure mucho más tiempo. Sin embargo, parece iluso esperar una rectificación, por más que la lista Soro haya sido muy contestada, incluso, creo, desde algún medio oficial y ayuntamiento.
Un abrazo.

No, no lo creo, José: es un problema político que solo desde otra opción política se solucionará. Al menos, a medio plazo, pues dudo que a corto. Y con mil «quizás» de por medio, pues ya se sabe cómo anda de revuelto el tingladillo político ahora. En cuanto a los promotores del engendro, imagino que andarán bien ufanos, viendo que sus exóticos nombres han subido al nomenclátor y así adquieren «veteranía» con los años. O eso esperan: la inmortalidad de sus inventos, adaptaciones y demás. Y que los de su tribu les jaleen. Hasta la siguiente: ¿ya habrán puesto en marcha el «Proyecto Dosmiles»? En fin: poco queda, salvo tratar de sacar a la luz sus maniobras y que quede constancia de ellas, que eso es lo bueno de Internet… Todo ello, con todo el buen humor del que seamos capaces, ¡pues el vodevil de la Comisión Asesora de Toponimia está siendo de primera!

Dejame. Dejame que saboree las palabras de Lucía Fernández Ferreres.
«Deseo dedicarlo a todas las personas que aman la lengua aragonesa y ponen su empeño en aportar soluciones científicas, constructivas, honestas y aunadas para su reconocimiento, salvaguarda, normalización y dignificación, lejos de fines ególatras o ideológicos”.
Fantástico Alberto.

Te ha gustado, ¿eh? También a mí, lo reconozco: cuando descubrí ese párrafo de Lucía Fernández Ferreres, aun sin conocer por dónde iban realmente los tiros, no pude evitar una sonrisa de oreja a oreja. Un tanto triste, pues todo este asunto de la toponimia de Aragón no puede gustar a ningún «local»… Y, bueno, la imaginación vuela libre en pos de los posibles destinatarios del comentario, Makako…

alberto es ya tradicion empezar la mañana del jueves leyendo tus estudios que son siempre magnificos y espero duren hasta el verano

Bueno, Luis, ha sido casualidad, que igual te cae el tocho toponímico semanal en otro día… Celebro que los esperes con ganas, pues estimula mucho el poder compartir con montañeros veteranos como tú estas cosillas que se descubren un poco por todo… Y han demonizado tanto al gremio del piolet y los crampones, ya sea el nacional o el foráneo (nuestros hermanos), que cuanto menos hay que tranquilizarlo… Hay mucha manipulación ideológica rondando, incluso en nuestro mismo entorno: que cuanto menos no nos engañen…

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