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¿Dinamita y toponimia?

¡Bum! Un poco de dinamita y los nazis se cargaron el monumento de los Pattison, esa joven pareja ahogada en el lago de Gaube durante su viaje de novios en 1832. Que para eso eran ingleses, y a los amos de la Francia de 1940 no les molaba nada dicha nación. Seguido, la tomaron con la estatua de Henry Russell en la entrada a Gavarnie: en 1942 los sicarios de los alemanes la robaron para fundir sus trescientos cincuenta y siete kilos de bronce.

Así pues, que en 2020 cierta Consejería del Gobierno de Aragón haya hecho desaparecer el pico de Russell de su Nomenclátor oficialista no es el peor atentado cultural que ha sufrido el más importante de los pirineístas. ¿Acaso por su pasaporte británico? ¡Ay!, los riesgos de ser foráneo cuando andan de por medio ciertos personajes que dicen “defender lo suyo”.

No hay problema. Casi siempre, lo injusto acaba por repararse. Cuando pasó la marea de los bárbaros hitlerianos, el monumento a Russell fue reconstruido y vuelto a instalar: en 1952 se reinauguró, quedando tal y como hoy lo conocemos. Seguro que esa gracieta que han hecho con un nombre originado en 1866 también se rectifica…

Con este entrante tan estruendoso, nada como sosegarnos un pelín sin dejar el Alto Ésera. Por ejemplo, organizando un viaje entre las 464 páginas de un texto más que interesante: las Actas del I Encuentro “Villa de Benasque” sobre Lenguas y Culturas Pirenaicas, celebrado en Benasque del 16 al 20 de septiembre de 1996. Aunque sea por ver si descubrimos esas “voces de las montañas” que, desde ciertos sectores ideologizados, les han adjudicado como origen a los exóticos nombres de la Lista Soro de Tresmiles. Ya se sabe: al uso de esa gastada cantinela del “tradicionalmente”…

El recopilatorio de intervenciones al que hoy nos referimos fue tirado en 1997 por cuenta del Departamento de Educación y Cultura de la Diputación General de Aragón, con un coordinador editorial tan solvente como José Luis Acín Fanlo. Más de un lector interesado en la toponimia de altas cotas puede figurarse que un libro así rebosaría un poco por todo de denominaciones autóctonas…, ¡a que sí!

Pues no. A pesar de que por entonces los recolectores de la Sociedad Anónima PRAMES ya pululaban por el sector y comenzaban a engrosar sus colecciones de misteriosos topónimos, se ve que nadie más encontró nada “novedoso” relacionado con las Cúspides de Benasque. Fuera de las designaciones “clásicas”, se entiende. De hecho, llama la atención dentro de esta obra tan especializada en “Lengua y Cultura”, se mirase tan poco hacia los notorios remates de la Vall

En realidad, el tratamiento que se dio a las montañas benasquesas, y a las del resto de la cordillera, fue de lo más ortodoxo. Pongamos el texto inaugural, firmado por una autoridad del prestigio de Tomás Buesa Oliver. En su “Panorama de los Pirineos” [páginas 13-30] afloraban unas líneas de gran belleza e innegable erudición. Cuesta poco extractar esos párrafos donde aludía, aunque fuera de forma indirecta y escasamente lingüística, a las cotas altas oscenses. Disfrutemos, pues, de estos jalones de la prosa poética del gran filólogo de Jaca:

“[…] Este macizo es rectilíneo, con cuatrocientos treinta y cinco kilómetros de longitud y de anchura variable: alcanza su máximo en el centro con ciento cincuenta kilómetros, y sus mínimos en los extremos con unos diez kilómetros entre el Ampurdán y el Rosellón, junto al Mediterráneo, y alrededor de veinticinco kilómetros en la zona vasca de España y Francia. Su disposición longitudinal en forma de huso afilado tiene, según precisiones de Mensua, su correspondencia en el perfil altimétrico que dibuja como un gran arco, cuya mayor elevación, en el macizo de la Maladeta con el pico de Aneto de 3.404 metros, se sitúa en la parte central, la más abombada, a partir de la cual las alturas descienden hacia las puntas del huso, más rápidamente en el Mediterráneo y progresivamente hacia el Cantábrico, donde los Pirineos quedan convertidos en un conjunto de elevaciones de reducida altitud […].

”En el eje de la Cordillera o zona axial se hallan las principales cumbres, destacando vigorosamente con más de 3.000 metros los macizos de Maladeta, Posets y Comaloformo; se aproximan a esa altura Carlit, Puigmal y Canigó. Hay una doble banda dispuesta paralelamente al norte y sur de la zona axial, es decir, respectivamente hasta el macizo de Aquitania y el del Ebro. En la vertiente española se distingue una alienación montañosa formada por el Balaitus y Monte Perdido, que superan los 3.000 metros de altitud, y con más de 2.000, peña Collarada, Cotiella, Baseiro, Turbón y Boumort, que forman las llamadas sierras interiores. Hay otro conjunto más meridional que no alcanza los 2.000 metros: sierras de Leire, Santo Domingo, Loarre, Guara, Montroig y Montsec, denominadas sierras exteriores, que miran hacia la depresión del Ebro. Entre las sierras interiores y las exteriores se sitúa la depresión intermedia, en donde se halla la Cuenca de Pamplona, la Canal de Berdún y la Cuenca de Tremp. Este complejo sistema se reduce al este del Segre a un solo conjunto divergente, origen del complicado sistema de macizos superiores a 2.000 metros, del Bergadá (Cadí, Pedraforca, Port de Comte), y a las suaves sierras del este del Llobregat, inferiores a 1.500 metros, de Besagoda y Albedes (Solé) […].

”En las altas cumbres, a más de 3.000 metros de altitud, donde dominó y sigue dominando el hielo con sus temperaturas gélidas, se impuso el tipo de modelado glaciar: amplios valles de fondo plano con sus dentelladas cresterías y sus circos de paredes escarpadas, salpicados de pequeños lagos (ibones). La erosión glaciar producida en el Cuaternario excavó valles en artesa y circos en cuyos fondos se conservan más de 2.200 lagos, denominados ibones en Aragón. La gelifracción, aún activa, ha fragmentado las paredes y cumbres, confiriéndoles el típico aspecto de pirámides y crestas de paredes verticales y quebradas divisorias de aguas. Restos de este glaciarismo cuaternario, según Solé, son los glaciares de la Maladeta, Monte Perdido, Posets y Vignemales, todos en vías de regresión; en la vertiente norte del último pico citado se encuentra el de Oulettes de Gobe, que es el único glaciar bien conservado; mide veintiún kilómetros de longitud, entre ochenta y noventa metros de ancho y cien metros de espesor. Otros muchos han quedado actualmente reducidos a ventisqueros (cuñestras), en los que la nieve se conserva en verano; ya no hay ahora verdadera formación de hielo, ni se registran los movimientos de descenso que caracterizan la dinámica glaciar, como sucede en los Alpes. Los lagos de alta montaña proporcionan uno de los mayores atractivos al paisaje pirenaico. Se hallan en cotas cercanas a los 2.000 metros, en las hondonadas de los altos valles o en el fondo accidentado de los circos. En sus aguas tranquilas, de una pureza insuperable –escribe Solé– se reflejan las recortadas cresterías, los abetos corpulentos y los manchones de nieve. Y en los prados de sus riberas pacen los rebaños que con el metálico sonido de sus cencerros apenas llegan a alterar la solemne pausa de las altas cimas”.

En el texto de Buesa no se echan de menos esas tucas fantasmagóricas de las Listas Casaus o Soro, desde luego. Bien se ha visto: se ciñó a Maladeta, Aneto y Posets en Benasque…, no lejos de otros Tresmiles oscenses como Balaitus, Monte Perdido y Vignemales. Eran los tiempos de la toponimia de corte “clásico”, desde luego. Sin rarezas que se pasean entre los mapas.

Muy poco espacio se destinó a la montaña en las Actas del I Encuentro “Villa de Benasque” sobre Lenguas y Culturas Pirenaicas. Así y todo, aprovechando que marchamos por estos andurriales, podemos repasar algún fragmento de la conferencia de clausura del germano Günther Haensch: “Los Pirineos, encrucijada de lenguas y dialectos” [páginas 187-211]. Por ejemplo, esa visión como espacio común de ambas vertientes de la cordillera que acaso apoyaba la tesis del lógico intercambio de nombres entre ellas:

“Los Pirineos como barrera correspondían a la visión de la gente que vivía fuera de ellos y que pensaba en coches de caballos y, más tarde, en trenes y automóviles. En cambio, para los montañeses, vigorosos, sufridos y tenaces, la montaña nunca ha constituido un obstáculo, sino, al contrario, un elemento de unión. Los hombres de ambos lados de la cordillera desarrollaron formas de vida peculiares adaptadas a la montaña, con una explotación particular de los recursos económicos, esencialmente, ganadería, economía forestal y algunos oficios artesanales, así como con usos y costumbres específicos. Todo ello determinó la originalidad del mundo pirenaico, que presenta, y presentaba aún mucho más en el pasado, numerosos elementos comunes en las dos vertientes; en cambio, existían diferencias bastante pronunciadas frente a las tierras bajas de Francia y de España. Como lo han destacado varios autores, para los hombres de la alta montaña y de los valles superiores no existía, hasta el siglo XVI, una frontera entre ambas vertientes. Un autor benasqués, Ángel Bailarín, caracterizó esta situación del modo siguiente: Durante muchos siglos los habitantes de los valles altos no fueron franceses ni españoles; eran simplemente montañeses, habitantes de las montañas. La montaña era su patria común, su tierra; lo extraño era el llano […].

”Creo que la existencia de estas barreras con sus estrechos desfiladeros, generalmente intransitables, explica por qué el paso de la alta montaña al somontano era tan difícil. Este es uno de los factores que determinaron la orientación de los montañeses hacia la alta montaña. El otro, más importante aún, eran las necesidades económicas. El principal recurso económico de los montañeses era el ganado lanar y mular. Como los buenos pastos verdes estaban en la alta montaña, los montañeses subían a los puertos y muchos de ellos bajaban a la vertiente francesa. Algunos de mis informantes de Bonansa me relataron, hace ya cuarenta y cinco años, que en su juventud pasaban todos los años con grandes rebaños de ovejas del valle del Noguera Ribagorzana, por el puerto de Viella, o el puerto de Rius, al valle de Arán donde tenían pastos. Hubo también importantes movimientos demográficos entre ambas vertientes del Pirineo: emigración definitiva de gascones a Cataluña y de pallareses al sur de Francia, trabajadores temporeros de la vertiente norte del Pirineo para la mies y vendimia en España, muchachas aragonesas que, en invierno, trabajaban en el sur de Francia como alpargateras, etcétera. Siempre hubo un intercambio comercial entre el norte y el sur de la Cordillera pirenaica. Los habitantes de la vertiente francesa importaron, entre otras cosas, aceite de oliva, vino, sal y lana. Incluso funcionaba entre poblaciones de ambas vertientes un sistema de ayuda mutua: en tiempos de escasez de alimentos unos pueblos suministraban a los vecinos del otro lado lo que les hacía falta. Los lazos más estrechos entre valles pirenaicos franceses y españoles del Pirineo existían en materia de pastoreo, en muchos casos formalizados mediante convenios entre valles (en francés lies et passeries)”.

Hay otros párrafos que, a tenor de las afirmaciones de ciertos toponimistas actuales, para mí notoriamente ideologizados, pueden ser de interesante extracto. Más que por otra cosa, para que los foráneos (e incluso los aragoneses despistados) tengan noticia objetiva de cómo contemplaba este reconocido lingüista, especializado en “dialectología aragonesa y catalana”, entre otros temas que vienen muy a cuento, ciertas cuestiones idiomáticas del terruño:

“El aragonés común de la Edad Media que hubiera podido llegar a ser la lengua general de Aragón fue desplazado por el castellano. Solo se conservaron hablas altoaragonesas en parte del Alto Aragón, que han ido extinguiéndose cada vez más. Después de más de treinta años de un centralismo arrollador bajo el régimen franquista, se inició en toda España, después de la implantación de la democracia, una fuerte corriente regionalista y autonomista. Las regiones intentaban recuperar su identidad histórica o incluso crearse una cuando no la habían tenido antes. Esto explica por qué un grupo de universitarios aragoneses entusiastas de sus tierras aragonesas fundó en 1976 el Consello d’a Fabla Aragonesa con el fin de crear un aragonés común unificado, llamado fabla aragonesa. Los partidarios de la fabla aspiran a una normalización a dos niveles: lingüístico, con una codificación y sistematización de todos los elementos del aragonés (léxicos, morfológicos, sintácticos y fonéticos) para su posterior divulgación; socio-cultural y político, que implica el poner en plano de igualdad al aragonés y al castellano, dentro, claro es, del Alto Aragón aragoneso-hablante. La introducción de la fabla es problemática. Aunque ésta haya aprovechado elementos de las hablas vivas, es un producto de laboratorio, una lengua que no está consagrada por un uso colectivo multisecular como el que existió en el proceso de formación del castellano, del francés y del alemán. Además hay que tener en cuenta que, de los 1’2 millones de habitantes que tienen las tres provincias aragonesas hoy, apenas el 1% o incluso menos, se expresa todavía en hablas locales, por lo demás muy diferenciadas. Según mis informaciones, la fabla ha tenido hasta ahora menos acogida entre los montañeses, que usan todavía hablas locales, porque prefieren éstas a una lengua que consideran como artificial, que entre hablantes del castellano regional en las tierras bajas, por ejemplo, en el valle del Ebro. Hay que señalar que se ha publicado cierto número de obras literarias escritas en la fabla, que se dan clases de ella, etcétera, pero su introducción como lengua general de Aragón es muy problemática y, según la opinión de muchos lingüistas, utópica. Como dicen muy bien los protagonistas de la fabla: el problema es esencialmente político y quien ha de tener la última palabra han de ser los propios altoaragoneses”.

Nada como ver las cosas con objetividad y desde fuera del cotarrillo, desde luego. Pero dejemos aquí las enseñanzas de Haensch, el desaparecido lingüista, lexicógrafo, terminólogo e hispanista de Munich…

Ni que decir tiene, en estas Actas de 1996 había otros textos que encenderán una luz roja entre quienes sigan, como suerte de hobby entretenido, las peripecias recientes de esa quincena de miembros de la “Comisión Asesora de Toponimia”. Porque en las sesiones en el Benasque de 1996 también sirvieron sus trabajos ciertos caballeros:  

José María Enguita: “Reflexiones sobre la realidad lingüística del Pirineo aragonés” [páginas 279-295].

José Antonio Saura: “La cuestión de la filiación filológica del benasqués actual desde una perspectiva fonético-fonológica” [páginas 309-334].

Ya sé que puede parecer poco significativo buscar nombres de montañas por cualquier artículo, trate sobre lo que trate. Así y todo lo hice… No, por allí tampoco asomaba la oreja ninguno de los maravillosos topónimos que este duetto de expertos del “Proyecto Tresmiles” acaban de apadrinar. ¡Y uno que se figuraba tan cándidamente que, con cualquier excusa, aflorarían decenas, centenas e incluso miles de denominaciones autóctonas desde las Factorías Enguita o Saura…! En todo caso, este último hizo alusión a “Vallibierna”, aunque de un modo vago y, diría yo, refiriéndose al valle salvaje que guarda el flanco sur de los Montes Malditos.

Tenía curiosidad y acudí a Internet para seguir estas pesquisas en la obra de Saura, que para eso es un mozo de Eriste/Grist. Por buscar alguna pista de la nueva Nomenclatura que tan alegremente ha certificado y, acaso, compuesto a su gusto. Cribando los textos que nada tenían que ver con el Alto Ésera, una búsqueda no exhaustiva me condujo hacia estos artículos de su amplio corpus:

“En torno a la sufijación apreciativa en el valle de Benasque” [30 páginas]; “Tanteos para la redacción de un Diccionario Etimológico Benasqués” [13 páginas]; “Heterogénea benasquesa” [8 páginas]; “Unidades de relación en benasqués” [20 páginas]; “Incrementos átonos benasqueses” [21 páginas]; “La toponimia como reserva lingüística de un espacio recesivo: el Alto Aragón (España)” [8 páginas].

Poco que reseñar en tales trabajos, salvo la aparición, un tanto circunstancial, del término “Grist”, y no del todo vinculado con el Tresmil. No sé: todavía esperaba descubrir los nombrecitos de las Listas Casaus o Soro aquí y allí, sembrados a placer entre sus siempre doctos trabajos. Me centré, pues, en otro artículo que prometía. No en vano, el paraje al que alude está poco menos que rodeado de Cúspides: “En la órbita del topónimo Aiguallut”, publicado en el número 88 de Fontes Liguae Vasconun en 2001 [10 páginas]. Que, insisto, firmaba un eminente nativo, reconocido misache de la Vall

Nada: por allí no aparecía nada que fuera aprovechable sobre los nombres autóctonos de esos picos de Benás que sobrepasan la línea de los 3.000 metros. Bueno, puestos a salvar algo de corte montaraz del texto de José Antonio Saura, me hizo gracia la cita de entrada: “Los tranquilos animales se acercan para que yo les diga su nombre”…, obtenido de un poema de Jorge Luis Borges. Como apunté hace no mucho, me gusta más la letra de “El hombre puso nombre a los animales”, de Joaquín Sabina. Ambas podrían ser buenas indicadoras del, acaso, sistema seguido para colgarles denominaciones de nuevo cuño a los Techos de su tierra. Ante la persistente falta de explicaciones, cualquier cosa me vale. Extraterrestres incluidos.

Sigamos un poco más en este artículo de Saura Rami sobre “Aiguallut”. Llama la atención que arrancara sus páginas con unas líneas más que significativas. Atentos:

“Quién sabe si por suerte o por desgracia, en el mundo de los nombres de lugar no siempre resulta sencillo tener la certeza de que las cosas que uno escribe se compadecen efectivamente con la verdad –etimológica, bien se entiende–, por más que se haya hecho de tal objetivo casi una cuestión personal. Pues bien, el que nos ocupa [Aiguallut] es uno de esos casos. Si, pese a todo, me decido a exponerlas, más todavía que por estimar que lo señalado hasta la fecha en torno a este topónimo sea, en mayor o menor medida, desacertado, es porque creo conveniente dar a conocer mis reflexiones al respecto, en la idea de que de esta modesta intervención pudiera surgir en un futuro no demasiado lejano la solución definitiva de este pequeño enigma”.

¡Pues vaya! Porque para imponer en 2020 sus teorías, cuando uno está a la sombra de la Consejería controlada por Chunta, no hay problema alguno, bien se ve. ¿Será cierto que el Poder genera diosecillos menores…?

Poco después, el futuro Hombre de Soro hablaba de “la pronunciación popular del topónimo dentro del valle, la auténtica siempre y, por consiguiente, la que más datos nos suele suministrar en este resbaladizo campo”. ¡Y tan resbaladizo! Pues no veas cómo se puede esbalizar quién se saque de la manga cierta “Maladeta de Corones” para designar nada más y nada menos que al pico de Aneto…

Descubrí por estos andurriales pocos topónimos, salvo el del “glaciar de Aneto” y el de “Cllarabida”. En un total de 110 páginas revisadas de este autor local. Un promedio paupérrimo de descubiertas. En fin; para qué seguir por páramos tan tristes…

Los empentones aragonesizoides le han zumbado el pico de Russell. Un nombre con 154 años de antigüedad situado en un mapa inglés donde antes nada había. Así, tiempo es de resucitar las palabras del toponimista Louis Le Bondidier cuando denunció en 1942 el atentado contra la estatua del gran pirineísta por parte de los nazis. Cambiando los muy-muy diferentes contextos históricos, yo lo aplicaría retocando cuatro cosas para el affaire de este Tresmil en 2020:

“A Russell… Para perpetuar tu memoria a las generaciones que nos releven, te habíamos alzado este monumento en Gavarnie, frente al Vignemale. El destino trágico del país en que naciste, viviste y moriste, el mismo en el que reposas, ese que tú amaste del mismo modo que a la Irlanda católica de tus ancestros, quiere que dicho bronce desaparezca antes que aquéllos que lo edificaron. La estatua alzada por el reconocimiento y el amor, va a ser robada. Después de todo, parece lógico que en una época de locura y de retorno a la barbarie como la nuestra, se roben y destruyan las imágenes de los poetas, de los soñadores, de los portaestandartes de una civilización que agoniza en medio de sangre. Vas a marcharte. Sea, pues… Añadamos esta tristeza a tantas otras que nos atormentan en la hora presente. Quienes te conocieron, te tendrán en sus pensamientos cuando pasen por tu emplazamiento vacío, y los demás, quienes en un tiempo futuro compartan tu amor por la montaña y la naturaleza, situarán tu recuerdo espiritual sobre otro pedestal, el único que queda de tu talla: el Vignemale. En el nombre de los habitantes de Gavarnie, en el de tus amigos y en el de tus admiradores, en nombre del pirineísmo: adiós, Russell”.

Tengo curiosidad: ¿el hacendoso filólogo de Eriste/Grist que ha refrendado el trueque de nombres sabrá que Henry Russell tuvo una relación afectiva en Benasque hacia 1885? Ha aparecido en negro sobre blanco, con nombre y apellidos: María Dolores Albar y Cornel, de Casa Chuanamat. Yo mismo he hablado sin problemas con alguien de esta familia, quien confirmó tales vínculos, acaso de corte “platónico”…

Tiempo habrá de recuperar lo destrozado por las ventoleras ideológicas. No me cabe la menor duda: más pronto que tarde, el pico de Russell volverá incluso a esos mapas hoy politizados de la Vall de Benás. Entre tanto, el topónimo seguirá vivo en los croquis, textos y charlas del grueso de los pirineístas. Fijo que sí.

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Por Alberto Martínez

Alberto Martínez Embid practica el montañismo desde que era un crío. Últimamente llama la atención su faceta divulgadora, que se podría glosar como firmante de veinticinco libros y participante en veinticuatro colectivos, sin olvidarse de sus más de mil setecientos artículos. Casi todos, de temática pirenaica. Aunque se ha hecho acreedor de tres galardones de narrativa, seis de investigación histórica y siete de periodismo, se muestra especialmente orgulloso del Premio Desnivel de Literatura de Montaña de 2005.

9 respuestas a «¿Dinamita y toponimia?»

Bravo Alberto, a mi parecer, lo has bordado!
A propósito de “reescribir”, y trayendo de nuevo a colación a Borges, existe un cuento suyo llamado “Pierre Menard, autor del Quijote”, donde el tal Menard se empeña en escribir (reescribir) el Quijote sin haberlo leído. Estoy pensando . . . no tendría J.A. Saura un propósito parecido con la toponimia pirenaica??
Creo recordar que Pierre Menard lo intentaba cada día, y al darse cuenta de que no lo conseguía, recogía los papeles en un montoncito y hacía una fogata. . .
Si te valen las explicaciones con extraterrestres de por medio, esta también puede tener un pase, verdad?

Hola, Eloi… Ciertamente que sí, me vale, me vale esta otra teoría, aunque he de confesarte (ahora que nos oye nadie), que la de los marcianitos toponimistas del ibón de Cregüeña, los de la base sumergida que recoge algún texto entre las tradiciones benasquesas, me parece mucho más factible… Quizás me tragué demasiados episodios del «Expediente X» cuando era adolescente… Pero buscaré con gran interés el pasaje del que me informas, pues no he terminado la serie sobre las miserias de la toponimia de alta cota aragonesa en cuanto solvente otros asuntos pendientes…

Ya he insistido en varias ocasiones sobre la naturaleza de las hablas de los diferentes valles pirenaicos. Es triste la «normalización» y creación de nuevas lenguas a ambos lados de Aragón, en lo que supone de desaparición de antiguas lenguas (menos mal que la de Oc parece haberse salvado de la quema por el momento). Pero en el caso de Aragón todavía parece mayor despropósito y aún lo es más el atentado toponímico que suponen los nuevos bautizos.

Bueno; a pesar del dinero que parece que se le ha destinando, ya veremos en qué queda la «fabla» de nuevo cuño… Desde luego, vayan mis mejores votos hacia cada una de las lenguas reales de cada valle, que perduren en el tiempo frente a las previsibles dificultades que les guarda el Tercer Milenio… Por lo demás, tengo curiosidad: nuestra Consejería «Vertebradora», ¿seguirá con un «Proyecto Dosmiles» y un «Proyecto Miles»? ¿Con los mismos «expertos» de la Comisión Asesora de Toponimia? Curiosidad no me falta, la verdad…

Los antecedentes de esta serie dedicada al “Proyecto Tresmiles”:
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/10/05/una-lista-soro-zombie/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/10/19/una-editorial-sociopolitica/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/10/30/en-busca-de-la-comision-perdida/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/11/09/existen-las-160-razones-no-mentirosas/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/11/17/y-los-expertos-del-aneto/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/11/26/entre-toponimistas-y-ufologos/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/12/01/por-sus-obras-los-conocereis/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/12/04/esas-cosicas-de-prames/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/12/07/una-lista-casaus-en-cuatro-cachos/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/12/10/los-mapas-de-sus-montanas/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2021/01/21/pero-existe-algun-toponimista-sensato/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2021/01/28/subimos-al-pico-de-yristi-eristi-grist-o-heriste/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2021/02/04/buscamos-pedazos-de-monte-por-benas/

Uno no deja de preguntarse qué pensaría Buesa si le hubieran pasado por delante las maravillas inconmensurables de la «Lista Soro», culmen de la lingüística contemporánea aragonesa, pasmo del resto del Universo…

Alberto a ver si te animas a encajar las emocionantes palabras de LeBondidier con el adiós por el momento al pico de Russell. No se si puedes hacerlo.

Sin problemas, Makako. A ver así:
“A Russell… Para perpetuar tu memoria a las generaciones que nos releven, te habían destinado este nombre en un pico carente del mismo de Benasque, frente al Aneto. El destino tragicómico del país en el que tanto exploraste, ascendiste y divulgaste, no lejos de donde reposas, ese que tú amaste del mismo modo que a la Irlanda católica de tus ancestros, quiere que tu nombre desaparezca, 154 años después de que te lo dedicaran. El topónimo destinado por el reconocimiento y el amor, va a ser borrado. Después de todo, parece lógico que en una época de locura y de retorno a la barbarie cultural como la nuestra, se borren y destruyan los recuerdos de los poetas, de los soñadores, de los portaestandartes de una civilización que quieren que desaparezca. Vas a marcharte. Sea, pues… Añadamos esta tristeza toponímica a tantas otras que nos atormentan en la hora presente. Quienes te conocieron, te tendrán en sus pensamientos cuando pasen por la montaña que llevó tu nombre, y los demás, quienes en un tiempo futuro compartan tu amor por la montaña y la naturaleza, situarán tu recuerdo espiritual sobre otros pedestales, los únicos que quedan de tu talla: los Pirineos al completo. En el nombre de los habitantes de Benasque, en el de tus amigos y en el de tus admiradores, en nombre del pirineísmo: adiós, Russell”.
Es una simple propuesta de retoque del texto de mi consocio de Montañeros de Aragón, hecha en cosa de cinco minutos…

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