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¿Las voces montañesas de Tena?

Por mucho que se intente ver algo de luz, solo se perciben mares y mares de bruma sobre la toponimia altoaragonesa. Bien cerrada en torno a sus Tresmiles. Así pues, no queda otra que insistir en el rastreo de los nombres de las montañas que han usado, de verdad, los moradores de sus faldas.

Esta suerte de peregrinación no se presenta con ánimo de corregir ciertas actitudes erróneas de algunos eruditos de salón que, mucho me temo, no tienen ya remedio. Más que nada, nuestras pequeñas pesquisas persiguen que las filípicas de esos personajes ideologizados a quienes les gusta arrojar rayos y truenos sobre el gremio pirineísta (junto con algún chistecillo tabernario), resbalen sin dejar poso alguno. Que no intimiden ni culpabilicen más a los montañeros de hoy. Y que, con un poco de suerte, dejen también de enguarrar la memoria de los pioneros de ayer…

Pero entremos ya en materia. Porque parece que circula por ahí una tesis tontorrona que insinuaría cierta “incapacidad” de los montañeses para sacar adelante proyectos de toponimia sin ayuda de los “grandes gurús” (mejor: expertos) de las Tierras Llanas. De esas gentes que llegan con el membrete de algún departamento fetén de la universidad, de los institutos chachis de las capitales provincianas, de las instituciones urbanísticas y de otros organismos guays dependientes del presupuesto público. Luego, bien se ve qué papelazos suelen hacer esas entidades que lucen con alegría los anagramas del Gobierno de Aragón…

Para rebatir una teoría creada para las almas cándidas, en las entradas siguientes nos vamos a trasladar desde el valle de Benasque hasta el de Tena. Que es como decir: desde el extremo oriental de nuestra Tierra de Tresmiles hasta su segmento occidental. Durante varias entregas prestaremos atención a lo que nos cuenten los naturales del Alto Gállego. Desde siempre, una gente inquieta e interesada en cuanto sucede, y ha sucedido, por el patio de su casa. Temas de toponimia incluidos. Aunque sea éste el escenario de los infalibles sabios de las Comisiones Asesoras gubernamentales, envidia del Orbe entero.

En fin; resulta que desde la Bal tensina se han puesto en marcha varias iniciativas, digamos locales, para aportar algo de luz en la cuestión de los nombres de sus montañas. Unos proyectos sin ayudas externas, sin paternalismos ni tutelajes foráneos, sin tampoco injerencias de instituciones extrañas. Por y para ellos, podría afirmarse. Abordaremos dos de estas empresas en el artículo…

Nada como arrancar con el conocido caso del “Mapa del Bar Willy”, pues desde una pared de dicho establecimiento, a la entrada de Sallent, se divulgó en gran medida la cartografía a la que aludimos. Aunque hubiera varias copias del mismo circulando por la Cabeza del Valle de Tena (que te dejaban consultar sin problemas), se terminó por llamar de ese modo al pliego, en vez de optar por el apellido de su artífice, que hubiese sido lo más justo.

Como quiera que fuese denominado, se trataba de un trabajo que anunciaba en su rótulo una “Toponimia de Sallent de Gállego”, arribada desde Sabiñánigo de la mano de Santiago Borra. Auxiliado por colaboradores como Jesús López, Diego Borra y Daniel Urieta. En ese mapa de generoso formato, fechado en agosto de 1998, destacaban por su ángulo inferior derecho los nombres de los siguientes informantes: “José Val, Gerardo Pérez y Eustaquio Urieta”. Para quienes no frecuenten la zona: tres personas más que respetadas en la Bal por su conocimiento de las denominaciones locales. Unos pirenaicos puros, de familias con varias generaciones de excelentes conocedores de la montaña detrás. Por añadidura, la obra de Borra portaba una dedicatoria que quedaba lejos de otras iniciativas posteriores, tan pretenciosas como impositivas: “El aprecio a estas montañas y a sus gentes me ha motivado a hacer esta toponimia”. Toda una tarjeta de presentación.

Seguro que apetece echarle un vistacillo a cuantos nombres suenen a Tresmiles por allí. Con la garantía de haber sido recopilados sobre el terreno por personas solventes de Sallent. Pues vamos ya con esas denominaciones que hubieran tenido que ser candidatas a figurar, con todos los honores del mundo, entre Listas compuestas desde fuera como la de Chesús Casaus (para PRAMES SA) o la José Luis Soro (para la Consejería de Vertebración del Territorio, Movilidad y Vivienda), ¿o no? Una colección que venía con un numeral para facilitar su localización dentro del Mapa de Borra:

184. Crestas Frondellas.

185. Glaciar Frondellas.

186. Pico Balaitus.

187. Glaciar Balaitus.

188. Pico Anónimo.

189. Pico de la Frondella.

211. Pico de la Facha.

259. Picos del Infierno.

260. Pico de los Arnales.

264. Pico del Garmo Negro.

265. Pico de Algas.

Me produce incluso pereza recomendar a los lectores ociosos que comparen esta toponimia con la de esos otros listados que, cada vez más, parece que atienden a una aragonesización nunca explicada y quién sabe si inventada. Mejor nos moveremos por el territorio constructivo de unos montañeses que aman sus cumbres y se preocupan por las tradiciones. Busquemos otros resaltes de interés turístico/deportivo, según los denominaron estas fuentes tan netamente sallentinas como especializadas (de verdad) en los reinos del sarrio:

157. Pico Ferraturas.

158. Pico Soba.

165. Pico Pequeño de Arriel.

166. Pico Arriel o Saldiecho.

181. Pico Palas.

191. Crestas del Diablo.

194. Pico Cristal.

205. Pico de la Peira.

208. Pico Cambales.

213. Pico de Campo r’o Plano.

219. Pico de Llena Cantal.

220. Punta Zerra.

221. Pico Gaurier.

222. Pico Piedrafita.

224. Pico de la Forqueta.

226. Garmo Pipós.

227. Pico Carnicero.

228. Pico Musales.

253. Pico Puyarcol.

254. Pico Tebarray.

258. Las Marmoleras [al oeste de las cimas de los picos del Infierno].

262. Pico Pondiellos.

266. Pico de los Cerrés.

267. Pico Galabrosa.

269. Pico Garmo Negro (pequeño) [al sur de los ibones de Pondiellos].

272. Garmo de la Mina o de Chiminel.

Sinceramente, creo que debiera de darle una vergüenza infinita, a cualquier miembro de una Comisión-de-lo-que-Sea, soñar siquiera con saltar por encima de un recuento nativo de cumbres para así imponer algún nomenclátor ideologizado. Total: ¡para el caso que se hará de sus elucubraciones…! Mucho me temo que circulan por ahí urbanitas bastante despistados.

Podemos plantar un pie en el Tercer Milenio con objeto de airear otra iniciativa con genuino carácter local. Porque tal es el caso de cierto libro sobre Toponimia tensina: un trabajo de Ana María Escartín Santolaria que fue editado por la Comarca Alto Gállego en 2005. Abriremos boca con la “Presentación” de su presidente, Mariano Fañanás, abundante en apuntes sensatos:

“La colección Yalliq nos presenta, ilustrados y localizados, los nombres de lugar de la zona norte de nuestra comarca [de Alto Gállego], de la mano de Ana María Escartín Santolaria, licenciada en Filología, natural de Sabiñánigo y con raíces familiares en la zona baja del Alto Gállego. Con la publicación de este trabajo, la Comarca Alto Gállego quiere ayudar a fijar en papel la memoria de los habitantes tensinos, esos nombres que designan a los montes, barrancos o fuentes, y que se continúe utilizando la toponimia como se ha ido transmitiendo hasta la actualidad, de boca en boca, de padres a hijos. Se trata de mantener una actitud positiva en nuestra responsabilidad para con el patrimonio inmaterial y una actitud que valore la importancia de guardar nuestra identidad y nuestra cultura para que se propague en el tiempo”.

Antes de pasar a mayores, hemos de detenernos en unas consideraciones no menos valiosas. Porque el referido texto servía a continuación un “Prólogo” de Juan José Guillén Calvo. Es decir: del filólogo autóctono que ya había publicado un primer estudio sobre toponimia tensina en 1981. Lo guardo en casa como un tesoro desde hace años. Sin duda que será preciso retomar esa fuente prometedora más adelante… Por ahora, vamos con alguno de los párrafos que Guillén Calvo firmara desde Panticosa en 2005:

“Tenemos ante nosotros una obra muy valiosa sobre Toponimia Tensina. Es, ante todo, una recopilación de todos los topónimos que aún se conocen y se recuerdan en los pueblos de este valle, con el soporte magnífico de un gran número de fotografías que nos permiten perfectamente las zonas de cada pueblo en las que se encuentran estos lugares con su nombre propio. Es un encomiable esfuerzo por salvar del olvido unos nombres con los que se han conocido e identificado todos los rincones de nuestra geografía, por pequeños que sean, y todo tipo de accidentes geográficos que han tenido en el pasado algún interés para quienes tuvieron que usar y aprovechar estos lugares para su propia subsistencia […].

”Estos nombres fueron dados por nuestros antepasados desde muy atrás en el transcurso de los tiempos a todos los lugares que nos rodean. Los nombres que hoy damos a los pastos de montaña, a los picos que se encuentran sobre ellos, a los ríos, a las fuentes […]. Son parte de nuestra historia, de nuestro pasado, resistentes casi como las piedras de nuestras montañas, transmitidos de padres a hijos, de recuerdo en recuerdo, a lo largo de muchas generaciones. Pero, si han resistido el paso del tiempo con tal perseverancia, es porque el hombre, pastor o agricultor, los ha usado en su vida diaria, ha necesitado nombrarlos, ha tenido que identificarlos.

”Precisamente en este momento en que las actividades tradicionales de esta montaña del valle de Tena, dedicadas durante muchos siglos a la ganadería y agricultura están en marcada decadencia, superadas por la dedicación de sus gentes de un modo mayoritario a la prestación de servicios a un turismo masivo de invierno y verano, era más necesario que nunca hacer un verdadero inventario de este patrimonio cultural que son nuestros nombres de tantos antepasados por la subsistencia”.

Así se expresaba este notorio Hijo de Tena… En cuanto a la obra de Ana María Escartín Santolaria, a mi entender más que recomendable, servía apuntes del todo oportunos que revisaremos por orden de comparecencia. Por ejemplo, desde esa página 17 dedicada a “La Toponimia”, afirmaba: “Se llaman garmos a las montañas altas y escarpadas (Garmo Negro o Garmo Carnizero) […]. Las diferentes clases de animales se reflejan en toponimia: […] aguilas (pico d’Algars)”. Obsérvese que en este último caso no hablaba ni de “Algas” ni de “Algás” cuando aludía al conocido Tresmil. Bien se ve el más que posible culturicidio al que conducen las actitudes intransigentes de ciertos expertos que proliferan en torno a esa Consejería del Gobierno de Aragón en manos de Chunta.

A los lectores más montaraces también interesará que en su página 21, refiriéndose al sector de Sallent de Gállego, la investigadora tuviera a bien desvelarnos la identidad de sus fuentes: “Eduardo Urieta, 82 años; Armando Urieta [sin indicación de edad]; Gerardo Pérez Urieta, 75 años”. En cuanto a la porción de Panticosa-Baños de Panticosa, decir que obtuvo sus datos de estos otros informantes, según aclaró Escartín Santolaria en la página 107: “Goyo Aznar, 73 años; Goyo Aznar, 36 años”. Tampoco cuesta tanto explicar voluntariamente los entresijos básicos de una encuesta, ¿no?

Por lo demás, las anotaciones por encima de la cota 3.000 metros no serían demasiado abundantes en esta Toponimia tensina. Una lástima. Pero, visto lo que se ha visto con la esplendorosa Lista Soro, aún parece que bastan y sobran para ilustrar lo que hoy nos ocupa. Porque se trataba de un nuevo ejemplo de la verdadera “voz de las montañas”, concretada según las siguientes denominaciones:

“Balaitús, Frondiellas” (página 27); “Pico Gran Faixa” (página 37); “Infierno, Garmo Negro, Argualas” (página 47); “Mallata Argualas, Ibón Arnals” (página 137).

A modo de apéndice, añadir que igualmente aparecían varios croquis donde figuraba cierto “Vignemale 3.298 metros”. Curioso nombre para que lo usen los montañeses-montañeses de Tena, ¿verdad?

En fin: me produce un bochorno inmenso, una vez se alcanzan estas encrucijadas lingüísticas de corte autóctono, con nombres y apellidos de informantes reales de por medio, preguntarme dónde demonios andan los topónimos más exóticos por encima de los 3.000 metros, los impuestos (en el estrato oficialista) desde la Lista Soro. Ya se sabe: “Casterillet”, “Breca”, “Nevera”, “Corral”, “Liana”… Sin olvidarse del bien documentado gatillazo de Lucas Mallada en 1878 con los dichosos “Moros”.

¿Conoceremos algún día quién fue el responsable en concreto de estas denominaciones misteriosas del “Proyecto Tresmiles” en Tena? ¿O Eduardo Sánchez Abella va a tener que dirigirse, una vez más, al Justicia de Aragón para que la Consejería de José Luis Soro haga pública la identidad de dicho experto? Y, ya puestos a soñar, sus explicaciones para cada Techo del Alto Gállego…

Nada, nada: habrá que regresar por Tena para extender nuestras excursiones toponímicas. Las que se basan en testimonios reales y tradiciones asentadas en la zona. Pero, antes de seguir adelante, agradeceremos sus reseñas a los informantes de los dos primeros ejemplos revisados: José Val, Gerardo Pérez y Eustaquio Urieta, por un lado; Eduardo Urieta, Armando Urieta, Gerardo Pérez Urieta (hizo doblete) y los dos Goyo Aznar, por otro. Sin dejarnos en el tintero a sus meritorios compiladores: Santiago Borra (en 1998) y Ana María Escartín (en 2005). No sé si con ellos encajaría la dedicatoria que clausuró cierta obra de Lucía Fernández Ferreres del año 2019:

“Deseo dedicar [este trabajo sobre toponimia de la Ribagorza] a todas las personas que aman la lengua aragonesa y ponen su empeño en aportar soluciones científicas, constructivas, honestas y aunadas para su reconocimiento, salvaguarda, normalización y dignificación, lejos de fines ególatras o ideológicos”.

Sí, ya lo creo: eran unas palabras atinadas que iban como anillo al dedo a éstas y otras gentes que aman las montañas del Alto Gállego. Sobre todo, porque nacieron allí. Eran cien por cien tensinos…

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Por Alberto Martínez

Alberto Martínez Embid practica el montañismo desde que era un crío. Últimamente llama la atención su faceta divulgadora, que se podría glosar como firmante de veinticinco libros y participante en veinticuatro colectivos, sin olvidarse de sus más de mil setecientos artículos. Casi todos, de temática pirenaica. Aunque se ha hecho acreedor de tres galardones de narrativa, seis de investigación histórica y siete de periodismo, se muestra especialmente orgulloso del Premio Desnivel de Literatura de Montaña de 2005.

10 respuestas a «¿Las voces montañesas de Tena?»

El trabajo de Ana María Escartín es muy interesante, pero parco en informantes. Sin embargo, dice mucho de la autora y de la seriedad del trabajo el hecho de citar nombres y edad. Mis recuerdos tensinos abundan en la reseñada escasez de nombres de picos, que no interesaban a los montañeses tanto como los de pastos y otras referencias de interés ganadero o agrícola. Quizá por eso se hayan colado tantos errores y, ahora, tantas barbaridades de nuevo cuño. Creo haberlo dicho en alguna ocasión, pero cuando me interesé en averiguar el nombre de cierto monte tensino y pregunté a naturales del lugar, pensé que sus respuestas estaban más influenciadas por los mapas existentes que por sus recuerdos ya borrosos. Así, da mucho miedo que los neobautizos arbitrarios puedan triunfar a despecho de buenas razones ausentes.

Sí; todos hubiésemos querido una cifra mayor de entrevistados, ya lo creo… Sin embargo, en los casos que hoy nos interesan por ser «Territorio de Tresmiles», Panticosa y Sallent, estaban muy bien elegidos estos informantes. Familias muy andarinas, montañeras, cazadoras y forestales, relacionadas entre sí a pesar de vivir en poblaciones diferentes. Además de ser unas personas accesibles y de talante modesto; al menos, las que he podido entrevistar…
Por lo demás, no me extraña nada la escasez de nombres autóctonos de alta montaña, que se aprecia un poco por todas partes. Me da que los montañeses otorgaban un nombre genérico a la mole de tal o cual montaña, salvo que esta tuviera algún accidente llamativo tipo «forato» o similar. Y que los montañeros, interesados casi en cada palmo del terreno de alta cota, tuvieron que ir dando denominaciones, imagino que no por «colonialismo» ni, en su mayoría, por vanidad: sobre todo, por aclararse dónde estaban, por identificar el territorio para quienes les siguieran… Como quiera que fuese, las imposiciones actuales desde el Gobierno de Aragón no creo que favorezcan que cuajen sus, yo diría, neo-bautizos…

Familiar, descendiente más bien, que el Eustaquio Urieta a quien te refieres, «el Lobo», falleció en 1956. Este otro sallentino es el actual señor de la Casa Aguau, vamos…

Veamos los previos de estos artículos dedicados al “Proyecto Tresmiles”:
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/10/05/una-lista-soro-zombie/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/10/19/una-editorial-sociopolitica/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/10/30/en-busca-de-la-comision-perdida/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/11/09/existen-las-160-razones-no-mentirosas/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/11/17/y-los-expertos-del-aneto/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/11/26/entre-toponimistas-y-ufologos/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/12/01/por-sus-obras-los-conocereis/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/12/04/esas-cosicas-de-prames/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/12/07/una-lista-casaus-en-cuatro-cachos/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/12/10/los-mapas-de-sus-montanas/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2021/01/21/pero-existe-algun-toponimista-sensato/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2021/01/28/subimos-al-pico-de-yristi-eristi-grist-o-heriste/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2021/02/04/buscamos-pedazos-de-monte-por-benas/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2021/02/10/dinamita-y-toponimia/

Y entonces Alberto de donde se sacaron los nombres los que dices «Hombres de Soro». Porque se ve que de los montañeses no. No se si hay algun ibón mágico en Tena con base subacuática con marcianitos.

Ahí está el tema, Makako…
Fijo que la inmensa mayoría de los Tresmiles aragoneses carecían de nombre hasta que llegaron los pirineístas, foráneos en su mayoría durante los inicios de la exploración científica, cartográfica y deportiva. Pretender ahora otra cosa resulta penoso, como está quedando en evidencia.
Si a una camarilla a la sombra de cierto partido político no les gustan los nombres que el devenir histórico nos ha legado, que lo digan claramente y no engañen con lo de los «aires autóctonos» de los rebautizos y otras zarandajas.
Que sean sinceros y lo reconozcan. Por ejemplo, explicando algo así: «Como tenemos delante no los votos necesarios, sino la carambola política que nos permite hacer cualquier cosa para mantener el actual Gobierno autonómico, pues cambiamos los topónimos históricos por estos otros, que suenan más a locales, aunque muchos sean de reciente invención, pues encajan más con el ideario del partido político que, aunque minoritario, se ha encargado de controlar el proceso».
Y punto en boca, sin insultar a nadie. Que esto no pasa del clásico «quítate tú que me pongo yo». Hasta el siguiente cambio de gobierno, imagino…

No, Makako: es que no me has dado tiempo a buscar entre el catálogo de la «Mitología del Balaitús», el libro de Marta Iturralde que recoge estas cosillas del abra-cadabra montañés. Así, a bote pronto, diría que el lugar más apropiado para que exista una base subacuática de marcianitos toponimistas, al uso del ibón de Cregüeña en Benasque, sería el lago de Artouste, que pilla no muy lejos del sector tresmilero, si bien al norte de la muga… Es uno de los centros esotéricos del macizo, no me cabe duda… ¿Te sirve?

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