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¿Algo más sobre toponimia (oscense)?

¡Menos mal que llegaron ciertas iniciativas nacidas a orillas del Ebro para determinar cómo se tenían que llamar las montañas de Huesca…! Porque los eruditos altoaragoneses parecían dormir el sueño de las conciencias toponímicas tranquilas. O no.

Ya hemos visto cómo desde la (oscense) Editorial Pirineo se sirvió al mundo un listado tresmilero, de una manera tanto encubierta, entre 1997 y 2002. Sin embargo, no fueron únicos en eso de interesarse por los nombres de las cotas altas de su provincia. Así, en 2005 se puso a la venta cierto libro de generoso formato dedicado a los Grandes picos del Pirineo central. Concebido, supervisado y editado por un montañero-fotógrafo-etnólogo de la solvencia del (igualmente oscense) Fernando Biarge López. Un texto donde colaborarían autores del terruño de lo más variopintos…

Como era de esperar, en este trabajo de la fecunda Factoría Biarge se iba a prestar gran atención a las Cúspides de Huesca. Haciendo gala de párrafos como el del editorial que abría este libro tan querido (para un oscense):

“El Pirineo ha dotado de una fuerte personalidad a sus montañas. Cada pico, cada una de sus crestas, puntas y paredes tiene un nombre, un itinerario, varías vías, una historia, posiblemente una o más gestas, un sinfín de vivencias y toda una gama de recuerdos […]. Los picos están individualizados, son distintos, únicos, hoy diríamos de diseño exclusivo. Tienen nombres que los identifican y definen”.

Vamos: que entre las 276 páginas de dicho volumen se estudiaban, de modo ameno, Techos del Pirineo entre los que figuraba una decena de Tresmiles. Abordando temas que iban desde las leyendas hasta la historia o el pirineísmo. Aunque no fuese un trabajo especializado en asuntos lingüísticos sino de divulgación, repasemos cuanto se sirvió sobre las denominaciones de los Grandes picos del Pirineo central desde la (no menos oscense) Editorial del Mallo:

“Sorprendentemente, al Aneto le escatimaron su supremacía durante lustros. Y asimismo le negarían el nombre: a finales del siglo XVIII, quienes lo distinguían por septentrión lo llamaron Aguja de Hielo y Malhetta, mientras que desde su vertiente oriental lo designaron como Malahitta (montaña alta). El topónimo actual puede proceder de un error en el mapa de La Blottière en 1730, quien emplazó en sus faldas el pueblo de Netou, a partir del cual, ya en 1817, Reboul crearía el término pic de Néthou. Aunque Mallada protestó ante tal usurpación, en el lado norte se aferraron a ella. En 1905, Le Bondidier negaba la existencia del Aneto, amparándose en que los pastores de Ballibierna nunca lo llamaban así, sino simplemente la Punta. Y desde tierras galas llegarían las delirantes variaciones de Nelto, Nettou, Anetthou, Annetton, Anelthou, Nethom o Aréthon. Pero ninguna de las formas Aneto-Néthou constaba en textos antiguos, lo que multiplicaría las teorías sobre su significado: Dauzat supuso que Aneto procedía de ana (pantano); en tanto que Ballarín de amnetu (fuentede todos los ríos)…, además de conjeturar sobre la existencia de un antiguo dios Neto. En 2000, Mascaray explicaba su origen vasco: ain (altura o elevación) […].

”La toponimia del Balaitus presenta algunas complejidades. Quienes primero se percataron de su mole granítica, le otorgarían las variopintas designaciones de Grand Pic (Picqué), Soum de Séoube (La Boulinière), Badescure (Reboul) o Casterille (Cassini)… Esos apelativos de su época misteriosa, terminaron decantándose en dos series referidas o bien a su aspecto marmóreo (murmuré), o al hecho de que las aguas del valle de Azun bajaran lechosas (bal-laitous). A finales del siglo XIX, se podrían recopilar nuevas acepciones como “Baletous” (Ball), Bat Laiteux (Packe), Balaïtous (Russell), Mur-Muré (Wallon), Marmuré (De Bouillé), Baïletous (Cadier) o Batlaytouse (Saint-Saud). Y desde 1878, Mallada comenzó a utilizar el incorrecto topónimo de pico de Moros, al confundirse con el cercano Palas o Castet de Mourous: con el apoyo de Juli Soler, este error haría fortuna en su costado meridional […].

”El topónimo de pic d’Enfer llegó a Aragón desde la vertiente norte; posiblemente, así lo nombraban los montañeses galos. Russell lo recogía como tal en 1863, años antes de tentar siquiera su ascensión. Por ello, no deja de constituir una falacia suponer que dicho pirineísta lo bautizó a consecuencia de esa tormenta que padeció durante su conquista. Nacía así un paraje para el escalofrío: Juan José Guillén apuntaba desde su Toponimia del valle de Tena (1981) la posibilidad de que este nombre derivase de tarteratartarus (infierno). Y ese mismo erudito insinuaba la posibilidad de que pondellos-pondiellos procediese del término latino ponte (puente). De cualquier manera, su ubicación, casi en mitad del hexágono que determina el valle de Tena, puso a esta montaña a la vista de los humanos. El pico del Infierno nunca fue una elevación anónima y pudo lucir nombres rotundos como Salva o Quijada de Pondiellos…, sin olvidarse de esa denominación de la Marmolera que le regalaron desde antiguo los habitantes de Sallent […].

”Acaso, la primera referencia escrita sobre esta montaña haya que buscarla en esa Relación de los Montes Pirineos (1586) donde se nombraba cierta Peña Maldita. Sin embargo, la mayoría de los estudiosos se decantan por explicar que estas puntas benasquesas se llamaban Mala Eta (la más alta o las rocas de arriba). Desde aquí, era cuestión de tiempo que los visitantes foráneos deformaran este topónimo hacia el italianizado Maladette-la Maldita, que llevaría hasta el artificioso –aunque poético– nombre para el macizo de Monts-Maudits. Unos Montes Malditos que pasaron a las cartas españolas en 1880 desde el Mapa de Aragón de Magallón, en tanto que la Maladetta lo hacía en 1898 con Sánchez. Recientemente, el estudioso Mascaray consideraba a la Maladeta un “topónimo vasco-ribagorzano” […].

”Iniciar el apartado toponímico implica destacar la confusión existente desde antiguo entre la Tusse y el pico de Maupas. El error, bien palpable en el trabajo del Instituto Geográfico Catastral y de Estadística en su primera edición de la hoja de Bosost (1933) –Pico y Torre de Maupás–, llegaría hasta la Cartografía Militar de España y su pliego de Viella (1989) –Pico y Torre de Maupás; pic de Maupás–. Desde aquí, se originarían las tan frecuentes como actuales divergencias hispanas: Maupas (Alpina 1977), Malpás (Pirineos 1997), Tuca de Malpás (Prames 2002)… Por el lado francés, no hay discrepancia: tanto el Institut Géographique National como Rando-Éditions, se acogen a la ya voz recogida por la hoja Posets (1882) de Schrader para Maupas. La forzada aragonesización de este nombre gascón da pistas sobre su significado: se cree que procedería de una característica orográfica; en concreto, de cierto Mauvais-Pas rocoso que se encuentra en su vía normal, entre la Tusse y el pico de Maupas propiamente dicho. Atela aportaría en su guía de 2003 una clarificante descripción: “La arista comporta un tramo de trepada bastante inclinado, peligroso con nieve reciente o mojado, pues su longitud e inclinación no recomiendan caerse”. Una opinión que convive con la expresada por Alejos: “En este tramo se encuentra el lugar (paso malo) que da a la cumbre un nombre inmerecido” […].

”Hasta bien comenzada la era del pirineísmo, la Munia permaneció escondida tras el apantallamiento del circo de Troumouse. Poco se sabe del origen de su nombre, de reminiscencias españolas…, a partir del cual surgirían versionados como la Mugne o l’Almunia. En cuanto a su etimología, algún erudito supuso que procedía del verbo latino munio (fortificar). El historiador Beraldi añadiría: “La Munia, nombre inesperado, nuevo, de una montaña fronteriza de primer orden, de una cima incomparable que lo tiene todo, dominante, centrada, aislada, punto de tangencia de varios circos”. Su tardía inclusión en la crónica de esta cordillera le evitó los molestos equívocos de otros casos. Así, aparecería en los primeros pliegos del ejército francés como La Munia (edición inicial de 1864) o como Pics de la Munia (revisión del teniente Péro de 1851). Más reciente es su sobrenombre, que llegó desde medios montañeros galos: la Dama del Pirineo […].

”En el resbaladizo terreno de los nombres de las montañas, resulta evidente que el Monte Perdido goza de un apelativo injusto: no existe en el Alto Aragón una cima más a la vista. Incluso se distingue dicha cúspide –supuestamente perdida– desde cotas modestas de la vertiente norte como Agos o Coumély. Fue un mal día para nuestra toponimia cuando apareció escrito el término Mont-Perdu en el mapa Aragón (1898) de Sánchez Casado. Hasta entonces, esta gran montaña no había pasado de ser un trío de hermanas que dominaban la llanura; al menos, desde que el cartógrafo Juan Bautista Labaña situase en su pliego del año 1615 la leyenda las tres Sorores. Lucas Mallada en 1878 y Pascual Galindo en 1927, coleccionaron un buen surtido de voces análogas: Treserols, Tres Serós, Tercerós, Tresarodes, Tres Herodes…, sin contar con las abominaciones de Tres Sorellas o Trois Soeurs. Y en 1974, el novelista Ramón J. Sender incluso les dotaba de nombres propios: Ana, Clara y Pilar. Por el lado francés, siempre fue el Moum Pergut, esa cima que se escondía detrás de otras […].

”En el territorio toponímico, la búsqueda en torno al Perdiguero no suele resultar demasiado fecunda. Aparentemente, aunque se trate de una palabra de resonancias castellanas, en aragonés haría referencia a perdición. Pero muchos estudiosos relacionan al Perdiguero con las perdices nivales (perdrix) de sus tascas inferiores, como el benasqués Vicente Juste, quien apuntaba en 1990 que allí eran “abundantes”. Por su parte, desde El misterio de la Ribagorza (2000), Bienvenido Mascaray incluía al Perdiguero entre los “topónimos vasco-ribagorzanos”. Todo ello, sin olvidar esa tradición montañera que sostiene que esta cumbre debía su apelativo a las enormes cantidades de piedras sueltas –pedriscales– que reservaba su remate somital […].

”El apartado toponímico surte de gran diversidad a esta montaña, como resultado de sus diferentes facetas paisajísticas. Se denomina pico de los Posets en Chistau, acaso aludiedo a pozos (hoyos), sots (circos) o posetas (rellanos pastoriles). En el valle del Ésera, se usa el término de punta de Llardana (montaña quemada) o pico de Grist (Eriste). Y desde el norte, esta cúspide era designada como Monte de Astós…, por no olvidar el exótico nombre de pic Poleto que le dedicara Palassou a finales del siglo XVIII. Tan confuso panorama se complicó más en 1787, cuando Reboul y Vidal designaron dicha elevación a Ramond como “la montaña vecina del puerto de la Pez”. Más tarde, Reboul terminaría otorgándole su nombre más difundido de “Mont Posats, de 3.399 m”. Topónimo y altitud que él mismo rectificaba, años más tarde, suponiéndola segunda altura de la cordillera: “Posets, cumbre principal de la Montaña de Eriste, valle de Astos de Benasque, 3.437 m” […].

”La primera alusión escrita a esta montaña procede de un documento de límites en 1290, que citaba al Vinhe Male. En 1716 Roussel insertaría en su mapa el término Vignemale. Sin embargo, los montañeses del norte llamaban a su cúspide Soum d’èra Coste (el pico más alto), en tanto que los del sur decían Camachimosa, Comagibosa o Comachibosa. Así y todo, los primeros viajeros ilustrados de habla hispana aportarían otros nombres: Villa Mala (Heredia, 1791) y Villamana (Zamora, 1794). Sobre 1845, Madoz utilizaba el término Cervellonar, en tanto que Mallada lo hacía indistintamente en 1878 como Cerbillonar y Viñamala. En cuanto a su significación, existen variadas teorías: bigno (giba), mal (montaña rocosa), vinia (roca), camou (fondo del valle), chivosa (sur de la montaña)… Una diversidad toponímica evidente, complicada debido a que no siempre quedó clara la individualidad de cada punta. En 1907, el historiador Beraldi clarificaría este caos: a petición de Russell, bautizó a la Segunda Pène tradicional como punta de Chausenque, hasta entonces llamada también pointe du Milieu, pic Carré y Piton Central…, mientras que la Tercera Pène se denominaba Piton Carré a propuesta de Wallon […]”.

De esta forma se brindaban en 2005 escorzos básicos sobre la toponimia de ciertos Tresmiles a través de una creación de Fernando Biarge López. Es decir: con la perspectiva de un nativo de la ciudad Huesca. Realizando un importante esfuerzo para, simplemente, desplegar lo más elemental de cuanto se sabía sobre los Grandes picos del Pirineo central. Sin pretensiones de imponer nada. Mostrando solo ese “catálogo de la diversidad toponímica” que se ha generado, con toda la lógica del mundo, durante los más de dos siglos de crónica pirineísta.

Así y todo, entre las hojas de esta obra Made in Huesca no aparecían apenas rastros de los nombrecitos más curiosones de la Lista Soro. En fin; nuevos enigmas para que su Comisión Asesora de Toponimia se explique, si les da por ahí a sus expertos, de un modo largo y tendido. Pero evitando las ideologías personalistas…, ya puestos a soñar con que tenemos una Administración honesta y funcional.

Por Alberto Martínez

Alberto Martínez Embid practica el montañismo desde que era un crío. Últimamente llama la atención su faceta divulgadora, que se podría glosar como firmante de veinticinco libros y participante en veinticuatro colectivos, sin olvidarse de sus más de mil setecientos artículos. Casi todos, de temática pirenaica. Aunque se ha hecho acreedor de tres galardones de narrativa, seis de investigación histórica y siete de periodismo, se muestra especialmente orgulloso del Premio Desnivel de Literatura de Montaña de 2005.

14 respuestas a «¿Algo más sobre toponimia (oscense)?»

Según el poeta y escritor catalán Jacint Verdaguer,al Aneto le llamaban la maleïda,la maldita
Hace unos meses pasaron una película que explica la excursión y el descubrimiento de parte del pirineo catalán y oscense por parte de este escrito y explica la subida a la maleïda desde artiga de lin en la vall d’Aran

Clarividente. Así se puede aludir a la magnifica aportación de Biarge, a quien siempre he tenido por autor fiable y buen conocedor de lo que escribe. Es un magnífico resumen el que nos has traído en esta entrada.
También me he chocado mucho, «rechocado» debería añadir, pues no es tema nuevo, la particular visión etnocentrista de diversos personajes, cuando pretenden «arrimar el ascua a su sardina» y justificar con curiosos argumentos sus conclusiones.

Ya lo creo que sí: A Fernando Biarge se le tiene un respeto sideral, incluso en ésta, nuestra tierra ingrata… Fíjate que fue él quien me puso, hace un montón de años (¿veinte?), sobre la pista de que ese «pico de Añisclo» que se asomaba por ciertos mapas para designar el «Soum de Ramond» (Fernando prefiere la «Cima de Ramond»), igual no era una de las Tres Sorores…

Por aquí andan los artículos anteriores de esta serie toponímica:
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/10/05/una-lista-soro-zombie/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/10/19/una-editorial-sociopolitica/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/10/30/en-busca-de-la-comision-perdida/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/11/09/existen-las-160-razones-no-mentirosas/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/11/17/y-los-expertos-del-aneto/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/11/26/entre-toponimistas-y-ufologos/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/12/01/por-sus-obras-los-conocereis/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/12/04/esas-cosicas-de-prames/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/12/07/una-lista-casaus-en-cuatro-cachos/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2020/12/10/los-mapas-de-sus-montanas/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2021/01/21/pero-existe-algun-toponimista-sensato/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2021/01/28/subimos-al-pico-de-yristi-eristi-grist-o-heriste/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2021/02/04/buscamos-pedazos-de-monte-por-benas/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2021/02/10/dinamita-y-toponimia/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2021/02/17/las-voces-montanesas-de-tena/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2021/04/08/dos-visiones-del-panticuto/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2021/04/11/los-tresmiles-de-tena-y-un-filologo-nativo/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2021/04/25/desde-huesca-con-amor/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2021/04/29/tresmileando-con-la-editorial-pirineo/

En efecto: era un firme candidato a figurar en una comisión que estudiase los nombres de los Tresmiles de Aragón. Una despolitizada, se entiende…

Bueno, Luis, Fernando es un pirineísta serio y riguroso…

Vaya sorpresa Alberto. Resulta que un investigador multidisciplinar como Fernando Biarge no incluyo en su libro a la Maladeta de Corones y demas pandilla de nombrecitos. De nuevo cuño bien se ve. Solo falta que nos expliquen si la Lista Soro es inventiva o adaptativa o simplemente una cosa política.

Sí, ¡qué cosas tiene eso de la Toponimia de Palacio y Corte! Pero, sabiendo cómo se considera a Fernando Biarge y conociendo también la gran difusión de su obra, sin duda que habrá hecho pensar a más de uno que nunca haya utilizado las denominaciones más pintorescas de la Lista Soro. De lo más sospechoso en cuanto a la veracidad de esos nombres hoy oficializados…

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