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Las Maladetas andorranas y otros cuentos

Resulta notoria mi fascinación por las crónicas del montañismo andorrano. No es para menos: se trata del mismísimo “País del Pirineo”. Y mucho me temo que las bonitas andanzas de su catálogo no han sido aireadas todo cuanto merecían…

A modo de complemento de lo ya publicado entre las páginas de desnivel.com a lo largo de las últimas añadas, aprovecharé la sosegada temporada estival para difundir nuevos jalones del pirineísmo de Andorra. Sin embargo, antes de acompañar a los tempranos exploradores foráneos del Principado, parece obligado el brindar unos apuntes sobre el ambiente mitológico con el que los montañeses revestían alguna de sus cumbres.

Así, una de las más madrugadoras alusiones al legendario de las montañas de Andorra se encuentra en los Anales de la Corona de Aragón (1512-1580), del padre Jerónimo Zurita. En realidad, una breve nota que se limitaba a significar el carácter como mojón fronterizo de cierta argolla que más adelante conoceremos mejor:

“En los montes de Andorra del Port de Fontargent y en el Puig de Altacaba de Boet se hallan unos anillos de hierro a la parte de Cataluña. Todos los autores que tratan de estos anillos dicen que pertenece a Cataluña todo el término adonde miran”.

Sobre este comentario del célebre Cronista del Reino de Aragón, añadiría Antonio Valls en 1820, interesado en el tema de la territorialidad y no en el del mito, que “Pujadas en su Crónica de Cataluña, capítulo 69, folio 119 y columna b, solo dudan los autores quién los puso, entre ellos Beuter y Cart., Ambrós, Morales, Viladomat y Calsa, pero convienen todos en que fueron colocados en terreno de Cataluña”. Bien se ve que, en los años previos a la llegada de los pioneros a estas montañas, las argollas andorranas eran sobradamente conocidas.

Se puede continuar el recuento mágico con Francisco de Zamora. Este comisario regio, natural de Cuenca, se hallaba en Soldeu el 25 de septiembre de 1788. De su visita apenas se limitó a citar a “la montaña del Juclar, donde están las Anillas”. Un apunte tan parco como enigmático.

El siguiente testimonio procedente del Siglo de las Luces llega a través de la Descripción física, civil y militar de los montes Pirineos (1794). Texto del coruñés José Cornide Saavedra, un cronista a quien sin duda interesaban más las tradiciones, dado que aireó otra obra anterior a la suya. Procedía del cosmógrafo real Pedro de Medina y de su Libro de grandezas y de cosas memorables de España (1548), donde se podía leer:

“En este lugar [el puerto de Andorra] hay una gran argolla de hierro, y gran parte de ella metida en la peña, engastada en plomo. De esta argolla, dice Eusebio que, en tiempos antiguos, entrando los alemanes [visigodos] en España, llegaron a Tarragona, y destruyendo alguna parte de ella, y volviéndose por aquí, pusieron esta argolla, queriendo dejar memoria de su entrada”.

Cornide Saavedra no se privó de aportar su opinión sobre ciertas conjeturas llegadas desde el siglo XVI, en tanto que insinuaba una posible visita al Principado para investigar un tema que, quizás, pudo parecerle muy sugerente:

“No salgo fiador de esta entrada de los alemanes y de la memoria que dejaron en ella en esta argolla por más que quisiera probar Medina con la autoridad de Eusebio. Ni la parte del Pirineo que cae sobre el valle de Andorra permite paso a las tropas por su aspereza, ni la pretendida argolla se descubre ya por más que lo haya solicitado un sujeto instruido y curioso que ha recorrido estos montes”.

Además del misterio de esta argolla del puerto de Andorra, el ilustrado de La Coruña nos legó otro sobre toponimia montaraz en su descripción de los límites septentrionales del País del Pirineo:

“Formando varias tortuosidades, pasa la división por los puertos Levege, Martillat y Negro, en donde empieza el valle de Andorra, y las altas montañas llamadas las Maladetas y de la Argentera, por la cual y por la Perucella continúa la raya hasta las fuentes del río Valira y portillo de la Lioza”.

Por desgracia, Cornide Saavedra nunca explicó la ubicación de esas Maladetas Andorranas que tanto hubieran hecho por su legendario de montaña. Porque sin duda aludía a unas cumbres que, similares a otras del Pirineo, llegaban con su correspondiente anatema.

Avancemos un poco más en este rastreo no exhaustivo. Durante el siglo XIX no se arrinconaron los asuntos mitológicos de la vega de las Valiras. Se pueden obtener nuevos datos desde la Relació sobre la Vall de Andorra (1838) de mosén Tomás Junoy respecto al llamado puente Pla:

“La fabulosa tradición de que Carlomagno, o uno de sus Pares, pasando por aquí, no sabiendo cómo contentar a su caballo, dio un golpe a la piedra que realizó dicha concavidad, y en ella puso el grano con el que alimentó a su caballo”.

Por otra parte, el trabajo de Pere Vidal sobre “Andorra. Recorts d’un turista”, publicado en el número 118-120 del Butlletí del Centre Excursionista de Catalunya (julio-septiembre de 1888), de este modo retomaba la tradición de la argolla mitológica:

“Allí [en el port de Fontargent] es donde, por el decir de los andorranos, Luis el Piadoso clavó una argolla o gran anilla de acero destinada a marcar la divisoria entre Andorra y Savartès, una de las posesiones de los condes de Foix. No parece factible que Luis el Piadoso hubiese estado alguna vez en Andorra, pero, después de todo, esta opinión de los andorranos parece sostenible, mientras que la de los historiadores españoles que han reconocido en la referida argolla los restos de los Trofeos de Pompeyo, es absolutamente ridícula. Por lo demás, esta anilla, al igual que la que se decía que estuvo clavada en lo más alto del Puig d’Altavaca, ya no se ve allí, y parece dudoso que haya estado nunca”.

Hay más. En 1890 el galo Victor Dujardin difundió otro cuentecillo para las montañas de Andorra. Más en concreto, sobre el monarca carolingio Luis el Piadoso y la posible etimología del topónimo Andorra/Andar:

“Antes de retirarse de estas montañas y tras haber derrotado a los sarracenos, el emperador notó la similitud de la zona liberada con ciertos lugares de un pasaje de las Escrituras: Andar, cerca del monte Thabor, es un lugar donde los hijos de Israel se preparan para combatir, situando su campamento frente al de los infieles (Libro de los Reyes, versículo 28)”.

Bien se ve que el gremio montañero divulgó gran parte de las tradiciones que escuchaba en labios montañeses. Los testimonios pirineístas se encargarían de su difusión. Así, durante su avance hacia la Cúspide andorrana del 18 de julio de 1894, Hippolyte Marcailhou d’Aymeric se informaba sobre alguna de las historias locales:

“El camino que seguimos bordea la orilla derecha de la Valira y pasa al pie de los roquedos cortados a pico [tras Sant Joan de Sispony] del montículo de la sierra de Nor, o mejor del Honor. Según la leyenda carolingia, Luis el Piadoso, entonces rey de Aquitania, derrotó a los sarracenos en esta montaña en el año 805, tras un sangriento combate. Para perpetuar el recuerdo de esta victoria conocida como la Batalla del Honor, se emplazó en este lugar una piedra con una inscripción conmemorativa, cuyo texto fue dictado por Carlomagno. Por lo que parece, esta piedra desapareció hace una cincuentena de años. El guía nos enseñó la roca donde habría estado tallada, siempre según la leyenda, mediante un golpe de espada, de Carlomagno o de uno de sus paladines, para echar allí la avena para sus monturas. Las tradiciones carolingias no faltan en Andorra”.

Podemos insistir en este legendario para revisar un ejemplo más, procedente ahora de un viajero catalán. Se trata de una historia recogida sobre el terreno por Salvador Armet i Ricart en 1904, que de este modo quiso transmitir:

“La tradición quiere hacer pasar por el port de Fontargent al ejército liberador de Luis el Piadoso cuando vino a desalojar de moros nuestra patria. Es esto muy verosímil, dado que dicho collado es franqueable a menudo, y sin duda constituye el mejor camino para entrar en Cataluña desde Toulouse y Foix. No obstante, solo es frecuentado por los andorranos que van a vendimiar a Francia, y por los paquetaires [contrabandistas], porque se ahorran muchos kilómetros de camino y salen muy adentro del departamento del Ariège. La tradición añade que Luis el Piadoso clavó una argolla de hierro en la cumbre del pic de Fontargent”.

Con el discurrir de los años, tan célebre argolla permanecería en el imaginario como la fábula más popular para los turistas de montaña. Se puede airear una versión con elementos novedosos, la de un prolífico escritor barcelonés con raíces familiares en el Principado. Porque Agustín Faus Costa explicaba de este modo el mito desde su texto sobre Andar por Andorra (1992):

“Lo que sí tiene que ser leyenda –y leyenda pura– es la que habla de la anilla de hierro clavada en Fontargent donde Carlomagno llevó a atar su caballo. Otros dicen que no fue Carlomagno quien primero usó la anilla sino, muchísimo antes, el propio Noé, quien amarró su arca en la anilla de Fontargent cuando las aguas del Diluvio empezaron a bajar. Aunque hay otros que afirman que, si bien Noé amarró su arca en el Pirineo, no lo hizo en el Fontargent sino en el Canigó […]. Sea en Fontargent o en Canigó, lo que sí se asegura es que la famosa arca está todavía escondida allí, debajo de un gran nevero y a punto de servicio para un nuevo Diluvio. Y si alguien se acerca entre tanto al nevero y hurga buscando el arca, se desencadena una descomunal tormenta con fuerza como de trece vientos, suficiente para ahuyentar a los curiosos […]. ¿Puede estar en algún rincón de aquel alto lugar el arca, escondida bajo la nieve helada, sin necesidad de protección de los trece vientos? Otros aseguran que no fue Noé y que tampoco fue Carlomagno quien empleara la anilla, sino Ludovico Pío, el hijo del emperador, que fue al Fontargent a clavar no una, sino dos anillas de hierro en agradecimiento a Andorra y en confirmación de las libertades otorgadas por su padre. Y hay todavía algo más bonito: que dichas anillas se vuelven de oro macizo todos los años en la noche de San Juan […]. Es posible que las anillas estén todavía allá en lo alto, a más de 2.500 metros de altura. Debe ser bonito ir a Fontargent el día antes de San Juan por la tarde para esperar en aquel ámbito mágico la noche y ver brillar las anillas de oro o, cuando menos, contemplar un atardecer magnífico, de oro verdadero, sobre un paisaje sobrecogedor”.

Ni que decir tiene, se han editado otras narraciones modernas que entraban en el difundido cuento. Por ejemplo, desde la obra coral sobre el Principat d’Andorra. El Pais dels Pirineus, de esta manera nos la trasladaban en 2001:

“Cuenta la leyenda que el emperador Carlomagno fue el fundador de Andorra. Sobrepuesta a esta creencia, también se explica que en los alrededores del pico de Fontargent –uno de los puntos fronterizos de la parroquia de Canillo con Francia– existe una argolla de hierro en la que Carlomagno habría sujetado su caballo al llegar a tierras andorranas. Aunque nadie la haya visto jamás, las buenas gentes aseguran que la argolla está allí, y que la noche mágica de Sant Joan se convierte en oro. La antigüedad de la argolla se remonta a los mismos orígenes del mundo, ya que, según se asegura, mucho antes de la llegada de Carlomagno, ya habría servido para amarrar el Arca de Noé, al ser Fontargent el primer pico que emergió de las aguas tras el Diluvio Universal, y también uno de los lugares donde Aníbal estacó su caballo al cruzar los Pirineos en su expedición a Italia”.

Visto lo visto, habrá que pensar que las montañas andorranas tienen mucho de legendarias. Antes de poner los pies sobre la tierra y rastrear alguna historia de sus primeros visitantes…

Por Alberto Martínez

Alberto Martínez Embid practica el montañismo desde que era un crío. Últimamente llama la atención su faceta divulgadora, que se podría glosar como firmante de veinticinco libros y participante en veinticuatro colectivos, sin olvidarse de sus más de mil setecientos artículos. Casi todos, de temática pirenaica. Aunque se ha hecho acreedor de tres galardones de narrativa, seis de investigación histórica y siete de periodismo, se muestra especialmente orgulloso del Premio Desnivel de Literatura de Montaña de 2005.

7 respuestas a «Las Maladetas andorranas y otros cuentos»

Y con ganas de acudir a la montaña de marras para ver si la encuentras, imagino…

Respecto a eso del “resulta notoria”…
MARTÍNEZ EMBID, Alberto, “El misterioso País del Pirineo”, en: Desnivel.com, Blogs Desnivel, 3 de diciembre de 2011.
– “Andanzas por un lugar de muerte y desolación…”, en: Desnivel.com, Blogs Desnivel, 1 de enero de 2012.
– “Entre pastores, contrabandistas…, y sopranos”, en: Desnivel.com, Blogs Desnivel, 13 de enero de 2012.
– “Las cosas del Gibraltar pirenaico”, en: Desnivel.com, Blogs Desnivel, 21 de enero de 2012.
– “El descubrimiento del saco de dormir”, en: Desnivel.com, Blogs Desnivel, 20 de febrero de 2012.
– “Y entonces llegó el Hombre del Saco”, en: Desnivel.com, Blogs Desnivel, 2 de marzo de 2012.
– “Con los Livingstons del Valira”, en: Desnivel.com, Blogs Desnivel, 12 de abril de 2012.
– “Cuando medio Comapedrosa era hispano”, en: Desnivel.com. Blogs Desnivel, 16 de mayo de 2012.
– “Los mapas (y el nudismo) llegan a Andorra”, en: Desnivel.com, Blogs Desnivel, 25 de mayo de 2012.
– “El Conde y el porrón”, en: Desnivel.com, Blogs Desnivel, 29 de junio de 2012.
– “Los militares van saliendo del armario”, en: Desnivel.com, Blogs Desnivel, 17 de enero de 2013.
– “Trazando una frontera de mojón en mojón”, en: Desnivel.com, Blogs Desnivel, 25 de enero de 2013.
– “La perspectiva del dominguero galo”, en: Desnivel.com, Blogs Desnivel, 19 de febrero de 2013.
– “¿Y si cambiamos Andorra por Aran…?”, en: Desnivel.com, Blogs Desnivel, 22 de febrero de 2013.
– “El clan de Marcailhou d’Aymeric”, en: Desnivel.com, Blogs Desnivel, 21 de marzo de 2013.
– “En recolecta de cumbres y floripondios”, en: Desnivel.com, Blogs Desnivel, 2 de abril de 2013.
– “Turismo de piedra vieja entre las Valiras”, en: Desnivel.com, Blogs Desnivel, 14 de mayo de 2013.
– “Cuando el vértigo asomó la oreja”, en: Desnivel.com, Blogs Desnivel, 14 de junio de 2013.
– “Jean d’Ussel y los abismos de un Principado”, en: Desnivel.com, Blogs Desnivel, 21 de junio de 2013.
– “El Vizconde que se peleaba con los gendarmes”, en: Desnivel.com, Blogs Desnivel, 28 de junio de 2013.
– “La mirada del pirineísmo catalán”, en: Desnivel.com, Blogs Desnivel, 16 de enero de 2014.
– “El pigmeo entre dos colosos”, en: Desnivel.com, Blogs Desnivel, 23 de enero de 2014.
– “Un Rousseau tardío en la Andorra de 1904”, en: Desnivel.com, Blogs Desnivel, 10 de febrero de 2014.
– “Un Tíbet engarzado en el Pirineo catalán”, en: Desnivel.com, Blogs Desnivel, 26 de marzo de 2014.
– “Turismo lechuguino desde Francia”, en: Desnivel.com, Blogs Desnivel, 13 de abril de 2015.
– “El espía del rey”, en: Desnivel.com, Blogs Desnivel, 10 de marzo de 2015.
– “Un cura con maleta y paraguas”, en: Desnivel.com, Blogs Desnivel, 7 de mayo de 2015.
– “La exploración del Gavarnie andorrano”, en: Desnivel.com, Blogs Desnivel, 27 de mayo de 2015.
– “La Andorra del Viejo Sarrio”, en: Desnivel.com, Blogs Desnivel, 13 de junio de 2015.
– “Un gurú para las cimas andorranas”, en: Desnivel.com, Blogs Desnivel, 19 de junio de 2015.
– “El coleccionista de gendarmes”, en: Desnivel.com, Blogs Desnivel, 26 de junio de 2015.

Sí: las montañas de Andorra tienen en su haber una serie de bonitas historias en las que participan, pongamos en el terreno pirineísta, casi todos los personajes de la exploración montañera del siglo XIX… Si no leíste estas crónicas en su día, este verano te pueden surtir de material de lectura, que dada tu voracidad… Que te gusten, Luis…

Fantástico Alberto. Tras el gran descubrimiento de los toponimistas del Aragón Gubernativo que es la «Maladeta de Coronas» llega ahora la «Maladeta de Andorra». A ver si los señores de la Lista soro van a tener que pasarse por Andorra para poner en orden sus Dosmiles. Estaría bueno.

Ay, ay, ay… No sé yo si es bueno dar (malas) ideas, ahora que los sabios de la Comisión Asesora de Toponimia andan tranquilicos… En apariencia…

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