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Memoria andorrana de 1820

Si de algo puede presumir la crónica montañera del País del Pirineo, sobre todo la que discurre hasta el último tercio del siglo XIX, es de relatos viajeros. La mayoría con un saborcillo muy particular y de complicada equiparación. Por desgracia, en lo referente a las historias por y para montañeros, tras unos balbuceos bastante interesantes durante el Tiempo de las Luces, se harían un tanto de rogar. No por ello hay que suponer que los relieves de la alta montaña de nuestro Principado eran territorios del todo desconocidos durante este, digamos, eclipse literario.

Así, en el primer tercio del siglo XIX se confeccionó cierta reseña política con importantes referencias a la orografía de Andorra que fue inicialmente redactada con destino al Gobierno español. Un trabajo breve que, como tal, quedaba registrado en el Diario de las Actas y Discursos de las Cortes. Legislatura 1820 y 1821:

“Recibieron asimismo con agrado las Cortes, y mandaron pasar a la comisión de política un ejemplar de la memoria acerca de la soberanía que corresponde en el valle de Andorra a la nación española: su autor el ciudadano don Antonio Valls”.

En efecto: el cronista en cuestión era un capitán de infantería retirado que, como terrateniente de la Seu d’Urgell, tenía fuertes intereses económicos en el Principado del Pirineo. E innegables motivaciones políticas. Porque su Memoria de la soberanía que corresponde a la nación española en el valle de Andorra como parte integrante de la provincia de Cataluña […], editada en la Barcelona en 1820, proponía ni más menos que anexionar dicho territorio al Reino de España. Emociones intervencionistas aparte, Valls quiso destacar la objetividad en sus afirmaciones, dado que, por ser un “propietario en aquel territorio [de Andorra], es mi interés pecuniario como a cualquier otro que subsista el desorden, se fomente el contrabando y se eludan las leyes fiscales”. Vamos, que había doblones de por medio en este trabajo…

Evitando las cuestiones políticas o históricas, sin duda que su Memoria de 1820 hace gala, aquí y allí, de una serie de descripciones físicas que llegaban acompañadas de otros datos sobre las características del terreno. Como este tempranísimo catálogo de sus montañas principales que aquí se indican con su grafía original:

“Véase la carta geográfica del Valle de Andorra que formé recorriéndolo con la mayor escrupulosidad y cautela. Este se halla situado en el condado de Cerdaña, enclavado entre dos ramas de los Pirineos por la parte que estas montañas miran a Urgel sobre la frontera de Francia, inmediato al condado de Foix. Confina por el este por el corregimiento de Puigcerdá, por el sur con el propio corregimiento, por el oeste parte con dicho corregimiento y el del Talarn, y por el norte con el reino de Francia y el mismo condado de Foix. Está situado a los 43º 35’ de latitud y a los 45’ de longitud según el meridiano de París. Su circunferencia es de quince leguas españolas […]. Tiene de largo siete leguas y seis de ancho. Está bañado por varios ríos, y entre ellos tres de caudalosos llamados Balira, Ordino y Hos, que tienen su origen en el Valle de Andorra, a excepción del último, que parte de él es en España; abundan unos y otros de gruesas y sabrosas truchas. Todo su terreno es montuoso, y la mayor parte de sus montañas son inaccesibles; y las más celebradas por altísimas son la Montaña de los Minerales de hierro, la de Casamaña, la de Saturria, la de Monclar, la de San Julia de Loria y la de Juglar, y forman estas y demás una prolongación de las faldas de las cordilleras de los Pirineos. Se hallan en dicho Valle ricas y admirables producciones de la naturaleza en cada una de los tres reinos, animal, vegetal y mineral, y preciosos jaspes. Está lleno de frondosos y dilatados bosques, cuyos árboles pueden dar madera para mástiles y construcción de navíos, su transportación es facilísima por los ríos Balira y Segre, hasta Tortosa, y luego al Mediterráneo como se ejecuta todos los días. Es abundante toda clase de caza, en particular de cabras montesas, jabalíes, osos, lobos y gallos silvestres, y de excelentes fuentes, y dilatadas praderías, cuyos sabrosos pastos son muy a propósito para cría de toda clase de ganado, y muy en particular para el caballar, como lo acredita la experiencia. Contiene unas ricas y abundantes minas de hierro de superior calidad, que dan el abasto continuo a las cuatro fraguas que se hallan en dicho Valle, y a la que está inmediata a este, llamada vulgarmente de Moles, que facilitarían sin disputa una fábrica de armas. Consta de veinte pueblos que pertenecen a seis parroquias llamadas Andorra la Bella que es la capital, San Julia de Loria antes Lauredia, Encamp antiguamente Encap, Canillo antes Canillàus, Ordino Ordinavi, y la Masana Matrana, más cincuenta sufragáneas, y varios santuarios, siendo los principales y más concurridos el de Nuestra Señora de Merichell, el de Canolich y el de San Antón vulgo de la Grella. La planta de tabaco es la que más se cultiva y abunda en todo aquel territorio porque se surten de todos los artículos de primera necesidad de la Seo de Urgel y otros puntos de Cataluña, sin pagar como ellos derecho alguno”.

Por lo demás, Antonio Valls serviría otros informes sobre Andorra que hubieran interesado a sus (aún) escasos viajeros. Y, por ejemplo, cuando entraba en la cuestión de los collados fronterizos desde una perspectiva militar, esto decía el leridano:

“Los puertos de Fra-Miquel, Saldéu, Fontargent y Siguier son inaccesibles por la parte de España, así como por la del Valle son muy practicables. Por ellos puede introducirse con facilidad un ejército en la Península, al paso que no puede ser lo contrario por la fácil defensa que ofrecen a favor del cerco del Valle de Andorra”.

En cuanto a sus consideraciones de índole económica, no dejan de servir detalles curiosos sobre una región que, hasta entonces, constituía un cúmulo de misterios más allá de sus lindes:

“Es constante que la utilidad de un terreno no se regula precisamente por su extensión sino por su situación. La circunstancia de tener las minas de hierro, su abundancia y buena calidad, sus cuatro fraguas, facilitarían con una ventaja increíble una fábrica de armas, pudiéndose además verificar sin disputa el aumento y mejora del ganado caballar, de cuyo saludable arbitrio se valen algún tanto los habitantes de Andorra, pues parece que la naturaleza reservó este territorio solamente para este objeto por lo abundante que es de ricos y sabrosos pastos”.

Bien se ve: desde al menos 1820 existía un prometedor informe sobre la Andorra montaraz que, fuera de su intencionalidad anexionista, hubiese servido como guía básica a los turistas de primera hora. Sin embargo, dada su escasa propagación y, más aún, su tirada exclusivamente en lengua española, tuvo una influencia nula dentro de la cultura pirineísta…

¡Ay, si hubieran dispuesto de ella Charles Packe o Henry Russell para planificar por adelantado su campaña de exploración!

Por Alberto Martínez

Alberto Martínez Embid practica el montañismo desde que era un crío. Últimamente llama la atención su faceta divulgadora, que se podría glosar como firmante de veinticinco libros y participante en veinticuatro colectivos, sin olvidarse de sus más de mil setecientos artículos. Casi todos, de temática pirenaica. Aunque se ha hecho acreedor de tres galardones de narrativa, seis de investigación histórica y siete de periodismo, se muestra especialmente orgulloso del Premio Desnivel de Literatura de Montaña de 2005.

3 respuestas a «Memoria andorrana de 1820»

Son historias más que potables que, diría yo, se escriben solas, Luis… Pillas algo por ahí, lo pasas a word, y listo… Leer y poco más…

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