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Las puertas de Andorra en 1838 y 1843

Durante buena parte del siglo XIX, la cuestión del ingreso en tierras andorranas fue el tema predominante dentro de los relatos de sus trotamundos. Algo que, con cierta perspectiva, puede chocar a quienes estén hartos de leer, fechados en esos mismos años, toda clase de cruces de divisoria por los puertos más agrestes del Pirineo central. Como, pongamos, esa brecha de Rolando que sobrepasa la cota de los 2.808 metros. Sin embargo, esta querencia por las peripecias de collado parece ser la mayor peculiaridad de los viajeros por el Principado pirenaico de la primera mitad del siglo XIX.

Hablamos de un enclave rodeado de montañas cuyos accesos, bien se sabe, eran notablemente más sencillos por su flanco sur que por su costado norte. Un detalle que quizás hubiera tenido que decantar a los visitantes decimonónicos. Pero nada como comparar las descripciones de un par de turistas que optaron cada uno por una de las puertas principales del territorio andorrano entre 1838 y 1843…

Quizás una de las obras esenciales de la literatura del País del Pirineo sea cierta Relació sobre la Vall de Andorra (1838). El trabajo de un provicario de Anyós llamado Tomás Junoy, quien cruzó al referido Principado el día 29 de septiembre de 1838. Sin problema alguno con las partidas de soldados de la primera Carlistada, y tras “haber pasado por todas las alambicaciones modernas de las fronteras de España y Francia”.

En contraste con lo acostumbrado en el Reino de España, este sacerdote encontró que todo en Andorra eran facilidades, pues no había “guardias que molesten, registros, barreras o aduanas”. Y sin que fuera necesario, para ingresar en su demarcación, “ni guías, ni mapas, ni pasaporte”. Seguidamente, recomendó con viveza una visita a dicho Principado, motivo por el cual surtiría de todas las informaciones útiles desde el primer capítulo sobre “El territorio de Andorra”.

Aunque no es larga esta Relación de mosén Junoy, nos ceñiremos aquí a las porciones más interesantes para un trekker que mirase de reojo hacia las alturas andorranas:

“Los Pirineos siguen su dirección natural hacia oriente, marchando hacia el origen de la montaña de Fon Argenta […], y desde aquí giran hacia el sur hacia el extremo de Valira […]. Aquí dejan los Pirineos una rama de montaña igual a los Pirineos que se dirigen hacia poniente y acude al extremo de la Peguera […] desde donde la montaña comienza a abatirse y toma la dirección hacia el llano del pla de las Forcas al norte y a un cuarto de la Seu [d’Urgell]. Desde el primer punto al extremo del valle de Ausat, y Boet, se desprende otra montaña igual a los Pirineos de la divisoria del partido de Urgell […]. El río Runer que desde el extremo de la Peguera va desde oriente para al cabo de dos horas morir en la Valira, es la muga de Andorra, y por la parte de poniente la cadena que divide el valle de Fontaneda de la [legendaria] Argolla […]. Por aquí se forman dos grandes valles, y los dos ríos principales, llamados Valira de Orient y Valira del Nord, y varios ramales que salen de esta cordillera y de la línea antes explicada se forma una multitud de comas, valles, torrentes y riveras que confluyen en las dos Valiras”.

No menos informativa resulta el apartado que Tomás Junoy destinaba a “La población de Andorra”. Rico en topónimos de corte montañero, como por ejemplo, “el famoso puig de Soloria”, “el Puig de Loria y Ras de Ramonet, que es lo más elevado de las montañas que vienen de la rivera de la Seu”, “la escarpada montaña llamada mons clarus que hoy se dice Anclar”, “la elevada montaña llamada la Tosa”, “la montaña de Canileus”, “las escarpadas rocas de Juglàn”, “la montaña y puerto de Fon Argen”, “antes de subir al Pla del Estany [estany, o lago] se va a Coma Pedrosa, que es un famoso puig”, “el famoso Puig alto de la parte que da frente al sur de Seturia”, “el majestuoso Puig de Anclar”, “la montaña que forma parte del valle de Pal”, “la montaña del Anclar del Oeste”, “unas elevadísimas peñas y montañas que parece como si sibieran cortadas a plomo hacia las brumas”, “Casamanya es un elevadísimo puig”. Por no hablar de otras alusiones a accidentes naturales como puertos o lagos. Un patrimonio toponímico que hace sospechar que el mosén o subió hasta alguno de aquellos jalones orográficos, o recibió noticia de quienes así lo habían hecho.

Fuera como fuese, este cronista culto y despierto sentenció que “en un terreno como la Vall de Andorra afincado entre los Pirineos, por la fragosidad y aspereza de las montañas y por el rigor de la temperatura no debía de considerarse su población por la extensión en leguas”. Asimismo nuestro provicario comunicó que “Andorra está igual de poblado que mis montañas de Cataluña y más que las del Ariège”.

No menos documentados parecen los apartados que mosén Junoy dedica a las producciones naturales, aguas minerales, agricultura e industria, donde la palabra montaña aparece con frecuencia. Por lo demás, brindó un cuadro del carácter de los andorranos muy equilibrado y libre de cualquier opinión tendenciosa. Lo cual no era demasiado habitual por entonces.

El provicario Tomás Junoy firmó una temprana descripción física del Principado pirenaico que hubiese tenido que interesar a los futuros excursionistas del segundo tercio del siglo XIX. Sorprende que no sucediera así.

Vamos a cambiar de tercio. Porque ninguna crónica viajera que se precie sobre la cadena pirenaica aparca el relato firmado en 1843 por lady Henrietta Georgiana Marcia Chatterton. Una fémina que redactó los dos divulgadísimos tomos de sus The Pyrenees, with excursions into Spain. Los textos de esta aristócrata inglesa no suelen dejar indiferentes, y suscitan comentarios que en ocasiones oscilan entre la etiqueta de exagerados hasta la de inventivos. Sin entrar en ninguna de estas valoraciones, acudiremos al capítulo XVII de su segundo volumen, donde justamente aparece el apartado que destina al “Valley of Andorre”.

El grupo de lady Chatterton se encontraba en el Ariège, visitando el valle de Orlu. Dada la proximidad con el Principado, el cruce de frontera desde L’Ospitalet parecía un trámite obligado para cualquier dama curiosa que se preciase:

“Durante la mañana tuvimos una negociación muy prolongada con nuestro casero, quien entendía sobre caballerías, y con un guía de L’Ospitalet, población que está en el camino a Puigcerdà, en España, y el pequeño estado independiente de Andorra. Se comprometió a tratar de todo esto por nosotros, y lo hizo tan bien que, a nuestro regreso a las 19:00 h, nos encontramos sin lo uno ni lo otro […]. Así resuelto, ya que no se podían contratar caballos, nos contentamos con una caminata hasta L’Ospitalet por la mañana. Este es el relato de la expedición.

”A las 6:00 h la inicié con mi guía, de quien descubrí era un antiguo militar aunque solo tuviera treinta y ocho años […]. Hay formidables animales de los que son más numerosos en los Pirineos occidentales. Se paga una recompensa de quince o dieciocho francos por una loba. Este año, un campesino tuvo la suerte de encontrar una camada de cinco o seis, por lo que recibió seis francos por pieza, además de lo que obtuvo al exhibirlos en Ax.

”Tras abandonar el desfiladero, el camino sube más abruptamente hacia el valle de Merens; el ascenso es, en general, muy gradual. Merens es un pueblo de buen tamaño que una vez fue muy rico, pero fue destruido por los españoles durante la guerra [¿de la Independencia?] y nunca se recuperó. Se halla en la apertura de dos valles, que a la izquierda está bien, a sus lados hay buenos bosques, etcétera y, en la cumbre, pinos.

”El valle del puerto de L’Ospitalet se eleva en su extremo hasta las alturas, con algo de nieve sobre ellas, pero no hay nada notable en cuanto a su forma. Merens se calcula que está a mitad de camino. Llegué en aproximadamente una hora y media, y en otra hora y tres cuartos llegué a L’Ospitalet. El escenario, a medida que avanzaba, se volvió más salvaje y rocoso, pero las alturas en ninguna parte alcanzaban algo como la audacia de los otros puertos. L’Ospitalet es un pueblo pobre que tiene una población de aproximadamente ciento veinte personas. Contó el guía que era un lugar con tanto trasiego que el anfitrión de la sucia posada donde desayunamos, con las tabernas y otras especulaciones, era tan rico que dio a sus cuatro o cinco hijas, cuando se casaron, de doce a catorce mil francos por cabeza. Mientras preparaba mi desayuno, continué en el camino hacia Puigcerdà, en España, durante un cuarto de hora, hasta un puente, cerca del cual estaba la frontera del departamento y la del País Neutro de Andorra.

”Este pequeño estado, que probablemente debe su existencia a su pequeñez y a los celos de sus grandes vecinos, tiene unas doce leguas de largo y contiene unos seis mil habitantes; se dice que su independencia data de Carlomagno, quien se la otorgó como recompensa por sus servicios contra los moros en el año 791. Los andorranos pagan tanto a Francia como al obispo de Urgell, un tributo de 1.871 libras cada dos años, y de 900 a España. Tienen dos magistrados principales llamados Viguiers: uno debe ser siempre francés, y nominado por el Rey de Francia; el otro es elegido por el Obispo de Urgell; dos síndicos y un consejo de veinticuatro forman el gobierno; y por lo que escuché, parecen ser una comunidad feliz y próspera. Muchos de ellos, sin embargo, están dispuestos a saquear a cada viajero que pase de una manera tranquila, en el caso de que se presente la oportunidad. Conocí a algunos viajeros cuando regresé que habían desayunado en L’Ospitalet y se dirigían a Puigcerdà. Hasta donde pude ver y aprender, al país no se vuelve sino con audacia. Por el contrario, hasta donde llegué, pude saber de algunos ingenieros que trabajaban en la elaboración de un plano para el nuevo camino. Me aconsejaron que negociara nuestro desayuno, y por lo tanto pagué solo dos francos para su colecta hacia los catorce mil que los que formaría la dote de una hermosa criada, muy sucia, que puso mi cubierto […]; un hermano, un joven sacerdote, hizo los honores de la casa a un cura, que ocupaba un extremo de la mesa, mientras mi guía y yo estábamos en el otro. Tomamos judías blancas, no mal vestidas, jamón y tortilla, una botella de vino blanco a discreción por mis dos francos. A las 11:20 h comenzamos nuestro regreso. Deduciendo una parada de unos diez minutos en una fuente deliciosa, estábamos de vuelta en un poco más de tres horas”.

Tal fue una de las tempranas presentaciones del País de los Pirineos ante el público anglosajón. Sucinta en extremo, pues parece que su autora se limitó a penetrar por solo unos metros en dicho territorio, sin decidirse a superar la barrera del port de Framiquel. No obstante, aquella mínima incursión acaso fuera responsable del naciente interés por Andorra de algunos trekkers ingleses que irían llegando con el ritmo pausado del cuentagotas.

Choca bastante que los viajeros y montañeros que, en adelante, fueron compareciendo por el Principado pirenaico ingresaran, mayoritariamente, a través de una muga norte que, desde el principio de la época del turismo, se sabía más complicada que la divisoria sur.

Por Alberto Martínez

Alberto Martínez Embid practica el montañismo desde que era un crío. Últimamente llama la atención su faceta divulgadora, que se podría glosar como firmante de veinticinco libros y participante en veinticuatro colectivos, sin olvidarse de sus más de mil setecientos artículos. Casi todos, de temática pirenaica. Aunque se ha hecho acreedor de tres galardones de narrativa, seis de investigación histórica y siete de periodismo, se muestra especialmente orgulloso del Premio Desnivel de Literatura de Montaña de 2005.

5 respuestas a «Las puertas de Andorra en 1838 y 1843»

Bueno, se trata de una mera aproximación a una crónica del pirineísmo en Andorra. Reconozco que me lo pasé en grande leyendo estos artículos, y ahora estoy encantado de poder compartirlos con los colegas interesados a través de este canal… Más saludos, Luis…

Mejor, ahí va la serie entera (35 entradas hasta ahora) sobre el pirineísmo andorrano:
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2011/12/03/el-misterioso-pais-del-pirineo/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2012/01/01/andanzas-por-un-lugar-de-muerte-y-desolacion/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2012/01/13/entre-pastores-contrabandistas-y-sopranos/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2012/01/21/las-cosas-del-gibraltar-pirenaico/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2012/02/20/el-descubrimiento-del-saco-de-dormir/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2012/03/02/y-entonces-llego-el-hombre-del-saco/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2012/04/12/con-los-livingstons-del-valira/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2012/05/16/cuando-medio-comapedrosa-era-hispano/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2012/05/25/los-mapas-y-el-nudismo-llegan-a-andorra/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2012/06/29/el-conde-y-el-porron/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2013/01/17/los-militares-van-saliendo-del-armario/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2013/01/25/trazando-la-frontera-de-mojon-en-mojon/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2013/02/19/la-perspectiva-del-dominguero-galo/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2013/02/22/y-si-cambiamos-andorra-por-aran/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2013/03/21/el-clan-marcailhou-daymeric/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2013/04/02/en-recolecta-de-cumbres-y-floripondios/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2013/05/14/el-turismo-de-piedra-vieja-entre-las-valiras/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2013/06/14/cuando-el-vertigo-asomo-la-oreja/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2013/06/21/jean-dussel-y-los-abismos-de-un-principado/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2013/06/28/el-vizconde-que-se-peleaba-con-los-gendarmes/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2014/01/16/la-mirada-del-pirineismo-catalan/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2014/01/23/el-pigmeo-entre-dos-colosos/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2014/02/10/un-rousseau-tardio-en-la-andorra-de-1904/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2014/03/26/un-tibet-engarzado-en-el-pirineo-catalan/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2015/04/13/turismo-lechuguino-desde-francia/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2015/03/10/el-espia-del-rey/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2015/05/07/un-cura-con-maleta-y-paraguas/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2015/05/27/la-exploracion-del-gavarnie-andorrano-2/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2015/06/13/la-andorra-del-viejo-sarrio/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2015/06/19/un-guru-para-las-cimas-andorranas/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2015/06/26/el-coleccionista-de-gendarmes/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2021/07/22/las-maladetas-andorranas-y-otros-cuentos/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2021/07/28/memoria-andorrana-de-1820/
https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2021/08/02/un-puymorens-terrorifico/

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