Categorías
Blog

Andorra con ojos british

Los globetrotter ingleses del siglo XIX han firmado páginas memorables dentro de la literatura viajera. Desde los rincones más impensables del Orbe. Veamos cómo se mostró a uno de estos hijos de la Gran Bretaña el Principado pirenaico allá por 1883…

En efecto: Frederick Harold Deverell fue uno de esos británicos que nos legaron sus interesantes observaciones sobre el País del Pirineo. Desde un libro que tituló como All round Spain by road and rail, with a short visit to Andorra (1884). Narraba en él un amplio recorrido circular realizado desde Valencia hasta Barcelona en el sentido de las agujas del reloj. lo arrancaba un 5 de mayo de 1883, no sin antes aclarar que conocía nuestra Piel de Toro desde 1878. Después de trazar su circuito por tierras hispanas, una vez en la Ciudad Condal, este inglés dedicaría una parte importante de su texto al Principado pirenaico. Tal es así, que este último periplo quedó destacado en el título de su obra.

El apartado andorrano es muy amplio y, además, parece tan objetivo como equilibrado. De ese capítulo XII que describe con detalle el viaje “Barcelona to Andorra” de Deverell, podemos extraer sus experiencias itinerantes, costumbristas y de naturaleza. Una nueva oportunidad para analizar la visión anglosajona del País del Pirineo:

“Andorra es una pequeña república [sic] de los Pirineos que ha mantenido su independencia y preservado sus instituciones en medio de todas las convulsiones políticas que la rodean, en torno a unos mil doscientos años, presentando así a la civilización moderna el extraño ejemplo de un estado de sociedad anterior al feudal que se ha mantenido prácticamente estable y sin cambios durante todos esos siglos hasta nuestros días […].

”Este curioso Pequeño País colinda con el departamento francés del Ariège, aunque geográficamente pertenece más a España que a Francia, al estar en el lado sur de la cordillera, rodeado por tres partes por territorio español; es decir, por la provincia de Lérida, en Cataluña. Está encerrado por altas montañas por todos los lados excepto por el sur, por donde el río Valira, también llamado Embalira, desemboca en España. El país consiste, en su mayor porción, en un territorio de montaña, aunque tenga tres valles principales, y es tan pastoril como pintoresco. A través del valle principal, y de norte a sur, corre el río Valira, que, después de haber recibido aguas de las corrientes menores del país, desemboca en el Segre por Urgell. A través de los otros dos valles corren el río Ordino y el Os. Hay otros pequeños arroyos y valles, así como algunos pequeños lagos, y las aguas minerales abundan en Escaldes [dice Escaldas]. Las montañas son grandes, de gran elevación y están recubiertas por bosques de pinos. En resumen, este es uno de los sectores más salvajes del Pirineo. Se dice que el mismo nombre, Andorra, significa lugar lleno de árboles, procedente del árabe Aldarra. En estas montañas, por lo que me dijeron, hay lobos y rebecos, y algunos relatos dicen que también hay osos e incluso jabalíes.

”Un número considerable de ovejas, cabras, vacas, caballos y mulas se alimentan de los pastos de las montañas. La madera se corta allí y va flotando por la Valira hasta el Segre, y desde allí por el Ebro hasta Tortosa. El mineral hierro también se encuentra aquí, se funde y es trabajado de forma tosca por unos forjadores artesanos en aproximadamente media docena de herrerías antiguas. También se produce un poco de tela y lino grueso. El comercio con el exterior es muy pequeño, pero por la venta de la pequeña cantidad de bienes producidos, más allá del consumo nativo, ayudado (se dice) mediante el contrabando, se obtienen maíz y algunos artículos que no produce el país, e incluso sal, principalmente de España y Francia, porque probablemente ni un solo artículo de mercadería llegue desde ningún otro país […].

”Aunque, naturalmente, la mayoría de la gente vive en los valles, algunos lo hacen en las montañas. Son personas tranquilas y poco agresivas, sencillas y algo toscas, es cierto, que viven un poco como sus padres hace mil años, sabiendo poco del lujo, el arte y el camino hacia las grandes ciudades, pero de ninguna manera son gentes incivilizadas. El amor a la independencia arde en ellas […].

”Tal era la pequeña república [sic] que estaba a punto de visitar. De ninguna manera era de fácil acceso. Había tratado en dos ocasiones antes de llegar hasta allí. En el año 1880 partí de Manresa y llegué por Cardona hasta Solsona […].

”En 1881 hice otro intento, comenzando, como en el anterior, desde Manresa. Fui nuevamente a Cardona, que es un pueblo bien ubicado en una colina […]. En la posada lo arreglé para que un hombre y dos mulas me llevaran rumbo a los Pirineos. Luego fui a Solsona con otras personas, en un carro pequeño, cubierto y tosco, tirado por un caballo. A la mañana siguiente, temprano, comencé un largo viaje de montaña durante el cual, con la fatiga, el sol ardiente y la comida aceitosa, me sentí muy enfermo. A lo largo de todo ese viaje escuché que Andorra estaba cerrada, por lo que contraté las mulas guardando silencio sobre el tema, con una discreción interesada. Era del todo cierto que Andorra estaba cerrada: […] los franceses estaban protegiéndola por un lado y los españoles por el otro lado, y a nadie se le permitía abandonar el país. Si hubiera entrado, hubiese podido tener dificultades para salir de nuevo. Pero a un inglés no se le detiene tan fácilmente, así es que seguí adelante. Partiendo de Solsona con mi guía y dos mulas, viajamos por unas montañas notables, entre bosques de pinos, a través de valles, y por arroyos y riachuelos hasta Oliana […]. Aquí redacté dos cartas, una para España destinada al gobernador de Urgell, pidiendo permiso para entrar en Andorra, y otra en francés para el comandante francés, solicitando que se me permitiera salir por el otro lado. Muy temprano, a la mañana siguiente, partimos de nuevo y, pasando por una cruz votiva que marcaba el lugar de un asesinato, vadeamos un río, entramos en una inmensa garganta y seguimos un estrecho sendero que cruzaba la ladera de las montañas […].

”Llegamos a la sombría Urgell, llamada La Seu (o Seo) de Urgell, y a menudo solo La Seo (la sede). Acudí al gobernador y le entregué mi carta. La leyó despacio, y luego respondió de manera decidida, aunque no dura, y en francés: imposible. Fue el inicio de unas explicaciones y una conversación en la que se fue irritando con cada súplica que le hacía, por lo que todo fue en vano. Ni una sola persona, me dijo, tenía permitido entrar o salir de Andorra [por la tercera Carlistada]. Entonces, como era inútil insistir, di las gracias al gobernador y me retiré. Luego, por mi cuenta, me alejé de Andorra y pasé los Pirineos por Puigcerdà para regresar a casa. Así terminó mi segundo intento de llegar a Andorra […].

”Ahora [en 1883], mi preocupación principal era organizar una visita a Andorra, aunque todavía fuera un enigma si podría llegar allí. Al principio la cosa no pareció muy favorable. Luego, por cuenta de alguien que luego entendí que era una anciana ante cual me llevaron, me dieron seguridades de que la trasladara hasta allí, por lo que la cosa pareció resuelta. Creo que se pretendía que aquella mujer caminara mientras yo cabalgaba. Según ese acuerdo, se esperaba que tardáramos dos días en ir y dos más en regresar, por lo que emplearíamos casi una semana en total. Eso hubiese sido poco satisfactorio, por lo que ese viaje, me temía, hubiera resultado bastante miserable […]. Sin embargo, en ese momento entró un joven [hermano del alcalde de Porté] y se ofreció a llevarme. Discutimos el asunto y llegamos a un acuerdo: debería llevarme, con un caballo para cada uno, hasta Andorra, para luego llevarme de regreso a L’Ospitalet, al día siguiente, por sesenta y cinco francos […].

”Por fin comenzó el viaje. Mi hombre, ciertamente, se había provisto de dos caballos útiles […]. ¡Y, oh, delicia! Ahora iba realmente hacia esa Andorra que tanto había deseado ver durante mucho tiempo, una tierra revestida de misterios e incertidumbres, que, a partir de mi visita, se abriría ante mí con las más claras perspectivas”.

No; no acompañaremos a Frederick Harold Deverell en su incursión por la Andorra de 1883. Mejor dejemos sus interesantes apuntes para la siguiente entrada…

Por Alberto Martínez

Alberto Martínez Embid practica el montañismo desde que era un crío. Últimamente llama la atención su faceta divulgadora, que se podría glosar como firmante de veinticinco libros y participante en veinticuatro colectivos, sin olvidarse de sus más de mil setecientos artículos. Casi todos, de temática pirenaica. Aunque se ha hecho acreedor de tres galardones de narrativa, seis de investigación histórica y siete de periodismo, se muestra especialmente orgulloso del Premio Desnivel de Literatura de Montaña de 2005.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

tres × tres =