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Deverell en la Andorra de 1883

En el texto previo hemos visto los esfuerzos de cierto british por penetrar en el País del Pirineo en 1880 y 1881. Sin embargo, Frederick Harold Deverell no conseguiría su objetivo hasta 1883. El resultado de su tesón quedó plasmado en un libro sobre All round Spain by road and rail, with a short visit to Andorra (1884). Ya hemos picoteado en las tentativas y estudios previos: pasemos ahora a su entrada exitosa en Andorra.

Finalmente, nuestro viajero logró apañar el cruce hasta el Principado gracias al hermano del alcalde de Porté. Desde la frontera norte de Francia, Deverell realizaba su ingreso en la Andorra más montuosa de este modo poético:

“Salimos a las 11:30 h de un Porté que dejamos a la izquierda, cabalgando cuesta arriba por un sendero de montaña áspero, que descubría el uso, en una amplia llanura, de un ganado que se alimentaba y donde la nieve aparecía en manchas. No existía camino, solo era una pista. Un camino sencillo, en un valle entre dos altas colinas, separaba Francia de Andorra. Lo rodeamos y entramos en los pastos de Andorra sin obstáculos ni molestias, justo por donde quisimos, porque el país estaba del todo abierto y no había ni casas ni personas. El camino pasó por unas herrerías francesas […].

”Nuestro viaje fue duro e incómodo, pero resultó memorable. Porque escalar montañas es algo esencialmente maravilloso: hace que uno se sienta tan grandioso que el espíritu se eleva, la sensación de libertad es aguda y hay un refuerzo moral en ello que parece elevar la naturaleza, agrandar el alma y todas nuestras simpatías, así como expulsar toda pequeñez (envidia, odio, malicia y cualquier falta de caridad; todo eso). ¡Y, oh! Estaba muy contento de que hubiese algo en este mundo fuera de las grandes ciudades, por útiles que éstas sean. Tuvimos que escalar colinas difíciles, con nieve profunda en lo alto, y ​​algo después de comenzar nos vimos atrapados por una tormenta: llovió, granizó y nevó, una vez tronó, y hacía mucho frío. Estábamos literalmente empapados hasta la piel. Quizás, después de todo, mi [impermeable] MacIntosh me hubiera sido útil, aunque nunca me arrepentí por haberlo dejado […]. En cuanto a mi paraguas de Gibraltar, ni intenté usarlo, pues hubiera sido de poca utilidad si lo hubiese abierto. Mi guía tenía su ropa de viaje, y se colocó bajo mi sombrilla durante un corto tiempo, pero no le fue mucho mejor que a mí. Después de esto, se despejó, el sol incluso salió más tarde y caminamos una buena distancia, bajando las montañas por el otro lado. Así llegamos al valle principal de Andorra, bonito como un valle suizo, por el que corría el río Valira. Llegamos a un muy buen camino de herradura siguiendo el curso del río, a lo largo del cual continuamos el resto del viaje. El valle era estrecho: a cada lado había montañas, que en su mayor parte estaban casi al lado del arroyo, encerrando el torrente y el camino en un espacio muy estrecho, pero en algunos lugares se abría, formando pequeños valles o campos, tan fértiles como agradables. Los lados de las montañas, frente al río, estaban arbolados, principalmente con abetos, aunque no muy densamente.

”Accedimos al primer pueblo, Soldeu [dice Saldeu]. Aquí, por pura curiosidad, fui a la posada con mi guía, y tomamos una copa de vino cada uno, no muy bueno, ciertamente. Cuando nos íbamos, una jovencita, de una manera simple y amable, nos dio a cada una un pequeño ramo de flores silvestres, y quedamos muy encantados con ella: fue un acto agradable para recordar como la primera de mis asociaciones con los andorranos; un pequeño acto, es verdad, que creo nunca permitiré que desaparezca de mi memoria. Luego vino Canillo, muy bien situado: aquí cruzamos el río. En ese momento, con el sol y el aire, ya estábamos más secos, pero de pronto cayó otra lluvia fuerte que nos mojó de nuevo. Desde Canillo recorrimos un estrecho desfiladero por un camino ascendente, pasando por la capilla de Meritxell [escribe Merichel], un lugar de peregrinación. Luego, descendiendo, llegamos a Encamp, un pueblo agradablemente ubicado. Después de Encamp llegó el encantador pueblo de Escaldes [dice Las Escaldas], donde se dice que hay un verdadero torrente de agua cálida y sulfurosa que se desperdicia, y donde un arroyo de montaña espumoso se precipita hacia la Valira […].

”Después de Escaldes, en otros veinte minutos llegamos a la ciudad de Andorra [Andorra la Vella], ya con buena tarde, alrededor de las 19:00 h. Había decidido quedarme aquí después de haber hecho las debidas preguntas sobre cuál era el mejor lugar para detenernos, ya fuese allí o en Sant Julià de Lòria [dice San Julián], porque, por lo que había leído, esperaba que el alojamiento fuera poco menos que insufrible. Sin embargo, ahora estaba a punto de poner a prueba, como ya había puesto a prueba tantas cosas sobre España, si la posada en Andorra era realmente intolerable. Fui bien recibido y, de inmediato, me subieron a una habitación mientras me preparaban otra habitación. Hice un cambio completo de ropa, excepto el abrigo, y luego bajé, me senté junto al fuego de la cocina y traté de hablar un poco. Pero aquí hablaban una especie de lengua catalana, y la gente solo podía hablar conmigo en castellano. Luego tuve una comida cómoda, para mi satisfacción. Cuando mi guía le dijo a la gente que no me gustaba el aceite, le dijeron que lo sabían y que no tendría motivos para quejarme por ello. En esa comida mi guía se sentó conmigo, y durante todo el viaje, tanto él como yo fuimos iguales en cuanto a la comida a mi costa, aunque el acuerdo hubiese sido que debía de asumir sus propios gastos. Hablamos de nuevo y acordamos salir temprano a la mañana siguiente. Luego me retiré a descansar. La cama estaba limpia y cómoda, y me dormí. A las 4:00 h me levanté. Como mi abrigo todavía estaba mojado, me prestaron otro que era bueno y que me quedaba bien. Luego salí a caballo, acompañado por el hijo del propietario, por el valle, al lado del río, hasta Sant Julià, que no está lejos de la frontera de España por Urgell. Esa mañana el paseo me dio la oportunidad de aprender algunas cosas.

”Mi guía enseñó varios lugares. Habló también sobre el Estado y su constitución, así como de sus funcionarios. Me informó de que había poco crimen allí, pero que el año anterior había sucedido un asesinato, y el asesino había sido condenado a ocho años de prisión en Francia. Porque no encarcelan en Andorra excepto por pequeños crímenes y delitos menores. En caso de delito grave, el culpable es enviado a España o Francia para que sea castigado. Dijo además que no querían unirse a ningún otro país, pues todo lo que querían era su independencia, un sentimiento que ciertamente prevalecía del que, en mi viaje por el país el día anterior, tuve buenas pruebas, unas pruebas que parecían demostrar que el pueblo de Andorra no quería, en la actualidad, nada de someterse mansamente a la interferencia extranjera: los franceses se encargaron de erigir postes telegráficos por todo el país; los andorranos los habían talado, al menos algunos, y otros los habían cortado y dañado. Se veían muchos postes derruidos yaciendo a un lado del camino. Anticipando un poco, decir que en mi viaje de regreso vi una señal de este sentimiento cuando pude constatar, sencillamente, que a la entrada de un pueblo había un Árbol de la Libertad, que en Andorra toma el lugar de una bandera nacional. Mi asistente también me dijo que esperaban en unos años tener un buen camino, y que luego se contaba con tener más visitantes. Sin duda que tendrán más visitantes. En poco tiempo, con o sin camino, y realizando algunas mejoras, no hay razón para que el número de visitantes no sea considerable. Sin embargo, es probable que la apertura del país traiga consigo muchos otros cambios, tanto sociales como políticos. Probablemente a la gente o sus representantes (que por supuesto deben de ser lo mismo), les resultará conveniente tener algunos impuestos, tal vez con edificios de aduanas, y entonces, sin duda, querrán ser como el resto de las naciones y tener ese acompañamiento de la civilización moderna que es la deuda pública, y junto con esas mejoras puede venir un ejército permanente, por lo que Andorra también puede tener una pequeña participación en las luchas del mundo, siempre, por supuesto, con un propósito moral y en interés de paz […].

”Mientras estaba fuera, mi asistente señaló a un sacerdote español que no se atrevía a regresar a España porque se había puesto del lado de los Carlistas.

”En esta pequeña excursión matutina avanzamos por la parte baja del valle en el que se encuentra la ciudad de Andorra [Andorra la Vella], al lado del río, que pasamos cerca del cruce de otra corriente. Luego, en el pequeño pueblo de Santa Coloma, atravesamos un torrente y, desde allí, seguimos una corta distancia, llegando a Sant Julià a las 6:30 h, donde tomamos una taza de café cada uno mientras los caballos estaban en el establo. Sant Julià fue anteriormente la capital de la república [sic]. Tiene alrededor de quinientos habitantes y es la sede principal del comercio del país. Se dice que es el centro de las operaciones de contrabando. Aquí hay algunas pequeñas tiendas, aunque también vi un gran rebaño de ovejas, unos animales pequeños, y un hombre estaba cardando la lana en la calle, mientras que otro hombre se hallaba haciendo un arnés con los adornos brillantes tan comunes en España, y otro más estaba con unas mulas, junto a una mujer de nuestra posada que había tomado café. Así que el mundo se movía, también aquí, por lo que mi mente volvió a Inglaterra, para pensar en cómo la gente de allí, en varios lugares, estaría ocupada en lo mismo a esa misma hora.

”Regresamos a la ciudad de Andorra, llamada la Vieja [la nombra como The Old], la capital del Estado: se dice que tiene unos setecientos habitantes. Es un lugar tan antiguo como pintoresco, bastante aburrido, situado en un hermoso y fértil valle, al pie del monte Anclar, cerca del cruce del río Massana con la Valira […].

”Después de esta visita, tomamos el desayuno: fue uno de capital, con buena comida y muchas cosas, mejor que el que me dieron en el primer hotel en Barcelona, ​​donde los precios eran el doble que en Andorra […]. En cuanto a la ciudad, bueno, pues ciertamente no es gran cosa, pero los alrededores son agradables. Y, con respecto al país, decir que Andorra tiene sus encantos: la naturaleza salvaje reina sobre sus bosques y montañas, y hay algunos lugares bonitos por allí, la gente es muy saludable, abundan las aguas, incluidas las aguas minerales, en las montañas hay cosas que hacer, y, en todo caso tienen el encanto de la novedad. Yo mismo puedo decir que mi visita me produjo mucha satisfacción”.

En este punto dejaremos definitivamente a Frederick Harold Deverell, quien se aprestaba a regresar junto a su guía a L’Ospitalet. Con los materiales recogidos durante su recorrido de 1883 no tardaría en trazar una carta de ese Principado que le había producido tantas satisfacciones. Sus diversas tiradas oscilaron entre el Map of Andorre (1883) y el Mapa de las Valls de Andorra (1890) a 1:80.000 de escala. Pliegos de itinerarios excursionistas donde se reseñaban las rutas junto a las villas, los ríos y los caminos, aunque no hacia las montañas. Sin curvas de nivel, si bien con una representación del relieve mediante trazos de aristas de pescado. Ciertamente, una obra cartográfica muy bella.

Con estos mapas en servicio, el turismo podía acceder y moverse con cierta facilidad por las zonas pobladas de Andorra. El montañismo, por su parte, tendría que esperar para disponer de pliegos unos añitos más…

Por Alberto Martínez

Alberto Martínez Embid practica el montañismo desde que era un crío. Últimamente llama la atención su faceta divulgadora, que se podría glosar como firmante de veinticinco libros y participante en veinticuatro colectivos, sin olvidarse de sus más de mil setecientos artículos. Casi todos, de temática pirenaica. Aunque se ha hecho acreedor de tres galardones de narrativa, seis de investigación histórica y siete de periodismo, se muestra especialmente orgulloso del Premio Desnivel de Literatura de Montaña de 2005.

7 respuestas a «Deverell en la Andorra de 1883»

Ay, José, en eso de envejecer: le pasa a todo el mundo, que cada día se acuesta un día mayor… En cuanto a lo de los relatos de montaña andorranos, pues estoy contigo: ciertamente sorprenden…

Fantasticos reportajes sobre la «Andorra Montaraz» como dices Alberto. Te haran Hijo Adoptivo y tendrás derechos de pasto para tus rebaños de cabras. O son de sarrios.

Bueno, Makako, parece un pelín excesivo suponer los efectos que puedan producir estos artículos con los que, sencillamente, me divierto como un choto buscándolos, luego leyéndolos y, para rematar la jugada, compartiéndolos con nuestros colegas del clan montaraz. Sobre todo, con los más pirineístas, con los más chiflados por la historia de nuestro deporte. Aunque tu curiosa evocación me da qué pensar, no lo niego…

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