en Espeleología

Hoy os hablo de cuevas: El Reguerillo (1ª parte)

Sí, yo soy espeleólogo y, subsidiariamente, exégeta de cuanto ha de ver con el GPS. No os sorprendáis: lo del GPS surgió, a finales de 1993, como un medio mágico para localizar esas esquivas y diminutas bocas de cuevas y simas que, en realidad, constituyen el objeto de mi pasión desde hace muchos, muchos años. Por esa razón, hoy voy a hablaros de cuevas. Y lo seguiré haciendo, de vez en cuando, puesto que este es un lugar de encuentro de los amantes de la montaña, y las cuevas forman parte de ella.

Voy a empezar por contaros, en una serie de artículos, mis impresiones acerca de la que fue mi primera y grata experiencia subterránea, hace ahora 36 años: la Cueva del Reguerillo, que se abre en el archiconocido paraje de Patones, hoy banalizado por mor de la afluencia de gentes de todo pelo. Pero esa es otra historia… Reproduciré aquí fragmentos de trabajos anteriores, publicados en medios de escasa difusión, y otras aportaciones de personas que tuvieron la fortuna inmensa de participar en las primeras exploraciones en El Reguerillo. Intentaré daros a conocer la que en su día fue una joya única y hoy es un lamentable paradigma de hasta dónde pueden llegar la capacidad destructiva y la falta de respeto del hombre hacia las obras de la Naturaleza.

 

Gour en la Cueva del Reguerillo.

Gour situado sobre «El Órgano» en la Cueva del Reguerillo, en 1972 (José Latova)

 

Mientras me afano en desempolvar los croquis y las notas de campo que, hace casi cuatro décadas, trazábamos con inexpertas manos de adolescentes, vuelven a mi mente un cúmulo de recuerdos y sensaciones. En aquellos momentos (1972), la cueva era el objeto de nuestros desvelos; éramos jóvenes, atrevidos e inconsecuentes. Cuando nos lanzamos a topografiar aquel «monstruo» de cavidad que se nos antojaba ilimitada y única, lo hacíamos casi a ciegas, engañando a nuestras familias y robando tiempo a nuestros estudios y obligaciones. Entonces la cueva todavía guardaba tesoros científicos y estéticos prácticamente intactos. Entonces…

 

Aguja de aragonito.

Aguja de aragonito (15 cm) de la Cueva del Reguerillo (José Latova)

 

Anagrama del Equipo NSS

Recuerdo los buenos ratos pasados con los amigos del Equipo N.S.S. en las galerías y recovecos del antro… mi primer encuentro con Trino de Torres, nuestro mecenas particular, en la Escuela de Minas, en presencia de Gildo Morell, el amigo al que un año antes Trino había seducido con inimitables artes… las caminatas hasta la cueva, con nocturnidad, alevosía y perros huraños amenazando en las sombras, en medio de un paraje apenas transitado… los encuentros esporádicos con curiosos especímenes de la fauna cavernófila bípeda, en situaciones a veces bastante surrealistas… nuestro campamento subterráneo… las permanencias de varios días en aquel familiar reducto… las anécdotas, los despistes, nuestros modestos hallazgos… la llave de la cueva —que entonces estaba cerrada—… el carburero de presión y el saco de plumas Pedro Gómez prestados por Trino cada vez que marchábamos a una de nuestras frecuentes acampadas subterráneas (dicho sea de paso, el saco era utilizado en riguroso turno rotativo por todos nosotros)…

El papel que jugó Trino de Torres en todo aquel tinglado fue de importancia capital, ya que sin su confianza, su mecenazgo y su comprensión —y la llave de la cueva que él celosamente conservaba—, aquel equipo de adolescentes nunca hubiera llegado a nada. En los años transcurridos la amistad se ha afianzado a pesar de que la vida nos ha llevado a todos por muy distintos derroteros.

 

El autor en el pozo de La Claustrofobia

El autor desciende el pozo de acceso a la Galería GEIS, en 1973 (Carlos Antón)

 

Casi nadie conoce la razón exacta por la cual, espoleados por el inefable Gildo, decidimos un día repetir la topografía de la cueva: sucedió que, luego de una memorable visita al estigio con cuatro amigas, en el curso de la cual Pito Latova, Gildo y las susodichas se perdieron en el Laberinto, no regresando las damas a sus respectivos hogares paternos hasta altas horas de la madrugada, con el sobresalto general consiguiente, tomamos unánimemente la decisión de que había que hacer algo para que aquel desafortunado episodio no volviera a repetirse. Persuadidos de que el problema estaba en el plano, y no en nosotros, luego de breve debate se tomó la firme resolución de repetir la cartografía de aquel sector de la cueva. Informado Trino de nuestro propósito, ofreció inmediatamente su ayuda para poder llevarlo a término. Al tiempo, y aunque en ese momento no nos lo confiara, pensó que no era desatinado aprovechar el entusiasmo de aquella cuadrilla de atolondrados, que, como llovidos del cielo, habían aparecido de repente para topografiar aquella complicada parte de la cueva, cuya representación en el plano del Grupo Universitario de Montaña (GUM) (Hernanz, 1967) era francamente mejorable.

Cueva del Reguerillo. El Laberinto. GUM 1957

Plano del Laberinto de la Cueva del Reguerillo, realizado por el GUM en 1957 (D. Pliego)

 

A medida que el tiempo transcurría y avanzaba la topografía del Laberinto, veíamos con amargura cómo nuestro «magnífico» plano iba ser ensamblado sin más a aquel otro del GUM que nos parecía tan imperfecto (más tarde he sabido que aquel viejo plano estaba levantado con muchas más garantías y esfuerzo de lo que en un principio, llevados por nuestra inmadura falta de objetividad, hubiéramos sido capaces de valorar).

Plano del Laberinto realizado por el Equipo NSS.

Topografía de «El Laberinto» realizada por el Equipo NSS en 1972

 

Dimos, así, un paso más y tomamos la solemne decisión de cartografiar toda la cueva, ajenos por completo a la magnitud de tamaña labor. Los trabajos se prolongaron a lo largo del año siguiente.

 

Campamento NSS en el Reguerillo.

El campamento NSS, en el Segundo Piso de la cueva (1972). A la derecha Gildo, a la izquierda Zape (Carlos Antón) y de espaldas el autor (Foto: José Latova)

La tarea fue concluida con las bendiciones de Trino, de Félix Moreno Sorli —nuestro nuevo referente y presidente a la sazón del grupo Standard, en el cual nos integraríamos poco después— y las de la espeleología oficial. La puesta de largo definitiva de nuestro plano tendría lugar durante el III Congreso Nacional de Espeleología, celebrado en Madrid en 1974 (Antón et al., 1974). Se cerraba, así, un capítulo iniciático, y hasta cierto punto clave, en las vidas de todos los que componíamos aquel primitivo Equipo NSS (Domingo Almendros, Carlos Antón, José Latova, Hermenegildo Morell, Antonio Perea y Carlos Puch).

(Continuará…)

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Referencias

Antón, C. – Morell, H. – Puch, C. – Perea, A. (1974). Trabajo de planimetría en la Cueva del Reguerillo. Actas III Congreso Nacional de Espeleología T.1. Madrid.

Hernanz, A. (1967). La Cueva del Reguerillo y el karst del Cerro de la Oliva. Comisión de Hidrología Continental y Científica, Centro de estudios Hidrográficos del M.O.P. Madrid.

  1. Como orgulloso componente de aquel histórico equipo N.S.S., quiero dejar constancia de la generosidad de Carlos Puch al no dejar traslucir en su crónica el protagonismo de su increíble trabajo tanto en la cueva como en el gabinete y en la mesa de dibujo, en una época en que los plotters, los ordenadores domésticos y los gps eran quimeras de un futuro incierto. Un abrazo, Carolo, y todo mi cariño.

  2. Hola Carolo: No sé si me recuerdas,pero hemos compartido,excursiones,cuevas y «tus famosos puches» de colacao y galletas en el grupo Standard,no me olvidaré en mi vida del que hiciste un fin de año en Fresnedo, Cueva Huertas con Andrés y Ana,Paqui;Félix Sorli,Arturo, sé que éramos trece aquél fin de año,que creo fué en el 77.
    Un abrazo fuerte,fuerte y espero seguir en contacto contigo ahora que sé que andas por la red.
    ¿Sabes de Zape,Gildo y Trino?
    Saludos y seguimos en contacto.

    • Buenos días Perolas:

      Naturalmente que te recuerdo. ¡A ti y a tus inefables colegas y las ristras de chistes en Estremera! (Mortimer, saca los víveres…). Recuerdo aquel fin de año en Fresnedo, aunque, según mis diarios (que todavía conservo) fue en la Navidad de 1974 a 1975.
      A Gildo, Pito, Zape y Trino los sigo viendo. De hecho mantenemos la amistad de antaño y comemos juntos una vez cada mes o mes y medio. También veo a Perico, Carlos y Pepe Medina ”a éstos muy de tarde en tarde”. Y, aunque soy un carrozón, sigo haciendo actividad.

      En fin, celebro tener noticias tuyas; es lo que tiene la red.

      Abrazos,

      Carolo

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