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Saludos al de la Guadaña

Una de las partes más positivas de un accidente grave es que te pone en perspectiva en un instante. Lo primero que pensé nada más aterrizar con mi paracaídas en las rocas fue que seguía vivo. A partir de aquí todo lo demás sería bueno irremediablemente. Me impresionó ver un buen manchón de sangre que había salido de mi mandíbula rota y lo que parecía ser el hueso de mi pierna. Rápidamente noté un dolor en el pecho., eran tres costillas rotas. Pero verme consciente y sentado me hizo sentirme bien al momento. La idea de bajar andando cuanto antes me rondó por la cabeza al ver las nubes de tormenta que se avecinaban. Por experiencia sé lo que se puede llegar a complicar el tema con mal tiempo. Me iba a quitar el casco hasta que vi la cara de Tino que me pidió que no lo hiciera. Tan solo me quedaba esperar. Me di cuenta de que debía ser más grave de lo que pensaba.

Con Dario Barrio antes de saltar

Llevaba tiempo deseando saltar en los Galayos por lo que representaba para mi. Conocí hace años en mi club de toda la vida, “El Peñalara”, a Teógenes Díaz, el primer ascensionista del Torreón. Teo mayor mantenía una planta excepcional. Te saludaba y te trasmitía la fuerza de una riqueza interior que solo él poseía. Probablemente una fuerza adquirida a base de valor. Teo era marmolista de profesión y fue capitán en el “batallón madrileño” que estuvo del lado republicano en la guerra civil. Supo lo que eran las penurias y el hambre de verdad. Su vida dura no le impidió llegar a una edad madura con dignidad, construir el refugio del Naranjo de Bulnes, ni abrir la sur del pájaro o  escalar el increíble Torreón de los Galayos en el año 1933.

Hace un año, estuve un par de veces con Darío Barrio en la cumbre del Torreón peleándome con la búsqueda de un salto BASE, pero no había forma de encontrarlo. En el sitio más posible para saltar, la piedra que tiramos como prueba, rebotaba a los pocos segundos. La cabeza actuó entonces como debía, básicamente por la fuerza de los acontecimientos.  No se podía saltar. Unos meses después estuve allí otra vez para grabar un tráiler de algunas aventuras junto a David Bautista el guarda del refugio. Hicimos un highline divertidísimo entre las agujas gemelas y la punta Don Servando. Desde allí descubrí lo que me pareció el único salto posible desde la aguja negra.

Hace unos días, volví otra vez junto a Darío para hacer un pequeño entrenamiento antes de irnos a Groenlandia donde nos esperarían aventuras parecidas.

Subía nervioso por las cuestas que conducen al refugio. Conocía la historia de los primeros parapentistas madrileños cuando yo empezaba a escalar y los veía saltar desde la apretura. Muchos de ellos tuvieron problemas con el aire, Jesús Gálvez, Ramón Portilla, Toti Sanchez,…

Después de subir a la cumbre de la aguja negra, descendimos unos metros para llegar al punto de salida. “El conocido en BASE como el exit point”. No había viento en ese momento pero ya habíamos notado algunas brisas en el valle hacia el cual nos tendríamos que dirigir una vez abierto el paracaídas. Me concentré fríamente en separarme lo más posible de la pared, soltar bien el pilotillo y prepararme para girar hacía la izquierda. Todo iba perfecto hasta que salí del callejón en el que me encontraba. Ya en el aire volando me dirigí hacia el refugio pero lo vi muy encajonado y sentí cómo el aire me empujaba a mayor velocidad. Di un giro radical para salir valle abajo y rápidamente noté que cogía una especie de térmica que me llevaba para arriba, lo que es muy difícil que pase con un paracaídas de BASE.

Me acordé perfectamente de mi amigo Stanley cuando saltó en las cercanías del Cerro Torre y una térmica le subió por encima del “exit point” y no le dejaba bajar, solo el paso cercano de un cóndor le permitió ver parte de la salida. He saltado y escalado con Stanley varias veces y no es un tipo que cuente historietas. Su novia murió en sus brazos en un accidente de tráfico justo antes de que fuéramos a Baffin. Es capaz de escalar el Capitán en un par de horas y después tomarse una cerveza contigo sin darle importancia.

Me dejé llevar un poco por el miedo y quise aterrizar lo más rápido posible en cualquier lado. Ese “cualquier lado” fue mi error. Cogí un viento en cola que me llevó a unas piedras a una velocidad que Fernando Alonso habría temido con su Ferrari. En vez de seguir valle abajo con el viento en contra me estampé con fuerza en terreno duro duro.

No soy muy amigo de los pensamientos esotéricos pero sí creo un poco en el instinto que te dice cosas en la montaña. Cualquier pensamiento negativo es motivo suficiente para darle dignidad y la montaña nos había avisado con algunas brisas subiendo hacia la cumbre. Me sentía preocupado todo el tiempo, sabía que no era un salto fácil. Creo que no me escuché lo suficiente. Antes de empezar con el BASE sabía que tendría algún encontronazo de este tipo. Para mi esto trata al igual que el alpinismo, no depende de la dificultad sino de saber escapar indemne con las experiencias bajo el brazo. Sin duda, la vida es mucho más rica que cualquier montaña o salto BASE. Pero las montañas nos devuelven por duplicado en felicidad todos los riesgos que acometemos. ¡Otra vez me siento más rico! Por suerte, aún me quedan algunos sueños que cumplir que me mantendrán motivado.

Qué bueno está este café con pajita del hospital.

foto del salto Base de Carlos Suarez desde la Aguja Negra
Salto desde La Aguja Negra (Foto @Desnivel)

 

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14 Comentarios

  1. Oye, no le cambies el género.
    ¡Es «la» de la guadaña!

    Parece que la cosa ya va mejor.
    ¡Suerte!

  2. Ánimo Carlos!!!

    Te sigo desde hace tiempo a través del blog, me resulta inspirador lo que cuentas por aquí.
    Espero que pronto te quiten las tiritas!!! 😛
    Cuídate.

  3. Seamos sensatos, Carlos. El café de hospital sigue siendo una porquería. Pero el hecho de que no haya pasado nada peor, hace que valoremos mucho más las cosas que tenemos. Así que me imagino, que ese mismo café te debe estar sentando a gloria. ¡Y es una cosa de la que me alegro muchísimo!

    Ahora a recuperarse, a seguir con ilusión planeando proyectos y continuar con la vida.

  4. Carlos: a recuperarse pronto y a volver cuanto antes a la montaña. Los que como yo seguimos tu blog estamos deseosos de poder leer tus próximas andanzas. Eso sí, ¡a partir de ahora a desconfiar de las brisas!

    Un abrazo fuerte

  5. Ya ve, yo entiendo esa corrección que le hace Iván, y la enmienda que le encaja Jesús. ¿Cómo es posible, teniendo tan reciente la entrevista con el personaje de la guadaña, que le adjudique género cambiado? No alegaré en sufragio de Carlos una percepción errónea o precipitada, la cortesía es en él proverbial. Sugiero a la consideración de JV el calamitoso estado de las cosas griegas, que, quizá, expliquen el misterio. Es sabido que allá la muerte es un señor, Tánatos, por más señas. Una conspiración de hiperbóreos lo ha dejado sin duda cesante, un meneo de las administraciones argivas aqueas áticas helénicas, de proporciones sísmicas, descoyunta función y operario, y falto de tarea pero sobrado de vocación, el señor coge la guadaña y viste hábito femenino, y de esta guisa visita a la clientela, en los aires queridos del Galayar. [La Merdquel ennosígea que conmueve la tierra griega, en esto de cesar funcionarios, empezando por donde el árcade y el beocio solíanacabarse, tampoco es original, esta mujer no da una a derechas. Sísifo ya secuestró al (arque)tipo en cuestión, con resutas de aplazamiento de la mortalidad, y si no interviene Zeus el atasco que se organiza de honras fúnebres superpuestas es fenomenal, piénsese en mayo y las primeras comuniones para hacerse una idea. ¿Moraleja? ¡Ojo con los despidos de probos funcionarios!]

    Sorbe con delicia el café, pero la delicia se resuelve porque pone ud de su parte, seamos honrados, los manjares centrifugados de los hospitales tampoco dan para más. Sorbe ud, y si le coge afición al sorbimiento y se da a la cánula, no quiero decir pajita, la gente es muy polisémica cuando quiere, si se entrega a la fruición de jugos encañonados por la estrecha angostura que supongo, no le arriendo la ganancia. Sé de uno que hizo un tal voto, y se cosió la boca. El hambre lo atormentaba al poco, desmedróse y menguóse y menoscabóse. Dirtrayéndolo con zumo y la tele, se pasaba el día. Un programa documental mostraba un león inepto para la matanza, y solidarizó de inmediato las penas del rey y las propias; hasta que él dio con una carroña y yo sentí un vértigo de las verijas a la vista de aquel costillar crapulosos en que se cebó la fulva majestad; poco después el mismo documento mostraba la maña envidiable con que un pollo, rapaz e imperito, de rapaz engullía la longitud estremecida de una culebra. Entonces supe, supo, qué quería decir ‘suculento’, y que hay sucos y sucos, y de los congruos con un mamífero carnicero padecía yo agudamente enjuto y resentido de naturaleza. Pagada la prenda, quiso y se hizo liberar el marfil anhelante. Paré en el primer bar. Para pasar la bebida a penas disponían de retales de caballa. Incontinente, los pedí todos. Y cuando probó a aplicar las mandídulas sobre el costillar fingido o ahuecar el pico para la ahilada delicia de lo que me representaba como culebra, ah, amigo. Dilaté las quijadas sin otro resultado que un dolor de los musculos anquilosados. Olfateé con grande pena por mi caso el relente de pescado, pasé la bebida a palo seco. ¡Qué tiempos! Moraleja: conserve en estado operativo el conjunto masticatorio y yugulador, o desconecte los cables que le inclinan por naturaleza a la proteína.

    El susto que se habrá llevado (con una dispositivo nemotécnico emparejado, basto, sí, y grosero; pero infalible) no me lo puedo figurar. Con el mío al pescar la noticia, envejecí 10 años. De aquí a la noche me habré renovelado, es lo bueno de la dieta a base de reptiles, uno aprende el truco de mudar la piel, en mi caso, pellejo. Cuídese, hermano, deje que Mors o Tánatos ejecute el oficio, y escriba. (Por cierto, ¿leyó Blood Meridian, del mentado Cormac McCarthy aquel? No hace al caso los casos de esta novela, se la recomiendo aparte, a trasmano, y sin otro argumento que el sobrecogimiento de aquí el subjeto, que se despide, ya era hora, gutiérrez, que le he visto.

  6. Vale Josemi, impresionado por tu erudición. La muerte, la parca. Eso suena «femenino», sin duda.
    Carlos va a resultar un pésimo «cliente» del único sector que se mantiene a flote en medio de la crisis: las funerárias, sí, las funerárias. Porque tambien crean puestos de trabajo.
    Esto va de coña, aquí lo que tenemos es a un Carlos Suárez vivito y coleando, aunque eso sí, un poco «perjudicado»
    Un poco de cachondeo no va mal, que estos deportes hay que tomárselos un poco de coña porque si no, nos agobiaríamos y nos quedaríamos en casa, y según las estadísticas, donde más gente la «palma» es precísamente en su casa.

  7. Hola Carlos, soy una enfermera del Hospital de Talavera de la Reina, y estaba en urgencias atendiendote. Y tb escalo.
    Me alegra saber que estás bien.
    Pidele café a las enfermeras del hospital, que seguro que está mas bueno!!

  8. Joder Carlos, soy Mario nos conocimos en la óptica del barrio del pilar y en su biblioteca …, hace unos cuantos años…
    a más señas estuvimos hablando el día que presentaste tú libro en Sanse donde Andrés R.
    joder vaya susto…
    y sin más preámbulos y con muchas posibilidades de decir alguna tontería por mi total desconocimiento de esto del salto base…
    lo primero que pensé al leer la noticia fue » …este Carlos está tonto…de la aguja negra…? pero si no hay altura suficiente 200 mts de mierda…?» …es muy probable que…. repito este pensamiento sea fruto de mi desconocimiento pero leches …me salió del alma..
    porque me jode que la peña se mate en el monte y más cuando la llevas siguiendo años y siendo una referencia para mí en muchas cosas…
    ten más cuidado ostias y escucha esas sensaciones de las que hablas la próxima vez..
    .porque claro habrá otras ya lo verás …ahora a echarle huevos y a recuperarse pronto!
    un abrazo!

  9. Recupera te ya, que te queremos ver, hacer slackline,
    por el roco, a cuidarse ,y hasta pronto.

  10. ANIMO CARLOS. Recupera fuerzas, no precipites la recuperación y te queremos ver pronto por Picos.

  11. Nada, ya veo que estás mejor. Un abrazo desde tierras vascas y a ver cuando te vienes en plan más tranki.
    Juanra

  12. Saludos Carlos. Llevo escalando 22 años y siempre has sido un referente para mi en la montaña y solo decirte que de todo se aprende y mucho más de lo malo cuando uno se equivoca así aprende de este salto (apuesto que no cometes este error 2 veces) y recupérate pronto y cumple esos sueños que te quedan por cumplir ok?. Un saludo.

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