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Recuerdos desde El Chalten

Estoy en el Chalten. Hace ya días que estamos esperando una ventana que no llega. Solo hemos hecho un porteo que nos costo grandes esfuerzos y dolores de espalda. Hay mucha nieve, pero no la suficiente como para cubrir las zonas de bloques de las morrenas, lo que convierte el camino en una tortura y el avance es penoso y lento. A pesar de todo estamos satisfechos. Por lo menos hemos avanzado algo, lo que en esta época y con las condiciones que nos hemos encontrado no es poco. Mientras caminaba con la pesada mochila me ha venido a la cabeza muchas veces el recuerdo de Oscar y se me han humedecido lo ojos al pensar que se quedo en el Latok 2. Con su recuerdo, fugazmente, como de refilón, vienen los recuerdos de tantos otros amigos y amigas que se quedaron en el camino, con los que me imagino que estará, en un sitio con montañas de ensueño en donde están las personas buenas y autenticas, aquellas que amaban las montañas y la vida que lleva a ellas. Pienso en el día que, cuando yo vuelva a casa, tenga que borrar su número de teléfono de mi móvil. Ahora me resisto a borrar su correo…es como si estos pequeños gestos fueran la confirmación definitiva de algo que hace días que se que tengo que aceptar.
La tensión del rescate y el desenlace final me dejo muda, de palabras y pensamientos. Y hasta hoy no me he atrevido a escribir nada al respecto. Oscar era amigo y compañero de viajes, una excelente persona, divertido y vital y no puedo evitar que mientras escribo estas líneas me invada un sentimiento de angustia. Pasara todavía tiempo hasta que pueda sonreír cuando piense en el. Es un sentimiento conocido, parecido cada vez que se ha ido un amigo cercano. Un sentimiento que me hace cuestionarme la montaña… y que espero se disipe en un tiempo.
Pero hay una diferencia fundamental entre esta vez y otras, y es la posición en la que me he encontrado y que me ha hecho vivir de cerca el otro lado, la angustia de la familia, la desesperación del que se queda esperando sin entender el riesgo gratuito de la montaña, pero que lo acepta porque no tiene mas remedio. La parte positiva, de la que también fui testigo en Peña Guara fue el enorme acto de solidaridad por parte de muchas personas que crecieron enormemente con su entrega en este desafortunado acontecimiento.

El día 9 de Agosto comienzan las fiestas de Huesca. Me lo había montado para poder estar los dos primeros días, los que mas me gustan. Quedé con unos amigos para realizar el protocolo típico Laurentino: Almuerzo de huevos fritos con longaniza con unas cervezas para empezar el día antes de ir al chupinazo, a las 12, uno de los momentos que más me emocionan de las fiestas. El subidón general de tanta gente junta me pone los pelos de punta. Esa explosión de energía, de quema de calorías y alcohol que pone de acuerdo por una vez a tantas personas me resulta emocionante. Lógicamente, esta actividad se acompaña con cantidades inconmensurables de vino que corre a raudales por donde quiera que uno esté a esas horas en el centro de Huesca. Sobre las 2 fuimos a casa para dejar la bota y cambiarnos cuando me llamo el «Pirata», amigo mío y de Oscar. Me extraño, porque para los oscenses el 9 es un día de los que no se llama a menos que se haya quedado el día anterior, porque lo normal es no estar localizable. Me explicó lo que pasaba y que se iba a poner en marcha un rescate. Inmediatamente fui a Peña Guara, algo avergonzada por los tragos de mas que llevaba, triste y preocupada, pues habiendo estado allí y sabiendo de lo que se estaba hablando, pensé calladamente que el destino de Oscar estaba escrito. Por supuesto estaba dispuesta a hacer lo que estuviera en mi mano por ayudar. Allí estaban Lorenzo Ortas y Manolo Bara dirigiendo lo que seria el rescate más difícil que se haya intentado en la historia del alpinismo, apoyados por un equipo de incondicionales de Peña Guara, Avellanas, Cuchi, Javier, Antonio y muchos otros que espero me perdonen por no nombrar. Durante los siguientes días estuvieron Lorenzo y Manolo sin apenas dormir, sin aparecer por casa, viviendo en Peña Guara entregados en cuerpo y alma al rescate. El resto del equipo por turnos dispuestos las 24 horas. Al principio las cosas se veian muy mal, y en ningún momento se dieron falsas esperanzas a la familia, que estuvo allí todos los días, pendiente de lo que ocurría. Como se sabe, desde el principio se movió cielo y tierra, pero las esperanzas eran muy escasas. Aun así, el hecho de que estuviera Sebastian Alvaro en la zona, nos hizo ver esa posibilidad entre un millon de que saliera. La posibilidad de que el rescate se hiciera escalando desde abajo se veía muy remota pero cuando se consiguió que el helicóptero llevara a los rescatadores hasta el base volvió a dar esperanzas. Después, otro mazazo desde el base, la falta de aclimatación y las malas condiciones impedían un avance efectivo… El animo subia y bajaba como una montaña rusa y afuera, en la calle, las charangas, los borrachos y el ambiente festivo daban un escenario de irrealidad a todo lo que ocurría. Por otro lado el despliegue mediático fue salvaje, y aunque la mayoría de los medios respetó las necesarias normas impuestas, hubo alguno que sin ningún escrúpulo llego a chantajear emocionalmente a la familia. Llamaron a cualquiera que les pareciera que podía dar una opinión, aunque no tuviera nada que ver y alguno también la cago con algunas declaraciones absurdas. En estos momentos es cuando se ve quien es buena gente de verdad, quien, aparte de aportar, de paso saca provecho de la situación, y alguno que no aporta y además aprovecha el momento para hacerse publicidad. Me quedo con el hecho de que fueron gran mayoría los primeros y vi una unión de fuerzas y solidaridad que me hace emocionar.
Acabaron las fiestas y el día 16 se decidió suspender el rescate. La imagen de la familia digiriendo la noticia es difícil de olvidar. Es algo que se me quedara grabado en el corazón para siempre y lo que me hará, seguro, valorar mejor la asunción de riesgos.
Y por otro lado, entiendo la sensación tan increíble el llegar a lugares remotos, inexplorados, nuevos… Vivir una aventura, cuando las preocupaciones son básicas, comer, hidratarse, llegar a un sitio donde dormir, llegar arriba y después abajo. Es simple pero fundamental. Cuando la preocupación es la vida propia, la vida adquiere mas sentido que nunca. Es una atracción tan fuerte la que ejerce estos lugares en los alpinistas, es tan intensa la vida en la montaña que es imposible renunciar a ello, si se siente con el corazon y se tiene la oportunidad. Por eso seguirá la historia del alpinismo, hecha a base de éxitos y desgracias, de esperas, avances, retiradas e incertidumbre, en la que los familiares se llevan siempre la parte mas sufrida… Porque no se puede pedir a nadie que renuncie a escalar algo cuando tiene capacidad para ello, al igual que no se pide a nadie que se quede en casa en vacaciones porque en las operaciones salida hay mas accidentes de coche… Solo se puede pedir máxima prudencia, dentro de lo razonable… Y aun así¦el destino siempre será imprevisible, y el de Oscar fue quedarse en lo alto de una de las mas bellas catedrales de la tierra…

2 respuestas a «Recuerdos desde El Chalten»

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