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Patagonia III (Sabor patagónico)

Otra vez, delante de un teclado, me encuentro preguntándome si el buen tiempo en Patagonia es solo una ilusión, o si es que definitivamente no tengo suerte apostando. Parece que fuera como en una ruleta, a algunos les toca enseguida, y otros se arruinan en la primera noche que se les ocurre jugar. Y cuando ya has apostado mucho, no puedes parar de hacerlo esperando que te toque alguna vez,y recuperar lo perdido, que la suerte te sonria por fin, aunque sea por estadistica.
Subimos hasta nuestro campo llamado «La playita». Aunque tiene un nombre muy sujerente, es un lugar hostil, cerca del glaciar que baja del paso Marconi, en donde el viento sopla con rabia y levanta arena de morrena. Esta ubicado en el comienzo del Lago Electrico, llamado así por el ruido que produce el viento cuando sopla con fuerza, similar al de los truenos lejanos. Caminamos durante horas en contra del viento con una lluvia horizontal que solo nos mojaba por delante.Dormimos allí en nuestra tienda, que se movía como loca por la noche, preguntandonos si pararia en algún momento de llover y de soplar. Encontramos a Horacio, un guía local que tenía pensado llevar a sus clientes hasta el collado Marconi, desde donde hay una vista espectacular de los cordones Marconi, Fitz y Torre, pero estaba consideando cambiar de planes dado el mal tiempo que hacía todavía a las 9 de la noche.
-Nosotras nos levantaremos a las 4 y tiraremos para arriba.- Queremos llegar al collado y dormir allí. Segun parece, el tiempo aguanta hasta el medio día del día 7 y parece que no va a haber viento.-Le dijimos, según lo que habíamos consultado con respecto a la meteo.-Algunos dicen que la ventana viene con algo de viento, ya veremos-concluimos
Al despertar la misma lluvia fina seguia cayendo, y el viento racheado habia aumentado, haciéndonos despertar varias veces esa noche temiendo que la tienda cediera. Esperamos un rato a ponernos en pie. -Vamos a desayunar y luego nos echamos una siesta a ver si amaina un poco-decidimos después. Paró de llover y nos pusimos en marcha, esperando un día duro de luchar contra el viento y con pocas probabilidades de escalar, a menos que la ventana se estuviera retrasando.
La subida fue rápida, ya conociamos el glaciar y no llevabamos peso. Estaba casi despejado, aunque las nubes altas con forma de plumas delataban que el cielo azul no iba a durar mucho. Conforme nos ibamos acercando a la base de Piergiorgio el viento aumentaba. Al llegar al deposito nevaba en medio de una ventisca que nos obligo a buscar un resguardo que no existe cuando se pone a soplar.
No cabia duda, la ventana no existia, habia sido un timo. En la ladera del glaciar que baja del Piergiorgio se levantaban remolinos, al tiempo que en el otro lado del valle, como para hacer de coro, caían con mas frecuencia de la habitual los seracs de debajo del Cerro Marconi. Con la gran cantidad de nieve acumulada en los últimos días, el tímido sol hacia que cayeran muchos aludes, en ocasiones provocados por la caída de seracs. Fue un espectáculo precioso visto desde la seguridad de la distancia. Esperamos un rato y decidimos bajarnos. No había nada que hacer, así que bajamos resignadas, aunque contentas por haberlo intentado y estar explorando un valle tan desconocido. Al rato, llegando a la Playita de nuevo empezo a llover. Nuestras esperanzas por el buen tiempo se esfumaron cuando nos informaron de que venía peor, quizás habría algo parecido a esta última sobre el 13… o sea, nada.
Al día siguiente recogimos todo, nos cargamos a la espalda cerca de 30 K. y bajamos bapuleadas por el viento y la lluvia, que en ocasiones nos obligaba a echar cuerpo a tierra, en otras nos tiraba, cuando la racha parecía que iba a pasar y no lo hacía. Especialmente mal lo paso Katty, quien llevando un petate mediano sobre sus 45 Kilos de cuerpo cayó de bruces en varias ocasiones. Yo me pase la mitad del camino cagandome en Eolo, aunque nadie me oyó…
Llegamos al Chaltén con la cintura y la espalda doloridas y ampollas en los pies por usar las botas gordas y no llevarlas en la espalda, resignadas a dejarlo para otra ocasión… Porque habra otra ocasión… Y entonces nos dieron una triste noticia: El veterano escalador italiano Favio Giacomelli había muerto enterrado por un alud el 1 de Enero en la base del Torre, después de bajar de la pared Este, en la que estaban abriendo una dificil vía con cuerdas fijas. Su compañero Elio Orlandi, veterano de Patagonia, en un acto de enorme coraje, lo estuvo buscando dos días hasta que lo encontró. Lo puso al reparo de nuevas avalanchas y se bajo al Chalten. Los compañeros colombianos de Katty estaban ayudando a bajar el cuerpo. Vaya comienzo de año… Coincidí con ello hace dos temporadas, cuando comenzaron a abrir la ruta. Me asombró la motivación que tenían. Hay que tener gran tesón y fortaleza para emprender una vía en los 1500 m. de roca vertical de la cara Este del Torre, con este clima.
Así que me voy con un sabor agridulce. He tenido muy buenos días con mi compañera y amiga Katty, aunque no hemos podido mas que cargar ladrillos de arriba a abajo. No hemos visto mas de 15 horas de bueno, pero hemos disfrutado del fin de año con el grupo «Siete Venas». Ademas  el primero de año hubo un precioso amanecer en el que se pudo ver el Fitz. Asi es la Patagonia, con diferentes sabores, el amargor del mate y el dulce de leche, la hostilidad del clima y la amabilidad de su gente… Dicen que el que prueba la flor del Calafate…yo mejor diría, el que consigue tocar la roca siempre vuelve a Patagonia…Sea porque consiguió subir y disfrutó de una preciosa vía o porque no lo consiguió y se le quedo esa espinita…