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Serge Casteran. Un fanático de 52 años

Cuando me quiero dar cuenta me ha anclado la cuerda fija por la que tengo que subir de un solo seguro. No protesto por aquello de no quedar como un cobarde… y porque tampoco es mucha altura, unos 15 metros, aunque lo suficiente para tener una buena avería. Pero cuando llego al anclaje de la cuerda fija de la que cuelgo le llamo de todo: ni siquiera se ha molestado en poner un mosquetón de seguro. El se ríe mientras le cuento que esto es normal que me lo hagan los jóvenes, pero que no me lo esperaba de un escalador, guía de montaña además, de 52 años… Estoy en Rodellar con Serge Casteran a quien desde hacía mucho mucho tiempo tenía ganas de entrevistar. Serge es un nombre muy conocido, un auténtico mito, para los escaladores del Pirineo. Un fanático que, con 50 años, ha hecho dos 8c. Pero lo importante no es el grado, como el dice, sino la motivación, la pasión, y, sobre todo, la alegría que tiene. Absolutamente extrovertido, no para de hablar en todo el día… «Este día lo he reservado para Desnivel», me dice, mientras contesta a mis innumerables preguntas y soporta estoico mi aluvión de fotos. Serge tiene mucho que contar. Es uno de los precursores de la escalada deportiva en Francia y en España (en Rodellar abrió, cuando prácticamente no había vías aquí, la «Paris-Texas» a la Cuca de Bellostas; fue el primero en forzar la «Carnavalada» al Pisón en libre….), también ha hecho mucha escalada en solitario (Pilar Embarradere, Pilar Sur y Sur Directa al Midi en el día…), escalada en hielo (primeras de Overdoose y Tanatos en Gavarnie). La larga conversación que tuvimos se publicará en el próximo Desnivel.

Lo que más me gustó de él: su capacidad de vivir el presente. Habla de otras épocas, de los ochenta («soy heredero del espíritu del 68, la escalada no se puede desconectar de la época histórica en que se sitúa»), pero nunca con añoranza. Le motiva el presente, le motivan Dani Andrada, Chris Sarma… Trabaja como guía de montaña y profesor de esquí, y dedica todo el tiempo que tiene libre a escalar. El alpinismo y la escalada en hielo, no los practica fuera de su trabajo como guía de montaña a raíz del desgraciado accidente que sufrió en Gavarnie en el que muriera su novia, Martina, y su amigo Jeróme Thinieres. El fue el primero en escalar aquel largo, montó la reunión, y cuando ellos comenzaban a escalar la cascada se derrumbó. Para él todo cambió aquel día. Y, aunque no hablamos directamente del tema, siempre que la conversación lleva a él (es su referencia para todo: «antes ó después del accidente en Gavarnie»), su mirada se entristece y sus ojos se humedecen mientras yo cambio de tema rápidamente.

Su rostro, surcado por innumerables arrugas, fruto del sol y el viento de la montaña, y de aquel día en Gavarnie, aparenta más edad que la que tiene, pero su risa, su espíritu joven y libre, te hacen comprender que su edad real, la de su mente, está en los veintipocos años. Cuando nos despedimos y me giro para verle marchar le veo hablando y riendo, alegre, igual que ha estado todo el día. «Mi vida, si no fuera por aquel accidente de Gavarnie, ha sido siempre fantástica, haciendo siempre lo que he querido…Tengo salud, y un trabajo que me da libertad» (Y una gran pasión: la escalada)