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El coste del alpinismo

“Lo que define la escalada es que te mata. No tienes más que mirar los hechos”.

Con esta brusquedad expresa el conocido alpinista y escritor Joe Simpson algo que casi toda la tribu alpinística prefiere obviar. El alpinista ruso Anatoli Bukreev, lo expresó igual de rudamente “Ahí arriba ningún hombre escapa a su destino”. Tampoco el lo evitó: a pesar de su enorme experiencia y fortaleza desapareció en el Annapurna.

Es una forma directa de comenzar el editorial pero que ayuda a explicar lo evidente: esa sensación de inmortalidad que nos invade no es real. Y que debemos facilitar, con determinadas decisiones, la situación a la que en caso de accidente se enfrentarán nuestros seres queridos.

John Hunt, jefe de la expedición al Everest de 1953, le dijo a Wendy,  la mujer de Bonington, cuando este preparaba en1975 su expedición a la suroeste del Everest: “Tienes que ser consciente de lo que puede suceder, y estar preparada para ello”.  Wendy elaboró una lista de personas cercanas a cada alpinista con las que contactar inmediatamente en caso de accidente. Sabia que si este se producía tendría pocas horas para comunicarlo a la familia antes de que la prensa difundiera la noticia…

Hay decisiones personales nuestras, sencillas de realizar, que si no llevamos a cabo puede hacer más dura aún la tragedia a familiares y amigos. No estar federado es una de ellas.

Otro tema, a la vista de varios accidentes recientes que han tenido lugar dentro y fuera de nuestras fronteras, es la importancia de llevar teléfono móvil ó satélite. Aunque sea -si queremos renunciar al uso del teléfono en montaña-  en una bolsa cerrada para utilizarlo solo en caso de emergencia.

Por cuestiones de ética, ó simplemente para ahorrar peso, hay alpinistas, escaladores y montañeros que renuncian a llevar teléfono. Una decisión personal que, en caso de accidente, complica extraordinariamente el rescate y el dolor de la gente cercana. Escribo estas líneas motivado por dos accidentes recientes de personas que decidieron no llevar teléfono lo que aumentó el drama de su búsqueda y rescate de forma innecesaria para familiares y amigos.

En demasiadas ocasiones, al transmitir la pasión por el alpinismo, nos olvidamos de esa gente cercana que sigue con sus tareas cotidianas. Pero es cuando sobreviene la tragedia cuando comprendemos el valor de la gente sencilla, de quienes quedaron en casa esperando. Esa gente para quienes nuestra pasión tiene un elevado coste que en ocasiones, al tomar determinadas decisiones, ignoramos e incrementamos.

(Publicada en el número 290 revista Desnivel -Septiembre  2010- )

Darío Rodríguez