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La locura del sin oxígeno

El 21 de mayo ocho alpinistas de nuestro país ascienden el Lhotse. De ellos solo uno, Carlos Soria, regresa caminando a Kathmandú, el resto es evacuado en helicóptero.Lo que ha trascendido al gran público han sido las fuertes palabras que Juanito Oiarzabal lanzó a Edurne Pasaban. La anécdota.

Lo que allí ocurrió fue grave y exige una reflexión serena y profunda. De haber estado estos alpinistas en otra montaña no tan “poblada” como el Everest al menos dos de ellos (Roberto Rodrigo y Manuel González) habrían fallecido. Posiblemente alguno más. Sus compañeros, en estado límite tras la cima del Lhotse, descienden dejando en el campo 4 a tres personas (Roberto Rodrigo con congelaciones muy graves, Isabel García y el iraní Mahdi Amidi, que es el único que se queda a ayudarles). Más arriba está desaparecido Manuel González Lolo. En el Annapurna, un año antes, ocurrió algo parecido.

Cometen, en primer lugar, un error de “manual”: a pesar de lo lento que alguno asciende, y de lo tarde que alcanzarán la cima, no se retiran. Además, durante el ascenso, uno solicita medicación que solo debe usarse en caso de emergencia y siempre para descender. Varios bajan de la cumbre en muy malas condiciones. Ninguno tiene fuerzas para intentar salir a buscar a Lolo.

Lo peor viene en el rescate. A pesar de su delicada situación, algunos se niegan a utilizar oxígeno. Medicación (dexametasona) sí aceptan, ser rescatados y/o ayudados también, tampoco hay problema en sembrar la alarma transmitiendo por radio cada pocos minutos la mala situación en que se encuentran, o pedir un helicóptero…, pero ¿oxígeno? ¡No! Ni siquiera cuando usándolo pudieran encontrarse mejor y hacer un intento de buscar al compañero desaparecido. Eso sí: no pasa nada por usar cuerdas fijas instaladas por sherpas con oxígeno o porque el grupo de rescate sí que lo utilice.

Todo vale para alcanzar la cima menos el oxígeno. Cuerdas fijas hasta la misma cumbre, sherpas, uso de “medicinas”, ser rescatados y/o ayudados, dejar atrás a compañeros, utilizar el helicóptero… pero “sin oxígeno”.

El estilo es mucho más importante que el hecho de ascender sin oxígeno. En este caso es evidente: es mejor emplearlo que ascender y descender (aun con cuerda fija hasta la cima) en malas condiciones, sembrando la alarma por la radio, tomando “medicinas” y dejando arriba a compañeros. // Darío Rodríguez

(Publicada en el número 301 revista Desnivel –Julio  2011- )

Sobre este Editorial, me ví en la obligación, a raíz de datos que conocí con posterioridad, de escribir la siguiente puntualización que se publicó en el número 302 de Desnivel.

Opiniones para matizar

En el editorial del número 301, titulado “La locura del sin oxígeno”, hay una opinión que deseo matizar tras hablar con algunos de los alpinistas que estuvieron en el campo 4 del Lhotse. Debo hacerlo al conocer algunos datos nuevos que me han aportado.
Sobre este tema he estado conversando con Juanito Oiarzabal, Carlos Soria, Miguel Ángel Pérez, Manuel González “Lolo”, Juanjo Garra, Roberto Rodrigo e Isabel García. Al profundizar más en lo ocurrido, me han revelado datos, que en parte desconocía, y que no había valorado a la hora de escribir este editorial. Es importante que el lector los conozca para entender mejor los hechos que expongo. Teniendo en cuenta estos nuevos datos, que doy a continuación, eliminaría del editorial cualquier referencia relativa al “abandono de compañeros”, pues es muy discutible que este se produjera.
En primer lugar porque los alpinistas que se encuentran en el campo 4 descienden a petición de la médico Mónica Piris quien se lo pide por radio. Está preocupada por el estado de Carlos Pauner y les explica que ya sube gente a ayudar a quienes quedan.
Además, Lolo baja de la cima por las cuerdas fijas delante de Roberto Rodrigo e Isabel García. Estos llegan al campo 4 sin haber visto a Lolo. Esto hace que quienes están en el campo 4 piensen que Lolo ha cometido un error en alguna maniobra y ha caído. Nadie se imagina que Lolo, de manera inexplicable, haya abandonado las cuerdas que llegan al mismo campo 4 y haya quedado perdido e inconsciente “en tierra de nadie”.
Por otro lado ninguno conoce la existencia de las botellas de oxígeno que las expediciones comerciales tienen depositadas en el campo 4. Una herramienta importante para intentar un rescate a esa altura. El grupo cuenta con algo de oxígeno, pero no demasiado, y posiblemente tampoco tenga las fuerzas necesarias para llevarlo a cabo.
También es un dato clave saber que desde el campo 4 se ve aproximadamente hora y media del recorrido hacia la cima (la parte alta se ve claramente, la parte baja no). En este tramo no ven a Manuel González “Lolo”. Ascender este tramo para subir más allá, en las condiciones en que se encuentran quienes están en el campo 4, les supondría posiblemente tres o cuatro horas, tras las que tendrían que comenzar la búsqueda.
Otro dato importante, tras hablar con Lolo es que no se siente abandonado por sus compañeros: “Subir a por alguien que se encuentra a ochomil metros, tras haber hecho cumbre sin oxígeno en el Lhotse, es muy complicado”.
Tampoco Rober e Isa creen haber sido abandonados pues piensan que, de no haber llegado Damián Benegas y Matoko, hubieran podido descender por sus propios medios a pesar de la gravedad de las congelaciones que sufre Rober.
Asimismo debe tenerse en cuenta un hecho importante por el que son muy peligrosos comentarios, como el que realizo de “abandonar compañeros”: no es lo mismo juzgar las cosas desde abajo que cuando tienes la mente confusa y estás en una situación de riesgo.
A pesar de haber sido, desde el campo base, testigo directo de lo ocurrido en el Lhotse, y haber contrastado minuciosamente toda la información publicada en el artículo de nuestro número 301, he conocido a posteriori algunos de estos datos que han cambiado mi opinión y es importante conozca el lector.
Darío Rodríguez