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No dejes que la realidad…

No es habitual volver sobre el editorial del número anterior. Pero la actualidad manda. Un viejo dicho del periodismo dice: “No dejes que la realidad te arruine una buena noticia”.

 

Algo similar está ocurriendo en el mundo del alpinismo. Y por eso regreso al editorial de febrero en el que defendía que el mejor estilo, el estilo del siglo XXI, para escalar a partir de ahora el Cerro Torre, es el que llevó a cabo David Lama: en libre, estilo alpino, en punto rojo, cordada de dos, sin añadir expansiones y, además, sin usar los buriles de Maestri y escalando el hongo.

Me ha resultado curioso ver como los partidarios del desequipamiento del Cerro Torre han reconvertido este aforismo periodístico en otro similar: “No dejes que la realidad te arruine un buen debate”. Y han seguido, a lo suyo, debatiendo sobre la ascensión de Kruk y Kennedy, cuando su estilo –muy bueno, pero no el mejor– fue llevado casi a la perfección por el joven austriaco.

En un mes se han publicado en nuestra web, un buen número de noticias y comunicados en los que los partidarios de cada postura defendían su visión con todo tipo de argumentos. Desde alpinísticos a nacionalistas, pasando por los que comparaban la Vía del compresor con los campos de exterminio nazi que había que conservar para que las siguientes generaciones no olvidaran lo ocurrido… Los lectores han participado también apasionadamente en este debate generando casi medio millar de comentarios. Sobre la ascensión de David Lama se ha hablado muy poco, quizá porque poca discusión admite; ha sido impecable.

La historia de Maestri y el Cerro Torre me resulta apasionante pues refleja hasta qué punto la realidad puede superar cualquier ficción. El propio Reinhold Messner escribió el guión de la película Grito de piedra (1991), que resulta menos creativo que la propia realidad.

Su historia refleja cómo nuestros actos nos persiguen toda la vida. Maestri entró como un huracán en Patagonia. Y la fuerza del viento que generó sopla aún. Lo curioso es que él, al alcanzar la “cima”, fue consciente de que no se sentía  satisfecho. En su libro Y si la vida continúa… describe el odio que sintió hacia la montaña, luego hacia sí mismo, y cómo en su descenso –para que nadie pueda subir utilizando sus clavos de expansión– comienza a destrozarlos. También a martillazos, deja inservible el compresor. Abandona el desequipamiento para no poner en riesgo su descenso y sobre todo el de sus compañeros.

Una vez más la realidad supera a la ficción: son sus propios detractores quienes han continuado la labor de dese­quipamiento iniciada hace cuatro décadas por el propio Maestri. // Darío Rodríguez

(Publicada en el número 309 revista Desnivel –Marzo 2012- )

Portada Revista Desnivel Marzo nº 309
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