Darío Rodríguez

Lo genuino siempre perdura

Lo genuino siempre perdura

PESE a estar separados por 8.901,79 km (lo dice internet), las dos zonas de escalada en roca que vais a encontrar en este número tienen algo en común: los asiduos de Faro de Budiño (Pontevedra) y los que viajan hasta LIjing (China) llevan en el macuto una buena ristra de friends y dos rollos de esparadrapo. Son peregrinos de las fisuras, discípulos de los cerrojos y adeptos de la autoprotección. ¿Renace la escalada tradicional? En realidad nunca desapareció, en nuestro país siempre han resistido, latentes, aislados e incomprendidos, grupúsculos que, influenciados por la anglosajona manía de evitar poner chapas donde un buen cacharro entra a cañón (o no), han mantenido su filosofía y preservado sus zonas de fisuras. La realidad es que, como nos dicen los amigos de Budiño, se percibe cierto “renacimiento espiritual”. De hecho, los de la escuela pontevedresa, después de años de guerra entre licra y pantalones de pintor, con espíritu conciliador y evitando injerencias externas ajenas a nuestro singular mundo, crearon en 2007 el Comité de Regulación de Escalada en Faro de Budiño. Con él llegó la paz social: “las fisuras fueron protagonistas de nuevo y, finalmente, las concesiones sustentadas en argumentos más razonables que éticos, nos llevaron a equipar algunas vías que fueron rescatadas del olvido. A la contra, un 80 por ciento de las fisuras de toda la escuela quedaban blindadas de cara al futuro y libres del temido y siempre peligroso taladro”. Una decisión salomónica que rescata cierta tradición y recupera el respeto a los “tiempos donde el valor era parte del juego”.

Aceptar compromisos 
“La escalada sobre fisuras es muy sufrida, te exige un uso del cuerpo extensivo e intensivo que lo expone a la tensión psicológica y continua de la fisura como una serpiente que te ha enredado en sus fauces y no te deja respirar. Mover el cuerpo, aguantar el dolor, pensar en la seguridad, colocar las protecciones, administrar las piezas y las fuerzas… Es todo el conjunto lo que hace de este estilo un deporte completo y exigente, a veces, peligroso”, explica Edu. M. Quant en su artículo sobre LIjing. Y esta es la esencia de la escalada clásica, tradicional, de autoprotección, “esa que nos acercó a la montaña con afán de aventura, de aceptar compromisos más allá del simple valor de lo físico… En resumidas cuentas, el valor de la experiencia en sí misma”, escribe José Juan Domínguez, escalador de Budiño. Y concluye: “La escalada limpia, su esencia, solo será defendida y protegida desde su práctica y conocimiento y a buen seguro recobrará su esplendor. Lo genuino siempre perdura…