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Desde el norte

TRES días consecutivos de mayo, tres personajes y tres historias confluyen en un mismo lugar. La casualidad –o no, quién sabe– ha querido que la cima del Kangchenjunga haya sido el escenario esta temporada de tres momentos muy especiales y perseguidos por sus protagonistas. El día 17 el matrimonio de los alpinistas italianos Nives y Romano hace cumbre en la tercera montaña más alta de la Tierra; también consigue su decimosegundo ochomil, pero esto quizás es lo de menos. La pareja, separada del resto de expediciones y sin saber que en el C2 los otros equipos habían aplazado un día el ataque a cima, alcanzó los 8.586 metros en soledad. Vivieron (nos imaginamos) momentos emocionantes: solos en la cumbre, en una montaña en la que Romano enfermó gravemente en 2009 y donde Nives le salvó la vida, renunciando también a su carrera por convertirse en la primera mujer que escalaba los Catorce. Al día siguiente, desde el C2, parte la comitiva que había aplazado el día de cumbre. Entre los alpinistas que jadean bajo la luz de las frontales se encuentra Carlos Soria. Carlos tiene 75 años, es su segundo intento al Kangchen y, tras culminar la escalada, solo le faltarán tres ochomiles para conseguir su sueño de ascender los 14. Nadie a su edad lo ha hecho aún. El éxito de su escalada no solo significa una muesca en el listado de ochomiles, sino un impulso revitalizador a su proyecto.

Desde el norte

Por la vertiente contraria la actividad no es menos intensa. El equipo de Denis Urubko pelea para poner la guinda a su repetición de la vía Británica, con apertura de variante incluida. En un primer intento todos se dan la vuelta, pero Denis Urubko siente una fuerza especial (tal y como nos cuenta en las siguientes páginas) y el 19 de mayo alcanza la cima en solitario. Es la segunda persona que escala en Kangchenjunga por sus dos vertientes, incluso podía haberse convertido en el primero en realizar la travesía si, aprovechando el trabajo de las expediciones que subieron por el sur, hubiera bajado por la otra cara. Pero, “¿Qué iba a hacer yo en el sur? Yo escalé por el norte y allí estaban mis amigos, quizás preocupados y esperándome nerviosos”, explica el gran alpinista kazajo. Ninguna de estas ascensiones figurarán entre las grandes gestas del Himalaya, ni muy probablemente sean nominadas para el Piolet de Oro. Pero qué duda cabe de que éstas son las escaladas que engrandecen el alpinismo, se nos quedan grabadas en la memoria y a muchos nos inspiran, en la montaña y en la vida. Gracias por ello.