en Editoriales revista Desnivel

LA tragedia del Everest

LA tragedia del Everest, con al menos 19 muertos en el momento de escribir estas líneas, es mínima frente a los casi 6.000 fallecidos en Nepal, a los que hay que añadir desaparecidos, heridos… Ambas cifras, desgraciadamente, seguirán creciendo. En medio de esta tragedia, el uso de helicópteros para el rescate de los alpinistas que se encontraban en el Everest ha levantado críticas.

Es arriesgado analizar hechos tan recientes cuando no tenemos aún todos los datos sobre la mesa, pero si es cierto lo que relatan algunos testigos, la razón del rescate es evidente. Debido al mal tiempo los helicópteros se encontraban aterrizados en Lukla, relativamente próximos al campo base. Tras el rescate de los cincuenta heridos del campamento, 21 de ellos muy graves, sus operadores se enfrentaron a una decisión: enviar los helicópteros a otros lugares donde se están reclamando o evacuar a 170 personas (la mitad de ellos sherpas) aisladas en el C1. Decisión difícil en la que predominó el sentido común y se rescató a 170 personas de una manera rápida y eficiente. Alan Arnette, cronista del Everest que se encontraba en el C2 y fue rescatado del C1, calcula que el rescate, posiblemente el más grande nunca realizado en montaña, llevó unas cuatro horas. Era eso o dejar allí a los alpinistas, hacer otros rescates y volver más o menos pronto, siempre que las condiciones meteorológicas lo permitieran. La decisión fue lógica. Más datos para opinar

El debate puede resultar interminable.

¿Se deben utilizar helicópteros para transportar alpinistas ilesos cuando un país está sepultado bajo los escombros? La respuesta también es obvia: tiene que primar lo urgente. Pero deben añadirse otros datos que no se están teniendo en cuenta. La hora de vuelo de un helicóptero solo puede ser pagada por gente con alto poder adquisitivo o por las aseguradoras. Por otro lado, buena parte de los ingresos de Nepal, uno de los países mas pobres del mundo, proviene del turismo de montaña, y por ello cuenta con una flota de helicópteros privados que, llegado el caso, pueden utilizarse para otras tareas. Vivimos en una sociedad de contradiciones. Por un lado queremos aventura, por otro que el rescate sea inmediato. En otros países, incluso cercanos, como hemos comprobado recientemente en el caso de los espeleólogos, no existe un buen (y costoso) servicio de rescate en montaña como el de Nepal que pueda ser empleado en caso de emergencias humanitarias. ¿Qué es mejor?