en Escaladas en Alicante

Redován: donde la Mierda se escala

 

La escena se detuvo como si alguien hubiera parado el proyector en el mismo momento en el que cruzamos la puerta del bar de Fermín. Los clientes locales desviaron la mirada hacia nosotros y poco a poco las cartas dejaron de caer sobre los tapetes verdes. Las fichas de dominó dejaron de golpear el mármol de las mesas y hasta el sonido de la máquina tragaperras poco a poco fue perdiendo alegría, hasta que finalmente se calló por completo. En el televisor la voz del comentarista dio paso a una chica que continuó con la retransmisión en el lenguaje de los sordomudos.

 Con precaución introduje lentamente las manos en los bolsillos de mi pantalón, intentando no hacer ningún movimiento brusco que pudiera llamar la atención, pero los restos de magnesio y esparadrapo de mis dedos ya nos habían delatado. Reparé en ese momento en nuestra indumentaria; en los pelos sudorosos y aplastados por el peso del casco y comprendí que era inutil intentar disimular nuestra condición de escaladores furtivos. Éramos dos forasteros a los que nadie había invitado a cazar en aquel coto. Me sentí como una gacela thompson que se ha colado por error en la jaula de los leones. Como una Afrodita en paños menores en el vestuario de un batallón de legionarios. Continuamos avanzando con paso tranquilo hacia la barra del bar, con las manos en los bolsillos y una media sonrisa en el rostro, intentando no mostrar ningún signo de debilidad, evitando cualquier cruce de miradas que pudiera encender una chispa en aquel polvorín. Tras los cristales de las gafas de sol mis ojos inspeccionaban frenéticamente la estancia intentando encontrar una salida digna a nuestra comprometida situación.

 Reparé en una silueta que se mantenía de espaldas a nosotros, apoyada sobre la barra y aparentemente ajena a nuestra presencia. En medio del incómodo silencio aquel misterioso individuo alzó sobre su cabeza un vaso de tubo amenazando con derramar su contenido y gritó:

 – ¡Hola Mercury!. ¡Te estaba esperando!

 Con el giro de su cabeza fueron apareciendo tatuajes que ascendían por su cuello hasta llegar a la nuca. Sin duda nuestro salvoconducto se encontraba allí delante. El Sheriff a este lado de la Sierra de Callosa; el Vito Corleone de la Vega Baja nos había saludado públicamente y eso nos proporcionaba cierta inmunidad.

 -¿Qué pasa “Bo”?, ¿Cómo lo llevas?

 Sin apenas darnos cuenta la vida en el local había vuelto a la normalidad. Las fichas de dominó volvían a estamparse sonoramente y de nuevo volvían a escucharse a los jugadores de naipes envidar, cantar 20 en oros o pedir cartas. El pianista, bajo un mugriento bombín, volvía a golpear las teclas y las cabareteras en le escenario enseñaban sus cancanes a la clientela.

 Tras rechazar un Vermut, un Azulete y por último un Belmonte nos decidimos por una cerveza sin alcohol para mí y un cortado descafeinado con sacarina para Charly. El individuo que estaba sentado a nuestro lado se giró tras escuchar nuestro pedido, examinando a Charly de arriba a abajo con cara de miedo y asco; atónito ante aquella aberración de la naturaleza.

“Bo” es uno de esos tipos imposibles de catalogar. Capaz de abrir una vía bajo el sol abrasador de agosto con 1 litro de vermut casero como única bebida. Capaz también de abrir una ruta de A5 y posteriormente coserla de arriba abajo con parabolts. Cuando me comentó que El Bidón (160 m, A5/6b) había recibido tan solo una repetición en 12 años, antes de ser parabolizada y rebautizada como El Carnicero (160 m, 7b/A0), comencé a sentir cierta culpabilidad por no haber mostrado el más mínimo interés por aquella vía excepcional. Esa misma tarde volví a casa con la firme intención de escalar la otra gran vía de artificial de la pared de Redován: Hasta la Mierda se Escala (150 m, A4/6c).

Miguel en la Travesía del L1

desplome del L1

 A las 9:30 a.m. del sábado siguiente me encontraba en la cueva donde comienza la ruta, con un frío de los que te hacen plantearte porqué cojones no sigues metido debajo del edredón. Mi compañero en esta ocasión era Miguel Valderrama, el mayor amante de los estribos que he conocido en mi vida. Los primeros 3 metros de la ruta hacen honor a su nombre. Luego, una travesía con roca mediocre da paso a un desplome difícil de clavar, situado sobre una repisa que amenaza con partirte la espalda en caso de cometer un error. Desde la R0 podía ver a Miguel dando saltos en los estribos en lo que parecía la típica maniobra de probado de seguros y que sin embargo resultó ser una brutal tiritona que no se quitó de encima hasta varias horas más tarde.

L2

Escalando el L2

Abrazando la arena

 La visión del segundo largo te revuelve las tripas. El desplome es un aglomerado de arena y piedras y las fisuras se desmoronan con solo tocarlas. Con los ojos llenos de tierra fui abriéndome camino como pude, bombardeando sin tregua a “probe” Miguel. En un momento de inspiración pensé que podría rodear las dificultades si lograba escalar en libre una placa descompuesta situada a la derecha pero tan solo logré subir un par de metros hasta situarme en un callejón sin salida. Intenté inútilmente clavar entre las piedras descompuestas y al cabo de media hora no tuve más remedio que rendirme a la evidencia y escalar hacia la izquierda por aquella roca repúgnate hasta alcanzar de nuevo la fisura. La sección no tendría más de 2 metros pero el talegazo en caso de caída era considerable. Alcancé la R2 a las 14:30 h y a las 15:40 ya estaba Miguel dispuesto a comenzar el último largo. Este larguito, que marcaba 6a, resultó ser una ratonera de las que nos costó salir. No supimos interpretar la línea y estuvimos dando tumbos por la pared mucho, mucho tiempo. Como era de esperar Pedro Hernández “Bo”, monitorizó nuestra escalada en todo momento y gracias a sus indicaciones por teléfono pudimos encontrar el descenso más seguro y reunirnos con él en el aparcamiento.

Como cualquier escalada en Redován la cosa no terminó hasta que presentamos nuestros respetos ante Fermín, le informamos de la actividad realizada y la bañamos con alguna bebida espirituosa de alta graduación… O con un café con sacarina y una cerveza sin alcohol.

entrando en la travesía del talegazo

Terminando el L2

Reseña: www.senderosdealicante.com/delaroca

  1. como siempre una gran narración de una gran historia.
    Leer este relato después de un gran bocadillo en el bar de fermín no tiene precio.

  2. Buenísimo! Ya tengo ganas de eskalar en Redován y tomarme unas birras. Me podras decir donde está ese Saloon tan atractivo?

    • No se exactamente cual es el nombre del Bar pero no tiene pérdida! está en la calle principal justo enfrente de las paredes. Tras la barra encontrarás a Fermín o a Miguel. El mejor sitio de la zona para celebrar una buena escalada.

  3. Buen relato Merc .Le falta la music farwestera clásica que ya pone la “demente”. Lo del piano y las cabareteras le da el toque Bollywoodyano total.

    Enoraguena por seguir escalando y reeditando y alumbrando nuevas posibilidades en nuestro entorno tan peculiar.

  4. Nunca escale en Redovan pero Pedro Bo y el Trino me hablaron mucho de sus paredes en un encuentro del GAME en Colorado.
    Lo que si no olvidare son las panzadas de risa que me con ellos geniales.

  5. Excelente relato Javier. Aunque llevo algunos años escalando (con un nivel muy modesto) he conocido Redovan este año y siempre acabo en el bar del que hablas. La descripción es muy acertada.
    Eres una fuente de inspiración para los que hacemos cosas mucho más sencillas, sigo todas tus entradas.

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  • Escalada en Redovan, Alicante. La Botri 2, 270m y 6b | Blog de panoramicas360.net 12 abril, 2012

    […] cierto, no os perdais esta entrada en el blog de Javier Mercuri en la que hace una descripción muy peculiar del bar de […]