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24H en Roca Regina: de lo divino y lo humano

Es difícil hacer una crónica coherente de una experiencia tan larga y absurda como la vivida el pasado fin de semana en el Rally 24 h de Regina.  Sabíamos de antemano que la idiosincrasia de este evento era juntar a un puñado de escaladores artificieros y compartir una maratoniana jornada a ritmo del martillo, sin embargo ni a Roy ni a mí nos atraía la idea de pasarnos el día (y la noche) bailando sobre los estribos. Además, yo apenas tenía experiencia en la escalada “Reginosa” y Roy, que ha repetido algunas de sus rutas más exigentes, no asomaba el morro por allí desde los años 90.

Unas horas antes del sorteo de la primera ruta decidimos establecer un objetivo que justificase la inminente paliza y lo encontramos. Resultaba difícil y absurdo en partes iguales: ganar al Pelut sin hacer en ningún momento uso del martillo.

La estrategia se basaba en hacer como primera ruta una vía fácil y rápida que nos permitiría colocarnos en primera posición y hacer una valoración del progreso del resto de las cordadas. Nuestro archienemigo se había decantado por la vía Anasazi, un megarrutón de A3-A4 sostenido que Roy conocía muy bien, por haber realizado la primera repetición a principio de los 90. Nosotros nos decidimos por la Promio-Moreno.

En apenas 3 horas de escalada ya habíamos finalizado la primera ruta. Desde el suelo, el espectáculo de luces flotantes era realmente bello. Roy observó durante unos minutos la evolución de las luciérnagas que titilaban en Anasazi y tras aplicar complejos algoritmos matemático concluyó – ¡No salen en el día!– Aquella frase funcionó como una válvula por la que se escapó la escasa presión que acumulaba hasta tal punto que estuve a punto de hacerme un Ron-Cola y sentarme a compartir el calor de la estufa con la organización. Pero no debíamos confiarnos y al cabo de un rato volvíamos a perdernos en la noche oscura y gélida. Nuestra intención era realizar la ruta Barrufets durante la noche para salir con las primeras luces, a tiempo de hacer luego la ruta Gwendal. De este modo nos colocaríamos con 12 puntos, por delante de la cordada de Anasazi incluso en el improbable caso de que la acabaran en menos de 24h.

 Con cada largo de Barrufets, la realidad se iba alejando más del camino que habíamos imaginado. En lugar de entrar en la casa de Winnie de Poo nos habíamos colado en la Mansión del Terror: pasos obligados en libre sobre roca megadescompuesta, buriles sin chapa doblados por el uso y vencejos que salían de las fisuras asustados por nuestras linternas. Nuestra progresión era lentísima y  nuestros sentidos estaban en un constante estado de alarma. Sin embargo en Anasazi las luces progresaban a una velocidad espectacular. Sin duda estaban bien organizados. El primero de cordada apenas tardaba una hora en resolver cada largo, trabajo que se realizaba simultáneamente a la recuperación del material de la tirada anterior. Comencé a generar un odio inmenso hacia aquellos escaladores que evidentemente estaban hasta las cejas de clembuterol.

 

euforia, pupilas dilatadas, descordinación motora en los dedos…

 

Acabamos Barrufets como quien finaliza la ascensión de la Direttissima John Harlin, dando gracias a los dioses por habernos permitido seguir viendo la luz del sol. En el avituallamiento nos reunimos con algunas de las cordadas que como nosotros habían dado por finalizada la carrera. Parecíamos los supervivientes de un asedio vikingo. Unos se preguntaban, con la cabeza baja y las manos en los bolsillos, cómo habían podido perderse de esa manera hasta el punto de tener que abandonar. Otros se refugiaban en el asiento trasero de un coche intentando recuperar la cordura tras aquella noche de vigilia y estrés. Nosotros buscábamos a alguien que nos explicara cómo habíamos podido invertir 13 horas en escalar una vía de 6a/A2.

Las miradas seguían fijadas en la cordada Pelut-Font-Tersa a la que le faltaba solo 3 largos para alcanzar la cima. –No salen– volvió a asentir Roy – el último largo es de los más chungos– Fue entonces cuando los dioses inmortales decidieron una vez mas interferir en el destino de los hombres y acabar de una vez con tanta incertidumbre. Un gran bloque cayó sobre la cordada “Pelutense”, cercenando las 2 cuerdas y al mismo tiempo cualquier posibilidad de acabar la ruta en 24 horas.

Nunca sabré hasta qué punto nuestra victoria fue consecuencia de una estrategia bien diseñada o de la intervención divina. Quizás Morfeo pusiera unas semillas de dormidera en el agua de Genciana; o Artemisa cegara las frontales Urko y Blassi, desorientándolos en mitad de la noche. Quizás Atenea infundiera temerario valor (y algo de inconsciencia) a los jóvenes Blasenco y Gunko; incluso puede que Gea lanzara aquel trozo de roca contras las cuerdas del Pelut, Font y Tersa. O quizás tuvimos una coña de esas que hacen historia.

 

LOS HECHOS Y PERSONAJES DE ESTA HISTORIA SON FICTICIOS, CUALQUIER SEMEJANZA CON LA REALIDAD ES PURA COINCIDENCIA

  1. La foto nocturna mirando el empotra buenísima, la narración espectacular

    • Está clarísimo Paca, fue sólo un juego inocente adornado con literatura barata (gratuíta). Nunca tuvo menos sentido ganar o perder como en la 24h de Regina, donde la competitividad brillaba por su ausencia. Enhorabuena por el Blog y por tus escaladas: muy auténtico.

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