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Un pingüino en el desierto (La frontera)

Llevo más o menos treinta años que cuando salgo por la noche a tomar algo me confunden con madero, es decir, con policía. Me pasó en la mili, me paó en la facultad y un millón de veces a lo largo y ancho de medio mundo.

Ayer también. Me pregunto que tendrá mi cara o que tendrán las caras de los policías para parecerse tanto. Yo siempre digo lo mismo: “si la policía secreta se parece a mí es que no es tan secreta”. Pero no se creen nada y yo ya estoy cansado de desmentirlo. Ayer, creo recordar, que me hice pasar por policía de los más secretos. Esto a la gente le encanta, cuanto más secreto mejor. Igual he confundido mi vocación y debería ser “superagente secreto”, más que nada por lo del Dry Martini: “batido no agitado”.

Dice la ONG Andalucía Acoge, que por cierto tiene un nombre genial propio de un buen publicista, que la frontera en la que mayor diferencia de renta existe del mundo es la que hay entre España y Marruecos. Supongo que se refieren a Ceuta o Melilla. Llevo pensando en eso desde que salimos de Madrid y creo que tienen razón. Ni siquiera en la tormentosa frontera de EEUU y Méjico existe esa diferencia. Y para que eso no nos perturbe demasiado hemos instalado una valla llena de alambres de espino y policía, y no es un muro que no deje ver el otro lado, es una valla de un material que permite ver a los que están esperando para saltarla cual es el mundo al que aspiran y jamás podrán tocar. De las miles de putadas que se me ocurren con un ser humano, sin duda esta es de las mejores. Y luego dicen que yo tengo pinta de policía secreta… me dais asco.