Lara Magdaleno Huertas

Desatender

Hace unos días leí una entrevista a la violinista Anne-Shopie Mutter que el diario El País publicó en 2021. Aunque versaba, como es evidente, acerca de su carrera profesional, su experiencia y sus violines, era un texto que podía extrapolarse a diferentes ámbitos de la vida.

Uno de los párrafos me impactó de un modo especial. Comentaba que los móviles y los cascos nos han desacostumbrado a escuchar con atención y a distinguir con precisión la calidad (de lo escuchado) porque todo está comprimido.

La señora Mutter afirmaba además “La música de ahora también es más corta: se llega a la melodía cuanto antes. Creo que estos hábitos trascienden a la vida misma y no deben. No deberíamos vivir con la rapidez de la música actual. Ese ritmo y esa desatención nos impiden leer entre líneas, apreciar matices. Contemplar”.

Por un momento dudé si seguía leyendo una entrevista sobre una mujer que se dedica a la música. ¿No es un discurso perfectamente extrapolable al modo en que se ascienden hoy las montañas?

Tal vez podríamos decir sin temor a equivocarnos que las expediciones (comerciales) son ahora más cortas y que su objetivo es llegar a la cumbre cuanto antes (por una cuestión de rentabilidad económica, con toda probabilidad).

No debería vivirse el ascenso a una montaña con la rapidez de la música actual porque desatendemos el proceso físico de ascender (tal vez aclimatamos peor) y el proceso emocional de escuchar lo que en medio de esa soledad, suena en nuestro interior con una fuerza atronadora.

La desatención en la montaña nos impide leer el aviso de las nubes, la inestabilidad de las cornisas o el peligro de la demora. La desatención en la montaña nos hace perdernos los matices olfativos de la lluvia, auditivos de los pájaros o táctiles de la roca.

La desatención en cualquier montaña nos impide contemplar la grandeza de lo que representan y emocionan.



11 comentarios en «Desatender»

  1. La desatención en cualquier aspecto de nuestras vidas nos convierten en autómatas. Hoy en día parece que sólo somos capaces de atender lo que aparece en la pantalla de nuestros móviles, el objetivo es inmortalizar un breve momento para subirlo a la redes (y mientras captas ese momento desatiendes todo lo que ocurre a tu alrededor)

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  2. Gracias Lara por tus textos, por citar a Anne-Shopie Mutter y sus reflexiones. Estoy totalmente de acuerdo en que necesitamos ir más despacio y estar más atentos. Me gusta que hable de quitarnos los cascos, de apreciar matices y contemplar.

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  3. Que razón tienes.
    En esta sociedad que hemos construido se ha perdido la esencia del fin. Que en realidad es el camino recorrido y como se ha realizado.
    Una canción dice:
    ” Yo no hice el viaje
    El viaje me hizo a mi
    Ligero de equipaje.”
    Que gustazo volver a saber de ti. Que placer la gimnasia a la que sometes mi mente con tus relatos.
    GRACIAS

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  4. Como siempre un relato maravilloso me alegra leerte de nuevo como todo en la vida lo rápido solo satisface a corto plazo sin poder saborear lo hermoso de la lentitud y poder contemplar los olores y colores
    Un besito

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  5. Estimada y brillante Lara, totalmente de acuerdo, sólo te puedo decir q llevo un tiempo dando los paseos alrededor de mi casa despacio y sin el móvil,me da paz interior oír lo q la naturaleza tenga q decir y darme cuenta de detalles q de otra manera pasan desapercibidos. Como siempre enhorabuena!!!!!

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  6. ¡¡Cómo siempre, extraordinaria!! Totalmente de acuerdo con tu reflexión, además añadiré que esa rapidez en la que se vive en lo efímero y que se quiera todo para antes de ayer…nos hace ser adictos a la inmediatez y entrar en una espiral que provoca que, incluso siendo consciente de la necesidad y queriendo parar y atender, nos resulte difícil y volvamos, por inercia, a la facilidad de lo instantáneo.

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  7. Que maravillosa forma de manifestar la necesidad de la lentitud, que tantas cosas buenas nos aporta en muchas facetas de nuestra vida, y de la que esta sociedad mayoritariamente reniega.

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  8. Totalmente de acuerdo contigo, es una pena que se nos esté olvidando disfrutar de todas las pequeñas cosas y sobretodo las que nos ofrece la montaña, y como siempre perfectamente expresado en tus relatos, estoy deseando ya leer el siguiente.

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