Lara Magdaleno Huertas

Tradiciones navideñas

El 21 de diciembre a las diez de la noche mantuve con mi madre una conversación surrealista acerca del sorteo de la lotería que tendría lugar al día siguiente. Como siempre, ella se mostraba emocionada y este año además, se indignaba porque yo no jugaba ni un solo décimo, ni entero, ni a medias, ni participación, ni nada de nada.

-Así no te va a tocar ni “la pedrada”, hija- me dijo con solemnidad.

-La pedrea, mamá, pedrada esperemos que no, sobre todo escalando.

No necesitó más que el comentario deportivo y se enredó además en la valoración sobre mi mileurista y bohemio modo de vida, cosa que no me importaba salvo porque ella utilizaba el término “bohemio” como sinónimo de precario y no como estilo de vida no convencional, aventurero y nómada, como lo consideraba yo, con un matiz mucho más romántico.

-Bueno, mamá- argumenté intentando rebajar la tensión- yo te deseo mucha suerte y, por favor, si te toca “el gordo” y te entrevistan, no digas esa chorrada de que vas a tapar agujeros.

La dejé farfullando aún más enfada que antes y colgué olvidando el asunto hasta que me quedé dormida y soñé, precisamente, con el sorteo venidero que pasaría a ser historia en mi familia porque a mi madre le tocó el primer premio.

No sé cuánto dinero ganó pero enseguida se dispuso a mejorar la situación económica de la familia más cercana, siempre siguiendo su criterio, que para eso era ella la que pagaba. Debo decir en su defensa que aunque la entrevistaron no mencionó el asunto de tapar agujeros, cosa que desde el decoro le agradecí, pero tampoco se mostró insistente conmigo y pensé que habría decidido no intentar reconducir mis pasos a estudiar una oposición o comprarme una casa, cuestiones para ella infinitamente más importantes que dedicarse a ascender paredes por sitios imposibles.

Pasado un mes del sorteo (aproximadamente, porque el tiempo en los sueños siempre es difícil de precisar), un día vi salir de su casa una furgoneta con una cuadrilla de albañiles y pensé que por fin había decidido gastarse el dinero en algo para ella y su casa. Tal vez una reforma del baño, la cocina, qué se yo, algo que le hiciera ilusión.

Aún tardé unos días (oníricos) en descubrir sus verdaderas intenciones. Exactamente hasta que puse un pie en la Sierra de Guara para escalar en mi caliza favorita, donde mi madre y su cuadrilla de operarios habían alicatado unas cuantas vías rellenando cada cazo, fisura o regleta con el mejor cemento del mercado, convirtiendo en un hule resbaladizo lo que hasta el momento fue una colección de irregularidades maravillosa.

La llamé indignada, por supuesto. ¿Cómo se le ocurría transformar una vía V+ en un octavo grado?

Su respuesta fue lo último que me esperaba

-Hija, lo he hecho por tu bien. Aquella pared era un desastre. Además, así sales de tu zona de confort y te esfuerzas. ¿No dices siempre que la escalada es una metáfora de la vida?

En ese momento me desperté sobresaltada. Faltaban 15 minutos para el comienzo del sorteo y llamé a mi progenitora para pedirle que compartiera un décimo conmigo. Conviene no tocarle las tradiciones navideñas a una madre. Nunca se sabe de lo que son capaces para demostrar que tenían razón.



7 comentarios en «Tradiciones navideñas»

  1. Surge la media sonrisa en cuanto llegas a la segunda línea de los textos de Lara, y cuando ella quiere, te arrastra a ese mundo emocional ligado a la montaña al que te dejas llevar hipnotizada…
    Cuando llegas a tu parada de metro, devoras los últimos renglones para poder despedir a esa madre cabezona que también es la tuya, aunque esta vez la haya tenido que despedir encerrada en el baño del trabajo, con la otra media sonrisa boba aún pegada en mi cara.

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  2. ¡Qué divertida combinación de tradiciones, expectativas maternas y sueños que podrían ser realidad! Gracias Lara, por ayudarnos a terminar el año con buen humor; espero que en 2024 sigas regalándonos tus relatos. ¡Feliz Año!

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  3. Lara, qué buenísima manera de despedir el año!!! Me ha encantado este relato, es una mezcla de todo: humor, ilusión, incertidumbre…como siempre, deseando que no se termine! Espero muchos más relatos y un nuevo libro tuyo para 2024!

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  4. ¡Gracias, Lara! Tienes un don para escribir, engarzando con palabras ese humor tan fino que, quién sabe, quizás hasta hayas heredado de esa madre tuya. Divertidísimo.

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  5. Lara, he terminado tu novela. Te felicito, reúne todos los requisitos para ser muy conocida: bien escrita, original, con sentido del humor, narrada con arte y conocimiento de lo que quieres contar. Consigues que sea creíble hasta Griv. Mi enhorabuena. Voy a escribir una publicación en Facebook e Instagram.
    Quizá no me recuerdes. Nos conocimos en la librería Un libro en mi maleta. Soy la autora de Dos barcas sobre la arena. Un afectuoso saludo.

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