Lara Magdaleno Huertas

Tú a Boston y yo a California

Era el primer día de trabajo después de las vacaciones y yo huía de aquellos que pretendían escenificar su relato estival con “algunas” de las fotos de sus aventuras, por eso acabé en la máquina del café en lugar de bajar a la cafetería. Absorta en mi escaqueo del ocio ajeno, no vi llegar a otra antisistema del ritual cafetero depresivo postvacacional y su discurso me alcanzó de lleno.

—Vaya asco la vuelta, aunque a decir verdad, este año vengo un poco frustrada de las vacaciones— me soltó a bocajarro.

Yo no sabía gran cosa de ella, sí que viajaba mucho y era ecléctica en la elección de sus destinos, tan pronto podía estar en Alaska como en Nueva York, pero tampoco creía yo que tuviéramos tanto en común como para que pretendiera compartir sus frustraciones conmigo.

—Creo que estamos idealizando las vacaciones. O tal vez los destinos. Las redes sociales han hecho mucho daño mostrando tanta dirección idílica que deja de serlo en el momento que millones de lectores y oyentes encuentran la noticia de tal o cual rincón paradisíaco. Antes, cuando había que currarse un viaje con una guía, un mapa, llamadas de teléfono y la visita a la oficina de turismo del destino elegido, era otra cosa, pero ahora… pierde el encanto, ¿no crees?

Miró por la ventana y fui consciente de que no esperaba mi respuesta. No era una reflexión muy original, todo había que decirlo, pero en algún punto coincidía con ella sin que eso supusiera que tuviera interés por saber qué lugar la había decepcionado en aquella ocasión. En cualquier caso, ella siguió con su discurso, ajena a mi desinterés verdadero e interés por educación.

—Me he dado cuenta de que la masificación ha llegado a todos los rincones. Es imposible encontrar un pequeño lugar en el que asentarse, ni aun cumpliendo horarios de madrugones increíbles. No me refiero a mucho espacio, simplemente una pequeña parcela de nueve metros cuadrados para colocar una lona que me aísle de las inclemencias extremas del tiempo y me proporcione cierta sensación de seguridad e intimidad mientras intento disfrutar de las abarrotadas magníficas vistas. Hasta las geometrías “skyline” que recortan el cielo han dejado de ser inalcanzables. Ahora todo el mundo puede acabar en el destino soñado, con más o menos lujo en función del dinero gastado. Tardando más o menos según el medio de transporte que uno se pueda permitir. El autobús es casi una penitencia, las carreteras, a saber. En el lado contrario, hasta en helicóptero se puede llegar a cualquier lugar.

El ser humano lo ha colonizado todo. Y también nuestra basura: vamos dejando rastro por donde pasamos: latas de cerveza, colillas, bolsas de plástico, orines, vómitos…

Ella seguía con su alegato y empecé a encontrar tantas similitudes con las críticas que yo le hacía a mi destino vacacional que pensé que tal vez habíamos estado en el mismo sitio sin saberlo.

—Es una pena, pero lo que antes eran pequeñas aldeas se convierten en prolongaciones de grandes ciudades. En cualquier rincón del planeta hay una pantalla en la que ver programación, televisión a la carta vía satélite. Devastación del paisaje y accidentes son la otra cara de la moneda. ¿Cuál es el objetivo de las vacaciones? Inmortalizarse en cada rincón y comentarlo en redes de modo inmediato.

Apuró su café y tiró el vaso a la papelera. Se giró para irse sin esperar siquiera un comentario pero mi suspicacia inicial se había transformado en entusiasmo.

—Estoy totalmente de acuerdo contigo —le dije— ¿tú también has estado en Benidorm?

Me miró con sorpresa antes de responderme

—No, yo he estado en el campo base del Everest.



6 comentarios en «Tú a Boston y yo a California»

  1. Me encanta tu perspicacia Lara, siempre atinando👌con lo que está boga entre las gentes. Me siento totalmente identificada (tanto con el comentario de la antisistema del ritual cafetero, como con el desinterés que sientes por los comentarios postvacacionales)🙈. Y no pienso esforzarme por ir al campo base del Everest (ir pa ná es tontería)

  2. Nice stuff 😊😊adoro estas letras que hacen tus pequeñas historias irresistibles ,te hacen sonreír , reflexionar y siempre , siempre con ganas de más .
    Cheers !

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