Me gusta sentarme a observar a pie de vía a otros climbers: cómo se mueven, qué gestos hacen o cómo es su comunicación personal (e intransferible) con su compañero de aventura.
Hace unos días, mientras yo aseguraba, unas escaladoras hablaban entre ellas, y el viento, lo estático de mi posición y la escasez de espacio me hicieron partícipe de su conversación. Analizaban la situación sentimental de una de ellas y cómo habiendo sido algo (una pareja, un matrimonio, lo que fuera), rota la relación, solo quedaba el estatus de EX para toda una vida. Había mucho que superar: todos los proyectos que ya no se cumplirían, los viajes aplazados que ya no sucederían, las anécdotas, la confianza, el lenguaje personal y único… todo aquello que un día los unió, ya no continuaba. Una nueva historia podría suceder en los mismos lugares, pero no sería igual.
Nada nuevo, pensé. Una conversación de ruptura como otras tantas. Al poco rato las escaladoras se fueron y yo seguí asegurando a mi compañero de cuerda y de vida. Se había bajado para repetir algunos pasos que se le resistían y volvía a intentarlo. Me contó brevemente las dificultades que había encontrado y me pidió mi opinión. Nos entendíamos con poco, le deseé suerte y se alejó de nuevo de mí.
Se me ocurrió entonces que las relaciones personales y de compañeros de escalada estaban llenas de similitudes. Se descubre la belleza del cuerpo del otro y la gracia de sus movimientos, asistimos a su progreso, planteamos viajes y paredes que recorrer juntos y dibujamos vías en nuestra imaginación exclusivas para nosotros. Nos comunicamos por sonidos cuando entre una reunión y otra no podemos vernos y eso es un lenguaje único. Somos dos individuos conectados por una pasión, que gritan “libre” para volver a unirse.
¿Y cuando la relación de escaladores termina? ¿Qué sucede si por algún motivo se deja de escalar juntos? ¿Se transita un duelo? Yo creo que sí: un duelo de todas las paredes vividas al límite y que no volverán. ¿Cómo volver a tejer un vínculo tan poderoso como es poner tu vida en manos de otro a través de una sencilla (y a la vez compleja) cuerda?
Me pregunto si el lenguaje es tan definitorio como con las ex parejas: ex marido, ex novio… ¿ex – caladores?
Un grito me sacó de mis reflexiones: ¡Reunión! Y tras su gesto, le bajé de nuevo al suelo. Se me ocurrió entonces que, en una pareja de escaladores, por muchas veces que se griten “libre” en las vías, permanecen atados. En el gesto de la escalada parece obvio. ¿Y en la vida? Al compañero le damos cuerda para que se aleje, pero lo volvemos a traer a nuestro lado. ¿No sería más realista escalar sin cuerda? Esto último lo debí decir en voz alta porque mi escalador me miró perplejo. Le comenté que solo era una metáfora, un juego de palabras. Le hablé de mi hallazgo léxico: excalar
− ¿Eso existe? −preguntó escéptico
−No. Es una reflexión: ex como lo que ya no se es más.
− ¿Y calar? No tiene sentido.
−Sí, hombre, calar es un lugar en el que abunda la piedra caliza. Como esta pared.
− ¿Estás intentando decirme algo? −soltó por fin mientras se desencordaba.
Tardé unos segundos en responder. Tal vez demasiados.
−Que trepemos una temporada en granito en lugar de caliza- sentencié.
El fin de semana siguiente me dijo que no quería volver a escalar conmigo, argumentando que no podía confiar en alguien que en el presente le mira como un ex, ya sea pareja o compañero de cordada.
− ¿Me estás transformando en una expatriada de la roca? – pregunté
−Nos estamos convirtiendo en exiliaDOS de la pared.
Reconozco que como juego de palabras es magnífico. Nunca me habían dejado de una manera tan original.
Buenísimo. Me encanta por sus juegos de palabras y me impresiona por la crudeza del fondo, aunque tan bien naturalizado.
Uno visualiza una vía desde abajo y cuando comienza a subir se ve obligado a improvisar pasos nuevos porque una vez allí no era como imaginó. Pero es preferible equivocarse que quedarse siempre mirando desde abajo. Hay compañer@s en la vida que sabes que siempre te van a ayudar a superar las dificultades. (Aunque no sean conscientes de ello)
Tus palabras son la cuerda que nos asegura. Gracias.
Lara, felicidades de nuevo! Muy muy original y de final sorprendente como siempre. Me ha encantado.
¡Muy bueno, Lara! Me gusta como tratas un tema tan duro. ¡Felicidades!
Qué forma tan singular y metafórica de ex-presar una ruptura. Me parece un artículo super sensual (de hecho me recuerda mucho a su librito de poesía) y me transmite tristeza, es curioso como Lara es capaz de contarnos algo triste, incluso traumático, con ese sentido del humor y la genialidad que la caracteriza.
Las relaciones humanas van y vienen, y a veces van y ya no vienen. Algunas acaban de tácito acuerdo, como quedar con tus compañeros del instituto 30 años después y despedirse con un falso “hay que volver a quedar” …, al menos el ex-calador de Lara ha sido valiente con un “no quiero volver a verte”
Como siempre, cada vez que leo a Lara, se me despiertan pensamientos escondidos.