Solo me quedan unas horas para salir de viaje a Chamonix. Entro en mi habitación y observo que, en pleno mes de Julio, tengo desparramados por la habitación el plumas, la ropa térmica, las botas, el casco, el arnés… y materiales diversos para sobrevivir cinco días en un refugio haciendo actividades de alta montaña. Todo me tiene que caber en una mochila de 30 litros.
Me dirijo al tocadiscos esquivando el caos que hay por el suelo, voy a poner música mientras preparo el material. Recorro uno a uno los vinilos que tengo en la estantería a pesar de que ya sé qué hay, pero me gusta volver a repasarlos todos. “Unplugged” de Nirvana, “Animals” de Pink Floyd, “Brothers in Arms” de Dire Straits… me quedo con “Blood, Sugar, Sex, Magic” de los Red Hot Chili Peppers. Pongo el disco en el reproductor, levanto la aguja y el vinilo se pone a girar. Muy poco a poco y con mucha precisión, bajo la aguja a la parte más exterior del disco hasta que empieza a sonar un poco de ruido y me quedo esperando a que empiece la primera canción de la cara A. Justo en ese momento y como si me hubieran dado al “Play”, me activo yo también y me dispongo a preparar todo el material.
¿Es casualidad que esté escuchando música rock?
Piti Capella en su libro “Dits de vent” (traducido al castellano “Dedos de viento”), aparte de relatar el accidente que sufrió en Pirineos donde perdió todos los dedos de las manos por congelación, relata la historia de la primera ascensión íntegramente femenina al Himalaya. En uno de sus parágrafos nos explica cómo disfruta de las vistas a esas grandes montañas con un café recién hecho y la música de los Dire Straits sonando en su walkman.
Kilian Jornet aparece en uno de sus documentales conduciendo su coche y, de fondo, suena la canción de “Ama, ama, ama y ensancha el alma” de Extremoduro.
Alex Honnold, mientras escalaba el edificio Taipéi 101, iba escuchando la playlist “T101” de Spotify donde podemos encontrar a Linkin Park o The Offspring entre otros.
En los nombres de las vías de escalada nos podemos encontrar títulos tales como “Brown Sugar”, “The wall” o “Juan Rayo Saltarín” (traducción directa del tema Jumpin’ Jack Flash de los Rolling Stones).
La música Rock ha acompañado a alpinistas y escaladores a lo largo de los años y, si tuviéramos que poner banda sonora a alguna de nuestras escaladas, seguramente nos venga a la cabeza algún riff de guitarra eléctrica. ¿Qué relación existe entre el rock y las montañas?
Me siento en el suelo aún con todo el material por el medio, cojo mi teléfono móvil y me pongo a buscar información. “…La música rock se originó como una fusión del rhythm and blues y el country en Estados Unidos en la década de los 50…” ¡Vaya! Coincide casualmente con el logro de la primera ascensión al monte Everest el 29 de mayo de 1953 ¿Será esta motivación extra la que necesitaron Hillary y Norgay para llegar a la cumbre de la montaña más alta del mundo?
Muerta de curiosidad sigo buscando… “Hay estudios que evidencian que una música rápida con un ritmo marcado, con guitarras, riffs… elevan el sistema simpático preparando el cuerpo para el esfuerzo y generando una sensación de potencia y coraje. Y, por el contrario, en momentos de máxima concentración puede ser contraproducente y puede despistarnos.” ¿Será por este motivo que asociamos la música a las aproximaciones, a los momentos de relajación con los compañeros, o al mismo momento actual, mientras preparo la mochila, y de fondo suena “Under the Bridge”?
De repente llaman al interfono, miro la hora y ¡mierda! Se me ha ido el santo al cielo, ¡ya me pasan a buscar!
Guardo a prisa todo el material en la mochila, ha quedado el suelo recogido, pero todo el desorden que había ahora está en un saco de 30L que no cierra. Ya lo ordenaré.
(5 días más tarde a 200 metros de la cima del Montblanc)
No queda nada, pero no puedo más, empieza a hacer un viento que levanta la nieve y me da la sensación de que alguien me está tirando alfileres a la cara. Me dispongo a sacar de la mochila la tercera capa que metí hecha un rebujo al fondo del todo de la mochila… la despliego y… ¡Vuelan calcetines, bragas, sujetadores…! un montón de ropa que se había quedado hecha un gurruño junto con el GoreTex y que se van directos a Chamonix.
Sonrío. Y de repente empieza a sonar en mi cabeza “Dream of Californication” de los Red Hot Chili Peppers. Me pongo la tercera capa. Camino. Cima.
