Noelia Ródenas

Regalo teléfono móvil

La semana pasada estuve de vacaciones en Ecuador con el objetivo final de subir al Chimborazo, el punto de la tierra más cercano al sol. La ascensión fue bastante dura con poca aclimatación, ya que solo estuvimos 9 días en el país.

El regalo que me brindó la montaña no fue solo el éxito de haber hecho cumbre si no que, cuando saqué el teléfono móvil para hacer la foto de la cima, de alguna manera se me cayó, y no me di cuenta hasta que ya estábamos llegando de vuelta al refugio. Evidentemente las horas eran tan tardías y el cansancio, tan extremo, que subir a buscarlo no era una opción. Así que el teléfono se quedó en algún punto entre las dos cumbres del Chimborazo cual cámara Kodak de George Mallory y Andrew Irvine.

A parte de las leyes de la física tan increíbles que aplican en este punto del planeta, y que le están aplicando ahora mismo a mi teléfono, de ahí me llevé una desconexión digital que de otra manera no habría sido capaz de hacer. Aún tenía que pasar dos días en Ecuador y volver a España. Sin teléfono, sin hacer actualizaciones en Instagram, sin mirar mis tiempos en Strava. Mi única preocupación era que mis padres supieran que estaba bien, y a la que pude contactar con ellos, me quedé tranquila.

Y fue tal la desconexión, que cuando llegué al aeropuerto y miraba a la gente en las salas de espera con esos celulares como si fueran protuberancias de la mano me escandalicé. Personas desconectadas del mundo que les rodeaba, parejas desconectadas entre sí… Mientras yo observaba, leía, escribía y estaba tan focalizada en lo que estaba haciendo que me sentía mucho más creativa. Nadie sabía de mi logro en el Chimborazo, mi primer 6mil, no esperaba mensajes de felicitaciones ni reconocimientos. No esperaba ninguna distracción.

Hasta que de repente escucho mi nombre en los altavoces del aeropuerto. «Su maleta ha sido retirada para inspección policial», me dijo el chico de la aerolínea, que segundos antes me había llamado.

Como si estuviera en el programa «control de aduanas», entre yo y el policía abrimos el petate cerrado a presión por un maillón.

  • ¿Cuándo entró a Ecuador?
  • No recuerdo si fue el 1 o el 2 de Mayo. – Sospechoso que no recordase la fecha, pero es que entre el cambio horario y la dislexia, de verdad que no lo recordaba.
  • ¿Qué ha venido a hacer?
  • Montañismo.
  • ¿Qué cumbres ha hecho?
  • Iliniza Norte, Cotopaxi y Chimborazo.
  • ¿Ha venido sola? – Me pregunta el policía mientras salen a presión las dos terceras capas que estaban en lo alto del petate.
  • No, con mi pareja.
    El policía ve los cascos de alpinismo, me mira, se medio sonríe.
  • ¿Y a quién de los dos le gusta la montaña?
  • A los dos, si no, creo que no estaríamos juntos. – Le sonrío y vuelvo a la sala de espera con la tranquilidad de saber que nadie me ha metido nada en el petate y que no voy a ir a una cárcel ecuatoriana.

Así que desde éstas líneas, y por si a alguien le puede interesar, informo que hay un Google Pixel 8 pro en la cima del Chimborazo, ahora mismo es el teléfono que está en el punto más cercano al sol y en el punto de la tierra más lejano respecto el centro terrestre, superando por poco al Everest, lo que le hace un modelo exclusivo. Debido a ello, la gravedad le aplica mucho menos que a cualquier otro teléfono del mismo modelo y por lo tanto pesa menos, incrementando así sus prestaciones. Interesados, dirigirse a Ecuador.

(Escrito desde mi nuevo Nokia 3310).