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De un Fuego un Viento y una Casa Vacía

El fuego era apenas un rescoldo. Hurgando en las brasas con un palo de hierro se podían ver muchas cosas… en esos maderos quemados había otras vidas, la sabiduría de un árbol caído y muerto y ceniciento, como un ciclo vital que te transporta a su propio viaje.

Una casa vacía:

Solo habita el ordenador sobre la mesa: solitario, inmóvil, innecesario si nadie lo teclea… aunque el mundo imaginario y de ficción le parece necesario, Ella es una total defensora de la realidad, lo que se experimenta con el cuerpo: coger leña, tocar tierra, subir por una pared de roca donde lo esencial y lo animal y lo espontáneo del movimiento se sincroniza.

Dicen los expertos que durante la infancia necesitamos la materia, que el aprendizaje sobre nosotros mismos y el mundo se realiza a través de los sentidos y las emociones. La fuerza vibrante de un niño está en lo que oye, lo que ve, lo que toca… La fuerza de Ella también está ahí. Aun así se sienta frente al ordenador porque sabe que la mente es virtual, inventa realidades a base de interpretar, reflexionar, asociar, analizar, evaluar… porque su imaginación la viaja a tantas vidas y lugares que sabe que ahí también quiere estar, y es entonces cuando la tecnología puede convertirse en una aliada, siempre que tenga cuidado y no se enganche a la “virtualina”, sustancia seriamente adictiva.

Porque Ella tiene necesidad de presencia, de mirar a los ojos, de hablar con el de al lado y aprender a convivir, tiene necesidad de que al otro lado de unos ojos no haya una pantalla: de móvil, de ordenador, de televisión…. ir por la calle cruzando miradas.

Necesita ver, detrás de una voz, una garganta por la que observar el pasar la saliva en un trago amargo cuando nos cuenta algo doloroso, en un tragar apresurado de emoción, en un pecho que se hincha en un suspiro… Ella necesita poder escuchar solo viendo, ese lenguaje que por teléfono, por teclado y emoticonos es imposible hablar.

El tiempo no es lineal, ya lo dicen los nuevos científicos; el futuro es una incógnita y será lo que queramos que sea. Ella reflexiona que el progreso tecnológico no es bueno en sí mismo, eso nos lo han vendido los que se benefician de él. El progreso en el que Ella cree es el proceso social que nos permite estar cada vez más cerca de nosotros mismos, de la fuerza de la vida, de nuestra naturaleza amorosa, de los demás… Y trabajar por entendernos por aceptar la diferencia y vivir juntos y re-vueltos y gritones y silenciosos y gestionando las necesidades, los deseos y los miedos. Y darnos cuenta de que casi nada de lo que nos importa tanto tiene tanta importancia… porque una casa vacía,en ocasiones, es una cápsula donde nos escondemos cuando no nos sentimos capaces de estar.

Mirar por la ventana siempre le parece que es mirar un tesoro, pero hoy la luna llena sobre el cristal empañado de la furgo o entrando por la habitación… vuelve lo de fuera de plata y hace el tesoro más brillante y más blanco.

Y en los días de lluvia, entra bajo la puerta un viento remoto. A veces viene del mar, otras de los montes lejanos y enormes como catedrales imaginarias de diosas imaginadas.

El viento agita el fuego, que dibuja en la pared naranja una película de sombras chinas con los objetos de la estancia, sombras en las paredes y el techo, que se cruzan las unas con las otras por las esquinas y a veces se funden o desaparecen a vivir su propia vida sombreada y cambiante… o quizá el viento las deshace al tirar ráfagas de lluvia contra ellas o puede que el fuego las derrita en su danza arcana… y de pronto las sombras se hacen pequeñas y vuelven a recogerse… el viento ha cesado… las sombras mueren y una tenebrosa soledad regresa a esa casa vacía. Con un silencio ligero en el que unos pasos ausentes casi podrían oírse.

Pero la casa se llena de nuevo. De todas las vidas. De pasos fuertes y pisar sutil. Y el ciclo del árbol que crece en el jardín, que se derrumba con la tormenta, y alimenta la chimenea le parece hermoso, y Ella poco a poco va conociendo la leña: la que da llamas tristes y la que da llamas alegres, la que hace hogueras fuertes y oscuras… El fuego que danza con el viento, el que se lleva las sombras, el que calienta y hace olor a leña y viene desde el bosque para llenar la casa de todas las vidas.