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Resistencia

Me resisto a pensar que el mundo que estamos construyendo es este lugar artificial, que destrozamos de mil maneras, mientras cada cual va a lo suyo.

Me resisto a que nos preocupe tanto quién nos gobierna y tan poco quiénes somos y qué hacemos para gobernar nuestra vida.

Me resisto a resistirme a mis impulsos auténticos porque las convenciones sociales sugieren que no es lo correcto.

Me resisto a que querer sea posesión y control en lugar de aceptación y confianza.

Me resisto a vivir con miedo.

 

Me resisto a poner las cosas en una balanza porque a mí lo que me gusta es balancearme a poder ser: con el viento en la cara, el horizonte en la mirada y una cuerda que me separa de la muerte y me une al suelo, a ti, a la vida…

Me resisto a esta sociedad hipócrita en la que no sabemos ni cooperar con nuestra pareja, nuestra hermana, nuestro colega… y luego defendemos la cooperación internacional y las cooperativas como modelo sostenible.

 

Me resisto a tomarme demasiado en serio cuando las conversaciones del tren me agreden, el ruido de los coches me agrade, las prisas me agreden…

 

Me resisto a creer que esta manera de tratarnos los unos a los otros es lo que hay.

 

Me resisto a no estar en sintonía con el mundo de lo vivo y lo real. A no soñar un mundo sostenible donde solidaridad no sea un término.

A que el tiempo y el espacio me condicionen y a girar porque todo gire cuando solo quiero estar.

 

Me resisto a que cuidar a otros sea decirles lo que tienen que hacer en lugar de confiar en que ellos lo saben o tienen la capacidad de descubrirlo.

¿Quieres que vayamos de la mano a inventar mil maneras?

 

Me resisto a que mi cuerpo se acabe aquí en mis extremidades.

Y si los extremos se tocan ¿cómo es que estamos taaannn lejos?

 

Me resisto a que luchar sea el único modo… no estoy en lucha.

 

Me resisto a quienes me digan cómo debo vivir, cómo debo hacer, qué es lo mejor para mí… incluso si lo dicen con las mejores intenciones.

Me resisto a las expectativas que generan un montón de cosas que detesto.

 

Me resisto a que la rebeldía necesariamente tenga que hacer ruido. Y a que el silencio no sea una opción cuando no sé qué decir.

Y a que tu naturaleza y la mía, tan distintas, no encuentren un lugar común en su diferencia… quizá en un rincón soleado donde nos dejemos ser, sin pisar al otro, imponer al otro, convencer al otro… solo levantándonos un poco de nuestra silla cuando la convivencia y el amor lo requieren.

Me resisto a que nos escudemos en la tecnología como progreso y abandonemos el contacto: con la piel, con la tierra, con el cielo, con los árboles… porque siento que nos desvanecemos.

 

Me resisto a sentirme bien cuando echo un cable a alguien, como un acto superior o inverosímil, cuando debería ser lo normal.

Me resisto a usar las palabras debería y normal pero se me escapan.

Me resisto a TODO lo que me aleja de mi naturaleza amorosa.

Y a que educar a los niños sea llenar un cajón que creemos vacío con aquello que consideramos interesante… y es que el saber sí ocupa lugar.

 

Me resisto a que me acompañes dándome empujones ¿no has visto que tengo unas preciosas alas de colores? si quieres volamos…

 

Me resisto a que realmente no sepamos que todo es todos.

Y a convertir individualidad en sinónimo de egoísmo, aceptar de conformarse y luchar de no rendirse.

 

Me resisto a no inventar nuevas palabras para nuevos pensamientos.

Y a que tengas que ser como yo quiero que seas para sentirme bien siendo como soy.

 

Me resisto a que las modas, los decorados, los adornos, disfraces sociales… Digan realmente algo de quien eres.

Me resisto a resistirme a lo que me trasforma.

Y a que la vida no sea una aventura.

Y a que el objetivo consista en llegar a algún sitio en lugar del viaje en sí.

Me resisto a ti si tu manera de ser y de tratarme me daña.

 

Resisto resisto resisto con placer el peso de la lluvia y de los besos, de todo lo delicado que me ayuda a no darle la espalda al mundo.

 

Me resisto a convertir los referentes en dogmas.

Y a que naufragar no sea un buen comienzo.

Me resisto a no basarme en mi propia experiencia para sacar mis conclusiones y a vivir con los ojos cerrados.

 

Me resisto a que lo exterior: modelos, arquetipos, imágenes, tradiciones, espejos… condicionen nuestro interior.

¡Venga va!… te cambio resistencia por resiliencia.

Me resisto a desentrañar todos los misterios.

Y a que ser una hormiguita sea más valioso que ser una mariposa.

 

No opongo resistencia ni escudos ni muros… solo me voy muy dentro de mí, replegándome en mi crisálida… sola… silenciosa… no estoy en lucha.