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Sin recuento

Hace tiempo que no cuento los días, que no los sigo para ver en cual vivo exactamente en relación al calendario.
El calendario ha dejado de tener valor entre nosotras.

Es curioso como la sensación de desapego de una persona desaparecida nos hace creer, con sentimiento de culpa primero y de alivio después, que lo hemos superado.

La palabra superar no es de mis preferidas. Inevitablemente algo, alguien, queda debajo, detrás, ausente en esa superación. Parece que superar sucede exterior a ti: tú superas la muerte de un ser querido como si saltases un obstáculo que está en el camino… Prefiero la palabra colocar, asimilar, vivir… Me da la sensación de que pasan dentro de mí en lugar de fuera. Y tu partida no quiero que me atraviese, quiero recorrerla.

En cualquier caso no cuento los días y aún así te veo, quizá en mi deseo de escribirte para que no te desvanezcas, quizá porque estas en mí, inevitablemente y por suerte no puedo superarte porque estás en mí.

Te veo en este otoño que se me cae encima, que me baña en amarillo y granate, y me estremezco cuando te encuentro digna y seria esquivando un beso, risueña y alegre entendiendo todo, concentrada y ausente colocando el mundo…

Y me encuentro contigo a menudo, en mis reacciones espontáneas que tanto deseo cambiar, en algunas de mis mejores versiones, en lo que temo y lo que admiro. Me encuentro contigo en el humor de las hermanas, en la fuerza de ellas, en sus ojos, sus gestos… te encuentro enredada entre mis recuerdos más queridos, enredada entre mi pelo, enredada entre los sueños que se rompieron en pedazos y los que se reconstruyen cada día. También en la vida sin ti.

Y te encuentro en esos pequeños resquicios que me dicen quién soy y de dónde vengo: una pizquita de por aquí y otra de por allá.

–Mira echas un poco de harina y leche, algo de sal…

–¿Pero “algo”?  ¿Cuánto?

–Pues no sé una pizca… y luego en el horno calentito .

–¿A cuanto lo pongo el horno?

–Qué esté bien caliente…

–Y lo saco…

–¡Pues cuando esté hecho! ¡ya irás viendo!

 

Te encuentro en esas gotas que dibujan la ausencia en el cristal, mientras me duermo en el sofá y meto mis pies debajo de tus piernas, un lugar sin duda protegido. Y tú ya debes ser camino o encina o jara…

Te encuentro en el sol que inventa una alegría ficticia… porque se llevó tu olor con tanto dejarnos girar ¡dos vueltas le hemos dado sin ti!, sin que nada se apague o quizá hay pequeñas velas que se han ido apagando porque te llevaste algo de luz, algo de esa capacidad de ser la reina del lugar, de hacernos sentir las reinas del lugar, aunque el lugar en cuestión fuese lúgubre y estuviera lleno de telarañas.

Vamos a llorar abrazados, a celebrar que un día anduviste entre nosotros y que ahora andas en nosotros. Porque aunque me he olvidado del calendario no se me olvida que tal día como hoy dejaste de ser y mucho se fue contigo. Pero nos seguimos cruzando, a menudo, y te saludo… por suerte, me llevo mucho puesto.