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La masificación del Aneto y el origen (remoto) de estas cosas – II

Antecima y Paso de Mahoma. ¿Quién da la vez? (Fot. Ángel Gayúbar, H. Aragón)

También ha sucedido aquí. Este verano, el techo de los Pirineos, el Aneto, como objetivo local de primer orden en el ranking del turismo de aventura ha alcanzado su saturación. El ampliado refugio de la Renclusa ha resultado insuficiente para absorber la avalancha humana y el Paso de Mahoma daba atascos en las horas punta.

Y también aquí, el alcalde de Benasque anunciaba recientemente la posible regulación de las ascensiones para el próximo verano, para lo que se reunirá una comisión y bla, bla, bla…

 

En los Pirineos, como en los Alpes, la cosa arranca de hace dos siglos, cuando burgueses ilustrados como Ramond (1802) decidieron subir hasta lo más alto alegando razones científicas. Luego vinieron otros y buscaron motivos románticos (Russell). Después aparecieron más y encontraron justificaciones deportivas (los Cadier). Finalmente llegaron las multitudes y llenaron la montaña sin motivos.

 

Pero en el Aneto no podemos ir tan atrás como en el Mont Blanc hasta encontrar a alguien al que le llamara tanto la atención esta cumbre que nos dejara constancia gráfica de ella. Solo unos años antes de su conquista.

 

En 1787 Ramond se acercó a la Maladeta pero no le interesó porque aspiraba subir a la montaña más alta que fuera caliza y esta era granítica como el Mont Bolanc. Volvió a Gavarnie y se centró en la conquista del Monte Perdido.

En 1817 pasó por Luchón el médico Friedrich Parrot y, a diferencia del exquisito Ramond, no hizo ascos al granito y consiguió la primera ascensión a la Maladeta. Sus mediciones barométricas no le dieron la altura esperada y constató que el rey de la cordillera estaba algo más al este. Aún pasaría un cuarto de siglo hasta su conquista.

Pero la cosa no terminó ahí. Parrot decidió internarse más en la vertiente española y observar el macizo de la Maladeta desde el sur y ver hasta dónde bajaban sus hielos. Llegó a Benasque y subió, probablemente por el Ampriu, al pico Gallinero buscando un buen mirador. Sacó su carpeta e hizo en la cumbre un dibujo de esta vertiente Es un dibujo tosco, pero es el primero… hace 211 años.

 

Sin duda las multitudes de esquiadores que llenan en invierno la colladeta del Ampriu o suben al telesilla de Gallinero ven ese perfil asomando por encima de la Sierra Negra y tratan de reconocer sus cumbres señalándolas con el dedo sin demasiado acierto. En verano subirán al Aneto… si entran en el cupo.

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