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EN EL CIRCO TAMBIÉN SE ESCALA

A pesar de que no suelen aparecer muchas noticias en foros y páginas web especializadas, este invierno en el Circo de Gredos también estamos dejando romas las puntas de nuestros piolets y crampones.

De camino al Circo

De camino al Circo

 

Actualemente se encuentran en buenas condiciones todas las cascadas de la parte inferior del Cuchillar de las Navajas; Hércules, Chachi, Yo sucio, Araña, etc. y otras clásicas que llevaban tiempo sin formarse como Psicosis o Colza suprema. Además de esto, la semana pasada, junto a Oscar Morales he tenido la suerte de repetir Matto Grosso (III/4, M5).

 

 

L1 de Matto Grosso

L1 de Matto Grosso

 Esta es una vía de roca situada en «la pared del refugio» que hasta ahora solo se había escalado una vez en condiciones invernales. El segundo largo de esta vía recorre un espectacular diedro en el que, después de los primeros 8 metros, el hielo va dejando paso a la roca y acabas gancheando en la fisura del fondo del diedro y en los matojos cercanos.

Unos días después, junto a Javier Costa, hicimos un intento a una nueva línea situada en el lado izquierdo del Escudo, el resultado fue un par de preciosos largos de hielo hasta llegar al pie de un desplome que, ante la imposibilidad de protegerlo debidamente, hizo que nos bajásemos a descansar y reponer fuerzas en el refugio.

 

 

Javier en la cumbre del Sagrao

Javier en la cumbre del Sagrao

Al día siguiente (martes, 17) nos fuímos a explorar el Cuchillar de las Navajas y, cuando parecía que íbamos a llegar andando hasta la Portilla Bermeja sin escalar nada, nos metimos en una goulotte situada a la derecha de la norte del Sagrao y salieron un par de nuevos largos a los que hemos llamado «La última línea» (110 m, IV/3, M3).

 

Pero la guinda a este pastel de escaladas la pusimos el miercoles 18. A Oscar le costo muy poco convencerme para que nos quedásemos un día más en el refugio y hacer un nuevo intento a esa vía del Escudo de la que ya he hablado. Esta vez fuímos mejor «armados». A mi me apetecía volver a intentar ese tercer largo del que me había bajado dos días antes. Por ello, escalé el primer largo y Oscar superó el colmillo de hielo que colgaba en el desplome situado a la salida de la primera reunión. 

 

Inicio del último largo

Inicio del último largo

Después de la 2ª reunión, tuve que superar unos pasos de mixto delicado y a continuación llegué al abalakov del que me había bajado dos días antes después de estar más de una hora «pegándome» con la nieve polvo amontonada bajo el desplome. El amigo Oscar me paso el taladro por la cuerda que habíamos dejado libre y me tocó currar un rato hasta que el acero de los parabolts hizo que bajase mi nivel de agarrotamiento cerebral. Después de tomarme un té tranquilamente y recibir los ánimos de mi compañero, decidí enfrentarme a lo que me quedaba de largo para huir de la mochila con más de 5kg entre taladro, termo, etc. con la que tendría que superar el desplome si Oscar me daba el relevo.

 

 

Bajo el desplome

Bajo el desplome

Con un par de gancheos sobre una pequeña estalactita y algunos apoyos de los crampones en pequeñas regletas, conseguí superar el paso y meterme en la chimenea que me conduciría al final del largo. Tras unos cuantos metros espectaculares entre bloques empotrados y estalactitas de hielo, salí de la chimenea y monté la reunión en las rocas situadas justo al final de la «vía del tren» (verano). Cuando Oscar alcanzó está reunión, con un abrazo y unas risas celebramos la nueva apertura, aún no sabemos como se va a llamar «la niña», ni siquiera le dimos mucha importancia a la dificultad pero, por si a alguien le apetece repetirla, creemos que puede ser: 140 m, III/4, M5+.

 Finalmente, el verdadero resultado de la vía fueron dos días de amistad, risas, emociones, escalada, diversión y un montón de tiempo de ilusiones puestas en esta y otras sublimes líneas con las que «El Circo» nos tiene enamorados.

Hasta pronto.