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LA VIDA NÓMADA

En los últimos dos meses he pasado de los glaciares del macizo del Mont Blanc a la oeste del Naranjo o las agujas de Bavella en Córcega.

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Desde que fuí por primera vez a los Alpes y ví a un guía de alta montaña con sus clientes en la Mer de Glace deseé poder ejercer esta profesión. Cuantas veces soñé con esa vida nómada en la que pasase los inviernos escalando en hielo cerca de casa, en Gredos o Pirineos, las primaveras y los otoños disfrutando de la roca de la Pedriza, Riglos o Galayos y los veranos viajando sin cesar de un sitio a otro, de los Alpes a los Andes o el Pirineo acompañando a mis clientes en todos sus sueños. Qué lejos veía todo esto durante tantos años y, aún más, teniendo en cuenta que mi lugar de residencia habitual es Toledo, una ciudad bastante alejada de las principales cordillerras ibéricas. Poco a poco, han ido pasando los años y paso a paso he ido escalando una de las vías más duras de mi humilde curriculum; dedicar mi vida profesional a las montañas. Hoy en día me siento orgulloso de ser uno de los guías de alta montaña españoles que dedica toda su actividad laboral a esta profesión. En las últimas semanas esto me ha permitido vivir sensaciones muy intensas junto a clientes a los que he acompañado en vías como la Murciana o el Vuelo del Dragón en el Naranjo, Montaner-Vicente de Ansaberé o Sureste clásica del Midi.

dsc00074-pequeDurante estas escaladas he conocido gente excepcional que tenía un sueño y me ha permitido ser participe de su consecución. Cuando alcanzamos la cumbre y veo las caras de las personas a las que acompaño recuerdo la suerte que tengo de poder dedicarme a algo tan gratificante como este trabajo. Tal vez no sea la profesión mejor remunerada pero, en lo que respecta a lo emocional, no la cambiaría por ninguna otra.

Durante estos viajes, además de disfrutar escalando con mis clientes, he tenido la suerte de coincidir con otros compañeros y amigos como Iker y Eneko o Pou o Simón Elías y los chicos del Equipo Nacional de Alpinimo (ENA). Es impresionante la motivación y la ilusión que transmiten todos, tanto es así que, estos últimos días, incluso estoy pensando en empezar a entrenar un poco aunque me temo que, como dicen en La Mancha, «donde no hay mata no hay patata».

  1. Cuidadín que mata hay, y si te pones a entrenar la patata puede ser como un melón, o montar una cooperativa de patatas. Ya sabes… todo es ponerse.

    Un abrazo.

  2. ¿Que no hay mata? pues como no tengas tu….nosotros……

    La verdad es que la profesion de guia es una profesion muy satisfactoria y es algo que desde que salgo a la montaña he querido ser, pero se ve tan lejos…….

    Un abrazo

  3. Gracias a los 2 por vuestros comentarios. Voy a empezar a trabajar en el asunto a ver si es verdad que todavía puedo hacer algunas vías que tengo pendientes y sobre todo intentaré seguir disfrutando de un trabajo tan gratificante.
    Saludos,

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