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CAZADOR DE EMOCIONES

Seis y media de la mañana, tres amigos y un perrito desayunando dentro de una furgoneta en la puerta de entrada al parque de la Pedriza. Leche, cereales, fruta y galletas María Fontaneda de las de toda la vida. A las siete de la mañana comenzamos a caminar, sabemos que el día será largo por lo que andamos sin demasiada prisa. El primer objetivo es la Ayuso de Cancho Amarillo, entre bromas y risas nos ponemos el arnés y empiezo a escalar el primer largo. Aún hace frío y tocar la roca no resulta muy agradable, la entrada resbala un poco, un friend por aquí, un clavo oxidado por allí, travesía a la izquierda, otro pasito y reunión en dos parabolts como dos soles. La cosa empieza bien pero lo serio viene después. Nos hemos repartido la escalada por vías asi que a mi me toca hacer esta entera. Escalo el siguiente largo, más vertical y bonito que el anterior, fácil de proteger y enseguida llego a la reunión. Coloco una DSC04141-pequecinta expres, paso la cuerda y aviso a Hilo de que he llegado a la reunión. Miro hacia arriba y veo la tenebrosa chimenea imposible de proteger de la que tanto me habían hablado. En pocos segundos empiezo a pensar en cuales son mis opciones, monto reunión y que suban Jesús e Hilo para asegurarme desde aquí y si me caigo ven el vuelo de factor 2 en primer plano sobre sus cabezas. Esta no es muy buena. Sigo escalando sin saber muy bien lo que me voy a encontrar un poco más arriba y con la única certeza de que no podré meter ningún seguro en unos 25 metros. La verdad es que esta tampoco es muy atractiva. Decido subir un poco por estas primeras regletas para intentar ver lo que hay más arriba. me separo unos cuatro metros de la reunión, las regletas se acaban y sigo sin ver lo que hay en la parte de arriba de la chimenea. Vuelvo a pensar; desde aquí me podría bajar pero si decido seguir es para llegar arriba sin caerme porque, como me caiga, tengo un vuelo de más de 20 metros con repisa a medio camino y esto no se ve nada fácil. ¿qué hago? sigo…me bajo…En ese momento escucho a mis compañeros hablar, durante un instante pienso en otras cosas, en otra gente, en los que siempre me animaron a seguir y decido hacerlo. Me coloco y le digo a Hilo: «atento que voy», él me contesta: «ánimo y con tranquilidad». Empiezo a subir, la reunión ya empieza a quedar lejos, a unos seis metros, en cuanto puedo, huyo del vacío encajandome en la chimenea. Miro hacia dentro por si «suena la flauta» y encuentro un emplazamiento para el camalot nº4 que llevo colgando del arnés, ni de coña!!!, la chimena se mantiene casi igual de ancha durante varios metros. De aqui ya no me puedo bajar asi que tengo que seguir subiendo, aún no veo la parte final de la chimenea. Avanzo unos cuantos metros arrastrándome por el interior de la chimenea, veo unas regletas verticales en las que tengo que apoyar el pie derecho. Sigo subiendo, la regleta cada vez es más pequeña, la reunión ya está a más de 10 metros, como se me vaya el pie voy a caer de cabeza más de 20 metros. Paso una zona más estrecha y respiro profundamente, miro hacia arriba y me tranquilizo, lo más duro ya está hecho, solo queda aguantar un poco y salir de este sarcófago granítico. Sigo reptando por la chimenea y noto que la cuerda me tira, escucho a Hilo que me pregunta; ¿te queda mucho?, se acaba la cuerda…Menos mal que la reunión ya está cerca, unos pasos más salgo de la chimenea y monto la reunión. Aviso a mis compañeros que parecen alegrarse aún más que yo y, finalmente, saboreo la presa. Esas sensaciones son las que nos hacen salir a escalar, esa lucha interior para DSC04170-pequetomar la decisión correcta, ese apoyo externo de los amigos que te empujan con sus palabras de ánimo desde la reunión y esa exaltación en el momento de superar las últimas dificultades y conseguir victorioso como un gladiador el objetivo de tu lucha. Da igual cual sea el combate, si es Vº o 7a, lo importante son las emociones que vivimos en esos momentos, eso es lo que no tiene precio y queda para siempre en lo más profundo de nuestro cerebro.

El día continúo siendo bastante interesante, hicimos un bonito recorrido por la Pedriza escalando el espolón soplapoyas de las Oseras, la este del Pájaro y la Ortiz y Basadre del Cocodrilo, hubo momentos en los que apenas me sostenía de pie de la risa -y eso que estaba colgado en una reunión- y, finalmente, a las seis de la tarde llegamos a Cantocochino con ganas de bajar a Manzanares a celebrarlo con una buena cena.

  1. Gran relato, sí señor. Aunque sea un pedazo de párrafo es una gran historia y bien contada.

    La verdad es que ir con amiguetes, subir poco a poco y darse ánimos unos a otros es una gran sensación. Como bien dices no importa el grado de la vía sino el ver que vas poco a poco y conseguirlo.

    Esa Pedriza es que es irremplazable. Me dan ganas de irme ahora mismo 😀

  2. Que bueno Raul. Esto me suena a que hubieron fogonazos y fuegos artificiales. Muy bueno. Solo pensar en ese deporte que se hace en la Pedri, ya veo llamas asomar.
    Un abrazo.
    PD te estás volviendo el Sabina de los relatos de escalada

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