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SE ABRE LA VEDA EN EL CIRCO

Comienza la temporada y los cazadares de hielo ya tienen preparadas sus armas. Jorge, el más joven de todos ellos, me llama por teléfono el 29 de diciembre; «Elegía» está en buenas condiciones. Yo estoy en escalando en Alicante, al solecito, huyendo del mal tiempo que impera en toda la Península. Empiezo a organizarme para intentar salir de viaje esa misma noche y al día siguiente intentar escalar la vía. Unas horas después recibo otra llamada del refugio DSC04352-pequeElola; está lloviendo a mares, visibilidad nula y cascadas derrumbándose por todas partes. Me relajo y trato de olvidarme de la oportunidad perdida. Teniendo en cuenta que Elegía llevaba en torno a diez años sin formarse me cuesta apartar el sentimiento de frustración. Para olvidarme de ello, me voy a pasar la nochevieja junto a varios amigos en el refugio de La Pedriza.

El día 1 amanece nevando en Manzanares. Estoy preparando el material para el curso de alpinismo que voy a dar ese mismo fin de semana en Gredos y vuelve a sonar el teléfono, Isra me llama desde el Circo de Gredos para avisarme de que, milagrosamente, Elegía sigue en su sitio, perfectamente visible desde los Barrerones, presidiendo el Circo de Gredos en la zona más vertical del muro superior del Cuchillar de las Navajas, como dicen algunos amigos, nuestro pequeño tercer muro. Pero, tengo que trabajar sábado y domingo, empiezo a echar cuentas, trato de ordenar ideas, miro la previsión, pienso en aplazar el trabajo y, finalmente, decido cumplir con mis obligaciones laborales a pesar de que se me salten las lagrimas viendo como se me escapa esa joya helada de las manos. Como veis, para esto de escalar en hielo es imprescindible tener buenos amigos que se acuerden de tí cuando las condiciones son buenas y, esos mismos amigos, son los que esperaron a que acabase el sábado de trabajar para proponerme una excursión nocturna a «Elegía». Como para estas cosas soy bastante facilón, no les hizo falta mucho esfuerzo para convencerme y, a las 18:30 h. del sábado 2 de enero, estaba abriendo huella como loco para ver Elegía antes de que anocheciese completamente. Como suele pasar cuando uno está motivado y escala con buenos amigos, todo fluyó e hicimos la vía lo suficientemente rápido como para llegar al refugio cuando Álvaro e Isra todavía tenían la cena caliente.

DSC04339-pequeLos tres días siguientes me tocó seguir con mi trabajo de guía y profesor de alpinismo mientras observaba la evolución de todas esas lineas mágicas que sólo aparecen en algunos inviernos en Gredos. El martes por la tarde regreso al refugio Elola, las condiciones son buenas pero otra vez está anocheciendo. De nuevo Jorge me convence para ir a escalar, con amigos así  no hacen falta enemigos, con las últimas luces del día entramos en «los abulenses» (6a). Esta fue la primera vía que escalé cuando casí no sabía ni ajustarme los pies de gato y ahora me veo con todos lo pinchos escalando su primer largo, no lo entiendo ni yo que soy el protagonista. Después de retorcerme a un lado y a otro para conseguir que los crampones se agarren a alguna regleta del granito mientras me estiro como un contorsionista para alcanzar el hielo,  llego a la primera reunión. Jorge hace el segundo largo y rápidamente rapelamos para llegar al refugio antes de que Álvaro nos eche la bronca por andar jugando a esas horas de la tarde mientras la cena se enfría. Isra nos recibe con la misma sonrisa de siempre, parece no entender muy bien porque nos subimos con todo ese lío de pinchos por una vía que hemos hecho varias veces con los pies de gato pero, a pesar de ello, se sigue alegrando tanto o más que nosotros.

Miércoles 6 de enero, última función en el Circo, la noche anterior han llegado al refugio Carlos Gallego, Alberto Sepulveda y Carlos Ogallar. La motivación rebosa por las ventanas del refugio.  Carlos G., Sepu y Jorge van a ir a DSC04364-pequeElegía por lo que yo decido aprovechar su huella para llegar hasta allí y escalar «polo norte» con Carlos O. Cuando llegamos a la Hoya Antón, los tres integrantes de la primera cordada desparecen y no vuelvo a saber nada de ellos hasta las 6 de la tarde cuando me los encuentro en el refugio, sonrientes y satisfechos por sus dos nuevas aperturas en la zona del Cerro de los Huertos. Mientras tanto, no me queda más remedio que, a regañadientes, volver abrir la huella hasta la base del muro principal del Cuchillar de las Navajas. Intentamos escalar «polo norte» y en mitad del primer largo, después de arañar repetidamente con mis crampones una placa de granito cubierta por una delgada capa de verglas, comienzo la retirada hacia la base. Como aún es pronto, le propongo a Carlos acercarnos al lado derecho de la pared. DSC04370-pequeA la derecha de la vía «Rubén Blades» hay una goulotte que aún no se ha escalado y parece interesante. Si llego a saber el esfuerzo que me iba a costar pasar por allí, me hubiese ido al «corredor del cursillo» y hubiésemos acabado el día con un poco más de tranquilidad. La vista desde la reunión inicial no era muy esperanzadora, un diedro con algunas manchitas de nieve y hielo taponado por un pequeño techo de roca del que colgaban algunos carámbanos. Al final, entre suspiros de esfuerzo y temblores de miedo, llego a un gran bloque en el que monto la reunión. El segundo largo parece un poco más asequible pero, en cuanto escalo los primeros metros, me doy cuenta de que estaba muy equivocado. Empiezo superando dos bloques empotrados en una fisura ancha apoyando mis monopunta en unas regletas milimétricas y clavando los piolets en unos mogotes de hielo que resultan ser matojos de hierba. Lo que veo después no me anima demasiado, un muro casi vertical cubierto de verglas, llego hasta su base y, cuando ya estaba pensando en la forma de bajarme de allí, aparece una fisura en la que meto dos alliens. Sigo subiendo, los seguros empiezan a estar lejos, como a 3 ó4 metros y todo el hielo que me rodea no tiene más de 3 cm de espesor. Un par de metros por encima de mi cabeza intuyo una repisa cubierta de nieve que espero que esconda algo de hielo. Subo un poco más y aviso a mi compañero de los «problemillas» que estoy teniendo. Por fin alcanzo la nieve, golpeo en ella con mis piolets, las tres primeras pegadas son desesperanzadoras, solo encuentro nieve polvo, vuelvo a avisar a mi compañero, giro suavemente el cuerpo, miro a otro punto del nevero y dejo caer mi piolet sobre esa zona, se clava y tiro hacia bajo para comprobar su resistencia. La expresión de mi cara debió cambiar completamente en ese momento, el gesto crispado dejó paso a la sonrisa y el alivio. Conseguí salir a la repisa, subir un poco más y montar la reunión en la que poco despúés me encontré con Carlos para celebrar la apertura con un abrazo y unas sonrisas.

Después descenso al refugio, celebración junto al resto de amigos y regreso a casa para seguir soñando con esas delgadas lineas heladas que tanto nos hacen disfrutar. Hasta pronto.

  1. hola. raul no paras, felicidades por esa apertura y me uno a esos abrazos, que envidia sana. un saludo

  2. Enhorabuena por la apertura!!!!
    Joer, como he disfrutado leyendote, parece que estuviera alli.

    Este año Gredos promete jeje

    Un abrazo y a seguir asi

  3. Que tensión y que envidia al leerte. Tengo muchas ganas de ver todo aquello helado y de probar y aprender a escalar en hielo.

    Un saludo.

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