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Cumbre y abismo

Era un camino oscuro. Una gran distancia por recorrer, pero él había decidido hacerlo también esta noche, como lo había hecho todas las noches de la semana anterior. Se sentía en paz en la vacía oscuridad del campo, sin nada excepto las formas negras de los árboles, sin ningún movimiento excepto el de su propio cuerpo. Había aprendido a vivir sin ser consciente de las personas, una consciencia que ahora lo paralizaba.

El silencio era el más bonito de todos. Tenía el color del mar, el de uno mismo y coloreaba cada recodo del camino. Le enrollaba hasta que sus pensamientos se fundían con el viento. Despertaba su alma. Coloreaba sus mejillas. Ponía en marcha esa máquina de crear que explora como forma de vivir. Sin miedo. Sin dejar nada atrás. Solos él y el silencio. La roca. Una sonrisa. Una forma de crear basada en la transparencia infinita del silencio. En su todo y su nada más repleta de todo lo que alcanzaba a soñar mientras avanzaba en la noche.

Siempre había pensado que la virtud estaba ligada irremediablemente a la frugalidad. A la sencillez, a la necesidad ínfima. Siempre había conectado la virtud con la autenticidad, la autenticidad con la escasez, la escasez con la riqueza de espíritu. Nunca había estado más equivocado.

La virtud no residía en la escasez por sí misma, sino como parte consustancial al hecho de ser rico en posibilidades y saber elegir sabiamente. La virtud no significaba tener pocas opciones y conformarse con ellas. La virtud era poder elegir, y escoger únicamente lo verdaderamente auténtico, lo simple, lo sólido, lo valiente.

Caminaba solo cruzando campos yermos llenos de olvido. Testigos pasados de un tiempo en el que el valor de los hombres se conseguía con cada golpe en la tierra y con cada gota de sudor. Hacía tiempo que no se sentía tan vivo. Solo los pasos en el vacío le hacían recordar que aún seguía pegado al suelo, tan cerca y tan lejos. La vereda se cerraba en un salto que no conducía a ninguna parte. Un paso y todo habría acabado. Un paso -pensó- era lo único que le separaba de un nuevo comienzo.