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LEONARD DE GJESVAER

40 AÑOS DE INTER RAIL, AVENTURAS EN EL CÍRCULO POLAR ÁRTICO 9
26 de junio de 2012

El dia 26 amaneció con una tormenta impresionante y vientos que ponian a la prueba la resistencia de nuestra tienda. Acampados en el Cabo Norte real, por encima de una pequeña formación lacustre y protegidos por un pequeño promontorio herboso, era el único lugar con protección que encontramos en medio de la «nada» que nos rodeaba. Tras pasar unos días de trekking por el norte de la isla de Mageroya (es realmente bucólica y salvaje a la vez), decidimos levantar el campamento y regresar al parking junto a la carretera que une Honningsvag con el Cabo Norte turístico y tras unas tres horas de pateo bajo la lluvia, la niebla cae sobre el parking y la visión se reduce considerablemente. Por suerte, por aquellas latitudes el tiempo es muy variable y poco a poco el viento y la lluvia amainan, solo la niebla persiste y es complicado localizar el autocar de la compañía Boreal que en teoría debe recogernos a las 13:30 al bajar del Cabo Norte. Como estamos unos kilómetros por debajo, o no nos ven o pasan de nosotros, el resultado es que pasan de las 13:30, estamos mas solos que la una en un parking a 33km de Honningsvag, y aunque el tiempo ha mejorado un pelín, hace mucho frio y hay mucha humedad. Si fuera por nosotros ningún problema, pero al viajar con nuestros hijos, que van muy bien equipados y tienen mucha experiencia en alta montaña, pensamos que lo mejor era activarnos y empezar a bajar tranquilamente hasta encontrar el camping y las pequeñas cabañas que dejamos unos kilómetros atrás. Pero en aquel momento, y aunque pueda parecer muy peliculero (M. Night Shyamalan sacaría un buen guión) apareció Leonard con su furgoneta Mitsubishi 4×4.

Fue él mismo quien nos preguntó si estábamos esperando el autobús y tras reconocer que deberían poner mas buses (solo tres por la tarde), se ofreció a llevarnos hacia Honningsvag, donde teníamos intención de acampar cerca de su pequeño aeropuerto, pues nuestro vuelo hacia Hammerfest salía a las seis de la mañana…En aquel momento, vuelve la lluvia y la niebla baja un poco mas y Leonard, que se dedica a la promoción y a hacer de guía por las pequeñas islas que rodean el Cabo Norte, nos comenta que la lluvia no va a parar en todo el día y que lo mejor será buscar un refugio o un pequeño hotel para poder descansar. Hace un par de llamadas y nos lleva mas abajo en busca de alojamiento. Lo único que encontramos para cuatro es muy caro y Leonard observa en nuestros rostros la cara de catalanes que se nos pone cuando hay que aflojar o tirar de VISA…Conclusión: como tiene una barca y es aficionado a la pesca y la ornitología local, nos ofrece pasar la noche en la casa de un amigo pescador en la pequeña población costera de Gjesvaer. A unos 30km de Honnigsvag, a la izquierda del Cabo Norte.

No sabemos nada de él, en la furgoneta lleva sierras, martillos y material ideal para los amantes del Bricomania…mi esposa y un servidor decidimos no pensar en el cine de serie B norteamericano (Noruega no es Texas) y tras verle cara de buen hombre, decidimos aceptar su económica oferta y disfrutar de una casita preciosa a orillas del mar. Hace mucho frio pero la tarde se ha arreglado un poco y el sol se anima a salir, desafiando a las nubes que amenazan mas tormentas. Lo cierto es que por 80€ pudimos dormir en cuatro camas, cenar y desayunar el magnífico pescado que Leonard nos trajo (gratis) y encima, helados para los niños y chocolatinas…

Me sabe muy mal ser tan malpensado, pues en el mundo todavía quedan ángeles de la guarda.