en Himalaya

Sir Francis Edward Younghusband

Se nos dice que vivamos peligrosamente, y también que llevemos una vida agotadora. Yo había vivido de un modo lo bastante peligroso para satisfacer a Nietzschey lo bastante agotadoramente para satisfacer a cualquier Roosevelt.

Sir Francis Edward Younghusband

Murree, Pakistán, 31 de mayo de 1863 – Lytchett Minster, Inglaterra, 31 de julio de 1942)

Fue una de las grandes figuras británicas en la exploración del Karakorum y el Himalaya. Militar de profesión, sus exploraciones por Asia Central y el Himalaya comenzaron de forma temprana, cuando se incorporó al Queens Dragons Guard en el regimiento de Rawalpindi, actual Pakistán. Transcurrían los años del Gran Juego, por lo que los descubrimientos de vías y pasos en el Himalaya eran vitales para las ambiciones de Inglaterra y Rusia. Tras sus primeras exploraciones de la cordillera pasó a desempeñar diversos cometidos para el Servicio Político en India y estuvo al mando de la misión militar que acabó de facto con la invasión británica del Tíbet, la ocupación de Lhasa, y el Tratado Anglotibetano de 1904 que acarreó la huida del XIII Dalai Lama a Mongòlia. Explorador, militar, espía, geógrafo, periodista, alpinista, escritor, profesor, fue todo un personaje y en los últimos años lideró el World Congress of Faith, fundado por él mismo en 1936. Creía en el espiritismo y en la comunión de valores de otras religiones para fundamentar una fe basada en múltiples creencias de matiz holístico, sobre una nueva humanidad.

Si la palabra aventura aún desprende aroma, Younghusband la ilumina y aporta alguna de sus mejores fragancias: voluntad, azar, romanticismo, creación… Se cumple este año el 150 aniversario de su nacimiento pero, apenas tenía veinte años cuando partió en busca de lo que llamó «el verdadero espíritu del Himalaya», quizás un estado de plenitud, de comunión con la existencia, abundantemente descrito por los amantes de las cumbres. Entre 1886 y 1889 realizó dos expediciones que le valieron de inmediato la Medalla de Oro de la Royal Geographic Society, siendo elegido su miembro de menor edad…e incluso llegó a ser uno de sus presidentes.

En su primera exploración partió de Pekín, atravesó el Gobi, reconoció el paso de Mustagh, hasta llegar a Cachemira. Era la ruta comercial principal entre Yarkand y la India, cinco mil quinientos kilómetros que, desde los tiempos de Marco Polo, ningún europeo atravesó: «Había superado todas las dificultades, había cruzado el gran desierto, había atravesado el Turquestán de una punta a la otra, había conquistado el Himalaya. Y ahora mi destino estaba a la vista.

Fue un momento dulce, delicioso». Sólo unos meses después, en 1889, emprende la segunda exploración que se narra aquí, para establecer las posibilidades de protección de otra ruta comercial por los desconocidos pasos del Karakorum y el Pamir, sobre todo el Saltoro y Shimshal; atravesar Hunza y volver a India a través de Gilgit y Ladak. En esta expedición se queda extasiado ante la visión del Everest, por lo que años después creó el Comité que auspició las expediciones de 1921, 1922 y 1924 que se cobraron las vidas de George Mallory y Andrew Irvine. Personaje poliédrico, contradictorio, apasionado, su biografía contiene claroscuros y perplejidades propios de quien transgrede los márgenes. Su responsabilidad en la invasión y matanza del Tíbet llevada bajo su mandato, sus cuitas espirituales en busca de una nueva religión, o algunas de sus excentricidades biográficas, sin duda dan la talla de un personaje nada común.

  1. ¡Vaya entradas disfrutonas las tuyas, Víctor…! Saludotes desde el Khyber Pass de Mañolandia…

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