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K2

Duración: 102 minutos (104 en Estados Unidos) Año: 1991 País: Reino Unido, Japón y Estados Unidos Director: Frank Roddam Reparto: Michael Biehn (Taylor Brooks), Matt Craven (Harold Jameson), Luca Bercovici (Dallas Wolf), Edward Spatt (Mike Spatt), Andrew Spatt (Mike Spatt), Hiroshi Fujioka (Takane Shimuzu), Patricia Charbonneau (Jacki Metcalf), Raymond J. Barry (Phillip Clairbone), Annie Grindlay (Lisa), Elena Stiteler (Tracey). Música: Chaz Jenkel. Hans Zimmer (Versión para Europa)

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De todas las películas de montaña que se rodaron durante la última década del siglo XX, es más que probable que “K2” sea una de las más entretenidas tanto a nivel comercial como deportivo y en esta ocasión no estamos hablando de un documental espectacular al estilo IMAX sino de una co-producción realizada con esmero en formato de cine convencional (35 mm). Es cierto que el guión se permite algunas licencias pues no podemos olvidar que el filme se estrenó en salas comerciales donde muchos espectadores descubrían por primera vez lo que significaba una “reunión” o un “edema pulmonar”, no obstante, la película aporta mucha información, la ironía y el sentido del humor están perfectamente dosificados y no hay nada que nos moleste en absoluto. Nos encontramos delante de un filme que en menos de dos horas analiza muchos de los sentimientos que se descubren a la hora de subir montañas y bien podríamos situar “K2” justo en la frontera entre lo que conocemos como el cine comercial destinado al gran público y el cine deportivo propio de minorías exigentes que no perdonan ni un error.
La película que nos implica nos habla de amistad, de los celos entre alpinistas y de las envidias que nacen dentro de las expediciones. En su guión también aparecen la alegría y la rabia y hasta el amor tiene su parcela junto a la compasión y el odio más profundo. Por ello podemos afirmar que la película va mucho más allá y no se queda en lo que podría haber sido, la típica película de acción donde todos los personajes luchan entre si para decidir quien es el más fuerte.

El director británico Frank Roddam, responsable de la experimental y más que interesante “Quadrophenia” (1979), fue el encargado de dirigir esta historia de superación personal basada en una pieza teatral escrita por Patrick Meyers, adaptada como guión cinematográfico por el propio Meyers con la ayuda de Scott Roberts. El núcleo central de la obra de teatro era la obsesión por la escalada del K2, narrada desde el punto de vista de dos compañeros de cordada que si bien compartían su pasión por el alpinismo, a nivel personal su antagonismo se reflejaba en multitud de situaciones. Una vez más, nos encontramos delante de la mítica representación del bien y el mal, del ángel y el demonio que llevamos dentro y que siempre afloran de manera insospechada en situaciones límite. La obra teatral se centraba en los personajes de Taylor y Harold, desarrollando una historia mucho mas dramática que la película, incluyendo un trágico final que se cambió por completo en el guión de la película. No obstante, teatro y cine comparten un hilo argumental común: la relación de profunda amistad que une a los dos protagonistas.

Taylor Brooks (Michael Biehn) representa a la perfección al típico diablillo pícaro y seductor que es capaz de poner en peligro su propia vida para demostrar su hombría delante de dos bellas féminas. Para estar en forma, entrena a diario en su despacho de abogado y se gana la vida defendiendo a delincuentes de poca monta que habitan los bajos fondos de la ciudad. A Taylor le apasiona escalar montañas y aprovecha al máximo su condición de soltero para escaparse los fines de semana a practicar su deporte favorito junto a su buen amigo y compañero de cordada Harold Jameson (Matt Craven). Su gran objetivo es conquistar la cumbre del K2, considerada la montaña más difícil del mundo.

Tras salir juntos una noche y demostrar su buen estado de forma escalando el bloque de pisos donde reside, Taylor le propone a Harold un fin de semana largo en el MCKinley (Alaska). Este acepta aunque a su esposa no le haga ni la más mínima gracia. Harold es la antítesis de Taylor, es un buen científico,
está casado, es el padre ideal y representa el amigo buenazo que todos queremos tener. Como mejor amigo, acepta la proposición de Taylor y una vez en Alaska, colgados de una pared de roca conocerán a Phillip Clairbone,
multimillonario escalador que prepara una expedición al Himalaya junto a sus compañeros de ascensión: Dallas Wolf, Edward Spat, Andrew Spatt, Takane Shimuzu y Jacki Metcalf. Tras pasar la noche juntos, aunque en tiendas separadas, un desafortunado accidente causa la muerte de dos miembros del equipo (la película nos muestra como se debe plantar una tienda en medio de un nevero, puede parecer absurdo pero la escena tiene su lógica). El desafortunado suceso abre las puertas del K2 a Taylor y a Harold y estos no se lo piensan dos veces a la hora de emprender rumbo a Pakistan. Taylor lo tiene muy claro pero Harold debe enfrentarse a la ira de su esposa, quien le advierte que esta es la última ascensión, para ella la familia es lo primero y le hace prometer a su esposo que este volverá sano y salvo. Esta escena, lejos de parecer cursi o romántica, mantiene en tensión al espectador y a mas de un amante de la montaña le puede resultar familiar gracias a la soberbia interpretación de Matt Craven, un excelente actor que merecería tener mucha más suerte en Hollywood.

A partir de esta escena hogareña, la película da un giro y la cámara nos sitúa en Pakistan, camino del Karakorum. Tras contemplar con sus propios ojos la magnífica pirámide del K2, “la montaña asesina”, Harold empieza a dudar de sus posibilidades y Taylor se erige como el motor que mueve sus piernas.
La actitud de Taylor durante la aproximación al campo base, decidida y un tanto arrogante, llegará a provocar situaciones tensas en el grupo. Dallas se enfrentará con el y Harold deberá ejercer de hermano mayor para calmar los ánimos. La ascensión pondrá de manifiesto la capacidad de liderazgo de Taylor, quien encabezará junto a Harold la cordada que realizará el asalto final a la cumbre. Durante la subida, Phillip será evacuado con edema pulmonar, Takane y Dallas recibirán un buen castigo por parte de la montaña y Harold volverá a tener dudas de sus posibilidades. La noche anterior al asalto final, una emotiva conversación magníficamente filmada por Frank Roddam, mostrará al espectador el verdadero significado de la palabra amistad llegando a la conclusión de que las personas son como son y el hecho de considerar al prójimo tu amigo, no está sujeto a ninguna cláusula. Es cierto que en la montaña afloran muchos sentimientos y en el caso de los dos protagonistas del filme, es la montaña quien les descubre el verdadero sentido de la vida, aparcando todos los odios y los rencores que podrían separarlos.

Solos, sin nadie que les pueda arrebatar la cumbre, Taylor y Harold conquistan la cima al amanecer, cumpliendo su viejo sueño de juventud. En ese momento Michael Biehn exclama: -“¡¡Estamos en el techo del mundo!!”, ¿error de doblaje o es que el Everest no existe?. Tras este pequeño comentario que denota el suspenso en geografía de Taylor y una vez realizadas las fotografías de rigor, los dos alpinistas inician el descenso. A partir de ese momento, el filme nos ofrece su tercer y último acto y el buenazo de Harold se llevará la peor parte. Una desafortunada caída romperá una sus piernas y Taylor, adrenalina en mano, demostrará que pese a su carácter y su soberbia, es el mejor amigo que uno pudiera desear y haciendo acopio de fuerzas, se encarga de evacuar a Harold y devolverlo a casa sano y salvo. Por el camino, el hallazgo del cadáver de Dallas congelado (¿homenaje a Mallory?) nos volverá a recordar el peligro que conlleva querer escalar el K2, una cumbre mítica que en la película se convierte en el nexo de unión de dos alpinistas con caracteres distintos movidos por una misma ilusión.

A nivel técnico, la película cuenta con un elenco de especialistas de primer nivel donde destaca el nombre de Barry Blanchard, responsable de la seguridad de los especialistas en títulos como “Máximo Riesgo” (“Cliffhanger” 1993), “El Desafío” (“The Edge”, 1997), “Límite Vertical” (“Vertical Límit”, 2000) o “Death on Everest” (2003).
Junto a Barry Blanchard merecen ser destacados Meagan Routley, Dan Redford, Bruce Kay y Tom Herbert que doblaron a los protagonistas en las escenas de riesgo en alta montaña. La fotografía del filme, a cargo del mejicano Gabriel Beristain, nos muestra de forma excepcional la evolución de los protagonistas a través de unos paisajes de ensueño y gracias a la cámara aérea, el espectador está rodeado en todo momento de nieve y hielo. Técnicamente la película supone uno de los mejores ejemplos de lo que debería ser el cine de montaña: un buen guión, una dirección ajustada, unos personajes cercanos, una fotografía excepcional y una buena banda sonora que acompañe a la acción.

Si hablamos de música tenemos que hablar de Hans Zimmer, ganador del Oscar de Hollywood en 1994 por “El Rey Leon” (“The Lion King”, 1994) y autor de bandas sonoras tan espectaculares como pueden ser “Marea Roja” (“Crimson Tide”, 1995), “El Pacificador” (“The Peacemaker”, 1997), (“Gladiator” 2000) o “Hannibal” (2001). Hans Zimmer, se ha convertido por méritos propios en un compositor indispensable a la hora de hablar de música para cine comercial de calidad y para “K2” realizó una especie de “sinfonía alpina en dos movimientos”, el primero dedicado al ascenso y el segundo al descenso. De una gran belleza, la música de Zimmer (para la versión que nos implica, la europea) se sustenta en la gran orquestación de Fiachra Trench y en una perfecta combinación de sonidos electrónicos, clásicos y étnicos, que envuelven las imágenes y nos trasladan al Karakorum pakistaní sin salir del cine. Hans Zimmer escribió la partitura de la versión europea. Para la versión americana, Chaz Jenkel compuso un score digno pero menos efectista, acompañado por una serie de temas musicales que no se escuchan en la versión para Europa. Entre las rarezas que no llegaron a Europa encontramos los temas “I Need Ya” de Zahid Tarag y Todd Terry, “Money, Money, Money” de John Hyde, “Take Me Out to the Ballgame” de Jack Norworth y Albert Von Tilzer y el tema para la muerte de Takane escrito por Hans Zimmer como colaboración.

La película se estrenó en España el 2 de Julio de 1993, dos años después de su filmación y un año después de su estreno en el resto del mundo. Como suele suceder con las películas deportivas, su paso por la carteleras nacionales fue fugaz pero gracias al video y el DVD, poco a poco se ha convertido en todo un referente y actualmente, sigue siendo uno de los filmes más destacados dentro del género de películas de montaña.