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David Duchovny en un refugio de montaña

Me encanta subir a un refugio de montaña los viernes, la mayoría en el Pirineo Oriental, para poder llegar en menos de dos horas y media desde Barcelona sin correr. La experiencia de pernoctar en la zona libre, casi siempre solo o con alguien cercano, me calma, me ayuda a fluir. No obstante, en ocasiones subo con la intención de realizar entrevistas, reportajes, fotografías o para filmar algo que me interesa, y entonces tengo que cargar con el portátil para poder trabajar por la tarde-noche con el cargador solar. Toda una experiencia  volcar fotos y videos al anochecer, tras una actividad frenética propia del otoño, donde los días son mas cortos y el frío ya se deja notar…Incluso en ocasiones, me llevo alguna película o alguna serie en DVD, para aprovechar el tiempo por la noche, enfundado en mi saco de dormir. Recientemente he podido ver los últimos capítulos de Californication…a mas de dos mil metros de altitud. Toda una experiencia.

Llegados a este punto, es mi deseo hacer una confesión:

Le debo mucho a Tom Kapinos, a David Duchovny y a alguien mas…

Mientras escucho la versión de Vanessa Carlton del clásico Where The Streets Have No Name, no puedo dejar de pensar en la experiencia que supone terminar la séptima (y a ratos decepcionante) temporada de una de las mejores series de TV que he visto en toda mi vida. «Californication» se ha despedido sin el suicidio de Hank Moody, menuda broma pesada me gastaron unos amigos lituanos cuando estuve en Klaipeda el pasado mes de julio y decidieron contarme “su” final al ver la serie en tiempo real mientras la emitía Showtime.

El auténtico «happy ending» de Californication, con el Rocket Man de Elton John sonando como telón de fondo, no solo cierra positivamente una serie que se ha movido durante siete años entre el pesimismo y el optimismo mas radical, sino que ha marcado un antes y un después en la forma de definir un personaje de ficción, llegando incluso a provocar reacciones en mi forma de entender la profesión de escritor.

Entiendo perfectamente lo que los guionistas han querido plasmar a lo largo de siete temporadas, dándole una, dos, tres y hasta treinta vueltas a un personaje basado en Henry «Hank» Chinaski, alter-ego de Charles Bukowski, uno de los escritores estadounidenses mas interesantes de la segunda mitad del siglo XX que escribió cinco novelas semi-autobiográficas (mezclando hechos autobiográficos con ficción) sobre distintas etapas de su vida y su relación las mujeres y sus problemas de alcoholismo. El actor David Duchovny nos ha vuelto a regalar un personaje esencial, tras el carismático y cercano Fox Mulder de X Files. Sin ser un gran actor, Duchovny logra dotar a sus personajes de una magia especial, en parte gracias a la propia personalidad del actor, quien parece moverse como pez en el agua a la hora de interpretar a solitarios perdedores enamorados y obsesivos (su relación con al agente del FBI Dana Scully fue de las que dejaron huella).

Dejando a un lado su peculiar vida privada y su relación con la actriz Tea Leoni, David Duchovny nos demuestra que en esta vida, uno puede tropezar veinte mil veces con la misma piedra para levantarse con ganas de aprender a tropezar mejor.

Y ahora entramos en lo mejor: el amor, el motor que mueve a Hank Moody.

El personaje de Moody vive buscando y dando amor, así de sencillo, con todo lo que ello conlleva, a nivel positivo y negativo. Hank es un caballero, un galán que se emborracha, fuma y se droga si la ocasión se lo permite, que vive con la armadura oxidada, un escritor en busca de inspiración, un anti-sistema que vive del sistema y que necesita a su adorada Karen (Natascha McElhone) a su lado para ser feliz. Hank es un ser humano obsesionado con algo que no puede conseguir ¿les suena?, o peor…es un ser humano que cada vez que logra su objetivo, logra hundirse en el lodo para volver a levantarse y seguir luchando. A Hank le importa una mierda lo que piensen de él, es lo que intenta transmitir en cada capítulo, y es ahí donde reside la magia, en alguien que es capaz de seducir y enamorar gracias a su sinceridad, su riqueza cultural y su don de gentes, aunque sea un desastre a nivel emocional. Hank nos seduce con solo levantar una ceja, ya sea tirado en el sofá, borracho o soltando alguna perla condescendiente.

Buscando su particular felicidad y entre disculpa y disculpa, Hank se encontrará con mujeres sensibles, solteras, casadas, viudas, jóvenes, maduras, recatadas, viciosas, adorables, ladronas, patinadoras, amantes, sumisas…que intentarán interponerse entre él y su adorada Karen. El único y pequeño problema es que Hank es un galán, y siempre tratará de dejar el pabellón muy alto, llegando incluso a pelearse para defender el honor de una mujer. La carta que dedica Karen titulada «infielmente tuyo» habla por si sola…

Gracias a su inseguridad y a una debilidad no disimulada (todos los tíos somos débiles ante una mujer con poder), el personaje logra romper muchas barreras y resultar cercano, creíble…incluso familiar. A lo largo de siete temporadas, muchas mujeres y muchos hombres le oirán decir que Hank no busca los problemas, sino que estos le encuentran a él. En realidad Hank solo busca inspiración para seguir haciendo lo único que se le da bien: escribir, follar y vivir junto a su mayor gruppie, Karen, sin olvidar a su otro amor, su hija Becca. Por el camino dejará miles de comentarios ácidos, situaciones que rozan lo escatológico, momentos oníricos, sexo en su estado mas puro y mucho humor negro. “Californication” no engaña a nadie, va directa al grano, sin dar rodeos. Para muchas mujeres Hank es un imbécil egocéntrico al que se puede llegar a querer con el paso del tiempo. Para otras es el típico intelectual que se hace el interesante solo para seducir, un personaje al que muchos odian mientras otros admiran…Todas las definiciones nos ayudan a tragar las dosis de realidad que necesitamos a diario para poder creernos al personaje. Nos encontramos delante de un un tipo cuya idea del trabajo es sentarse frente a una máquina de escribir a la una de la mañana, junto a una botella de Jack Daniels, y a las siete llevarle el manuscrito a su agente, todo un personaje enamorado de una pequeña nimfómana llamada Marcy.

El responsable de la serie, Tom Kapinos, ha logrado destrozarme el corazón mas de una noche, llenándome de sensaciones, sentimientos y vivencias que, gracias a unos personajes cercanos, me han recordado muchos momentos de mi vida. La debilidad de Hank frente al poder total y absoluto que tiene una mujer cuando se coloca encima suyo, es una debilidad que todos los hombres tenemos. Tenemos miedo a enamorarnos, miedo a no sentirnos queridos o correspondidos, miedo al abandono, a la muerte, a la soledad…En general, tenemos miedo a lo que no podemos controlar, el hombre actúa como actúa generalmente por debilidad, por miedo. Quien diga lo contrario miente o peor, se engaña a si mismo.

Un ejemplo de cómo Hank Moody lucha para vencer su pesimismo y sus miedos lo encontramos en las cartas que Hank escribe a Karen, algunas auténticas obras de arte. Sin olvidar la relación que mantiene con su hija Becca y con su mejor amigo y agente Charlie Runckle. Otro detalle que los responsables de la serie han cuidado al máximo son los personajes secundarios que han desfilado por la serie, desde la directora de universidad interpretada por Embeth Davidz a la Sue Collini que se marca Katheleen Turner, pasando por Atticus Finch, Feith o el imprescindible rockero Lew Ashby, no dejan lugar a dudas: los guionistas de la serie viven en un estado de gracia permanente que el espectador agradece.

Californication podrá ser tachada de irreverente, satírica, grosera, políticamente incorrecta, incluso he leído que es pornográfica…pero lo cierto es que en menos de media hora, en cada capítulo se concentran grandes dosis de amor paternal, de respeto hacia la mujer, de compañerismo, amistad y amor puro, algo que brilla por su ausencia en la mayoría de programas de TV.

Ayer terminé el último capítulo, cuyo final me dejó clavado en la butaca. La imagen del Porche 964 de color negro, modelo de 1990, descapotable, con un faro roto…tirado junto al aeropuerto de Los Ángeles, vacío, con la puerta del conductor abierta…es la mejor metáfora que he visto en años sobre como dejar el pasado atrás para poder enfrentarte primero al presente y luego al futuro. La escena final en el avión, cuando Hank utiliza su mejor arma, sus textos, para tratar de seducir por última vez a Karen antes que sea demasiado tarde, resume a la perfección la lucha interna que mantiene Hank consigo mismo, una lucha que muchos hombres tienen (yo el primero) a la hora de vencer miedos, inseguridades y otras manías personales.

https://www.youtube.com/watch?v=FjO_fVYne7Y

La magia de dar la mano…mientras la música va subiendo y Hank le pide al piloto que levante el avión…y entonces Elton John empieza a cantar, ellos se miran, se giran y se besan…ese beso final, que todos estábamos esperando. No hay nada mas mágico, mas sensacional, mas galáctico…que darle la mano y besar a alguien que realmente te importa.

Un ángel me dijo una vez que hay que dejar que la vida fluya, que no hay que forzar la máquina…y eso es precisamente lo que el personaje de Hank tiene claro al final de la séptima temporada, algo que un servidor debería tener claro de una puñetera vez…